Volver a INICIO                                                             Volver a POEMAS        

Estos poemillas son sólo pequeños pastiches de algunos de los considerados grandes. Algunos de esos poetas me gustan, otros no.

Jarcha Berceo Garcilaso Góngora Quevedo Bécquer Rubén Darío
Manuel Machado J.R. Jiménez Antonio Machado Jorge Guillén F.G. Lorca Alberti Dámaso Alonso
JARCHA

Vayse meu corachón de mib

E infirmaron ueyos nidios

¡Tant amare, habib!

¡Pobre moza mozárabe

ya atrapada en los tópicos

Del amor cortés!

 
PRINCIPIO DE PAGINA

GONZALO DE BERCEO
 

Era el maestro Gongalvo        de Berceo natural,

gostava del bon vino            e el canto festival;

en un libro dexó        qu'es fuente bien caudal

los milagros de Nuestra         Señora Virginal.

"Monótonas hileras",       dijo Antonio Machado,

eran aquellos versos     que describen un prado

con árboles y fuentes     y el clima bien templado

que es una alegoría        de un mundo bien creado.

En ese mundo dicho       tenía la Gloriosa

un papel como estrella     y guía poderosa

para los marineros            -no somos otra cosa -

que surcan estos mares            de la vida furiosa.

Así, pues, no es la vida            como el prado gozoso

sino más parecida            al mar tempestuoso

donde se necesitan            oasis de reposo,

y seguir siempre el norte    bajo el cielo nuboso.

Tanto amor a la Madre            que muestra este riojano

resulta sospechoso            pues se le va la mano.

Parece que quería  lograr del pueblo llano

que diese más limosnas            y más fervor mariano.

 
PRINCIPIO DE PAGINA
GARCILASO
 

El dulce lamen tarde dos pastores;

Salicio juntamente y Nemoroso

se pasaban las tardes desgranando

de sus dueñas desdenes amorosos

que el pobre Garcilaso,

lelo amanuense, atónito imitaba

- como quiere Aristóteles -

poniendo en pulcras silvas sus lamentos

y a los dos pastorcillos en amoeni

loci, tan abundantes aquel tiempo

que los taxonomistas

hemos dado en llamar Renacimiento.

 
PRINCIPIO DE PAGINA

DON LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE

Del severo don Luis la vera efigies

pudo pintar el émulo de Apeles

- si Catón por el ceño,

Catilina en talante, dijo el cojo -.

Al siempre ayuno imita en penas graves

que rodeado de oro, de cristales y perlas

nunca alcanzarlos pudo por tenerlos

a mano de la pluma

nunca pluma en la mano.

No oscuro fue, sí claro, sí ambicioso:

del llano, casi orfebre, castellano

hizo Olimpo de nieve siempre cano.

Él sólo lo subió: quedó allí solo.

 
PRINCIPIO DE PAGINA

DON FRANCISCO DE QUEVEDO
 

Al contenido fuisteis condenado

y vos y yo sabemos, don Francisco,

que fue juicio sin pruebas. Ni un defecto

de forma se os halló siquiera en sueños,

no se diga en letrillas o en sonetos.

En este siglo veinte de grafemas

podemos escribir "el des - engaño"

ya sin pudor, como a vos gustaría,

y decir que es la muerte, y que la vida

es un engaño de horas veniales:

no la postrera que es mortal pecado,

como vos habéis siempre proclamado.

 
PRINCIPIO DE PAGINA

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Él se sabía un himno de memoria

que era extraño y gigante

y que quería

poner para nosotros en palabras corrientes.

Palabras como arpa

o como golondrina

o como madreselva

o como relámpago.

Pero, ¡ay! que esas palabras

no sonaban como a él le habrían gustado:

inasibles, sonoras, olorosas,

o incluso de colores

aunque Gustavo Adolfo

confundía con frecuencia

la gama del azul con los colores negros.

Al final no hizo el himno; mejor.

Escribió ocho o diez frases

que suenan a verdades

enormes, como templos.

 
PRINCIPIO DE PAGINA

RUBÉN DARÍO

 

 El maestro Darío       se encarama al propíleo

y proclama con voz        de león y de fuego

el triunfo del color,     la muerte de lo mísero,

el ritmo cadencioso       como un salmo o un ruego.

Se reclama francés     y español y del mundo

y antes que Guillén     nos dice: "Lo profundo

es el aire". Conmina       a exigirle al poema

además de la rima     el fuego que no quema.

El Arte es inmortal.        El Arte es inmoral;

incluso está en el aire      de un poema banal.

 
PRINCIPIO DE PAGINA

MANUEL MACHADO, TORERO PARISIÉN

 

Él, poeta decadente,

solo en medio de la gente,

borracho, culto, inmoral,

señorito en arrabal

y siempre en alto la frente;

él, poeta de aguardiente,

de la conducta indecente,

practica el vicio letal

de considerar venial

el pecado inteligente.

¡Qué morbo tu poesía!

Siempre el regusto, al final

amargo de la alegría

porque tu verso tenía

la luz de lo que es real.

 
PRINCIPIO DE PAGINA
J. R. J.
 

En ti estás todo, Juan, y sin embargo

nunca eres tú más tú

que cuando, desatado,

te preocupas del huerto

y de su pozo blanco

huérfanos del poeta...

Cuando te pones puro y de cristal,

sin unos ojos duros de azabache

en donde hincar los dientes,

estás algo esquelético.

                                               

Poesía pura y dura; y dura más

cuanto menos es pura.

No lo toquéis ya más:

así es la cosa.

 
PRINCIPIO DE PAGINA

DON ANTONIO MACHADO
 

Un verano cualquiera,

hace ya muchos años,

estaba yo a la orilla

del padre río Tajo.

Era en Extremadura,

por donde, cual venablo,

el Tajo corre recto

buscando su estuario.

Extremadura es también la frontera.

Como en Soria, el pasado

también gravita allí

sobre el mar de sus campos.

 Yo leía tus versos,

la carta que a Palacio

mandaste con la excusa

de si ya habría llegado

la primavera tarda

a aquellos altos páramos.

Los dos últimos versos del poema

hicieron que mis brazos

me temblasen de amor y de impotencia

como tú no has cantado:

el pudor te mantuvo en equilibrio

entre ser grito y Séneca, callado.

Aquella tarde clara

debajo de los álamos

(que también los había)

fue perdiendo su luz en el ocaso.

También mi infancia se perdió esa tarde

y nací con tus versos en las manos.

 
PRINCIPIO DE PAGINA

J. GUILLÉN

 

Instante de plenitud.

Los ojos lo saben todo

y lo perciben del modo

más propicio a la quietud.

El optimismo en alud:

Todo. Las doce. El sillón.

Toda la concentración

de la palabra está en ti

y reclama para sí

la cima de la atención.

 
PRINCIPIO DE PAGINA

FEDERICO GARCÍA

La noche lleva en la espalda

repertorios de agonías

y las estrellas clavadas

como rejones del día.

Las nubes se hacen más negras;

la Luna no se atrevía

a salir de su escondite

por miedo a perder la vista.

Federico, por el campo,

corre huyendo de la herida

que se asoma por debajo

de la falda negra y fría.

 

Murió el Camborio. Ironía

que tuviera que decir:

-"¡Ay, Federico García

  llama a la Guardia Civil."

La Guardia a por él venía

con dentaduras de cinc.

 
PRINCIPIO DE PAGINA
RAFAEL ALBERTI

No supe verlo, madre,

que no,

que no lo supe.

Apenas tres palabras,

(o sólo una : mar)

y un par de exclamaciones

¡Oh! ¡La mar!

Y yo creía

que te tenía,

pero sólo veía

a través de una niebla caporal de tabaco.

Un día,

debajo del azul de tu bahía,

alguien me recordó que había un tiempo

en que la luz dudaba

de si el mar nacería niño o niña.

Entonces entendí tu voz americana,

casi de Cuba, chico, cantando seguiriyas.

 
PRINCIPIO DE PAGINA

DÁMASO ALONSO

 

Tus libros son una ciudad de más de un millón

de monemas (según los últimos recuentos).

Muchos, indivisibles, angustiosos: alcuza,

tren, nicho, alma, huracán, hombre, silencio, Dios

                                                      puesto así, con mayúsculas.

Hay angustia, quizá, pero no pena;

esa pena de Federico,

esa pena de la pobre mujer con una alcuza,

esa pena del propio río Carlos,

esa pena, justamente esa.

Filológicamente, te citas por tu nombre:

Dámaso, muchas veces. Te muestras a ti mismo, muchas veces,

rezando, orando, en oración con Dios, puesto así, con mayúsculas.

Y pidiéndole cosas imposibles para poder crear

cierta tensión dramática;

se diría, unamuniana.

No sé, no sé, no sé...

 

 
INICIO