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3ª Fase. Para
acercarse a los objetivos con seguridad tenían que eliminar las fortalezas
exteriores. Con ese fin, construyeron
trincheras de aproximación o paralelas, a cargo del jefe de ingenieros el
general Lacoste. Siendo estas fortalezas, el convento de San José, el reducto del Pilar y la Aljafería. Una vez tomadas podrían acercarse a los tapiales de la ciudad
y con la infantería introducirse en la urbe.
El 23 de diciembre, comenzó la construcción de la primera paralela enfrente
del convento de San José, otra en Santa Engracia y la última en la Aljafería.
El 24, atacaron los franceses el convento de San José, en el que tuvieron
grandes perdidas, siendo obligados a retirarse hasta la Cartuja. Al día
siguiente, una acción del teniente general O`Neylle los echó del soto de Mezquiza.
Los imperiales, con estos últimos sucesos, comprendieron otra vez que la ocupación
de Zaragoza no iba a resultar sencilla.
Aun así, los zapadores enemigos reiniciaron los trabajos la noche del 29,
(para estas fechas, comenzaron los primeros síntomas de epidemia, que afectó a
los defensores de la ciudad).
Los zaragozanos tuvieron algo de fortuna. Advirtieron que la riada del día 30 de diciembre, había destruido el puente
de barcas sobre el Ebro. Durante unos días los dos cuerpos de ejército franceses
estuvieron incomunicados. El 31, Palafox, ordenó dos
ataques para desbaratar los trabajos de construcción de paralelas.
El encargado fue otra vez O`Neylle. Con
una fuerza de 4.000 hombres atacó las trincheras de aproximación que se
estaban construyendo en el Arrabal, e intentó liberar Juslibol lográndose
en parte. En esta salida la caballería de los defensores provocó 200 bajas
francesas.
En el sector de San José, una descubierta dirigida por Mariano
Renovales asaltó las trincheras a la bayoneta,
originando
150 nuevas bajas enemigas.
Pese a estos reveses, los franceses continuaron con las labores de asedio
luchando también contra las inclemencias del invierno.
El 10 de enero de 1809, comenzó un devastador bombardeo dirigido sobre todo
a los fortines de extramuros. Dos días después y tras una sangrienta
jornada, los
defensores del convento de San José tuvieron que abandonarlo, y el día 15
fue tomado el reducto del Pilar.
Tras estas dos perdidas y aprovechando sus restos, los zapadores franceses
trazaron la segunda paralela, por la orilla izquierda del Huerva a escasa
distancia de los muros y tapiales de la capital.
El gran ingeniero militar que ideó las defensas de Zaragoza, Antonio
Sangenis. Muere el día 11 en las tapias del convento de las Mónicas.Las baterías francesas estaban ya
situadas desde Bernardona hasta San José. El bombardeo era continuo, saldándose
con mas de 100 bajas diarias entre los defensores, debido al cañoneo y
la epidemia.
Para mas desdicha, el 17 de enero, Zaragoza se queda sin pan
y carne.
Los zapadores imperiales lograron abrir brechas en los muros de las Mónicas
y San Agustín, siendo destruidas también las tapias desde Santa Engracia
hasta las Tenerías.
Arrasados los molinos de aceite que estaban situados fuera de la ciudad,
obstaculizada
la llegada de refuerzos, desmanteladas parte de las baterías defensivas
y frustradas las salidas de hostigamiento, recupera el mando del 3º y 5º Cuerpos el 22 de
enero, el Mariscal Lannes. Aprobando los planes
de Junot y estableciendo su
nuevo cuartel general en Casablanca.
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