EL DRAGON |
Un dragón blanco lleva varios días observando la ciudad. Tiene una bola de cristal con pétalos de colores entre sus manos. La luna mira los senderos repletos de gente indiferente. Discuten por el mismo martillo que destrozará sus vidas. A veces, un duende de esperanza se cuela en el corazón de unos cuantos y arroja los escombros que oprimen sus mentes. Entonces, se detienen. Alzan sus ojos al cielo y no ven nada, sólo calma. Un mensaje que no comprenden porque no tienen tiempo para gozar de una noche estrellada.
El dragón se ha posado en sus ventanas, susurrándoles, al oído, el camino que les prometerá la eternidad. Pero el hombre está ocupado en descansar. No puede dejar, por un momento, de obedecer a la sociedad, y continúa durmiendo entre las sombras de egoísmo. «La Luna y el Sol están en lo alto. Debemos trabajar y cumplir con las leyes de la falsedad» dijo el niño al despertar.
Estefanía Daza López