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Terminado el primer asedio, las
autoridades tomaron una
serie de medidas higiénicas para evitar todo riesgo de epidemias. Se autorizó a los paisanos a retornar a sus lugares de origen, con el fin de
recoger las cosechas y llevarlas a Zaragoza. Estaban convencidos del regreso del enemigo.
Además, se acordó la expulsión de los residentes franceses en la ciudad
y el secuestro de sus bienes.
Tanto militares como paisanos, comenzaron a reparar las
defensas destruidas y a construir otras nuevas, el responsable
de las obras seguía
siendo el coronel de ingenieros Sangenis,
sin
embargo, no dio tiempo a terminarlas.
A cambio, se pudo recuperar las piezas de artillería arrojadas por los franceses al
canal Imperial.
En el resto de España la resistencia zaragozana provocó un
sentimiento de apoyo, llegando cantidad de donativos tanto en metalito, como
en especie. El 5 de septiembre, el comisario Británico Charles Doyle,
llegó a la ciudad. Quedando impresionado por la resistencia mostrada. Doyle colaboró con un cuantioso
donativo y 8.000 fusiles que llegarían meses mas tarde.
Los franceses en la retirada hacia Navarra, fueron perseguidos por
un ejército de 4.000 hombres (voluntarios de Zaragoza y Huesca) al
mando de Luis Palafox.
No
obstante, tuvieron que integrarse a otras fuerzas españolas que
desde Castilla y Valencia iban al alcance del enemigo. Pensaban en
derrotarles y expulsarles de España.
Mientras, Napoleón, en un empeñó
personal, lanzó sobre la Península 250.000 hombres de la "Grande
Arme", todos veteranos y que nada tenían que ver con los
soldados bisoños de 1807. El Emperador quería llevar a cabo una
campaña de aniquilación en la península. Siendo la línea del Ebro, uno de los objetivos prioritarios. Al mando de estas fuerzas estaba
el prestigioso mariscal Lannes.
Siete Cuerpos de Ejército eran los encargados de cumplir las
ordenes del Sire, dirigidos por los siguientes generales.
Víctor (1: C.E), Bessiires
(2: C.E), Moncey (3: C.E), Lefévbre (4:C.E), Mortier
(5: C.E), Ney (6: C.E.) y Sant-Cyr
(7: C.E).
Otra vez Tudela fue la llave para entrar en Zaragoza, al perder los españoles
la batalla el 23 de Noviembre.
La consecuencia de esta derrota fue el segundo asedio que sufriría la
capital. Después de la dispersión ocasionada por este
descalabro, algunas tropas participantes se
refugiaron en la urbe.
La división de Saint-Marq (mariscal
belga al servicio del ejercito español) y la de O`Neille, así como parte de las de Roca
y Villariezo.
Entre tanto, el ejército asediador, no queriendo caer en los errores
cometidos en el primer sitio se tomaba su tiempo en los preparativos.
Iba a comenzar el segundo asedio, cuyas consecuencias fueron mucho
peor que el anterior. El frío, hambre, bombardeos, asaltos...y la epidemia de tifus, que acabaron con la vida de miles de los defensores de
Zaragoza.
Un hecho luctuoso significativo tuvo la ciudad,
el 15 de Noviembre de 1808 muere Jorge Ibort Casamayor, "Tío Jorge",
contagiado por el tifus.
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