PATONES DE ARRIBA

 

Distancia desde Madrid:60 km.
Acceso por carretera: N-I hasta Venturada, allí tomar dirección Torrelaguna, donde continua la carretera hacía Patones y Torremocha.
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Cuenta Antonio Ponz que "en aquella desgraciada edad en que los sarracenos se hicieron dueños de España" algunos buenos cristianos se escondieron en estos agrestes parajes y eligieron de entre ellos un rey que los gobernase, y así siguió la cosa durante siglos, olvidados de todos y , según Ponz, el rey bajaba a Torrelaguna a vender cargas de leña.

Dice la tradición que uno de sus orgullosos monarcas, llegó a escribir una carta que comenzaba diciendo: " Del Rey de los Patones al Rey de las Españas". El monarca, que por aquel entonces debía ser Felipe II, mandó averiguar quién era aquel súbdito tan descarado que presumía de tener un reino dentro del suyo. Pero, enterado de su situación, sin caminos que hasta allí llegaran, los dejó tranquilos. Más tarde, Carlos III intentó ponerles impuestos sin, al parecer, mucho éxito, así que permanecieron ignorados de todos.

Patones de Arriba fue descubierto en los años 70 por madrileños y algún extranjero, y se inició un proceso de adquisición y rehabilitación de viviendas para uso como segunda residencia y para la instalación de negocios de hostelería. Han proliferado los restaurantes, se ha abierto un hotel y cuatro apartamentos turísticos y se ha invertido en pavimentación y rehabilitación de edificios públicos.

Toda la villa de arriba posee un pintoresco aspecto de calles enlosadas y con grandes cuestas y de casas de piedra y pizarra, lo que le confiere un curioso atractivo.

En sus inmediaciones se encuentra el embalse de El Atazar. Junto al embalse, la cueva prehistórica del Reguerillo, descubierta en 1864. De gran valor histórico-artístico, posee una longitud de más de trescientos metros con varias galerías y salas. Se encuentran en sus paredes grabados rupestres que representan peces, monos, un ciervo, un mamut y dos humanos. También se hallaron en ella cerámicas y objetos de sílex.

Son curiosas de ver las presas de La Parra, Pontón de la Oliva y Vandentales, que discurren entre la antigua presa del Pontón, y la actual del Atazar a lo largo de la rivera del Lozoya, sólo accesibles a pié desde la presa del Pontón o los caminos de servicio de Canal de Isabel II.

En sus restaurantes se puede comer un buén cabrito, chorizos y judias. También se puede comprar una miel excelente.

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