Borrador propuesto para un 1º de Mayo Unitario frente a la crisis
Propuesta -que modifica el Borrdador de CCOO-UGT-USO- presentado a la Coordinadora Sindical

POR LA DEFENSA DEL EMPLEO Y LOS DERECHOS SOCIALES
En este 1º de Mayo las organizaciones sindicales firmantes de este manifiesto, consideramos que el mundo se enfrenta a una crisis global que incide en todos los pueblos. Una crisis del capitalismo internacional que es a la vez financiera, económica y social, inmersa dentro de una más amplia crisis medioambiental, afectando gravemente a distintos niveles: al empleo, al medio ambiente, a los derechos básicos (alimentación, vivienda, educación, etc.), cebándose muy especialmente con los segmentos de la población más debilitados, como, mujeres, infancia y tercera edad, y arruinando, aún más, a países enteros, y de manera dramática, al continente africano. Nos enfrentamos a una verdadera crisis sistémica y del modelo de desarrollo, nos enfrentamos a una verdadera encrucijada civilizatoria.
Esta crisis es consecuencia de décadas de capitalismo salvaje, depredador, especulativo. Es la prueba del carácter insostenible de las políticas neoliberales emprendidas en el transcurso de las últimas décadas y que han promovido la desregulación y la liberación de los mercados, así como la privatización de los servicios públicos. Ese fundamentalismo de mercado ha concentrado las riquezas, ignorando los bienes públicos mundiales como el medio ambiente, la salud, la protección social, la seguridad alimentaria e incluso la estabilidad financiera mundial. Unas políticas desarrolladas por unos gobiernos sometidos a los intereses bastardos de los poderes financieros y del gran capital nacional y trasnacional.
Ante esta situación y para hacer frente a esta crisis no se nos puede dar “mas de lo mismo”, no podemos conformarnos con los discursos refundadores o reformadores del capitalismo que nos diseñan en el G20. No basta con inyectar liquidez en la economía, es necesario además cambiar los principios básicos, para que la economía mundial aporte justicia social, desarrollo para todos, equilibrio, estabilidad y prosperidad a largo plazo. Hace falta establecer un sistema económico social, solidario, ecológicamente sostenible y equitativo, que genere empleo decente. El sistema financiero tiene que estar al servicio de dicho sistema económico, bajo un control democrático. Se necesita cambiar el sistema de producción y consumo. Un nuevo sistema internacional basado en el respeto a la soberanía de los pueblos, a los Derechos Humanos, que rechace el recurso a la guerra, que fomente relaciones comerciales justas y una economía al servicio de las necesidades sociales.
El Estado español es especialmente vulnerable a los efectos de la crisis porque, aunque ha tenido un espectacular crecimiento económico en los últimos quince años, lo ha basado en la especulación inmobiliaria-financiera y en el aumento de la desigualdad social, en el deterioro del medioambiente, la disminución de los salarios reales, en el desmantelamiento de los servicios públicos y el desvanecimiento de derechos sociales. Las consecuencias de esta huida hacia delante de las grandes poderes económicos con el aliento cómplice de los diferentes gobiernos, son casi cuatro millones de personas en el desempleo, más de un millón de ellas sin cobertura de desempleo y con pocas expectativas de reinserción laboral. Los representantes de la patronal a nivel del estado español pretenden aprovechar la crisis para recuperar sus tasas de beneficios haciendo uso de las viejas recetas desreguladoras del mercado laboral y de debilitamiento del sistema de protección social: contratos con veinte días de indemnización, reducción de cuotas a la Seguridad Social, ausencia de controles administrativos ante los despidos, congelación de salarios, etc.
En Canarias, junto a la crisis global ya vivíamos el agotamiento del propio modelo basado en el cemento y el turismo. En nuestras islas, el desarrollismo especulativo ha alcanzado cotas insufribles. Como consecuencia de ello y de la desidia de las diferentes administraciones, Canarias presenta cifras alarmantes: una renta per cápita muy por debajo de la media nacional, un desempleo entre los más alto de todo el país, una cobertura social insuficiente y en continuo deterioro, en definitiva un sombrío panorama, ante el que nuestros gobernantes solo están dando muestras de desconcierto y falta de liderazgo.
Por todo ello:
Apostamos por una salida a la crisis que suponga otro modelo de relaciones sociales y económicas. Basado en la redistribución de la riqueza, en la protección del medio ambiente y en unas relaciones justas entre los países ricos y los países pobres; en la primacía de los valores que colocan al ser humano y sus necesidades más nobles en el centro del sistema y en el objeto de la economía. Es necesario construir un modelo de desarrollo que se contraponga al neoliberalismo, propiciando la participación social y el diálogo, fortaleciendo los empleos, los derechos de los trabajadores y los mercados internos. Necesitamos una intervención pública en la economía, construida desde una participación social y no desde el juego de los distintos grupos de presión empresarial.
Exigimos un orden internacional nuevo que asegure unos niveles dignos de bienestar a todas las personas del planeta, normas de comercio igualitario entre los países y multilateral en lo político. Ha llegado el momento de construir un sistema económico ecológicamente sostenible, socialmente equitativo y geopolíticamente equilibrado. Dicho modelo deberá tener en cuenta las aspiraciones de la población y las propuestas del movimiento sindical, así como de otros actores de la sociedad civil.
Exigimos de los gobiernos la protección eficaz de los derechos humanos y la defensa del derecho a la libre circulación de las personas. No debiendo criminalizar a las víctimas inocentes, de siglos de colonialismo y expolio y de los intereses ilegítimos de los gobiernos del llamado primer mundo. Los emigrantes no pueden convertirse en los grandes sacrificados por esta crisis. Ningún ser humano puede ser ilegal.
Exigimos la defensa del Estado Social y de Derecho. Queremos una protección eficaz de las necesidades sociales de la población. El derecho universal y gratuito a la sanidad, a la educación, a la justicia y a los servicios públicos de protección social, con especial atención a aquellos colectivos que están en riesgo de exclusión social. Esto requiere el desarrollo de los servicios públicos esenciales y la no privatización de su gestión. El Estado debe recuperar su lugar y su papel a fin de asegurar el establecimiento de un nuevo sistema económico socialmente justo y ecológicamente responsable. Sólo la intervención pública puede garantizar la cohesión social. Avancemos en la implantación de una Renta Básica de Ciudadanía.
Exigimos a los gobiernos de España y de Canarias con carácter urgente, un plan medidas que atiendan a paliar los efectos sociales de la crisis y medidas que propicien la reorientación de la economía canaria hacia un modelo sustentable social, ecológica y económicamente.
Exigimos una política de reconstrucción social y económica de Canarias cuyos ejes centrales pasen por la búsqueda de tres soberanías: energética, alimentaria y social. Es decir, energías renovables, reconstrucción del sector primario local y verdadera participación social en la gestión de lo colectivo. Sólo desde un amplio debate social donde la participación ciudadana no sea un mero adorno a políticas decididas en cenáculos políticos-empresariales, se puede afrontar una salida de la actual crisis sin que los perdedores sean siempre los mismos.
Queremos para Canarias una transición socialmente justa hacia un modelo sustentable social, ecológica y económicamente. Avanzar en la diversificación de la economía canaria en el camino de una economía autocentrada en el bienestar de la mayoría de sus ciudadanos.
Rechazamos los proyectos económicos que se hagan al margen y en contra de las necesidades de la mayoría de población, especialmente aquellos que están basados en operaciones especulativas, que no buscan un interés social, sino el enriquecimiento ilegítimo de unos pocos. Así mismo rechazamos la conversión de Canarias en Plataforma Logística de la recolonización africana.
Exigimos una política de inversión pública en bienes y servicios socialmente útiles (sanidad, educación, servicios sociales, etc.) en lugar de la política de macro obras públicas diseñadas para una Globalización Triunfante cuya única virtualidad actual es salvar los negocios millonarios de los que nos han colocado en la actual situación.
Rechazamos la privatización del sol, el viento y el mar como fuentes de energía, son un patrimonio común que debe estar al servicio del bienestar de los ciudadanos y no del beneficio privado
Denunciamos la política carroñera de la patronal de hacer pagar a los trabajadores y trabajadoras las consecuencias de esta crisis, aprovechándose de las ventajas fiscales de las islas (Reserva de Inversiones de Canarias y otras incentivos del Régimen Económico y Fiscal, Régimen Especial de Abastecimientos,…) sin querer vincularlas al mantenimiento y la creación de empleo estable y de calidad y a la necesaria diversificación de la economía canaria.
Rechazamos las rebajas o congelación de salarios. No a los despidos. Ningún despido sin justificación objetiva. Ningún despido sin indemnización. No a los EREs preventivos que sin control ni justificación se generalizan usando la crisis como excusa.
Exigimos la ampliación y mejora de la protección por desempleo de las ayudas de emergencia social para familias en paro o en situación de exclusión social y de las rentas de inserción. Exigimos que se garantice la aplicación de la ley de atención a la dependencia. Exigimos avanzar en la implantación de una Renta Básica de Ciudadanía.
En Canarias, las organizaciones firmantes de este manifiesto estamos comprometidos a luchar por hacer posible estas reivindicaciones, porque…
¡¡ OTRO MUNDO ES POSIBLE!! ¡
Otra Canarias es Posible, Necesaria y Urgente
¡¡ LUCHEMOS POR LA JUSTICIA SOCIAL!!
Borrador propuesto para un 1º de Mayo Unitario frente a la crisis
(1ª Propuesta)
Este 1 de Mayo se presenta en medio de la incertidumbre ante una crisis global que afecta a todos los pueblos con sus secuelas de paro y miseria. Una crisis capitalista internacional que impacta a la humanidad en varios planos: es una crisis alimentaria, financiera, económica, climática, energética, migratoria… de civilización, que viene a la par de la crisis del orden y las estructuras políticas internacionales. Así mismo las estructuras internas de muchos países comienzan a tambalearse colocándonos ante perspectivas de crisis políticas generalizadas.
España supera ya los tres millones de parados, y de ellos más de un millón doscientos mil sin ninguna cobertura de desempleo. Los informes económicos hablan de que se llegará a los 4 millones de parados. En Canarias ya superamos los 228.000 parados. En el año 2008, Canarias pasó de tener más de 110.000 desempleados, a más de 223.000, es decir, un incremento de más de un 100%, según el Instituto Nacional de Estadística, además en ese año 40.000 canarios acudieron a comedores de las ONG. La profunda recesión puede llevar a las islas a una tasa de desempleo del 30% a finales de 2009, lo que supondría que casi 1 de cada 3 canarios se quedaría en desempleo.
Estamos ante un reto para la izquierda y en especial para el movimiento sindical. Un reto –global, pero también local- que se plantea a dos niveles. El primero es el corto plazo. El mundo se encuentra en una profunda depresión, que únicamente tenderá a empeorar, por lo menos en los próximos dos años. El corto plazo inmediato es lo que le concierne a la mayoría de la gente que enfrenta el paro, la falta de ingresos y en muchos casos el no contar con que comer o un lugar donde vivir. Si desde la izquierda social no somos capaces de articular un plan para este corto plazo, podemos firmar el certificado de defunción del futuro. Para hacer frente a esta crisis son necesarias alternativas anticapitalistas, antirracistas, anti-imperialistas, feministas, ecologistas y socialistas, necesitamos, desde esa diversidad, articular un programa mínimo de acción o veremos implantarse plenamente la barbarie de la mano de cualquier berlusconi local.
En Canarias nuestros dirigentes político-empresariales confían en que la situación se la arreglen desde fuera. Mientras, se limitan a acelerar los proyectos desarrollistas que permanecían bloqueados por la contestación social y a repartir las sobras de los supermercados a los pobres locales.
En este corto plazo hay que poner sobre la mesa medidas de apoyo a la pequeña y mediana empresa local y a los autónomos (que las administraciones abonen su deudas, líneas de financiación preferente); medidas de fortalecimiento de los servicios sociales municipales; medidas encaminadas a impedir la exclusión social (renta de ciudadanía), la puesta en marcha de la legislación social (ley de Dependencia, etc.) hoy convertida en papel mojado por su falta de dotación; control de precios de los productos básicos; ampliación de las coberturas de desempleo; suspensión a las familias en paro de cortes de luz, agua o teléfono por impago; ….
El segundo nivel es la crisis estructural del capitalismo como sistema-mundo, que desde la senilidad avanza a su defunción cierta. Un sistema capitalista que se rige por la explotación, la competencia exacerbada, la promoción del interés privado individual en detrimento del colectivo y la acumulación frenética de riqueza por un puñado de acaudalados, no tiene salida dentro de su propia lógica autodestructiva. Éste es el mediano plazo al que nos enfrentamos. Si la izquierda no cuenta con un proyecto para este mediano plazo, lo que remplace al capitalismo como sistema-mundo será algo peor, probablemente mucho peor que el que soportamos.
El futuro no puede ser el “más-de-lo-mismo” que los discursos refundadores o reformadores del capitalismo nos diseñan en el G20. Hoy es posible, necesaria y urgente otra política que no saldrá del ámbito de las grandes instituciones internacionales. De la política y los políticos institucionales queremos medidas que minimicen el dolor y el sufrimiento de la mayoría de las personas, ahora. Eso sí lo pueden hacer, y es ahí donde ejercer presión constante sobre el gobierno hace una diferencia, se arrancan conquistas.
Trabajar en el corto plazo en minimizar el dolor, y en el mediano plazo en garantizar que emerja un nuevo sistema que sea mejor, no peor. Pero esto último tiene que hacerse sin triunfalismo y sabiendo que la lucha será tremendamente difícil. Necesitamos dotarnos de un discurso netamente anti-capitalista que pugne para que la crisis actual no la paguemos los trabajadores y las clases populares, para lo cual deberemos fortalecer nuestras organizaciones sindicales y populares recuperando su papel movilizador y creador de alternativas sociales; profundizar los mecanismos de participación democrática; recuperar el control de los recursos básicos de nuestras sociedades, entre ellos, y de forma urgente, una banca pública; revertir las privatizaciones y las desregulaciones puestas en práctica por el neoliberalismo; una profunda reforma tributaria que ponga fin a su escandalosa regresividad; la defensa de los servicios públicos de Educación, Sanidad, Transporte y Justicia; resolver a favor del campo popular los desafíos planteados por la crisis alimentaria y del agua, mediante una profunda reforma agraria concebida en función de las necesidades de la época actual. En suma: hay políticas concretas que son factibles y que además son demandadas de forma urgente por la sociedad. Una sociedad que se niega a pagar la crisis y que exige que la paguen los que la han creado.
En Canarias, junto a la crisis global ya vivíamos el agotamiento del propio modelo basado en el cemento y el turismo. El debate sobre la sostenibilidad ya estaba presente en la realidad canaria. Las alternativas, los programas y las propuestas de cambio ya eran una realidad, sólo falta voluntad política para impulsarlas. Hoy, en Canarias, las políticas de cambio pasan por el abandono de la era de los hidrocarburos, convirtiendo la transformación del modelo energético vigente en el elemento vertebrador de la construcción de la Canarias Sostenible, la construcción de una sociedad basada en la satisfacción de las necesidades sociales y el respeto de los derechos de la naturaleza, así como en la participación popular en un contexto de plenas libertades políticas.
Exigimos una política de reconstrucción social y económica de Canarias cuyos ejes centrales pasen por la búsqueda de tres soberanías: energética, alimentaria y social. Es decir, energías renovables, reconstrucción del sector primario local y verdadera participación social en la gestión de lo colectivo. Romper con la especialización dependiente de la economía canaria y su sucesión de monocultivos; redimensionando el turismo, la agricultura de exportación o el papel de nuestros puertos, pero también aprovechando sus potencialidades para dar sostén a sectores como el industrial y el comercial. Tenemos la obligación de impedir la privatización del sol, el viento y el mar como fuentes de energía, son un patrimonio común que debe estar al servicio del bienestar de los ciudadanos y no del beneficio privado.
Exigimos el abandono de los grandes proyectos del desarrollismo constructor: las grandes macro obras en puertos, aeropuertos, gasificadoras, trenes, anillos insulares, macro cárceles, etc., diseñados para un Globalización Triunfante hoy su única virtualidad es salvar los negocios millonarios de los que nos han colocado en la actual situación. En el corto plazo estamos por la inversión pública y privada, pero no a cualquier coste ni en cualquier sector. Lo que implica una Banca Pública y por otro lado, aunque el sistema de la Reserva de Inversiones de Canarias (RIC), mecanismo legal de evasión de impuestos de los grandes empresarios, debe ser derogado, los recursos de la actual RIC y su futura adscripción a través de la Hacienda Canaria, deben ser dirigidos a la consecución de la transformación del modelo económico, la siempre postergada “diversificación de la economía canaria”.
Sólo desde un amplio debate social donde la participación ciudadana no sea un mero adorno a políticas decididas en cenáculos políticos-empresariales, se puede afrontar una salida de la actual crisis sin que los perdedores sean siempre los mismos. Ese debate social nunca será propiciado desde el Poder, sólo desde una presión social organizada y constante será posible afrontar el reto de la construcción de una Canarias para un Mundo más justo, libre y solidario, y viceversa, porque la crisis global del capitalismo está fundiendo los planos y los plazos de lucha, lo local y lo global, el corto plazo y el futuro. Por eso, todo puede acabar resumiéndose en luchar ya por un modelo económico y social alternativo al capitalismo.
Por una vida y un trabajo dignos.
El 27 de
Noviembre estamos convocados a una Manifestación que quiere ser una primera
respuesta por parte de los verdaderos afectados por la crisis a la vía
emprendida por los Gobiernos de acudir al salvamento de banqueros y grandes
empresarios al coste que sea.
Los pirómanos siguen
en el puesto de mando, ahora, de los bomberos encargados de apagar el fuego. Gobierno,
patronales y “expertos” vuelven con la canción de siempre: reducciones de
salarios, reestructuraciones de plantillas, aumentos de la jornada y de la edad
de jubilación; vende la consagración de la precariedad como normalidad (de flexiseguridad
hablan ahora), la reducción del gasto social y su transferencia al sector
privado, la privatización de los servicios públicos, etc. Continuamos con las políticas
de desaparición del Estado como elemento de redistribución y de cohesión
social, mientras se refuerza su papel como aparato represor y guardián del
proceso de acumulación y concentración del capital.
Ejemplo de ello
son tres Directivas Europeas, prototipos de las políticas fracasadas, y que hoy
se nos presentan como el nuevo ungüento milagroso que nos sacará de
La Directiva
de la Vergüenza consagra la Europa fortaleza que externaliza sus fronteras y revive
los campos de concentración, al mismo tiempo que pretende seleccionar a los
nuevos esclavos entre los titulados del Sur, según las “necesidades del
mercado”, dando un paso más en el expolio de materias primas, ahora también la materia
gris es objeto de extracción sistemáticamente organizada por los países del
Norte.
La Directiva
europea de las 65 horas, ocupa un lugar destacado en esta ofensiva, tanto por
su significado simbólico como real. En lo simbólico, se dirige contra una
conquista histórica –la jornada laboral de ocho horas- del Movimiento Obrero
Mundial, incorporada en todos los ordenamientos jurídicos occidentales y aspiración
permanente de
No
estamos ni ante el fin del capitalismo, ni posiblemente, ante el fin del
neoliberalismo. No estamos ante una ruptura con las políticas neoliberales que
han creado esta situación. Nos encontramos ante un intento de profundización en
unas políticas cuyo objetivo sigue siendo asegurar la maximización de la
transferencia de la riqueza socialmente creada hacia un capital cada vez más
concentrado y globalizado. Estas políticas están siendo contestadas por todos
los pueblos del mundo; el pensamiento único, que ha dominado los últimos
treinta años, desacreditado y desconcertado, sólo se mantiene gracias a la
violencia y al control social instaurado con la guerra global contra el
terrorismo
El descontento
ciudadano necesita expresarse; transformarse en exigencia de otra política –posible,
necesaria y urgente- centrada en promover el ejercicio efectivo de los derechos
constitucionalmente reconocidos que conforman lo que llamamos Una Vida Digna (trabajo,
vivienda, sanidad, educación, información, participación…). Por ello hemos promovido
la búsqueda un mínimo común, que sea multiplicador y no divisor. Un “mínimo”
que nos permita ir construyendo, no sólo, una resistencia firme a la ofensiva
dirigida contra conquistas civilizatorias logradas tras siglos de luchas
obreras y populares sino, que permita ir promoviendo los elementos de
alternativa hoy existentes.
Pensamos que ese
mínimo pasa por los colectivos sociales organizados que en distintas parcelas y,
muchas veces, desde distintas ópticas, viene plantando cara a las políticas
neoliberales; en la defensa de los servicios públicos y por impedir que los
derechos sociales sean definitivamente reducidos a mercancías y los ciudadanos
a meros consumidores; en defensa del territorio y de la sostenibilidad
medioambiental además de la social; en defensa de los derecho políticos y
ciudadanos cuando nos quieren devolver a la condición de súbditos; en defensa
de los derechos de los migrantes y por una ciudadanía global; que trabajan en la
construcción de una sociedad no patriarcal, mestiza y laica frente al renacer de
integrismos religiosos e identitarios; etc.
Apoyamos una
Manifestación nacida como un espacio de confluencia puntual, incluso sin nombre
-no nos preocupa si es plataforma, coordinadora o arrejuntamiento-, que no
pretende sustituir a ningún colectivo, ni constituirse en vanguardia de nada,
pero sí servir para potenciar las distintas dinámicas sectoriales de
autoorganización y lucha por otro modelo de sociedad basado en la maximización
de los beneficios sociales y no de los privados. Un espacio que permita seguir estableciendo
redes y dinámicas de trabajo conjunto que potencie luchas sectoriales -y sus
procesos organizativos- y cree elementos de conocimiento, solidaridad y apoyo
mutuo que contribuyan a vertebrar la izquierda social necesaria para avanzar en
la construcción de sociedades verdaderamente humanas en lugar de seguir
avanzando hacia el abismo de barbarie al que nos conduce el capitalismo
realmente existente.
Coordinadora
Sindical (CGT, CoBas, CSC, EA Canarias)
Jaime Halaby,
Ángela Hernández, Adolfo Padrón, Meri Pita, Pepe Villalba
Las Palmas de
G.C, 22 de noviembre de 2008
Una crisis del capitalismo senil
La mayoría de las reflexiones que oímos sobre al crisis o se refieren a
sus síntomas (burbuja hipotecaria, problemas de liquidez, desregulación,...) o,
a sus causas últimas (el Capitalismo, las leyes cíclicas de al economía, la avaricia humana, etc.). Pienso que
ninguno de estos enfoques nos están resultando suficientes para ayudar a
situarnos ante lo que estamos viviendo, aparentemente, en tiempo real.
Esta crisis supone el fin de una etapa del capitalismo iniciada a
principio de los setenta (pongamos, el 11 S de 1973) y que culmina a principios
del S. XXI (pongamos 11 S de 2001, o nacimiento del euro, o la “Cumbre de las
Azores”,… hay fechas donde elegir). Nos encontramos ante la crisis del capitalismo senil. Una crisis que revela
el agotamiento del capitalismo como elemento vertebrador de la organización
social, situándonos ante la disyuntiva que se lanzó en los años veinte del
siglo pasado en centroeuropa: socialismo
o barbarie. El desarrollo del propio sistema conduce a la barbarie, sólo desde
la ruptura consciente con él –es decir, desde una intervención social
conscientemente, desde la acción política- es posible construir sociedades
verdaderamente democráticas y libres, al servicio del desarrollo de los seres
humanos y no de los capitales.
El periodo que concluye con esta implosión del sistema financiero global,
es el fin del intento neoliberal –tras el fracaso keynesiano del periodo 1945-1973- de superar una
de las leyes intrínsecas al capitalismo, la ley
de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia (Marx, con perdón)
y que se encuentra en la base de la crisis de sobreproducción que estalla en
los sesenta y en la que seguimos inmersos. “La tasa de ganancia declina como
consecuencia del aumento de la composición técnica (ct: proporción de la maquinaria en relación a la mano de obra) y
del incremento de la composición orgánica (co: proporción del capital constante
en relación al variable) que genera la mecanización”. Simplificando, podríamos
decir que llegado un momento, la mayor inversión productiva se traduce en una
disminución de los beneficios.
Intentar sortear esta tendencia –recuperando los beneficios e
intentando eliminar las crisis; había llegado “El fin de la Historia”, proclaman- es lo que hace
el neoliberalismo
como política que responde a los intereses de un capital financiero globalizado
que no encuentra realización en la economía productiva, dando paso a la financiarización
de la economía global donde lo rentable es comprar empresas para desguazarlas
y venderlas obteniendo grandes plusvalías (años 80 y 90) para pasar después
(finales de los 90) a obtener beneficios –cada vez mayores- de la mera venta de
papeles. Nixon termina el 15 de agosto de 1971 con la convertibilidad del dólar
en oro, abriendo paso al dominio del “papel dólar” -y del mundo financiero
anglosajón- en la economía global. Podemos decir que la implosión es fruto del propio éxito del sistema: “la esfera
financiera llegó a representar 250 billones de euros, o sea, 6 veces el montante
de la riqueza global” (Ramonet).
La implosión del sistema
financiero global abre un largo periodo de turbulencias y huracanes.
Asistimos a una redistribución de la riqueza mundial y a un nuevo
reordenamiento geopolítico global. Un proceso abierto, donde la recuperación
del Estado no aparece, precisamente, diseñada como instrumento para la
distribución social de la riqueza socialmente creada; sino como instrumento
directo al servicio de cada una las fracciones “nacionales” de la oligarquía
mundial en su lucha darwiniana por la supervivencia. Las medidas de salida de
la crisis que los pirómanos reconvertidos
en bomberos han puesto sobre al
mesa apunta a que estamos ante una nueva vuelta de tuerca en el proceso de
concentración económica, pero al mismo tiempo ante un nuevo reparto del poder
global. Las llamadas a un traspaso de poder del G7 al G20, o a un nuevo sistema
financiero internacional, aparecen como prolegómenos de un nuevo diseño del
poder en un mundo multipolar. Está en cuestión la hegemonía que el Occidente
Atlántico ha construido en más cinco siglos de expansión. El Atlántico está
dejando de ser el eje de la economía global que se traslada al Pacífico. Estos cambios tectónicos llevan aparejado la
agudización de los conflictos tanto intraestales, como regionales y globales; y
ello en una época de la proliferación de las “armas de destrucción masiva” y,
al mismo tiempo, de recorte de libertades, de la proliferación de medidas de
control social (antiterroristas, antimigratorias,…), de recorte derechos en un
clima de psicosis por la seguridad….
El neoliberalismo se declara mediáticamente muerto, pero las políticas
para enfrentar las crisis a nivel interno que se propugnan en los distintos
Estados siguen su senda: más liberalización del mercado laboral, más
desregulación de servicios, límites al gasto público social, desmantelamiento
fiscal del Estado. Ampliación de la jornada laboral e intento de hacer
desaparecer el derecho laboral; aplicación de la Directiva Bolskestein y la
imposición mediante sentencia del principio “país de origen”; reducciones salariales y eliminación de
cláusulas de revisión salarial; salvamento de quiebras bancarias y ejecución de
hipotecas no pagadas; reducciones de impuestos directos y aumento de impuestos
indirectos; la bunkerización de la
riqueza y legislaciones como la Directiva de la Vergüenza … en suma, estamos ante
recetas que sólo delatan una nueva
vuelta de tuerca en el proceso de concentración de la riqueza; de un traspaso
de las rentas del trabajo a un número cada vez más reducido de detentadores del
poder económico real, tanto en el ámbito más local como en el más global.
Esta crisis del capitalismo senil
es, al mismo tiempo, la de un paradigma sobre la relación del hombre con la
naturaleza que nace del occidente monoteísta; este paradigma permite el
desarrollo del capitalismo y –ciertamente- de la humanidad, pero su propio
éxito globalizado ha puesto a la civilización humana ante una grave crisis
social, ecológica y climática que amenaza su propia existencia. La crisis de
los recursos naturales (el petróleo, pero también los minerales estratégicos,
los alimentos, el agua, etc.) es uno de los síntomas de la crisis de ese
paradigma.
Estos elementos hacen que estemos ante una verdadera encrucijada
civilizatoria, donde lo que se juega es avanzar un paso más hacia el abismo de
la barbarie, o tomar la bifurcación que permita proseguir por el camino
civilizatorio que define a la especie que se ha autoclasificado como hommo sapiens sapiens.
Como afirma Carlos Taibo, “gobernantes
y ciudadanos somos responsables por igual de un delicado desafuero: el que nos
invita a colegir que es preferible construir el enésimo puente, o la enésima
autopista, al lado de casa antes que pelear por vivificar nuestra relación con
el medio ambiente o por mejorar el nivel de vida de los tres mil millones de
seres humanos que disponen de menos de dos dólares diarios para salir adelante.
La secuela mayor de ese malentendido no es otra que un dramático vacío: en los
países ricos no se barrunta ninguna conciencia de que hay que reducir,
significativamente, el consumo y optar por fórmulas de franco decrecimiento. Y
es que hemos dejado atrás —aunque no queramos tomar nota de ello— todos los
equilibrios elementales, como lo testimonia el progreso, sin frenos, de la
huella ecológica. Hora es ésta de subrayar, eso sí, que lo del decrecimiento no
implica en modo alguno hacer lo mismo pero en menor cantidad: reclama, antes
bien, construir un mundo diferente asentado en el triunfo de la vida social
frente a la propiedad y el consumo ilimitado, en la reducción de las
dimensiones de infraestructuras y organizaciones, en la primacía de lo local
sobre lo global, en el altruismo frente a la lógica de la competición y, en
suma, en la sobriedad y la simplicidad voluntaria”.
José Villalba Pérez
19 de octubre de 2008
Otra lectura de los datos del Informe del CES es necesaria
Crisis global.
Como bien señala el Informe, “la economía canaria sigue siendo fuertemente sensible a los cambios de la coyuntura internacional”.
En este sentido, 2007 viene marcado por el estallido en julio de la burbuja inmobiliaria en EEUU que detona una crisis global que se manifiesta con múltiples componentes: financiera, energética, alimentaría, tecnológica o ambiental; pero también como hundimiento del centro imperialista (EEUU) y el nacimiento –no siempre pacífico- de un nuevo mundo multipolar. Estamos ante lo que para muchos es el inicio de “un período largo de inestabilidad con turbulencias” y no ante una mera crisis cíclica con un horizonte claro de solución. Por ejemplo, el actual Premio Nobel de Economía, Eric Maskin, señaló en el Campus de Excelencia celebrado en Maspalomas, que la economía internacional se encuentra inmersa en una “crisis que, si bien comenzó con un acontecimiento localizado en Estados Unidos por la cuestión de la hipotecas subprimes, se ha amplificado por todo el mundo convirtiéndose en una verdadera crisis”.
La crisis financiera mundial, que ha hecho metástasis en la economía real, es sintomática de un modelo de crecimiento capitalista basado en la especulación financiera. La financiarización de la economía global es lo que hace a esta crisis financiera distinta a sus precedentes. “Sin ir más lejos a comienzos de la década actual la masa especulativa global representaba entre tres y cuatro veces del Producto Bruto Mundial, los llamados productos financieros derivados apenas alcanzaban al doble del PBM. Ahora en 2008 los productos financieros derivados (registrados por el Banco de Basilea) rondan los 600 millones de millones de dólares que sumados a los demás negocios especulativos alcanzan una masa financiera global de unos mil millones de millones de dólares, es decir unas 16 veces el PBM.” (Jorge Beinstein)
Además, a diferencia de sacudidas anteriores, como el Tequila de 1995, la crisis asiática de 1997, la rusa de 1998 o la argentina de 2001, esta tiene su epicentro en el corazón del sistema. La superpotencia llegó a su apogeo entre 1945 y 1970. En la década de 1950, el 60 por ciento de la producción industrial mundial se localizaba en Estados Unidos. Hoy apenas supera el 20 por ciento. Casi el 50 por ciento de los bonos del Tesoro estadounidense están en manos extranjeras. Es un país dependiente que desde 1970 consume más de lo que produce.
Del 11S de 1973, al 11S de 2001: del ascenso de los Chicago Boys, al principio del fin de la globalización neoliberal.
La financiarización de la economía no es un hecho natural, sino fruto de unas determinadas políticas al servicio del capital financiero -las neoliberales-, convertidas en verdad rebelada incontestable y única política económica posible según instituciones internacionales y gobiernos nacionales. Este fundamentalismo del mercado estuvo detrás del thatcherismo, la reaganomía, del denominado "consenso de Washington" o de la Europa que Köhl, Mitterrand y González empiezan a construir en Maastricht; todos ellos a favor de la privatización, de la liberalización y de los bancos centrales independientes y preocupados exclusivamente por la inflación.
Cuando el 14 de marzo de 2008 la Reserva Federal rescata al quebrado Beran Stearns, no hace más que certificar el fin de la globalización neoliberal.
Del desconcierto a la huida hacia delante.
El desconcierto, la perplejidad y el miedo a lo desconocido han sido las primeras reacciones, no sólo de unos consumidores convencidos creyentes en un crecimiento ilimitado de la “riqueza” (y del endeudamiento) sino, de unas autoridades (internacionales y locales) y unos expertos (economistas y otros propagandistas de la buena nueva) que lo han promovido y hoy se encuentran con que la teoría económica vigente -que ha dominado desde el ultimo cuarto del S. XX- no les sirve; no entiende lo que pasa: ¡El mercado no ha sabido autorregularse!. Si analizamos las declaraciones de los Bancos Centrales y Ministerios de Hacienda, vemos que no pueden explicarnos la crisis. Es más, para el pensamiento dominante económico, la crisis no debería estar ocurriendo.
La parálisis, la inacción y el desconcierto han sido la tónica general en este primer año de la crisis de las hipotecas basura. No sólo el Gobierno Zapatero ha negado la existencia de la crisis, de hecho la última reunión del G8 en Japón es una buena prueba del autismo que ha dominado a las elites económicas y políticas globales.
Las únicas medidas que se toman son acudir en socorro del vencedor: el salvamento de los bancos mediante la socialización de las pérdidas y las subidas de los tipos de interés. Cada vez que los bancos centrales suben los tipos de interés lo que directamente se produce es un trasvase de rentas desde los bolsillo de las familias o empresas endeudadas al de los banqueros.
Ahora, cuando los distintos Gobiernos nacionales no pueden negar la realidad de la crisis -como es el caso de Zapatero- y despojados de instrumentos de intervención por su propia sumisión al fundamentalismo del mercado, sólo encuentran soluciones en la huida hacia delante, proponiendo como medidas anticrisis las mismas políticas seniles que la han provocado.
Crisis canaria.
Como señala el Consejo Económico y Social (CES), “conviene conocer lo que acontece en la economía internacional, puesto que nos muestra de forma bastante contemporánea lo que hemos de esperar que suceda en la economía del Archipiélago.” Este acontecer del capitalismo internacional también nos ayuda a entender lo que ha pasado en la sociedad Canaria tras décadas de dominio de las políticas neoliberales.
Canarias, a pesar de haber tenido años de altas tasas de crecimiento, cada vez se aleja más de la media estatal en todos los parámetros sociales. El Archipiélago ocupa el duodécimo lugar, entre todas las autonomías, en renta per capita, con los salarios más bajos y los mayores índices de pobreza. Las mujeres perciben hasta un 28% menos que los hombres, por un trabajo similar. La pensión media canaria es inferior a la media estatal, en 138 euros.
Pese a los cientos de millones de euros recibidos de la Unión Europea, de la RIC - para el desarrollo económico y la creación de empleo- o del REA -para evitar que la lejanía sea causa del incremento de los precios, el paro y la cesta de la compra, han continuado su permanente escalada, en índices muy superiores a los del resto del Estado-, superamos los 175.000 parados, y los máximos responsables gubernamentales, Rivero y Soria, nos advierten que superaremos los 200.000.
El crecimiento canario se ha basado en el uso intensivo de mano de obra de baja cualificación –el verdadero efecto llamada del crecimiento poblacional- y en el consumo privado sustentado en el crédito fácil.
Canarias no sólo se aleja de todas las medias estatales, también la distancia entre los más ricos y los más pobres se ensanchan, al mismo tiempo que las capas medias se reducen. ¿Dónde ha ido a parar la ingente cantidad de dinero que procedentes de los Fondos Europeos y de los distintos instrumentos del REF? ¿Dónde se quedó aquel “primero hay que crecer, para después distribuir”? Unos 1.026 canarios –el 0,05% de la población total de las Islas- concentran unas fortunas que alcanzan los 4.031 millones de euros según los datos de la Agencia Tributaria. El director regional de BBVA, Javier Sainz, explicó (21/7/2008) que el volumen medio que manejan las grandes fortunas canarias se sitúa en los 500.000 euros, mientras que a nivel estatal es de 300.000 euros debido a que el capital en el Archipiélago se concentra en menos manos. Por tramos de patrimonio hay cinco clientes canarios que manejan más de 30 millones de euros, unos 123 que tienen entre 6 y 30 millones de euros, y 958 que disponen de 1,5 a 6 millones de euros. Existe un amplio número de canarios, 8.969, que disponen de unos recursos que oscilan de 1,5 millones a 500.000 euros pero que para la banca no se contabilizan como grandes fortunas si bien sí que se consideran como clientes de la banca privada.
“Los cambios radicales provocados por el capitalismo de los oligopolios de la tríada (Estados Unidos, Europa y Japón) han destruido los poderes de todas estas antiguas clases dirigentes para sustituirlas por una nueva clase que podemos calificar de especuladora. El especulador es una especie de "estraperlista", y no un empresario creativo. Se hace rico gracias a sus relaciones con el poder establecido y los dirigentes extranjeros, ya sean representantes de los Estados imperialistas o de los oligopolios. Opera como un intermediario, muy bien pagado, y goza de una verdadera renta política de la que obtiene la mayor parte de la riqueza que acumula. El especulador deja de comulgar con cualquier sistema de valores morales y nacionales del tipo que sean. A imagen de su álter ego de los centros dominantes, sólo conoce el "éxito", el dinero y la codicia.”
Esta cita de Samir Amín (“Surge una nueva clase dirigente”, Le Monde Diplomatique, Agosto 2008) describe de forma meridiana la naturaleza de la clase dominante canaria y del Régimen político-empresarial que ha construido entorno al control de los poderes insulares y autonómicos, y al trinomio turismo-construcción-subvención, con su corolario de corrupción; un modelo de acumulación que ya había entrado en crisis, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense. Si hasta hace poco se crecía por encima de la media española, hace casi tres años que el crecimiento isleño es inferior, colocándose en 2005 entre las comunidades autónomas de menor ritmo de crecimiento.
Los bomberos pirómanos
Los bancos centrales, y a la cabeza la Reserva Federal estadounidense, fueron los que promovieron los fenómenos que han dado lugar a la crisis. Desregularon los mercados financieros, permitieron su opacidad y alentaron el endeudamiento masivo de las familias, alimentando así la burbuja inmobiliaria y una insostenibilidad creciente de las finanzas que tarde o temprano afectaría a la economía real. Aceptaron que los bancos crearan productos financieros muy peligrosos que, al propagarse por todo el sistema financiero internacional, han terminado por ocasionar una crisis global sin precedentes.
Frente a esta crisis compleja y que en realidad está poniendo sobre la mesa la crisis del sistema monetario internacional, de la desregulación actual de los flujos financieros y del papel que vienen desempeñando los bancos más preocupados de sus operaciones especulativas que de la financiación de la economía, los bancos centrales se limitan a gestionar los tipos de interés a favor de los grandes poseedores de dinero y a pedir moderación salarial para los trabajadores, es lo único que parece que saben decir.
En este marco global diseñado por los pirómanos es en el que se mueven las medidas anticrisis de gobiernos Estatales y locales. Medidas que, en líneas generales, suponen una nueva transferencia de renta de las capas populares al entramado financiero, como ya sucedió con la crisis de las puntocom (2000-2003). Aquella burbuja iba de la mano de una ola de innovaciones en la tecnología de la comunicación y la información; la actual, no. Descansa sobre la especulación con bienes inmobiliarios, con precios de materias primas y con derivados financieros.
El problema para la política macroeconómica oficial se define como antes: hay que encontrar el nivel preciso de oferta monetaria para controlar la inflación y mantener el empleo en un nivel adecuado. Mientras el origen de la crisis se encuentra, precisamente, en la desregulación financiera y en una política monetaria dedicada a alimentar burbujas especulativas que ha venido impulsando.
Así, “las 24 medidas” de Zapatero siguen moviéndose en el marco de la ortodoxia fundamentalista que marcan la Estrategia y el Tratado de Lisboa; continúa sometida a los dictados del “independiente” Banco Central Europeo y a los límites -impuestos desde Maastricht- al déficit y a la deuda pública. Continúa la política de “liberalización” acelerando el proceso de traslación de la directiva Bolkestein, promoviendo nuevas privatizaciones (AENA), rebajas de impuestos directos (eliminación del patrimonio) o subvencionando determinado consumo (planes Renove). ¡Luego vendrá la translación de la Directiva de las 65 horas!
Por su parte, el vicepresidente del Gobierno de Canarias, José Manuel Soria expone ante la audiencia del Campus de la Excelencia, su Plan de Reactivación Económica de Canarias del que destaca como medidas importantes la rebaja fiscal y de determinados impuestos, como para los profesionales del transporte y la agricultura; el fomento de las exportaciones y la internacionalización de la empresa canaria. Medidas que el propio Soria define como de "pura ortodoxia económica", el mismo fundamentalismo que ha servido para producir el mayor proceso de concentración de riqueza de la historia de Canarias.
Paulino Rivero, Presidente de Gobierno de Canarias, mientras tanto, agita las aguas acusando al Gobierno de Zapatero de haber "estado engañando a los españoles” y de estar “actuando tarde y mal" (15/8/08), mientras reclama medidas "específicas" para combatir la crisis en estas islas, singulares y ultraperiféricas. Solicita más ayuda al transporte, participación en el proceso de privatización de AENA, aumento de la financiación debido “al incremento de la población canaria en los últimos años”… El discurso de siempre, junto a la promesa implícita de que los canales de riego clientelar seguirán abiertos: "cuanto más recursos reciba Canarias, más podrá distribuir entre los canarios [¿entre los nuestros?] a través de los ayuntamientos y de los cabildos, en función de sus competencias", dice Rivero.
Existen otras políticas posibles.
El discurso dominante no deja de proclamar que no existen alternativas, qué la única política posible es la que satisface “a los mercados”, ese ente nada abstracto dominado por nombres y apellidos concretos que todos los años la Revista Forbes se dedica a ordenar y que en Canarias, más o menos se corresponde con esas 1.000 fortunas (los nuestros) que han acumulado más de 4.000 millones de euros.
Existen otras políticas posibles, centradas en la satisfacción de la mayoría de la población, pero esas políticas requieren abandonar el discurso de la satanización de la intervención pública en la gestión de lo económico. Ese discurso es el que ha muerto cuando en agosto de 2007, el Banco Central Europeo inyectó 94.000 millones para atajar la crisis de liquidez de los bancos. La socialización de las perdidas, unido a que el “éxito de las economías emergentes” viene marcado por la dirección estatal de proyectos autónomos de desarrollo económico, ha puesto en evidencia el carácter meramente ideológico del modelo neoliberal.
Necesitamos una intervención pública en la economía, construida desde una participación social y no desde el juego de los distintos grupos de presión empresarial. Es la única forma de avanzar en la diversificación de la economía canaria en el camino de una economía autocentrada en el bienestar de la mayoría de sus ciudadanos. Se hace necesario dos niveles de intervención: medidas que atiendan a paliar los efectos sociales de la crisis y medidas que propicien la reorientación de la economía canaria hacia un modelo sustentable social, ecológica y económicamente.
Entre las primeras, la puesta en marcha de la legislación social (ley de Dependencia, etc.) hoy convertida en papel mojado por su falta de dotación. También hablamos de control de los tipos de interés de las hipotecas; de fijación de precios máximos en los productos básicos; de ampliación de las coberturas de desempleo; de suspensión a las familias en paro de cortes de luz, agua o teléfono por impago; romper con la dinámica desfiscalizadoras que siempre benefician a las capas más favorecidas, descapitalizando al Estado y con ello a los servicios públicos esenciales repercutiendo directamente en los sectores más desfavorecidos socialmente; políticas efectivas de lucha contra el fraude fiscal; etc.
Entre las políticas necesarias para la reorientación del modelo de desarrollo ocupa un lugar primordial una política energética centrada en reducir al máximo la dependencia exterior mediante el abandono progresivo de la economía de los hidrocarburos; políticas destinadas a la reconstrucción de un sector primario (agricultura, pesca y ganadería) al servicio del mercado interno; políticas destinadas a dimensionar un sector turístico que amenaza con convertir a las Islas en un parque temático; una política de inversión pública en bienes y servicios socialmente útiles (sanidad, educación, servicios sociales, etc.) en lugar de la política de macro obras públicas (regasificadoras, puertos y aeropuertos pensados en las necesidades del capital transnacional, macrocárceles, trenes o autopistas, etc.) que hipotecan el futuro del Archipiélago en beneficio de los mismos de siempre; … en suma una redefinición del modelo de desarrollo económico y social, poniéndolo al servicio de las mayorías. Sólo desde un amplio debate social donde la participación ciudadana no sea un mero adorno a políticas decididas en cenáculos políticos-empresariales, se puede afrontar una salida de la actual crisis sin que los perdedores sean siempre los mismos.
Canarias, 28 de agosto de 2008
Confederación General del Trabajo (CGT)
Sindicato de Trabajadores/as de Enseñanza Asambleario de Canarias (EA-Canarias)
Sindicato de Comisiones de Base de Canarias (co.bas Canarias)
Convergencia Sindical Canaria (CSC)
Frente Sindical Obrero de Canarias (FSOC)