Jan
Van Eyck
EL MATRIMONIO ARNOLFINI
Los
cuadros eran signos de otros signos:
la
pasión de la cama, rojo sangre;
el
color verde, la fertilidad;
una
cara naranja de la Europa
del
sur, prosperidad tan ostentosa
como
la de esa alfombra de Anatolia.
Es
de día, pero una vela arde,
que
es el ojo de Dios, que siempre vela;
y
ella recién casada,
vestida
de preñada,
era
estéril. Magnífica ironía:
Dios
velaba, pero no concedía.
El
pintor, sin embargo, hacía su trabajo,
incluso
se excedía en la sonrisa
de
echador del tarot; sobrepasaba
un
poco sus deberes. Por momentos
se
hizo hiperrealista avant la lettre
con
la soberbia del perfecto artista.
Volver a POEMAS