LA LAGUNA DE SAN JUAN
Hubo un tiempo en que las mesetas castellanas estaban salpicadas de lagunas que daban alimento y descanso a varias especies animales que las usaban para descansar en sus migraciones anuales en pos del calor y la comida. Hoy apenas quedan testimonios de esa riqueza; desecadas la mayoría durante el franquismo, sobreviven algunos vestigios que para las aves son un oasis en la inmensidad de los campos civilizados y vacíos de vida.
En el Sur de Madrid, en el valle del Tajuña (en uno de los destinos turísticos madrileños aún por descubrir), tenemos uno de los testimonios supervivientes que nos recuerdan que basta dar una oportunidad a la naturaleza para que vuelva a recuperar lo que siempre ha sido suyo.
El espacio protegido desde 1991 como Reserva de fauna de la laguna de San Juan es uno de los humedales más extensos de la Comunidad. Entre los juncos, tarais y carrizales de sus orillas se han catalogado más de 40 especies de vertebrados, más de la mitad pertenecen a aves que ven en este lugar alejado de carreteras y núcleos urbanos, un remanso perfecto para dedicarse tanto al descanso, como a la procreación.
La laguna se encuentra en el curso bajo del Tajuña, muy cerca de su desembocadura al Jarama. Esta es la más grande de una serie de lagunas repartidas en pocos kilómetros. Tiene forma triangular, partida en dos por un dique que separa las dos láminas de agua. Se encuentra al pie de unos cantiles de yeso (no lejos de una gran sima) de cierta altura, en una combinación perfecta para las aves que encuentran alimento en los campos cercanos y refugio entre la vegetación de las orillas y en las paredes verticales.
El agua de la laguna proviene de afloramientos aprovechados para el riego represándola con un murete que aumenta su capacidad: la convivencia de hombre y naturaleza ha sido más o menos beneficiosa para los dos, hasta época muy reciente. Esperemos que pronto volvamos por nuestros fueros.
La ruta que proponemos empieza en la carretera M-404 (Titulcia-Chinchón): nada más cruzar el puente dirección Chinchón veremos una pista a la derecha. Dejamos el coche y seguimos a pie. En menos de 30 minutos andando a la sombra de los cantiles, llegaremos a la laguna. Podemos rodearla por su orilla, hasta cruzar por la presa, para llegar a las casetas de observación de aves.
Como equipo recomendable: una guía de aves, unos prismáticos y ropa no demasiado llamativa Es una excursión ideal para adentrar a los niños al mundo de la naturaleza y para pasar una agradable mañana.
Para alargar la excursión, podemos desplazarnos hasta una sima enorme y espectacular a la que se llega siguiendo la pista principal hacia el Sur. Veremos otra pista menos transitada a la izquierda, subimos por ella. Al llegar al páramo, nos asustará la vista de un enorme abismo, un socavón natural creado por la erosión del agua que hizo ceder el terreno. En su fondo, crecen especies siempre verdes por la humedad, en sus paredes anidan abejarucos y aviones roqueros que excavan en la tierra sus nidos. Un buen colofón para esta pequeña ruta por una comarca casi desconocida al lado de Madrid.