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El 4 de agosto al amanecer y por ordenes del
emperador, las columnas francesas entraron por las brechas abiertas en los
muros, en un asalto combinado por las puertas del Portillo, Carmen, Santa
Engracia y el barrio de la Magdalena. El plan de Verdier era partir por la mitad la ciudad
y llegar hasta el río. En su avance saquearon el barrio de la Magdalena
cometiendo toda clase de atrocidades, causando el pánico de la población
que huyó hacia el Arrabal.
Sin embargo, se produjeron varios hechos clave:
En el puente de Piedra, el teniente de caballería Luciano Tormos, frena la
huida.
En la Magdalena la vanguardia francesa es atacada y detenida.
Las columnas que se dirigían al puente de Piedra y al mercado, también son
contenidas por los defensores.
Por segunda vez, Palafox marcha de la capital, esta vez, en dirección a Osera, con el propósito de
conseguir refuerzos o dar por perdida la ciudad.
Mientras, los ciudadanos, continuaban combatiendo ajenos a la marcha de
su líder. En la lucha callejera, los defensores emplearon las casas para
disparar desde ellas. Las calles eran protegidas por barricadas
entorpeciendo así el avance de los agresores.
En su embestida, los franceses incendiaron el palacio de Sastago,
robando el tesoro general que ascendía a 2.000.000 reales de
vellón, igualmente se introdujeron por las brechas del jardín botánico por
Santa Catalina (ahora, calle San Miguel), llegando hasta el Hospital de Nª Sª de Gracia.
Igualmente se colaron por la puerta del Carmen.
Ya por la noche, los imperiales fueron rechazados hasta el Coso. En los
combates, Verdier resultó herido,
encomendando el mando a Lefévbre.
Al final de esta jornada, el resultado de la ofensiva francesa fue la
conquista del 40% de Zaragoza. En los siguientes días continuaron los
bombardeos, saqueos y la lucha en las calles, sin conseguir los franceses
progresos de importancia.
El día 7 entró Palafox en la ciudad con el 2°
batallón de Voluntarios de Aragón, en una brillante acción
combinada con su hermano el Marques de Lazan, consiguiendo introducir alimentos y
material de guerra. Mientras, los defensores recuperaban algo de lo
perdido, con la ocupación del convento de Santa Catalina.
En el lado francés, llegaron noticias de la derrota en Bailén y la huida
de José I a Vitoria. A los pocos días recibieron orden de eludir nuevos
combates manteniendo lo ganado.
Para asegurar la retirada francesa, continuaron los bombardeos a la
ciudad, siendo aprovechados para desprenderse del material que no podían llevar
consigo.
Así mismo y dentro de la capital, llegaron noticias de la proximidad de un
ejército de socorro. Palafox aprovechó estos acontecimientos. El
día 8, efectuó una nueva ofensiva sobre la brigada Pive situada en la orilla izquierda del Ebro, tuvo éxito,
consiguiendo con ello romper el cerco en el Arrabal.
En la madrugada del 13 al 14, una
gran explosión sacudió Zaragoza. Los zapadores franceses volaron el
monasterio de Santa Engracia en su huida.
Lefébvre, permaneció con sus tropas para proteger la retirada, el día 14
abandonaron la ciudad con dirección Tudela donde llegaron el 17.
En su precipitada marcha quemaron todo lo que podía ser útil, entre ello 50 piezas
de artillería, alguna de las cuales fueron arrojadas al canal Imperial,
además, abandonaron a su suerte a los heridos.
Las bajas francesas en el primer asedio ascendieron a 3.000 hombres, en
el bando defensor sumaron 2.000.
Durante el asedio y sobre todo en fases de ataques y bombardeos, Verdier
envió emisarios solicitando la rendición.
Palafox, respondía con negativas, en una replicó con su famosa frase
de "Guerra y Cuchillo".
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