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El 23 de noviembre y como resultado
de la derrota de las tropas españolas en Tudela a manos del ejercito
Imperial, cuyo
mando lo ostentaba el mariscal Lannes,
(jefe
supremo de todas las fuerzas francesas en el Ebro), queda libre el camino
a Zaragoza.
Mientras en la cuidad, siguen con retraso los trabajos de reparación y construcción
de las fortificaciones. Reforzándose las tapias e instalando baterías,
(la artillería de la plaza contaba con 160 piezas) consolidando como fuertes
avanzados en los extramuros los siguientes conventos:
San José, Capuchinos, Trinitarios, el reducto del Pilar (ahora, intersección
del Paseo de las Damas con Sagasta), y monte de Torrero. En el Arrabal,
los de San Lázaro y Nª Sª de Jesús.
Hay que señalar que el plan de Sangenis
consistía en sacar las defensas de la ciudad con fortificaciones comunicadas por
trincheras, sin embargo, los trabajos no se pudieron acabar.
El segundo sitio se diferenció del anterior por los paisanos, los cuales, tomaron
de forma tan rotunda y briosa la defensa de la ciudad en el primer asedio.
Debido a la gran cantidad
de tropa que había en la urbe y que seguían llegando. Como el día 2 de
diciembre, entrando refuerzos de hombres y material procedentes de lugares
de Aragón y Valencia, más los 8.000 fusiles prometidos por el comisario
Británico Doyle.
Así mismo, los almacenes estaban repletos de víveres gracias a la ultima
cosecha, por desgracia, y con la capital sitiada no perduraron mucho. El
responsable de esta imprecisión fue Palafox, junto por la ausencia en el
segundo sitio del administrador militar Calvo de Rozas que tan decisivo fue
en el primero. Sin embargo, se rodeó de dos excelentes colaboradores, Pedro
Mª Ric y Augusto de Clement de Saint-Marq.
Zaragoza, en esos momentos, estaba defendida por 15.000 voluntarios y 30.000
soldados, estos últimos eran la mezcla de los diseminados ejércitos
de Reserva y Centro. Los franceses, mientras, ultimaban los preparativos para comenzar el
asedio; llegan
a Zaragoza dos cuerpos de ejército. El 3º del Mariscal Moncey
y
el 5º del Mariscal Mortier, más una brigada
de caballería, en total 35.000 infantes y 2.000 de Caballería.
Los imperiales al mando de Lannes, (al
poco tiempo enfermó, se hizo cargo el Mariscal Junnot
) y tras la experiencia del primer sitio comenzaron su estrategia de
asedio, la cual se dividió en cuatro fases.
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