


Orígenes
Según el diccionario vasco-español de López de Mendizábal, la palabra Lueches (arcaico nombre del que proviene el actual -Loeches-), proviene del vasco Luesi "Cercado de tierra", pero tampoco es descartable una posible etimología latina, debido a los distintos pobladores que ha tenido a lo largo de la historia.
En función a los restos arqueológicos hallados en el término de la villa se puede decir que los celtas constituyeron los primeros asentamientos humanos en los siglos III o IV a. de C. como afirman algunos cronistas. Tras los celtas llegaron los romanos, quienes bajo el mandato de Augusto conquistaron todo el territorio madrileño que era parte de la provincia denominada Tarraconese (año 26 a. de C.). Pero los romanos no se asentaron aquí, sus restos se limitan a una antigua calzada romana que debió desaparecer hace pocos siglos, puesto que hay documentos escritos del siglo XVIII que la mencionan. Su trazado discurriría entre Mérida y Zaragoza pasando por Toledo.
A continuación Loeches junto a los pueblos del valle del Henares cayeron bajo el poder musulmán, hasta que Alfonso VI en 1085 los reconquistó por primera vez, pues el obispo D. Bernardo hubo de repetir la conquista en 1157.
En 1555 el emperador Carlos I le concede el título de Villa, quedando bajo la mitra del Arzobispado de Toledo.
Loeches; señorío de la nobleza
En 1579 el Rey Felipe II, pidió bula pontificia al Papa Gregorio XIII para vender algunas propiedades eclesiásticas a fin de poder hacer frente a la deuda que sufrían sus reinos (semejante a lo que hoy llamamos privatización). Como consecuencia Loeches fue vendida a un Genovés llamado Baltasar Castaño por 6.816.772 maravedíes. Pero en 1583 D. Baltasar cedió y traspasó Loeches a D. Iñigo de Cárdenas y Zapata, caballero de la orden de Santiago, miembro del consejo de su majestad y embajador español en Venecia, y a su esposa Dñª Isabel de Avellaneda.
La familia Cárdenas fundó en el pueblo el denominado popularmente "convento chico", que es el de las Madres Carmelitas. Cuenta la leyenda que Sor Francisca de Cristo (hija del matrimonio Cárdenas-Avellaneda) tuvo una visión de S. Ignacio Mártir a la puerta del monasterio, desde entonces Francisca ingresó como monja de la congregación y puso el convento que ella misma fundó bajo la advocación del santo.
Este convento del siglo XVII, su iglesia es de estilo barroco, su nave principal está cubierta por bóveda de cañón, el crucero rematado por una cúpula en cuyas pechinas hay unos fondos con S. Juan de Cruz, S. Elías y otra santa carmelitana, de notable valor artístico. La portada la constituye un frontón curvo partido con bolas, albergando el escudo carmelitano. Antiguamente a sus pies se encontraba una lápida de 1717 presumiblemente perteneciente al enterramiento de Alfonso Solís y Ossorio Duque de Montellano, según consta en el libro IV de difuntos folio 55 vto. de la parroquia.

El interior de la iglesia está decorado grandes y valiosos cuadros del Cristo de Burgos y de La virgen del Carmen cobijando a frailes y monjas carmelitanos bajo su manto (siglo XVIII), también cuenta con un retablo del Siglo XVI con pinturas también antiguas, quizás el más notable es uno de S. Ignacio de Antioquia.
Entre los objetos de culto las madres carmelitas poseen también reliquias de mucho valor tanto espiritual como histórico, como son; Cartas autógrafas de Stª Teresa de Jesús, una mesa del siglo XVI , procedente de Malagón, en la que la mencionada Santa solía comer, y una colección de valiosísimos relicarios, destaca uno donado por el rey Felipe IV, que perteneció a su padre (Felipe III), con carne del vientre de la santa y data de 1590. También hay en el interior del monasterio grandes cuadros con ricas pinturas los cuales no están a la vista del público pero de alta calidad. Felipe IV estableció con la comunidad de monjas de este monasterio una relación bastante cordial, de hecho en honor a Stª Teresa llamó a su hija Teresa, influido por las monjas de Loeches. Ello hizo que la infanta estuviera muy vinculada a este pueblo, de hecho el retrato que Velázquez hizo de ella inspiró al compositor Carlos Patiño para componer su obra musical "La labradora de Loeches"("Libro de Tonos Humanos"; Biblioteca Nacional), como se conocía a la infanta cariñosamente en la corte. Dicha canción tiene la siguiente letra;
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Retrato de la infanta María Teresa (D. Velázquez) a quién Carlos Patiño dedicó la canción "La labradora de Loeches".Casó con Luis XIV de Francia. |
Labradora
de Loeches,
en quien se miran conformes
las flores como donaires,
las estrellas como flores.
Estr.:
Las
almas y vidas y los corazones
Por dicha logren servilla.
Las vidas, las almas la adoren
y los corazones
por lucero hermoso,
por milagro eterno
de lo prodigioso.
Ay, que su hechizo bello
es flor en la tierra
y estrella en el cielo.
Hija del mayor planeta que
impera entrambos orbes
a los rebeldes por rayos
y a los rendidos por hombres.
El corpiño tosco debe
sus ignorados primores
a tu favor, si en él haces
humanas transformaciones.
Conservada en el "Libro de Tonos Humanos" de la Biblioteca Nacional; recientemente ha sido publicada por Danièle Becker.
A la muerte de los miembros de la familia Cárdenas, se volvió a vender el señorío de la villa, siendo comprado por Gaspar de Guzmán y Pimentel de Rivera y Velasco del Tovar, quien pasó a la historia como EL CONDE-DUQUE DE OLIVARES, desde entonces sus descendientes han conservado el señorío hasta la abolición del privilegio en el siglo XIX.
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El Conde-duque de Olivares figura muy vinculada a esta villa. (Retrato de DiegoVelázquez) |