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Una
vez más, Aragón fue escenario principal
de una guerra no buscada; la guerra de la Independencia.
Tuvo unas secuelas muy duraderas. Unos creían en el nacimiento del liberalismo constitucional,
otros, la lucha popular
en defensa de la tradición política absolutista.
Las noticias del levantamiento contra los franceses en Madrid el 2 de
Mayo, rápidamente se conocieron en Zaragoza, donde labradores adinerados,
comerciantes, algún noble y varios miembros de la burguesía zaragozana,
comenzaron a preparar
el levantamiento contra Godoy y "afrancesados".
Propusieron
esta sublevación a José
Rebolledo de Palafox y Melci, un brigadier recién llegado a la ciudad.
A continuación y defendiendo como representante del Rey Fernando,
la soberanía que le había sido usurpada en Bayona aceptó el cargo.
Ya en los asedios la carencia de estrategia militar (hay que recordar que
era guardia de corps), la suplió con creces demostrando su valentía en los
combates y sabiendo rodearse en todo momento de excelentes colaboradores.
El carácter espontáneo de la sublevación
contra el invasor fue aumentado por un fuerte sentimiento nacionalista, la
unión entre paisanos y militares y la importancia simbólica y estratégica
de la conquista de Zaragoza, explica la ferocidad de los combates.
El ejército estaba fundido con la población y en la vida urbana, sin
retaguardia y con mala intendencia los defensores resistieron hasta última
hora, esperando la llegada de refuerzos que nunca llegaron.
Los generales franceses hinchados de victorias en Europa, no podían permitir
que una ciudad se interpusiese en su avance hacia el interior y levante español.
Comprendieron rápidamente que la batalla tenia un simbolismo importante
y objetivos poco comunes. La defensa de Zaragoza era un combate de desgaste
y en cierto modo suicida. Desde el primer momento sabían que los bombardeos
y asaltos destruirían la ciudad, causando muchas bajas en la población
civil.
Hasta entonces los combates eran en campo abierto, con gran movilidad de
infantería y caballería. Pero Zaragoza fue diferente, se luchó desde y dentro
de las casas, en sus habitaciones y tejados, también en las calles preparadas
por los defensores con trincheras y barricadas.
Parte de los ciudadanos pensaba que la defensa era inútil teniendo
delante un ejército tan poderoso, asumían la conquista de la ciudad y
esperaban tiempos mejores.
Por contra, los defensores a ultranza los acusaban de traidores, poco patriotas
y de no defender a sus familias y haciendas.
Este episodio de la guerra de
Independencia es parte de la historia de Zaragoza.
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