POESÍA DE TORRES MORENILLA


TAO TE CHING

al alcance de todos

EL LIBRO DEL EQUILIBRIO

Autor: Alfonso Colodrón

Prólogo: J. Mª. Torres Morenilla

Editorial EDAF

1ª Edición Enero 2009

 


Prólogo de Torres Morenilla

 

El libro del equilibrio

de

Alfonso Colodrón

***

Lao Tsé

Lao Tsé es como una bandera de seda, que el viento mueve o una bandera que mueve al viento indicándole el camino, blanca pero tan sutil que parece veladamente gris y combina con todos los colores aunque sean chillones. En la bandera están pequeños pensamientos que miran al infinito y discurren como riachuelos pintados por pinceles orientales, entre árboles frondosos y valles oscuros. Todos sus pensamientos se dicen a un amigo, son palabras musitadas que pueden cantarse y reflexiones severas que pueden estudiarse en las escuelas por los niños más chiquitos. Sólo la sabiduría ha servido descargar a estas palabras del paso del tiempo, pero el tiempo las ha impregndao de temporalidad: nunca hablarán para siempre, pues son tan modestas que serán superadas por las nuevas corrientes del pensamiento, sin que por ello desmerezcan ser oídas.

No son religiosas, porque todas las religiones verán reflejadas en ellas muchas de sus cosas. Se olvidan de Dios, pero más por la dificultad de llegar a través de los pensamientos rigurosos al pensamiento del Creador, al Ser de de los filósofos griegos y al Dios Único del monoteismo, que por un movimiento mal intencionado que oculte a propósito la Verdad Última. Luego, todo aquel que considere esto una religión, o una filosofía religiosa falla lamentablemente, son máximas, consignas, enseñanzas para andar por casa, no para solucionar problemas ontológicos ni para llegar al paraíso, en Lao Tsé no hay paraisos, ni la tierra misma es un paraíso, sólo hay paz. Lao Tsé es la Paz, la paz del Universo y de los Hombres. La Armonía, pues se lleva bien con todo el mundo, de manera que podría ser materia de estudio de los cuerpos diplomáticos o de los políticos profesionales. Es Arte también, es Poesía, una Poesía capaz de ser al tiempo reflejo de la verdad, porque es discente y es sincera.

Lao Tsé enseña a timbrar, medir y silenciar los versos; a no perder la esperanza de no querer esperanzas; a comprender que antes de él otros han pensado en el infinito y que este pensamiento les ha traido la paz, porque saben que nosotros los hombres somos el infinito, lo llevamos, es la materia que nos conforma y nuestros átomos tienen la misma edad que el Universo, porque somos el Universo.

Lao Tsé y mi amigo Colodrón

Qué buena la ocasión que me presta mi amigo Alfonso Colodrón, al solicitarme un Prólogo para su anunciada versión de "El libro del equilibrio". Las cosas importantes se hacen despacio, hoy mismo se resiste a terminarlo, porque terminar un libro es diferirlo para siempre, para no acabarlo nunca. Siete días de Dios es la eternidad para cualquier viviente. Así, mi amigo, que es trabajador y concienzudo en su trabajo, lo ha tomado con todo el tiempo preciso para dejarlo bien, y por ello me concede que en siete días prologue una obra de tantos siglos, más los muchos años que Alfonso lleva meditándola y traduciéndola a nuestro lenguaje. Lo hago con toda la vehemencia de mi mundo poético. Es mi ocasión, tengo ganas de hablarle al que hizo las fugaces nubes, el pensamiento, los filósofos, los taoistas y los alfonsocolodrones de todos los tiempos. Quiero viajar también, de la mano de mi amigo, por el mundo de la sabiduría para tratar de comprender el enigma común que nos rodea, la divina indiferencia de la verdadera grandeza para mirar nuestras obras, nuestros desfallecimientos y hasta nuestra muerte. De ahí quiero sacar alguna filosofía para andar por tierra, que es cómoda manera si no de explicármelo todo, de ser amigable con la vida y conmigo mismo. Llevarse bien con uno es un arte que nadie sabrá del todo. Hay que ser malvado para aprovecharse de esta miniguerra íntima y favorecer la dualidad corrosiva. Lo contrario de la maldad es todo lo referente a la amistad, por ello leeré atentamente su "Libro del equilibrio", para beneficiar la paz íntima de mi ser.

Hay un bello diálogo entre Lao Tsé y Colodrón, entre maestro y discípulo. No sé cuál de ellos será el más sabio, lo que sí sé es que los dos se complementan y que una lectura es recogida, ampliada traducida doblemente, hasta hacernos comprender qué ha querido decirnos el viejísimo maestro. Y el viejo maestro habla como para salir en los periódicos, su filosofía es actual, parece también pariente de nuestro Cristo pues muchas de sus enseñanzas está en los Evangelios. También el conocimiento del Ser, de Dios. Es paradójico que las gentes conozcan algunas de las esencias divinas, que nunca se manifestaron del todo, ni siquiera en detalles que son terrenales. Convendría hacer una crítica de ello, pues podemos todos estar equivocados: lo alto no es lo inalcanzable, sino lo inalcanzable si no hacemos un esfuerzo. Creo que Lao Tsé, Sócrates, Colodrón y yo mismo hablamos atribuyendo al Desconocido unas virtudes que seguramente tendrá, pero que no son su esencia ni tampoco hay constancia que las haya manifestado. Pero Lao Tsé también habla para los príncipes. Todos los sabios han sido instructores de príncipes; no así Colodrón que lo hace para el pueblo llano, para el pueblo culto, no para los dirigentes. Me dijo mi amigo " no hables de mí". No me conoce mi amigo: tengo que hablar de él, pues aún habiendo hecho una de sus mejores traducciones, a lo largo de una vida de traducción intachable, es muy diferente al ser traducido. Hay una distancia inmensurable y a favor de Colodrón. Colodrón resulta "otro sabio", "otra sabiduría". Reflejo el traductor de haber puesto en crisis conceptos heredados en los que no se ha hecho verdadera reflexión, ni aún por parte de los sabios de Lao Tsé. No me dijo mi amigo que "no criticara a Lao Tsé". Pero, como no me conoce del todo, seguramente se sorprenderá que hable de su maestro con tal cortesía intemporal, criticándolo, dándole vida, no adorándolo como falso ídolo y diciendo cosas que él no ha dicho, como si las hubiera dicho. No soy taoista y soy mucho menos colodronista de lo que mi amigo se cree. Todo aquel que me venga, aunque sea miles de años después, a hablarme de cosas que no se conocen, me tendrá enfrente, con la misma y fresca naturalidad de la vida. yo prologo para el lexctor, no para mi amigo y prologo para mí, para tratar de acabar más inteligente y sabio de lo que empecé.

Hay una dualidad evidente entre el maestro y su magnífico traductor. La vida ha evolucionado lo suficiente que esta sabiduría del creador taoista ha sido superada en sus contradicciones. Lao Tsé se ha hecho viejo, lo que no quiere decir que se haya hecho inservible, los viejos son muy servibles. Quiere decir que lo que él apuntaba como cerrado y único ha resultado ser diverso, lo que presentaba como leyes eternas son leyes paradójicas, lo que era un mundo lineal ha sido superado por un mundo relativo. Lo que era una apostasía en el éter se ha hecho una realidad sobre el caos. Es mucho más ordenado y veraz el tiempo nuevo: Lao Tsé no habla de la física cuántica, Colodrón sí. Porque Colodrón arregla la mente de los físicos cuánticos y está más al día. Resulta Colodrón imprescindible para la lectura de Lao Tsé, y no es una alabanza, es la constatación de que la pureza del pensamiento laotsiano necesita la reflexión del gran río moderno: la fuente mana y el río nos hace navegar, beber y amar la fuente.

Madrid 19 de Enero de 2008

José María Torres Morenilla

Volví a leer tu prólogo. Hay pocas veces que un texto ajeno me conmueva tanto, no porque hables de algo mío, sino por el contenido, la originalidad, el estilo, tu amplia visión: una obra de arte que da paso a un texto inmortal, que no eterno (el Tao Te Ching) y especula, como Lao Tse y yo mismo sobre algo realmente eterno: el Tao o el Absoluto o Dios. Un abrazo y espero tu llamada. Alfonso.



Alfonso Colodrón Gómez-Roxas

Alfonso Colodrón Gómez Roxas se licenció en Derecho en Madrid (Universidad Complutense) y en Ciencias Sociales del Trabajo en París (Sorbona). Actualmente ejerce como terapeuta de Terapia Gestalt.

Ha traducido un centenar de obras, principalmente orientalismo, filosofía perenne y psicología humanista y transpersonal. Autor de El latido de las palabras, La adopción, un viaje de ida y vuelta, Escuchar y celebrar la vida y coautor de Relatos de un minuto.


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