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4ª Fase.
Asalto a la ciudad.
Informado Lannes que Zaragoza no
recibiría ayuda exterior, ordenó el asalto definitivo el 28 de enero. Tras un
continuo bombardeo el día anterior, se introdujeron los franceses por Santa Engracia y sus cercanías.
En un cuerpo a cuerpo atroz, luchando casa por casa, llegando el combate a los
tejados mismos como prolongación del terreno perdido en el suelo.
Los imperiales conquistaron fuertes posiciones en la Plaza de Santa
Engracia, convento de los Trinitarios y en la calle Paboste.
Cuando la resistencia era tenaz, los zapadores practicaban
galerías subterráneas para colocar minas o hornillos haciendo volar las
casas, así sucedió con las viviendas de la calle Santa Engracia el día 30.
En el barrio de la Magdalena, comenzaron los ataques ese mismo día,
abriendo una brecha en el convento de San Agustín (recordado por su defensa
desde el pulpito y capilla), por la cual, se introdujeron los granaderos
enemigos. La lucha transcurría en espacios reducidos, habitación por habitación,
sala por sala. Hasta entonces ningún ejercitó había luchado en esas
condiciones.
Los franceses, consiguieron avanzar ligeramente, pero una contraofensiva
al mando de Palafox
les hizo volver a su punto de partida.
Los barrios de la Magdalena y Santa
Engracia eran los mas castigados, sus habitantes huían a la zona de la
ciudad menos destrozada; la de San Pablo. El resto de paisanos y militares
se defendían dentro de las casas y en las barricadas. Pese a su heroísmo,
el barrio de la Magdalena fue ocupado el 1 de febrero.
Las Tenerías fue atacado el día 2 y el de Santa Engracia
ocupado el día 3. Los franceses, se acercaban lentamente al centro de la
ciudad, donde asomaron el 7 por la zona del Hospital de Huérfanos y la
Plaza de la Magdalena.
En estos primeros días de febrero, ardió por los cuatro costados el
palacio de la Diputación del Reino de Aragón con sus archivos y joyas. Además, continuaban los duros combates en el Arrabal. Tomando el enemigo
el convento de Nª Sª de Jesús el día 6, y desde el cual, comenzaron a disparar
sus baterías deliberadamente sobre la Basílica del Pilar, con el fin de
desmoralizar a los ciudadanos.
El día 11 fue arrebatado a los
defensores el convento de San Francisco, después de cuatro días de
encarnizada lucha. Los imperiales asomaban ya por el Coso. Para el 18 de
febrero, el convento de San Lázaro pasó a manos francesas. El Arrabal había caído...
En ese día saltó por los aires la Universidad
(estaba situada entre la Plaza de la Magdalena y el Coso Bajo).
Para estas fechas, Zaragoza había agotado todos los víveres salvo el
agua de arroz, al tiempo que las tropas imperiales seguían avanzando . El
19, voló por los aires la iglesia de la Trinidad y se perdió la puerta
del Sol. Las bombas y granadas lanzadas sobre la ciudad, sobrepasaban ya
las 20.000 desde el comienzo del asedio.
Entre los defensores las muertes superaban las 300 diarias a causa de
los combates y la epidemia. Ese mismo día, Palafox,
experimenta los primeros síntomas de contagio, estableciéndose una Junta
de defensa en la que relegar el mando.
José Palafox, antes de entregar el
mando obligado por las fiebres al general Saint- Marq, envió a su ayudante al campamento francés
para entrevistarse con el mariscal Lannes, e intentar conseguir una
tregua de tres días. Asimismo, confirmar los progresos del ejército
francés en España y en caso afirmativo aceptar la capitulación. Lannes, respondió dando su palabra de honor y ratificando lo
antes comentado, junto la imposibilidad de recibir refuerzo alguno,
prometiendo el perdón general a todos los defensores de Zaragoza.
Mientras, la enfermedad del capitán general se agrava, delegando el mando
de las decisiones a la Junta de defensa presidida por Pedro María Ric. La Junta
fue convocada secretamente por
temor a los defensores a ultranza .
El secreto duró poco tiempo y ya enterados, se manifestaron en contra,
intentando apoderarse de la artillería y munición, tratando de proseguir
la defensa.
La Junta, acordó capitular el 20 de febrero de 1809, pese a la negativa de
Palafox cuando recuperaba la lucidez.
Escoltados por Lanceros franceses, el capitán general y la Junta fueron
llevados al su cuartel general en Casablanca, donde serian recibidos
por el mariscal Lannes, en presencia de
Junot.
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