CRISTO RESUCITADO

Cristo humilde bendito.
Sagrada flor resucitada,
en las horas amargas de agonía,
honor y gloria en el Calvario.

Señor, haz triunfar el amor
ante tanta falsedad.
Amor de nardo y de lirio
que bordaste en tu muerte
de gloria y frío.

Vence siempre en el pecado:
Invicto Jesús de la Cruz,
con la Cruz de la agonía,
Sagrado Señor Jesús.

Triunfo del amor
en el Domingo de Resurrección.

Las calles de un pueblo gorgotean
y nacen golondrinas de mayo.
En cada pisada hay
una gota de sangre
derramada por nosotros,
tu pueblo Señor,
que no te ve.

VIRGEN DE LOS DOLORES

dolores

Tu eres Vida y eres Sol,
y eres Reina Virginal,
Gracia, Esperanza y Flor
que nadie llego a igualar
en hermosura y dolor.

Al pie de la Cruz estabas,
al pie de la Cruz sin nadie,
siete puñales elevados
en tu Corazón de Madre.

Con tu inmenso Corazón
Has roto nuestras cadenas;
yo te pido, Madre Buena,
que tengas compasión
y me libres de mi pena.

NUESTRO PADRE
JESÚS NAZARENO

Cuando pasa el Nazareno
de la Túnica morada,
con la frente ensangrentada,
la mirada de Dios bueno,
y la soga al cuello echada,
el pecado me tortura,
las entrañas se me anegan
en torrentes de amargura
y las lágrimas me ciegan
y me hiere la ternura.

COSTALERO

... Y lo llevas en tus hombros,
en triunfo, por las calles de tu pueblo,
con profunda gallardía,
con hondo dolor en tus huesos.

En tu esfuerzo hay azucena,
rosas y valentía.
Misterio y plegarias
de tus pasos dolorosos
que manifiestan amor
en lo que vas haciendo con sudor.
Cariño que nace más allá de la vida,
más allá de la muerte.

Saeta de esfuerzo y de amores,
que clama lentamente de tu amor.

Doy mi sudor y mi vida por aliviar
las heridas de tu cuerpo.

Perdónanos Señor, por tanto egoísmo
y falta de amor hacia Tí
y a todo cuanto representas.

Y lo llevas con triunfo
por las calles de mi pueblo,
con hondo dolor de tus hombros
y todo, siempre en silencio,
sin que se note, tú lo llevas, Costalero.

JESÚS CRUCIFICADO

crucificado

Postrado ante tu cruz arrepentido,
Transido de dolor y acongojado,
por los muchos pecados cometidos,
tan llenos de tristeza en el presente
y llenos de pesar por el pasado.

Cuántas veces me llamastes amoroso,
cuántas veces tu voz yo he rechazado;
cuántas veces tu rostro generoso
refleja el perdón de mis pecados.

Yo quisiera quitarte las espinas
clavadas en tu frente,
con mofa coronado;
yo quisiera curarte las heridas
que son nuestros pecados...
los clavos y la lanza puntiaguda,
que en tus pies, en tu pecho
y en tus manos se clavaron.

Ya vislumbro la luz de tu esperanza,
ya oigo cerca tu voz y tu consuelo,
cuán siento lo mucho que he pecado,
cuánto siento el tiempo que he perdido
de besarte en la cruz y ser amado.