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La capital del reino de
Aragón, con
sus 55.000 habitantes estaba construida por una red de calles estrechas y
sombrías, esparcida de plazuelas. Contaba con ocho puertas; Puerta Sancho,
Portillo, Carmen (es la única que queda), Santa Engracia, Quemada, Sol,
Ángel y
San Idelfonso. Sus muros o murallas eran la unión que formaban las casas con
tapias y cercados en jardines y huertos. Construidos con cal y canto, tierra
o ladrillos. A simple vista, la defensa de la ciudad era completamente
nula, haciendo de Zaragoza una ciudad abierta.
Contaba con dieciséis conventos de monjas y veinticuatro de frailes, algunos
de los cuales eran hermosas masas arquitectónicas con relevante valor
artístico. Por desgracia, unos cuantos fueron destruidos durante los
asedios.
En la orilla izquierda del Ebro al otro lado del puente de Piedra, se situaba
el Arrabal de Altabas con sus fértiles huertas y sus dos monasterios.
La ciudad en sus afueras estaba rodeada de extensos campos de olivos.
Por su
parte este, transcurre el río Huerva que desemboca en el Ebro. Posee de unas lomas estratégicamente
situadas; la de Torrero, Casablanca y Buena
Vista, por cuyo pie discurre el Canal Imperial de Aragón y que fueron muy
bien aprovechadas por los franceses para bombardear a placer la ciudad.
Su orgullo eran las dos iglesias catedrales, La Seo y El Pilar, sobre todo
esta última. Contaba con dos hospitales, el de Convalecientes y Nuestra Señora de
Gracia. Siendo prestigiosos y caritativos, acogiendo toda clase de enfermos e
incluso dementes. Sus médicos tenían merecida fama en toda Europa.
La Real Academia de Bellas Artes de San Luis promovía la industria
artesanal, fomentando mano de obra cualificada. La economía de la ciudad se
basaba en la agricultura, ganadería y comercio.
La ciudad publicaba
gaceta y diario. Para distracción de la población disponía de plaza de toros
y un teatro. Era sede de la Capitanía General así como de
magistrados, arzobispos, regidores, nobleza y ricos propietarios con sus
lujosos palacios.
La sociedad, como en el resto de España era feudal e inculta, solo una pequeña minoría
era ilustrada. La Real Sociedad Económica Aragonesa de amigos del País, trataba de innovar con poco éxito, pues chocaba con el clero y los claustrales de la Universidad con su conservadurismo.
La guarnición de la
plaza era
escasa, la formaba un Estado Mayor con 113 jefes y oficiales. La mayoría no
residía en Zaragoza, por ser ya veteranos o estar enfermos. La tropa, estaba formada por
una compañía de fusileros con 178 hombres, una partida de 383 soldados y 157
reclutas, que estaban repartidos en pueblos y puntos de la provincia.
El castillo de la Aljafería (para los franceses de la Inquisición) estaba
situado en los extramuros de la ciudad. Su recinto, guardaba el arsenal más
importante de la ciudad con 25.000 fusiles y 80 piezas de artillería, la
mayoría procedentes de la campaña contra la Convención Francesa.
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