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El
15 de junio
por la tarde, tras algunos choques en las afueras de la ciudad, las tropas
francesas atacan por primera vez lo que suponían las partes mas débiles
de la defensa.
Con un ataque combinado en las Eras del Rey (situada cerca de la iglesia de Portillo,
entre los antiguos conventos de Los Agustinos y Trinitarios). Y en las puertas de Santa Engracia, Carmen y Portillo.
Algunos dragones de caballería consiguieron romper las defensas en la
puerta del Carmen, dirigiéndose hacia la del Portillo. Sin embargo, por el
trayecto les salieron al paso una multitud de zaragozanas que los
aniquiló.
Otro grupo enemigo se introdujo en el cuartel de caballería (situado en
las cercanías de la plaza de toros). Los defensores lo incendiaron
permaneciendo otra vez en manos aragonesas.
Al anochecer y después de 9 horas de luchas, el resultado fue favorable
a los defensores.
Los franceses se retiraron a las afueras de la ciudad. El día siguiente
lo aprovecharon para saquear algunos pueblos de alrededor. Cuarte, Cadrete, Maria
de Huerva y matando a los frailes del convento de Santa Fe.
Mientras sucedían los saqueos, los habitantes estuvieron ocupados
talando los olivares que rodeaban la capital, a una distancia de 700
metros, los imperiales los utilizaban para cobijarse.
El día 16 entran
por el Arrabal refuerzos militares y civiles junto con el Marques de
Lazan
en
sustitución
de
José Palafox, que se encontraba
en Belchite reuniendo refuerzos. Asimismo se estacionó en las cercanías el general francés Grandjean, con
el 2º Regimiento Polaco del Vístula.
En esos días, también los hermanos Palafox
reunían
sus fuerzas en las cercanías de Epila, para atacar a los franceses por
la espalda.
El 24 sucedió la batalla de Tudela, donde fueron derrotados los
españoles
por el coronel polaco Cholopisky, originando
más de 600 bajas. Esta derrota ocasionó un intento de sedición
entre los oficiales que fue atajado por Palafox.
Llega a Zaragoza el 26 el general Verdier,
con más antigüedad y experiencia, trae consigo material de sitio,
elevándose
a 10.500 hombres, la tropa francesa destacadas en las afueras de la
plaza.
Los días 27 y 28 dos sucesos estuvieron
a punto de dar un vuelco al asedio. El primero fue la explosión del
polvorín
general de la ciudad cuando era trasladado al convento de San
Agustín (Tenerías).
La explosión destruyó parte del barrio de La Magdalena. El segundo, los Imperiales
aprovecharon este desgraciado suceso para atacar al día siguiente las fortalezas
de Torrero y la Aljafería. También las puertas del Carmen y Santa Engracia.
Fueron rechazados en el ataque a la ciudad, en cambio, tuvieron éxito en el asalto
a las posiciones de Torrero.
La capital seguía recibiendo refuerzos, esta vez provenientes de
Lérida y Monzón.
Las autoridades conocedoras del posible bombardeo de la ciudad, idearon
un sistema de alarma por medio de toque de campana en Torre Nueva, y
estableciendo
refugios en las calles. Además, se desempedraron estas para evitar que los
cascotes de adoquines produjeran mas daños con las explosiones.
Las fuerzas
Españolas
Estaban formadas en el primer asedio por voluntarios zaragozanos
resto de Aragón y provincias limítrofes.
Los militares no sumaban más de 3000, en su mayoría eran grupos dispersos
huidos de los franceses.
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