Prólogo de Torres Morenilla
El libro del equilibrio
de
Alfonso Colodrón
***
Lao Tsé
Lao Tsé es como una
bandera de seda, que el viento mueve o una bandera que
mueve al viento indicándole el camino, blanca pero tan
sutil que parece veladamente gris y combina con todos los
colores aunque sean chillones. En la bandera están
pequeños pensamientos que miran al infinito y discurren
como riachuelos pintados por pinceles orientales, entre
árboles frondosos y valles oscuros. Todos sus
pensamientos se dicen a un amigo, son palabras musitadas
que pueden cantarse y reflexiones severas que pueden
estudiarse en las escuelas por los niños más chiquitos.
Sólo la sabiduría ha servido descargar a estas palabras
del paso del tiempo, pero el tiempo las ha impregndao de
temporalidad: nunca hablarán para siempre, pues son tan
modestas que serán superadas por las nuevas corrientes
del pensamiento, sin que por ello desmerezcan ser oídas.
No son religiosas, porque
todas las religiones verán reflejadas en ellas muchas de
sus cosas. Se olvidan de Dios, pero más por la
dificultad de llegar a través de los pensamientos
rigurosos al pensamiento del Creador, al Ser de de los
filósofos griegos y al Dios Único del monoteismo, que
por un movimiento mal intencionado que oculte a
propósito la Verdad Última. Luego, todo aquel que
considere esto una religión, o una filosofía religiosa
falla lamentablemente, son máximas, consignas,
enseñanzas para andar por casa, no para solucionar
problemas ontológicos ni para llegar al paraíso, en Lao
Tsé no hay paraisos, ni la tierra misma es un paraíso,
sólo hay paz. Lao Tsé es la Paz, la paz del Universo y
de los Hombres. La Armonía, pues se lleva bien con todo
el mundo, de manera que podría ser materia de estudio de
los cuerpos diplomáticos o de los políticos
profesionales. Es Arte también, es Poesía, una Poesía
capaz de ser al tiempo reflejo de la verdad, porque es
discente y es sincera.
Lao Tsé enseña a
timbrar, medir y silenciar los versos; a no perder la
esperanza de no querer esperanzas; a comprender que antes
de él otros han pensado en el infinito y que este
pensamiento les ha traido la paz, porque saben que
nosotros los hombres somos el infinito, lo llevamos, es
la materia que nos conforma y nuestros átomos tienen la
misma edad que el Universo, porque somos el Universo.
Lao Tsé y mi amigo
Colodrón
Qué buena la ocasión que
me presta mi amigo Alfonso Colodrón, al solicitarme un
Prólogo para su anunciada versión de "El libro del
equilibrio". Las cosas importantes se hacen
despacio, hoy mismo se resiste a terminarlo, porque
terminar un libro es diferirlo para siempre, para no
acabarlo nunca. Siete días de Dios es la eternidad para
cualquier viviente. Así, mi amigo, que es trabajador y
concienzudo en su trabajo, lo ha tomado con todo el
tiempo preciso para dejarlo bien, y por ello me concede
que en siete días prologue una obra de tantos siglos,
más los muchos años que Alfonso lleva meditándola y
traduciéndola a nuestro lenguaje. Lo hago con toda la
vehemencia de mi mundo poético. Es mi ocasión, tengo
ganas de hablarle al que hizo las fugaces nubes, el
pensamiento, los filósofos, los taoistas y los
alfonsocolodrones de todos los tiempos. Quiero viajar
también, de la mano de mi amigo, por el mundo de la
sabiduría para tratar de comprender el enigma común que
nos rodea, la divina indiferencia de la verdadera
grandeza para mirar nuestras obras, nuestros
desfallecimientos y hasta nuestra muerte. De ahí quiero
sacar alguna filosofía para andar por tierra, que es
cómoda manera si no de explicármelo todo, de ser
amigable con la vida y conmigo mismo. Llevarse bien con
uno es un arte que nadie sabrá del todo. Hay que ser
malvado para aprovecharse de esta miniguerra íntima y
favorecer la dualidad corrosiva. Lo contrario de la
maldad es todo lo referente a la amistad, por ello leeré
atentamente su "Libro del equilibrio", para
beneficiar la paz íntima de mi ser.
Hay un bello diálogo
entre Lao Tsé y Colodrón, entre maestro y discípulo.
No sé cuál de ellos será el más sabio, lo que sí sé
es que los dos se complementan y que una lectura es
recogida, ampliada traducida doblemente, hasta hacernos
comprender qué ha querido decirnos el viejísimo
maestro. Y el viejo maestro habla como para salir en los
periódicos, su filosofía es actual, parece también
pariente de nuestro Cristo pues muchas de sus enseñanzas
está en los Evangelios. También el conocimiento del
Ser, de Dios. Es paradójico que las gentes conozcan
algunas de las esencias divinas, que nunca se
manifestaron del todo, ni siquiera en detalles que son
terrenales. Convendría hacer una crítica de ello, pues
podemos todos estar equivocados: lo alto no es lo
inalcanzable, sino lo inalcanzable si no hacemos un
esfuerzo. Creo que Lao Tsé, Sócrates, Colodrón y yo
mismo hablamos atribuyendo al Desconocido unas virtudes
que seguramente tendrá, pero que no son su esencia ni
tampoco hay constancia que las haya manifestado. Pero Lao
Tsé también habla para los príncipes. Todos los sabios
han sido instructores de príncipes; no así Colodrón
que lo hace para el pueblo llano, para el pueblo culto,
no para los dirigentes. Me dijo mi amigo " no hables
de mí". No me conoce mi amigo: tengo que hablar de
él, pues aún habiendo hecho una de sus mejores
traducciones, a lo largo de una vida de traducción
intachable, es muy diferente al ser traducido. Hay una
distancia inmensurable y a favor de Colodrón. Colodrón
resulta "otro sabio", "otra
sabiduría". Reflejo el traductor de haber puesto en
crisis conceptos heredados en los que no se ha hecho
verdadera reflexión, ni aún por parte de los sabios de
Lao Tsé. No me dijo mi amigo que "no criticara a
Lao Tsé". Pero, como no me conoce del todo,
seguramente se sorprenderá que hable de su maestro con
tal cortesía intemporal, criticándolo, dándole vida,
no adorándolo como falso ídolo y diciendo cosas que él
no ha dicho, como si las hubiera dicho. No soy taoista y
soy mucho menos colodronista de lo que mi amigo se cree.
Todo aquel que me venga, aunque sea miles de años
después, a hablarme de cosas que no se conocen, me
tendrá enfrente, con la misma y fresca naturalidad de la
vida. yo prologo para el lexctor, no para mi amigo y
prologo para mí, para tratar de acabar más inteligente
y sabio de lo que empecé.
Hay una dualidad evidente
entre el maestro y su magnífico traductor. La vida ha
evolucionado lo suficiente que esta sabiduría del
creador taoista ha sido superada en sus contradicciones.
Lao Tsé se ha hecho viejo, lo que no quiere decir que se
haya hecho inservible, los viejos son muy servibles.
Quiere decir que lo que él apuntaba como cerrado y
único ha resultado ser diverso, lo que presentaba como
leyes eternas son leyes paradójicas, lo que era un mundo
lineal ha sido superado por un mundo relativo. Lo que era
una apostasía en el éter se ha hecho una realidad sobre
el caos. Es mucho más ordenado y veraz el tiempo nuevo:
Lao Tsé no habla de la física cuántica, Colodrón sí.
Porque Colodrón arregla la mente de los físicos
cuánticos y está más al día. Resulta Colodrón
imprescindible para la lectura de Lao Tsé, y no es una
alabanza, es la constatación de que la pureza del
pensamiento laotsiano necesita la reflexión del gran
río moderno: la fuente mana y el río nos hace navegar,
beber y amar la fuente.
Madrid 19 de Enero de
2008
José María Torres
Morenilla
Volví
a leer tu prólogo. Hay pocas veces que un texto ajeno me
conmueva tanto, no porque hables de algo mío, sino por
el contenido, la originalidad, el estilo, tu amplia
visión: una obra de arte que da paso a un texto
inmortal, que no eterno (el Tao Te Ching) y especula,
como Lao Tse y yo mismo sobre algo realmente eterno: el
Tao o el Absoluto o Dios. Un abrazo y
espero tu llamada.
Alfonso.
 Alfonso
Colodrón Gómez-Roxas
Alfonso Colodrón Gómez Roxas se
licenció en Derecho en Madrid (Universidad
Complutense) y en Ciencias Sociales del Trabajo
en París (Sorbona). Actualmente ejerce como
terapeuta de Terapia Gestalt.
Ha traducido un centenar de
obras, principalmente orientalismo, filosofía
perenne y psicología humanista y transpersonal.
Autor de El latido de las palabras, La
adopción, un viaje de ida y vuelta, Escuchar y
celebrar la vida y coautor de Relatos de
un minuto.
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UN VIAJE DE
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lo masculino, lo femenino y la
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HORA DE DESPERTAR
Política y espiritualidad en la vida
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