RELATOS BREVES


PROSAS PARA MI HERMANO II

DIÁLOGOS LITERARIOS Y DEMÁS

de


JOSÉ MARÍA TORRES MORENILLA

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Último trabajo: mayo 14, 2012

 

(en verde los diálogos de los amigos)

 

 

 

PROPOSICIÓN  PARA UNA TEORÍA SOCIAL SOBRE LA MATERNIDAD

 

por

 

JOSÉ MARÍA TORRES MORENILLA

 

Querido Alfonso: agradezco tu comprensión en un tema confidencial como este. Contigo tengo la libertad- creo que eso es la amistad- de decirte cuanto pienso, porque sé que oyes muy bien, o sea, que nunca oirás tan mal como pueden hacer muchos, que es lo que peor me sienta en la vida: que tomen mis palabras para sacar conclusiones las más de las veces descalificatorias.
 
Hay cosas que en la vida son invariables: la primera de todo que nadie está en la verdad absoluta, la segunda que la vida no es apriorística ni absoluta tampoco. La vida, como el Universo, es contingente, desequilibradora, luchadora en fin para seguir viviendo, acomodándose, transformándose y muriendo también, que el presupuesto de la muerte es un valor universal - lo que en Física se llama "constante" o factor K-. Por ello, el problema en el hombre de su sexo no deja de ser un complejo. Magníficamente lo describen las hormonas, tanto en el hombre como en la mujer, al tener de todas en los dos sexos (qué raro nos parece que sea la testosterona la animadora del sexo en el hombre y en la mujer). Con ello la Naturaleza, que no es dogmática, ni extrema, ni puntiaguda, denota clementemente, pacientemente, pacíficamente, que los dos sexos están en los dos sexos y armonizan maravillosamente, solo que en proporciones diversas, en matices de cantidad que es lo que nos hace ser distintos y gozosos.
 
Esto no quiere decir que los machos hombres sean femeninos o mariquitas, sino que no hay macho que en el fondo de los fondos no sea una buena mujer, llena de fertilidad y amor por su prole y dispuesta a sufrir y morir pariendo sus hijitos. Y viceversa, en toda mujer siempre apunta un hombre decidido, capaz de solventar con su fuerza y poderío una solución viril ante los problemas vitales que se susciten. Esto lo sabemos ya todos. Lo que yo renuevo, si es que yo renuevo algo, está en la dinámica social, en el trabado que la Naturaleza construye para que el individuo hombre pueda vivir en sociedad, con los menos conflictos o con las soluciones más sofisticadas. En el totum absoluto, todos somos todos, el mundo está tan nosotros como nosotros en el mundo, pero de manera física, porque física también son las ondas hertzianas y físicas son las ondas cerebrales y todo cuanto tangible o no, medible o no, forman un substrato bajo nuestro nivel de la conciencia. La cuna del hombre la mecen los apoyos del subconsciente. Todos nos apoyamos a todos y lo más paradójico es que esto no desaparece ni siquiera en los conflictos, aún en las guerras íntimas y los odios hay un nexo que escapa a la conciencia y que mantiene vínculos secretísimos en la comunicación entre los hombres.
 
Como la pluma que se desprende del ave y mecida por el viento cae sobre la tierra, así caemos los hombres en la cohesión social. Como la semilla se abre en la tierra y se proyectan luego todo un desencadenante de presupuestos orgánicos, trabando tejidos celulares hasta constituir una planta y luego unos frutos, así hay un presupuesto orgánico y social y así venimos al mundo que está proyectado más allá de las apariencias. Nunca estaremos solos, aunque nos lo parezca, ni nacemos para estarlo.
 
En esta Economía, con los argumentos de la dualidad, no es tan raro ni chocante que los mismos se armonicen y combinen de manera armónica en las relaciones más complejas y sofisticadas de la sociedad. Al hablar de la paternidad, de la maternidad, los hechos son conclusivos y determinados, tan presupuestados como la fecundidad de las semillas. ¿ Como ve el interior humano al padre y a la madre? ¿Cómo resuenan los otros individuos sociales en esta sociedad pequeña de la paternidad, de manera  física, real, invisible y a veces incontable? ¿Quiénes son, además, el padre y la madre? Si intercambiamos los nexos aparecen unos ovillos bien hilvanados, trabados, pre-pensados o presupuestados que equilibran  los posicionamientos. Para que la paz social sea posible lo antagónico descansa en pilares opuestos.
 
Resumo para no ser prolijo y porque toda tesis ha de ser diáfana y valiente: en la madre está el primer amigo y en el padre está el primer amor. Luego, lo que sigue podrá ser hasta raro y contradictorio, pero cuando las cosas marchan, según el divino consejo de la paz, la cosa es mucho más sencilla y fertilizadora. No están de más las hormonas intercambiables en los dos sexos ni las relaciones sociales son fijas e invariables. Es más, muchos conflictos íntimos están más en la no sintonización de los argumentos sociales también íntimos, cuando el individuo no acepta que la contradicción nace de alguna falta en esta comunicación del subconsciente. Como tal, el subconsciente es una de esas cosas que no existen, que solamente se viven; cuando salen a la luz, nos hacen escandalizar. Y el escándalo es lo peor de toda ciencia, porque no acepta que las leyes sean invariables a las situaciones. Es el hombre el que se tiene que adaptar y lo hará muy fácil, que esta es otra de las soluciones al dilema humano: la Naturaleza ya lo ha puesto lo más fácil y  con capacidad de vida.
 
José María Torres Morenilla
 

 

 

 

                                                                                 Presentación

                                                                      para el libro de Alfonso Colodrón

 

                                                                             HORA DE DESPERTAR

                                                                                                                                                                                                                                                                                      

 

La paz tiene muy buena prensa, pero la guerra resulta mucho más interesante literariamente. La paz es necesaria para el progreso de la humanidad, pero la guerra es mucho más rica en situaciones, en trabajos e incluso en la superación tanto científica como humana de las gentes. Mientras la paz puede ser el hervidero y la levadura de nuevas guerras, la guerra es el cultivo de la paz más imprescindible. Ante la paz hay cierta atonía del alma; en la guerra la tensión, la irracionalidad de la misma, convergen a buscar la paz a toda costa tanto del vencedor, que en la paz descansa, como del perdedor que en la paz puede sobrevivir y rearmarse.

 

Pero qué es la paz, además de no ser la guerra. ¿Hay paz en medio de una guerra, hay guerra incluso en los interludios pacíficos? ¿Hubo alguna vez paz entre los hombres? ¿Cuándo se vivió en paz últimamente? Muchas preguntas para un solo dilema: o guerra o paz. Son excluyentes. La guerra es tan ruidosa desde siempre que basta acercarse a su escenario para decirnos “esto es la guerra”; sin embargo en la calma chicha de la paz casi nunca podremos decir “esto es la paz”, que creo no se ha dicho nunca, porque casi nunca la hubo. Paz no, hay silencio. Silencio de tambores y de cañones; silencio de montañas y de valles, de grandes surcos verdes por donde fluyen los ríos y el horizonte es lejano y bellísimo bajo el fulgor de la luz solar y las sombras de las nubes, la Naturaleza resulta pacífica y honrada, veraz y luminosa, grandiosa y liberadora. Los cielos incluso, a tantos miles de años-luz, parecen pacíficos, sin achuchones, sin corrientes, sin movimiento apenas. Resulta una armonía universal hermosamente pausada, sutil y poderosa al tiempo: nada hay más bello que la paz de los cielos. La verdad es un caos recompuesto, un hacer y deshacer continuo, un equilibrio bajo el principio universal de la contingencia, un eterno bullir de la materia en busca del espacio: la colosal guerra de las partículas por resultar vencedoras. Todo lo existente quiere conseguir su paz, su dominio, su sitio en el mundo para gozar la vida. La paz es una conquista por más que quisiéramos vestirla de entidad espiritual, de Ser, de divinidad que nos ayude a soportar la vida. Nosotros mismos a nivel microscópico y aún menor, somos una guerra de células contra invasores, contra células rebeldes, contra venenos y enemigos íntimos y contra el mal funcionamiento de nuestros órganos. Nuestra paz es la victoria diaria por la vida. Nuestra lucha nunca puede acabar si no queremos perecer y darnos pacíficamente a la muerte.

 

Pero todos los hombres grandes, aquellos que quisieron lo mejor para los otros hombres, siempre fueron buscadores de la paz. La paz maravilla a los guerreros, no sólo por el descanso, sino porque, tras la experiencia de los horrores de la guerra, quieren en paz ver cumplidas sus vidas en aquello por lo que vale la pena vivir, el amor incluido.

 

Alfonso Colodrón fue siempre un viajero, algo guerrero, que ha encontrado su paz en su nueva familia, en su consultoría de Gestalt, en el hermoso jardín que cultiva frente a su casa de Pozuelo y en la amistad para la que es mejor jardinero incluso. Como buen lector que es, puede escribir con claridad y no puede parar de hablar y de escuchar, también en letra impresa. Por ello, escribió esta serie de artículos, que en esta obra recoge seleccionados, y en ella, yo como amigo de infancia que no le pierdo el ojo, leo un recorrido, una secuela expresiva de su mismo carácter, de su ambición humana, de su sueño de hombre que quiere recomponer el mundo, aún diciendo verdades; que busca la paz aún luchando contra la dictadura desde la editorial exiliada en París Ruedo Ibérico, o recogiéndose en plena democracia en su círculo, sin gozar las ventajas de la paz lograda, ni siquiera económicamente, como hacen ahora muchos de sus compañeros ideológicos.

 

Para el autor, la paz no es una utopía, ni siquiera un reclamo publicitario de los guerreros. Es lucha, una lucha sin cuartel contra los convencionalismos, contra la segunda muralla de los hombres en las intenciones de pasar por encima de los otros, los débiles, los menos amparados de la justicia. En cierto modo profesa esta religión del ser humano y por ello ha pasado en algún “rifirafe” televisivo, con enojo de su parte, por ser un hombre religioso, de una religión inventada en Occidente a la que llamaron taoísmo. Pero este autor siempre fue así, con independencia de las ideas, dentro de su profunda religiosidad vivida en los primeros años católicos de su vida y de la que soy particular testigo por nuestra amistad de años. Lo que dice ahora es continuidad lógica de lo que entonces decía. Nos pasa a todos, seguimos siendo los mismos aunque cambien las circunstancias, frente a lo que dijo el filósofo: a un hombre, en su corta vida, no le está dado cambiar ontológicamente ni siquiera en el mundo espiritual (lo que decían antiguamente: “genio y figura, hasta la sepultura”). Podemos cambiar las conductas externas, pero el mundo interior es tan limitado y fijo como lo es la órbita del sol respecto a los espacios interestelares. Solamente los muchos seres humanos en muchos tiempos pueden evolucionar física y espiritualmente.

 

La vida de Alfonso ha sido muy interesante: ha viajado mucho, más que Julio Camba. Ha vivido en persona la Revolución Cultural en Francia, participado en tertulias y amistades de la intelectualidad antifranquista. Ha recorrido el ancho meridiano de la humanidad, desde Japón a la Polinesia, a los Estados Unidos, América del Sur también, en muchos años. Tiene una experiencia de humanidad increíble y una gran facilidad de mayor aún de hacer amigos. Por ello en sus escritos siempre hay algo vivido realmente; no es un simple teórico de las cosas, aunque sean científicas y reguladoras de las conductas humanas. Más bien habla del ser interior, describe con pulcritud el alma humana, también la perversa, la dominadora, y es crítico insobornable, por no ser un ideólogo, sino un observador enormemente curioso, un raro espectador que, contrariando otra vez al filósofo, hace algo más que ver: pone en guardia las personas contra sus guerras inútiles o descubre los oscuros intereses, casi siempre económicos, de las grandes potencias y de los hombres que mandan en el mundo, mientras se empeña en poner en paz y armonía a cuantos le lean o acudan a su consulta. Él lo ha vivido interiormente y sigue intentando profundizar en su vivencia.

 

Cuando me adelantó su libro para que le hiciera el prólogo, quedé fascinado: cada capítulo es una muestra completa del pensamiento moderno. Nada es convencional, ni acordado. Es raro que en estos tiempos alguien escriba así, sin presumir de moderno o de revolucionario. Me parece que hay que estar bien asentado con los pies en la tierra, sin perturbadores sueños de gloria, para resultar glorioso. También es un libro escrito con belleza y dominio del lenguaje. Y aunque hay unidad de criterios y un camino de paz buscado en todo tiempo, estos “senderos de paz” resultan diversos y amenos de recorrer. Se puede hacer de un tirón, como puede recorrerse en unas horas una exposición de pintura, sin dejar de apreciar lo que de singular y hermoso tiene cada cuadro. Es la obra de un enamorado de la vida.

 

Volviendo a los tambores de guerra y los caminos de la paz, el panorama actual del mundo es desolador. Y no tanto porque continúen las guerras, sino fundamentalmente  por la brutalidad de las operaciones de guerra en el terreno de la diplomacia, del Derecho Internacional Público, que es pisoteado cuando los dirigentes actuales, en un ejercicio de agresividad, por emplear un término suave, no han tenido en cuenta las reglas elementales del Derecho Internacional, de los tratados, de las convenciones, de los mecanismos legales reconocidos por todos. Ni siquiera respetan las formas, los usos y costumbres, las mínimas buenas maneras. Ya lo dijo el escritor: hay unas faltas que son imperdonables que son las de la cortesía, la guerra no puede hacerse con argumentos lineales, sin respeto de los tiempos muertos que la han de preceder siempre. Si de algo sirve la diplomacia y el Derecho Internacional es para no dejar con cara de pánfilos a las otras partes del mundo. Les han dicho ahora: no pintáis nada y si os ponéis bravos o a la contra os veréis con nosotros. Todavía parecen sonar en ciertas cancillerías las palabras de Stalin: “¿El Papa, cuántas divisiones tiene?”.

 

Alfonso Colodrón quiere llegar a la paz. Paz en el hombre interior, en el círculo de la familia, en el pueblo, en las naciones, en el mundo; y va desgranando su propósito, párrafo a párrafo, con claridad, sin artificios, en este libro que para mí es una pequeña antología imprescindible, didáctica, pero no engreída, bella y profunda, como el día a día de su vida en busca de la Paz.

 

 

José María Torres Morenilla

 

 


 

 

MIS POEMAS DE LA ALHAMBRA

 

Querido Alfonso: Ni que los chaveas me elijan como cantor de la Alhambra, ni los "profes" pongan mis versos a una fuente, nada hay que más me guste que esta página, porque me cuenta entre poetas insignes de todos los tiempos. Ha querido la diosa de la poesía premiarme espléndidamente. No con dineros, ni premios pasajeros, ni siquiera con una publicación esmerada donde se recogieran mis versos a la Alhambra que yo escribí diariamente subiendo de niño a la Alhambra, viviendo entre sus bosques, ensimismándome en un rincón especial, frente a la fuente de Carlos V, a la vera de la Puerta de la Llave, ya entrando en la ciudad amurallada, bajo la álgida estampa de unos cipreses soñadores. El agua acompañaba desde los caños espléndidos del mármol renacentista. Era árabe, con aquella torre roja y enorme sobre la fuente; era cristiana la fuente misma, también grandiosa y alargada con bajorrelieves imperiales; era filosófica y trascendente en el parapeto de cipreses, siempre tocando en el cielo y era misteriosa y fecunda detrás, en el bosque oscuro y profuso de la Alhambra, siempre con frescor, siempre con cantos de sus aves enteramente libres y plantadas. Hasta el suelo empedrado refulgía como un hermoso collar de piedras pulidas. Y el aire, juguetón, estaba lleno de esencias húmedas en pleno verano. El sol era cribado por las copas de los árboles y también como jugaba en nuestros rostros y en las aguas de la fuente, sobre los mármoles, de manera totalmente compasiva. Mis versos de la Alhambra, en la cumbre de auténticos poetas, casi, casi como la villanía de un anónimo escritor, encumbrado solamente por sus versos, por su amor. Un fuerte abrazo

http://webs.ono.com/torresmorenilla/alhambra.htm

 

 

 

      Prólogo de Torres Morenilla

                                      

    para

 

                  Quiéreme libre, déjame ser

                libro de Alfonso Colodrón

 

 

       Los humanos son impredecibles, recuerdo el primer día que los ví en la dehesa, el más viejo de todos, el Mayoral era un hombre astuto, como dicen los hombres, curtido por el sol: su rostro oscuro e hirsuto estaba marcado por unas indelebles líneas llenas de sombras, sus manos, poderosas, cogían con decisión la garrocha y montaba a caballo con soltura aunque con una ligera inclinación de su cuerpo hacia el lado izquierdo, resonaban los cueros de su ropaje y su sola presencia nos aterraba, nos paralizaba de miedo desde el pacífico semental que pastoreaba manso entre las hembras, a mi hermanos de cuna, todavía erales, con apenas dos yerbas, como oíamos decir en aquellos campos.

       Aquellos campos: mi alma me lleva a un país de ensueño, vastos, enormes, tenían sus montes rubios, salpicados de encinas, más extensos, de manera que la vista se perdía en la planicie, los llanos que llenaba la primavera de toda clase de confituras vegetales y cuya vista se perdía en la fronda de un riachuelo donde bajábamos a beber, a jugar en las tardes primaverales a hacer el amor, perdidos entre los matojos, donde nos abroncábamos por quíteme usted esas pajas y donde nos recostábamos agazapados y alertas mientras el arroyo canturreaba la suave canción del agua. Eran idílicos, si esa palabra no tuviera un contenido humano más que divino, porque digan lo que digan esos tozudos animales que se llaman hombres, si hay un ser divino es más propiamente el toro. Yo soy un toro. Yo soy un ser libre y defiendo mi libertad con mi vida, desde la misma cuna, entre mis propios hermanos ante cualquiera que lo ponga en duda.

        No quiero reseñar con argumentos fáciles las perrerías que desde el principio me hicieron los hombrecitos, poner a fuego los yerros de mi dueño en edad tan corta fue de las primeras cosas que me hizo odiar a los que andan erguidos y el anticipo de la suerte de vida que para mí querían estos señores. Sin embargo yo me sentí libre también en muchas horas, libre u olvidado, como esos pueblos de hombres que aunque sean esclavos, marcados a yerro, tienen sus momentos grandes, sus tiempos de olvido, con el regalo que la Naturaleza nos da a todos los vivientes. La Naturaleza, el Dios de los hombres, ésta sí que es grande, magnífica, sin límites para nosotros; más aún, en el cielo la pueblan millones y millones de poderosas luminarias, como el Sol, mi amigo de siempre, aunque queme el condenado en la canícula y se alíe con las moscas cojoneras, más importunas que los chistes de mi hermanos. En las noches estrelladas, recostado en la pequeña altura que buscamos los toros para dormir, miro el cielo tan oscuro como mis ojos, tan inmenso y un calofrío me recorre por el lomo, ese monte mío que la pica y las banderillas harán sangrar sin misericordia, para que me “refresque la sangre” dirán los chistosos hombres a los que busco los pies pues nunca me gustaron los chistes malos. Cuando cierro mis ojos ese universo de fuera está dentro de mí, con los fulgores rojos del horizonte ya sin sol también y me acoge y me hace soñar, mientras la Naturaleza vigila mi vida, afanada en mis entrañas, haciendo latir mi corazón, defendiéndome de los enanos invasores, llevando alimento a mis células, cargando mis testículos del semen que porta mis genes, también con pesadillas que esta sabiduría natural es incomprensible también para nosotros los animales a pelo, como el dolor, otra de las armas que nos defienden y que para un espíritu puro como el mío son las señales de alerta para que el gobernante de mi centro vital se ponga en guardia ante el mal: el dolor es un lenguaje entre los dioses.

         Estoy aquí en medio de una fiesta. Suena la música, las gentes hablan, gritan, hay un rumor sordo, ensangrentado, mucho sol y todo es redondo como una mala copla, todo cerrado como un mal tiempo, todo extraño como un pueblo extranjero, ¡ Dios mío qué cosa tan abominable es esta! Mujo con un grito desgarrador. Estoy tan mal que hasta llamo a mis hermanos, esos niñatos de más cuatro yerbas que tan mal me lo hicieron pasar en ocasiones, el Mayoral, apostado en el callejón, tras su burladero, anota algo en su libretita, ese mugido le puede costar a mi madre ser llevada al matadero porque dicen que es signo de mansedumbre. ¡Dios! Es el grito entrañable por la libertad, por mi ser. Es el grito de mi centro vital que busca los campos por donde trotar de verdad, por donde llegar a mi soledad en medio de la vida. Me tienen acorralado, encerrado, son miles de espectadores y me produce pánico los guiños del sol en los trajes de colorines de los toreros, que me hablan, que me empujan, que me enseñan unos trapos rojos a los que acometo sabiendo que no están vivos, que no huelen a nada, pero mi instinto poderoso los sigue como si fuera el vientre de un enemigo, no me gusta ser tan tonto como para ir en contra de un trapo, pero no puedo dejar de ser un toro y un toro importunado tiene que acometer, aunque sea a un trapajo, como los humanos políticos han de contestar a sus enemigos y entrar al trapo en cosas que no les van, entre otras la pureza de su madre. Los toreros nos llaman hijo de puta con sus trapos rojos.

          El torero se perfila con su espada de verdad, la que tiene peso, sé que va a por mí como aquel grandote de mi hermano mayor en una mala tarde de moscas cojoneras. La misma mirada de la muerte. Y sé que este tío me va a matar, que lo soñé en mis noches veraniegas, cuando despertaba sudoroso y bufaba de miedo. Los terrores nocturnos también son el futuro y el futuro casi nunca viene con las cosas que nos gustan. Pocas hembras monté y si lo hice fue cuando nos agrupaban en los apartados y aprovechábamos el pánico de ellas para subirnos furtivamente a sus lomos. Me moriré sin gozarlas y nadie sabe mejor que un toro la dulzura que emana de los cuartos traseros de una vaca, que largamente aspiran embelesados nuestros afortunados toros viejos de seis o más años. Olor tan largo como el campo de mi dehesa, como un verde prado lleno de yerbas, para recordar luego, para rumiar pacíficamente los recuerdos amorosos. La libertad se vive y también se recuerda en libertad. La Libertad es la Alegría y así lo tuvo que decir Schiller en su himno azuzado por la censura. Osea, menos Alegría, menos Fiesta, dame la auténtica Libertad, déjame Ser.

 

 

José María Torres Morenilla

 14 de Septiembre de 2010

 

 


 Prólogo de Torres Morenilla

al

El libro del equilibrio

de

Alfonso Colodrón

Lao Tsé

     Lao Tsé es como una bandera de seda, que el viento mueve o una bandera que mueve al viento indicándole el camino, blanca pero tan sutil que parece veladamente gris y combina con todos los colores aunque sean chillones. En la bandera están pequeños pensamientos que miran al infinito y discurren como riachuelos pintados por pinceles orientales, entre árboles frondosos y valles oscuros. Todos sus pensamientos se dicen a un amigo, son palabras musitadas que pueden cantarse y reflexiones severas que pueden estudiarse en las escuelas por los niños más chiquitos. Sólo la sabiduría ha servido descargar a estas palabras del paso del tiempo, pero el tiempo las ha impregnado de temporalidad: nunca hablarán para siempre, pues son tan modestas que serán superadas por las nuevas corrientes del pensamiento, sin que por ello desmerezcan ser oídas.

      No son religiosas, porque todas las religiones verán reflejadas en ellas muchas de sus cosas. Se olvidan de Dios, pero más por la dificultad de llegar a través de los pensamientos rigurosos al pensamiento del Creador, al Ser de de los filósofos griegos y al Dios Único del monoteísmo, que por un movimiento mal intencionado que oculte a propósito la Verdad Última. Luego, todo aquel que considere esto una religión, o una filosofía religiosa falla lamentablemente, son máximas, consignas, enseñanzas para andar por casa, no para solucionar problemas ontológicos ni para llegar al paraíso, en Lao Tsé no hay paraísos, ni la tierra misma es un paraíso, sólo hay paz. Lao Tsé es la Paz, la paz del Universo y de los Hombres. La Armonía, pues se lleva bien con todo el mundo, de manera que podría ser materia de estudio de los cuerpos diplomáticos o de los políticos profesionales. Es Arte también, es Poesía, una Poesía capaz de ser al tiempo reflejo de la verdad, porque es discente y es sincera.

      Lao Tsé enseña a timbrar, medir y silenciar los versos; a no perder la esperanza de no querer esperanzas; a comprender que antes de él otros han pensado en el infinito y que este pensamiento les ha traído la paz, porque saben que nosotros los hombres somos el infinito, lo llevamos, es la materia que nos conforma y nuestros átomos tienen la misma edad que el Universo, porque somos el Universo.

Lao Tsé y mi amigo Colodrón

      Qué buena la ocasión que me presta mi amigo Alfonso Colodrón, al solicitarme un Prólogo para su anunciada versión de "El libro del equilibrio". Las cosas importantes se hacen despacio, hoy mismo se resiste a terminarlo, porque terminar un libro es diferirlo para siempre, para no acabarlo nunca. Siete días de Dios es la eternidad para cualquier viviente. Así, mi amigo, que es trabajador y concienzudo en su trabajo, lo ha tomado con todo el tiempo preciso para dejarlo bien, y por ello me concede que en siete días prologue una obra de tantos siglos, más los muchos años que Alfonso lleva meditándola y traduciéndola a nuestro lenguaje. Lo hago con toda la vehemencia de mi mundo poético. Es mi ocasión, tengo ganas de hablarle al que hizo las fugaces nubes, el pensamiento, los filósofos, los taoistas y los alfonsocolodrones de todos los tiempos. Quiero viajar también, de la mano de mi amigo, por el mundo de la sabiduría para tratar de comprender el enigma común que nos rodea, la divina indiferencia de la verdadera grandeza para mirar nuestras obras, nuestros desfallecimientos y hasta nuestra muerte. De ahí quiero sacar alguna filosofía para andar por tierra, que es cómoda manera si no de explicármelo todo, de ser amigable con la vida y conmigo mismo. Llevarse bien con uno es un arte que nadie sabrá del todo. Hay que ser malvado para aprovecharse de esta miniguerra íntima y favorecer la dualidad corrosiva. Lo contrario de la maldad es todo lo referente a la amistad, por ello leeré atentamente su "Libro del equilibrio", para beneficiar la paz íntima de mi ser.

      Hay un bello diálogo entre Lao Tsé y Colodrón, entre maestro y discípulo. No sé cuál de ellos será el más sabio, lo que sí sé es que los dos se complementan y que una lectura es recogida, ampliada traducida doblemente, hasta hacernos comprender qué ha querido decirnos el viejísimo maestro. Y el viejo maestro habla como para salir en los periódicos, su filosofía es actual, parece también pariente de nuestro Cristo pues muchas de sus enseñanzas está en los Evangelios. También el conocimiento del Ser, de Dios. Es paradójico que las gentes conozcan algunas de las esencias divinas, que nunca se manifestaron del todo, ni siquiera en detalles que son terrenales. Convendría hacer una crítica de ello, pues podemos todos estar equivocados: lo alto no es lo inalcanzable, sino lo inalcanzable si no hacemos un esfuerzo. Creo que Lao Tsé, Sócrates, Colodrón y yo mismo hablamos atribuyendo al Desconocido unas virtudes que seguramente tendrá, pero que no son su esencia ni tampoco hay constancia que las haya manifestado. Pero Lao Tsé también habla para los príncipes. Todos los sabios han sido instructores de príncipes; no así Colodrón que lo hace para el pueblo llano, para el pueblo culto, no para los dirigentes. Me dijo mi amigo " no hables de mí". No me conoce mi amigo: tengo que hablar de él, pues aún habiendo hecho una de sus mejores traducciones, a lo largo de una vida de traducción intachable, es muy diferente al ser traducido. Hay una distancia inmensurable y a favor de Colodrón. Colodrón resulta "otro sabio", "otra sabiduría". Reflejo el traductor de haber puesto en crisis conceptos heredados en los que no se ha hecho verdadera reflexión, ni aún por parte de los sabios de Lao Tsé. No me dijo mi amigo que "no criticara a Lao Tsé". Pero, como no me conoce del todo, seguramente se sorprenderá que hable de su maestro con tal cortesía intemporal, criticándolo, dándole vida, no adorándolo como falso ídolo y diciendo cosas que él no ha dicho, como si las hubiera dicho. No soy taoista y soy mucho menos colodronista de lo que mi amigo se cree. Todo aquel que me venga, aunque sea miles de años después, a hablarme de cosas que no se conocen, me tendrá enfrente, con la misma y fresca naturalidad de la vida. yo prologo para el lector, no para mi amigo y prologo para mí, para tratar de acabar más inteligente y sabio de lo que empecé.

      Hay una dualidad evidente entre el maestro y su magnífico traductor. La vida ha evolucionado lo suficiente que esta sabiduría del creador taoista ha sido superada en sus contradicciones. Lao Tsé se ha hecho viejo, lo que no quiere decir que se haya hecho inservible, los viejos son muy servibles. Quiere decir que lo que él apuntaba como cerrado y único ha resultado ser diverso, lo que presentaba como leyes eternas son leyes paradójicas, lo que era un mundo lineal ha sido superado por un mundo relativo. Lo que era una apostasía en el éter se ha hecho una realidad sobre el caos. Es mucho más ordenado y veraz el tiempo nuevo: Lao Tsé no habla de la física cuántica, Colodrón sí. Porque Colodrón arregla la mente de los físicos cuánticos y está más al día. Resulta Colodrón imprescindible para la lectura de Lao Tsé, y no es una alabanza, es la constatación de que la pureza del pensamiento laotsiano necesita la reflexión del gran río moderno: la fuente mana y el río nos hace navegar, beber y amar la fuente.

Madrid 19 de Enero de 2008

José María Torres Morenilla

       Volví a leer tu prólogo. Hay pocas veces que un texto ajeno me conmueva tanto, no porque hables de algo mío, sino por el contenido, la originalidad, el estilo, tu amplia visión: una obra de arte que da paso a un texto inmortal, que no eterno (el Tao Te Ching) y especula, como Lao Tse y yo mismo sobre algo realmente eterno: el Tao o el Absoluto o Dios. Un abrazo y espero tu llamada. Alfonso. Cuenta con dos ejemplares. Te los mereces. Cuando quieras más, pediré a la editorial que me hace cuarenta por ciento de descuento y es el descuento que tú tendrás, sí señor.

 


 Prólogo de Torres Morenilla

a

El latido de las Palabras

Editorial Dilema, 2005

Autor: Alfonso Colodrón

      La palabra ha de ser amena: Un libro ha de divertir, narrar, ensimismar. Rilke aconsejó al joven que le pidió una crítica de su obra que escribiera sobre lo vivido. Éste es el gran secreto de la literatura: Por esto me ha sido grato leer antes que nadie estas memorables páginas, llenas de originalidad y de experiencia: Escritas con la cálida sabiduría de un sol naciente tras su periplo invariable, bellas y niñas en la expresión: niñez de la inteligencia que todo lo mira como nuevo.

      Al fin un libro, una hermosa capilla de culto a la paz y a la palabra, de mi amigo Alfonso Colodrón.

      Nos conocimos cuando ambos teníamos doce años, en el Colegio-Abadía del Sacromonte, que fuera en su día cantera de juristas y teólogos. Rodeado de bosques, frente a la Alhambra, dominaba los cerros cercanos del Sacromonte, con sus cuevas siempre blancas. El susurro del río Darro a nuestros pies, adentrándose en Granada y su perdida vega. En el horizonte, Sierra Nevada y sus inolvidables atardeceres. Próximos al cielo y al gran silencio universal, en medio de inmensas aulas construidas sobre antiguas catacumbas cristianas, Don Ismael, Don Gervasio, Don Zótico nos enseñaron a amar las palabras.

       Vida y sabiduría. El hilo de nuestra amistad dio de sí en aquel verano que él comenta, cuando viajó con unos pescadores de Huelva a Marruecos.

      Con aquellos hombres sencillos empatizó inmediatamente, pues la hermandad y la amistad le brotan sin esfuerzo en donde quiera que esté. Y, para el río torrencial de su juventud, Granada quedó pequeña, como pequeña quedaría España para este viajero de paisajes y de gentes.

       No dice que se licenció en Derecho muy joven y luego emprendió diversos doctorados en varias universidades europeas. Yo lo he tenido siempre por excelente jurista, carrera que le ha ayudado, más si cabe, a expresarse con rigor conceptual.

      Su aventura viajera, por muchos años, recaló nuevamente en Madrid, en la reposada filosofía transpersonal, en la traducción y en la escritura. ¿Por qué será que estos hombres activos se transforman con el tiempo en los mejores escritores? Estoy pensando también en nuestros Garcilasos y Cervantes. Todos ellos llegaron también a la misma conclusión de que el verdadero viaje es interior.

       La corriente impetuosa se amansó en las palabras. hacía falta el escritor amante de su lengua y de otras lenguas. En estos momentos en que hasta el Diccionario da patadas, hace falta reconstruir el mundo del lenguaje con el germen innovador de la palabra activa. Desde la terapia de su cuidador, hágase la luz del entendimiento; averígüese la gran arquitectura oculta del lenguaje. Con la perspectiva armoniosa del alma: pulsada la línea expositiva de los conceptos y el hondo acompañamiento de los sentimientos y de sus pasiones. Razón y corazón.

Y una finalidad, la paz. Seamos con su lectura enemigos de la guerra, que en la voz del gran olvidado Unamuno dice:

<<Prenda de paz final es la PALABRA>>,

Habitemos la paz.

José María Torres Morenilla

Madrid 9 de Febrero de 2005

 


PRÓLOGO  DE TORRES MORENILLA

para

LA ADOPCIÓN, UN VIAJE DE IDA Y VUELTA

Libro de Alfonso Colodrón Gómez-Roxas


   H
e leído tu trabajo y estoy sinceramente emocionado. Maravilloso libro de la vida, que habla de casi todos los árboles que pueblan el bosque, de casi todos los bosques que llenan los pueblos. Si al principio es un recorrido ineludible por tu vida viajera, de ella salen a modo de estrellitas en la noche las pulsaciones que van madurando la necesidad de adoptar en las personas. También la coincidencia en esto con tu mujer, Ayda Isabel, que tan magníficamente describe este sentimiento de madre, en su viaje a India. Pero es quizá su didactismo lo que convierte a tu obra en una monumental enseñanza de la adopción, en una cátedra de la adopción, tu vocación de catedrático aprovecha cualquier situación para montar un tinglado superracional y metódico, junto a esa otra vocación no explicitada por ti de jesuita, viajero y dictante. Esto no es sólo un tratado de la adopción, es una gran Misión de la adopción.
 

      Pero, ¿ qué le falta a la adopción, para tratarla de modo integral y avasallador?. Y no me refiero al capítulo llamado Cultura, que es un apéndice bibliográfico completo y bien descrito. Me refiero al concepto universal de la adopción, al filosófico, mucho más antiguo que el hombre, mucho más ínclito en la Gran Vida, la que escribe en todos sus seres, el concepto universal de la adopción.  

      Yo también como tú, como Ayuda, como todos los que te lean adoptantes y adoptados tengo mis pequeñas estrellas antiguas que en mí centellearon las ideas de la adopción. Y a vuela pluma cogí de aquí y de allá, del cine también, las bellas imágenes de la adopción, la unidad con el Amor de la adopción. No caímos en cuenta que cuando Jesús de Nazareth le dice, en aquellos momentos trágicos de su muerte, "Madre e aquí a tu hijo" y a Juan "Hijo, he aquí a tu madre" estaba bendiciendo, desde lo más sagrado y hondo de la Creación, el concepto de la adopción, más importante: la necesidad mutua. Ser hijo, ser madre, es ser necesitados, en el amor. La necesidad es el núcleo perinuclear del viejo concepto, tanto la necesidad física como la moral o exclusiva del alma. Pero ya digo que esto pasó más desapercibido para mí que otras cosas más superficiales, como el cine: aquél cónsul romano, al que salvó de la muerte el esclavo judío, y lo adoptó como hijo con todos los honores y premios de su herencia. Algo así se busca actualmente para la adopción moderna, con la exigencia excesiva de las condiciones económicas de los padres: la elevación de la condición social del adoptado, como bien relata tu libro.  

      También más tarde al estudiar en la Universidad los conceptos de la adopción desde la filiación jurídica, me  sorprendían y me gustaba que se pudiera adoptar no solamente niños, sino mayorcitos e incluso hombres. Que bien distinto es adoptar al libre que al esclavo. Los esclavos, como desvalidos jurídicos, fueron adoptados para liberarlos y darles un nuevo paraíso humano. Los discípulos lo fueron de los maestros como filiación cultural, como plenitud ideológica. como casamiento de las ideas. Los romanos legislaron sobre esto con abundancia y simpatía: era un tema muy romano adoptar pueblos, gentes, clases sociales, en la pirámide de la fundación del hombre romano, libre, próspero, universal.  

      Luego se me encendieron otras estrellas, cuando a través de los documentales de la televisión los sabios biólogos me enseñaron que los animales tienen la costumbre de adoptar: la naturaleza no quiere huérfanos. Adoptan fieras tan enormes, de aspecto terrorífico, a los bellísimos leoncitos, que el poeta dijo que ser una cría de león es ser una rosa, otras veces matadas por los machos vencedores para crear su prole genética. Las leonas son madres generosas que dan a mamar a cualquier leoncillo de la manada. Los perros de las praderas tiene enormes guarderías a cargo de las tías solteras, mientras el resto busca alimentos. La adopción de los solteros es otro bellísimo tema jurídico...  

      Incluso entre las especies: hay una mirada paternal o maternal de los animales y bichos a los juguetitos y crías de otras especies. Una loba es capaz de alimentar a un lechoncito. Una loba legendaria alimentó a Rómulo y Remo, los gemelos fundadores de esa maravilla que fue Roma, cuna del Derecho. Pero siempre de abajo a arriba, de mayor a menor. ¿Y al revés?.  

      Que un discípulo adopte al maestro, que un joven adopte a un viejo, que un niño juegue a ser el padre del suyo. Aparte de la broma, hay un hecho realísimo y vital, los mayores, que ya no son niños, también puede ser adoptados, con mutuas obligaciones y reciprocidad en el amor y en la dignidad. Sólo el hombre tiene este concepto más cultivado de la adopción, como el transfer del ser económico y afectivo al adoptado, la filiación. Sólo el hombre puede tener hijos más viejos que él. La adopción del anciano está en la cúspide de la bonhomía, en la clave de la causa desinteresada, de los negocios benévolos, lucro cesans. Y en este extremo opuesto de la adopción está la más bella y sentida la clave de la adopción, el hacer el bien, el amar desinteresadamente.  

      Pero no es tan desinteresada la adopción. Enerva el deber del hijo, proteger a la persona y al patrimonio del adoptante. Incluso el deber de amarlo. Por contra, también rigen para el adoptado las normas de la herencia, cuando un incumplimiento fundamenta la "indignidad" como concepto invalidante de la herencia legítima. L a herencia es la protección en el tiempo del patrimonio tanto personal como económico o de Casa, para después. Hay un interés en continuar después de la muerte, en darle un buen fin a los bienes culturales y económicos ganados en la vida, a la protección de los derechos personalísimos, como el honor y la propiedad intelectual. La adopción es algo más que una bella mirada al niño, es también nuestra bella mirada a todo lo que es nuestro.  

     Quiero terminar con unos versos, siempre te fusilo con unos versos en las tapias de nuestras cartas. Apunto, ¡fuego! ¡ ya!    

Mi niño


Se me ha perdido un niño en la noche,

se me ha perdido la noche de ser un niño,

por las estrellas se oye su vocecita,

su voz me llena de estrellas y de alegría;

me llama en los jardines y por las calles,

llamo a un niño que es mío y nadie lo sabe,

se esconde entre sus risas y sus miradas,

tiene cara de ángel entre sus dos alas.

Si me oyen hablar, como en sueños, a mi niño,

que no me despierte nadie, que no se ha ido

José María Torres Morenilla

 


 

 

LOS DIBUJOS DE GRANADA

 

Querido Alfonso: Reviso mis dibujos a Granada y quedan seis cuadros sin comentar por ti. Las obras inacabadas suelen ser las mejores, porque añaden algo de temporalidad, como esas obras de arte que están pendientes en los rincones de los pintores o esas esculturas que aún salen de la roca o esas sinfonías que perduran sobre todas en algunas de sus partes, aunque estén inconclusas o sean póstumas. Prefiero que las completes cuando estés desahogado del todo, cuando te salga de un alma sin prisas, cuando supongan para ti un trabajo plenamente feliz y así lo digas al terminar tus comentarios. Los he leído hoy y te puedo decir que te has esmerado en ellos, muy valiosas tus palabras, llenas de un fulgor y colorismo inauditos. Lo que más me ha gustado ha sido el tino con que has criticado amablemente mi obra granadina: por su fidelidad. Es lo más cierto, quise ser "igual", quise que fuera más ella, Granada, que yo; apenas se ve al pintor que nunca la cambia, que la escoge desde su admiración contemplativa, recortando incluso el pulso en lo más querido. Ya sabes la necesidad que tengo de contemplar a Granada desde que nací.

 

También me ha gustado hoy leerte que mi pintura contribuya a que cataloguen a Granada como maravilla del mundo. Desde niño fui guía turístico de Granada con los mismos granadinos, fielmente subía solo a la Alhambra, veranos fresquísimos los míos en los bosques de la Alhambra. También tenía buenas piernas y flacas para no cansarme en sus cuestas, para beber su agua de hielo, para llenarme al fin de su sol caliente de verdad. Verdad maravillosa la de Granada.

 

Nunca podré agradecerte del todo que hayas comentado esta obra mía y que lo hayas hecho desde tu gran altura de escritor. Si yo de niño fui, desde mi tres años, un correteador de los caminos de Granada, tú fuiste un escritor racial también desde muy niño. Nunca se me olvidará la admiración que tuvo de un relato tuyo aquel gran profesor de Literatura del Sacromonte, Don Ismael Pérez, delante de todos nosotros, te destacó y con su buen criterio fijó en mí tu destino y no me he equivocado. Mucho le debemos los dos a este hombre, porque sus reglas siguen luego en todos los escritos, en sus tres partes esenciales del relato, en las reglas racionales del uso de las palabras y en la corrección de los vicios del lenguaje vulgar.

Un fuerte abrazo

 

Gracias, More, por tus palabras, por tu histórico mensaje literario. Histórico, porque pasará a la historia. Literario, porque será a la historia de la literatura. Tú tienes un motor interno para escribir. Y también para pintar. Mi motor siempre ha sido externo. Por ello, estas tus palabras, son gasolina de la buena para que me ponga de nuevo a ello. En realidad todos tenemos tiempo. Tiempo para nuestras prioridades. Y éstas cambian al vaivén de los días y de las horas, de las estaciones y sus temperaturas, sus luces y sus grises. Pero, sobre todo, al vaivén de la comunicación con los amigos, del agua viva que sale de la regadera del cariño, la fidelidad, la admiración recíproca y de las intensidades simétricas del proceso de relación -la asimetría en la amistad no es buena, como tampoco lo es en el amor-.
Un abrazo.

 


 

 

POEMA A CHILE

Querido Alfonso: muchas gracias por tu envío sobre las cuevas de Túnez, que merece de mi parte una visión plácida y sosegada, después de tus juiciosos comentarios respecto al Sacromonte. Hoy te envío mi recién hecho Poema a Chile. Después de Haití, Cádiz, Málaga, Granada, etc. las noticias terribles se han parado por sorpresa y rotundas en esa hermosa patria de la cultura y el mundo civilizado en las Américas; algo hemos hecho por Haití, tendremos que hacer por España (sin olvidar a Madeira) pero nos duele también entrañablemente Chile y antes que nada, antes que nos pidan una ayuda tardía, pues el mundo confía en la autocapacidad de los chilenos para levantarse y en la eficacia de su tecnología, me ha salido la necesidad de hacerle un poema, un leve poema que sea como un saludo, un suave saludo sin pretensiones pero oportuno y lo cuelgo en mi web para todo aquel que se solidarice con los chilenos y sienta su dolor, que la magnífica tierra, que yo conocí joven en los versos de Neruda, tenga nuestro aliento. Un fuerte abrazo.
 

Poema a Chile
 

Lloro por ti, Chile del alma,

columna vertebral de las Américas,

lloro tu corazón golpeado, rota fragancia,

por las oleadas furiosas de las tormentas;

por tu palabra chilena, hoy malherida,

 ahogada con tu dolor bajo las lágrimas;

 la sacudida infernal que no te quiebre,

que no te hunda el mar en su garganta;

 así te subas ágil y te construyas

un paraíso de fuego, de hielo y llamas;

así levantes el vuelo como las nubes

que en el cielo se funden con las de España;

 pueblo hermano y querido, fiel añoranza,

si ahora penas por tus hijos desolados,

en la quebrada estela de la muerte y de su saña,

que orgullosamente te yergues pronto

llenada del amor que eres de patria.

 

Que no te hunda el mar, que no te entierren,

que eres Chile del mundo y la esperanza.


SEMANA SANTA

 

Querido Alfonso: Fue el sueño como una procesión, lo cierto es que yo era espectador, pasó delante de Dios una insignia que era como un cristal topacio de buenas dimensiones, gente amable acompañaba la procesión de manera muy natural, lo extraordinario eran los coros, muchas voces en melodía muy bella, suave y tonalidades con mucho corazón, muy carnal, nada sofisticada. Ya me pasó en Semana Santa también hace años, en Viernes Santo, estando durmiendo oí unos coros hermosísimos, me desperté oyéndolos y aún después en mi oído derecho seguían sonando, como si me vibraran las células. En el sueño de mi poesía no se veía la imagen de Dios, sí sacerdotes pero pocos, la gente estaba sencillamente en ello y el lugar era un sitio alto, como el Viaducto de Madrid y las calles madrileñas del barrio latino. Creo que lo más importante era la cotidianidad, la sencillez, la vivencia de la gente en el mundo, también cierta superación tanto de la gente como la mía en una bondad sencilla y excelsa, como dijo Cristo: el reino de Dios está en vuestros corazones. La Iglesia Católica siempre ha vivido al ras de las gentes, nuestra religión está muy unida a la familia, nuestro Dios es personal y familiar, es uno más en la familia, convoca a las gentes y no lo hace deslumbrando con su poder, sino uniéndolos y sacando de ellos un amor que los hace mejores sin perder su personalidad, no los trasciende en la santidad sino que aproxima la santidad a ellos, se comparte. Los coros, ajustados como el viento suave, cantaban con pureza como un fondo perfecto. Lo mejor del sueño: que desperté mejorado, más en mí, más como soy yo de verdad. Este poema no describe el sueño. Tampoco en el sueño vi imagen alguna y sin embargo pasaba Dios y me quedó un estado superado de mí mismo. Si el cielo fuera así el cielo nunca dejaría de estar en mí, además acostumbradísimo como cuando sales a la calle.

No sé si veré alguna procesión, siempre hay alguna que veo, pero esta primera mía en este año ha sido insuperable, ha pasado a mi alma sin tocarla ni mancharla, con pureza carnal. Qué bello soñar así, cuando en estos tiempos nos destruyen lo mejor de nosotros desde la bajeza moral de las pasiones e impurezas. Nos falta Dios, porque nos lo quieren quitar de lo cotidiano, del día a día, de los vecinos, de la familia y por último de los deseos de perfección íntimos. En fin, el ateismo es la experiencia de la negación; la fe puede ser, como mi procesión, el no ver a Dios pero vivirlo en las gentes, en nuestra superación más entrañable desde su personalidad incompletable, perfecta. Un fuerte abrazo, trabajador inagotable.

 

Ya viene mi Dios

Ya viene mi Dios, ya se acerca,

una música sublime le acompaña,

ya pasa por mi calle en procesión

solemne unido a mis vecinos y a mi alma.

Qué gran misterio es Dios y cuán excelso,

como mañana radiante en Primavera,

sin sombra luz, sin anunciarse, espera,

mi corazón llenado de armonías

en tanta paz celebra que me llega.

Que me llega mi Dios, mi alma viste

de hermosura sencilla y la más íntima,

desde lo más puro de mí pone una brisa

de todo cuanto al vivir lo contraría;

no es lo contrario mi Dios, es lo más propio,

lo más querido en mí es su grandeza,

para encontrarle olvido mi poesía

pues no soy más que su ser, su alma sólo;

que se vuelva mi Dios para mirarme,

para parar en mí sólo un momento,

si ciego fui y no lo vi en todo

que al final de mi mismo tenga su soplo.
 

 

Lo tuyo es más que una experiencia mística. Es la vida onírica, la vida junguiana, la vida del inconsciente colectivo hecha imágenes, la vida universal, el tiempo sin tiempo, la realidad fundida en el sueño y en la vigilia, la vividez de lo vivido y lo relatado...

Gracias por compartirlo conmigo
Alfonso

 

 


 

 

DIÁLOGOS, PRÓLOGOS Y DEMÁS

El hortelano

Yo sé que vine a mi trabajo,

con la luna encendida, lleno de luz,

de un país que lo pueblan los mil bosques parados,

de la anchura más verde y más grande que el mar,

de la región secreta donde los hombres se hacen;

que vengo, al pronto, al día, y que no me miro atrás,

con mi fardo cargado de la buena poesía,

atado al bien estar de mis momentos en prosa;

que asumo el infinito y que en mi frente herida

y en mi hombro no cabe más que soledad.

Alcanzo con mis dedos a acaricar la nada,

de un sueño a otro sueño que siempre estará roto,

pues miro un bosque lleno, poblado de palabras,

con los surcos hirientes de sus labios heridos,

por los tiempos que pasan en suaves corrientes,

que amanecen como astros y que tienen latidos;

donde los sueños duermen como si fueran vida:

me entusiasman los míos y apenas los conozco.

¡ Fue tan breve el comienzo,

y es tan mudo lo escrito !

La vida se me ha ido en los rios de mis palabras,

calladas en infinitos que ocultarán por siempre

el bosque que yo miro y mi mirada solo.

***

Pues amén, amén. Te sugiero unas cosillas a tu magnífico y triste poema.

Un abrazo esperadamente lluvioso

alfonso

gran paradoja, porque nunca he sido más feliz que en mis momentos de huerta y palabras

***

Querido Alfonso: me suena raro pero me parece bien.

Te explico lo que inspiró la poesía: cómo no, la huerta enfrente de mi casa de Granada, una mirada larga, ahora, a mis primeros pasos de autor, mi afán de hacerme una biblioteca, recogiendo los libros que había en casa. Después he vacilado, nunca es fácil seguir escribiendo cuando no se publica. También lo dejé, hasta que al que cuida del destino de los hombres me propuse no dejar de escribir, porque valía la pena, sólo el hecho de querer serlo nos hace escritores, aunque a veces nos confundíamos con los mayores que creen que perdemos el tiempo, o que escribir no es oficio.

Miro la eternidad, lo que no importe no quede, precisamente, no quedará nada de nadie, pero mis versos los tengo mientras vivo. Esta mirada es de hortelano, porque me salió así, es un canto a la constancia, a la mudez de los versos, que esperan como princesas el beso del príncipe lector que los despierte. Faltan muchas cosas, pero es que mi vocación de escritor es una sola mirada a decirlas, a darle cierta música, cierta matemática, cierta pintura, cierta entonación. También entonces leía en voz alta, con mucho sentido y teatralidad y buena entonación. Fui autodidacta en lectura. Leo muy bien, aunque esté mal decirlo, pero ya mi poesía quiere desprenderse de eso, como mi sentido musical en busca no de la armonía, sino de la recitación, del murmullo acorde, de lo átono.

Te han parecido tristes, pero en el fondo de mi alma no hay tristeza, hay vida, una vida apenas sin color, una poesía apenas sin ecos míos, me fastidia que me sigan, que me citen, dejar maestría, no me gusta; me gusta mucho más que me ignoren, también que les parezca bueno y que pregunten:"¿ quién es?". A veces me han confundido los muchachos de Internet con un clásico, pero de los mejores, y he disfrutado como un oso con la miel.

Esta que te he mandado, reciente, está escrita sobre la misma inspiración unos días antes, con métrica, con catorce versos de los que queda el verso final, era mucho más campesina en su vocabulario y exposición, le dejé el título. Creo que nada en nosotros es inútil, cuando yo tuve ese movimiento fue en el momento justo, aunque luego me costara los estudios o ganar más dinero. Al final, me conocen mucho más que otros que han editado versos, con tiradas menores.

Entonces, el campo verde es el destino y nuestras facultades, el bosque es la literatura, el hortelano el que anónimamente la trabaja, la cultiva, la mirada es el oficio, ser veedor de lo que pasa, la soledad imprescindible. Tengo un recuerdo vivísimo en los Escolapios, cuando yo tenía seis años, los niños jugaban al fútbol en el recreo, el campo era muy grande, yo parecía meditar, pensar, no paraba de hacerlo, había una trabajadora acequia de agua transparente que, viniendo subterránea, pasaba por el campo, miré debajo del hormigón del puentecito y aquella acequia insignificante, seguramente de riego, tenía en la parte oculta, bajo tierra, un pez rojo, muy rojo. Ahora, mirando aquello me veo como un escritor misántropo y ojeador de la vida, que también son los animales y los arroyos, más que el fútbol y los gritos.

Un fuerte abrazo.

***

Pues me suenas al reciente premio Nóbel. Deberías leerlo. Muchas cosas en común.

Un abrazo

Alfonso

***

Lo he oído, algo sobre el Africano y alguna cosa más. Su lectura me animó a escribir: estos vocacionales influyen en algunos, para escribir. Quise hacerlo, entonces, sobre un día de lluvia en el Camino del Darro, no contando más que esa lluvia que está en todos los sitios, poniendo gris a los días, borrando los colores. Será mi nuevo ejercicio en prosa "Granada". Me gustó del francés la unidad del pensamiento y el sentimiento, la geografía de los sentimientos, la cercanía de sus personajes. Me gustó también la protesta del premio por parte de algunos "entendidos" y los comentarios negativos de los locutores. Le Clézio es enorme. Literatura por la literatura. También tú, sagaz, magnífico escritor, inmejorable lector de mis cosas.

Un abrazo


A punto de cometer mi más ruidoso fraude, con unos comentarios que son solamente tuyos, para mejorarte en algo, para recompensarte te mando este mi último poema que ha salido de unas palabras tuyas al leerte unos comentarios que tengo en Mis Prosas, casi, casi te plagio, pero no es simple vuelo, utilizo al instante unas palabras de los tuyos sacados y las visto de poesía. Fuente de inspiración, mi poema otoño adelantado. Un abrazo.
 

Otoño

Esta dulce estación, benigna en una hora,

plácida la luz, del hombre su recuerdo,

este pasar al lado de la tierra y del sueño

y sembrar con amor las paradas del tiempo.

Me acerca a ti, pues estuve separado

y en lo más recóndito mío en ti me hallo;

yo soy el hombre tan simple y educado

tu eres la mar eterna de los versos;

yo soy el hombre que nunca ve las cosas

si no es con tiempo y cuando la vida cambia,

tu eres la dicha , el sol, la imagen ancha

de la divinidad total, incorrupta y el alma.

Por eso ahora, que me acerco de nuevo

a respirar en ti el perfume de los bosques,

en ti hallo mi sol, en ti mi hombre

alegre por tu fuerza,  mi día y mis noches.

 

Gracias More: eres realmente prolífico y profundo. Me dan escalofríos y me ruborizo. Una confidencia: yo me he inspirado en Dante con eso de la estación benigna y dulce la hora.

Magnífico poema que podría estar dirigido a Cristo, a Apolo, a un amante, al padre, al hijo y hasta al Espíritu Santo: Trascendente....
En cuanto a "pisar" el comentario, esta mañana meditando, me di cuenta de por qué la confusión de José Luis, que no es culpa tuya. Es solo porque en los dibujos de Granada empiezas con un comentario tuyo y luego siguen los míos. Nuestros estilos se empiezan a parecer a veces y tu comentario inicial podría ser mío y los míos que siguen podrían ser tuyos. ¡Esa es la magia de Granada y de su Alhambra, aguas ocultas y jardines que nos unen, fusionan y funden!
Un abrazo mañanero mientras mis hijas se desperezan para levantarse a desayunar -las llevo al cole a las 9h hora en que he prometido entregar mi artículo mensual, 11º de la serie "Palabra de hombre". Te enviaré éste y el anterior y quedamos en paz en compensaciones, pues todavía "te debo" los comentarios que te prometí al resto de dibujos.

 


Escribo

Escribo y me asomo al mundo. Escribo o me oculto del mundo. Nada es verdad. Empecé a escribir tempranamente, creo que apenas salido de los cinco años, poco más o menos, cuando me gustaba pensar en los recreos, mientras los otros niños se afanaban en jugar y lo hacían de modo serio, concienzudo. A mí me gustaba pensar. A lo mejor, porque era tímido o por alguna otra razón falsa con que explicamos las cosas que no entendemos, como la esquizofrenia o el cáncer. Me gustaba pensar y no huía de nada, no tenía ningún temor, era valiente y solitario. Hacía mis pellas, huía del Colegio y recorría mi amada Granada, por Puerta Real, Reyes Católicos, la Gran Vía, tan cerquita y seguidos de mi Colegio, Los Escolapios, en pleno Salón, en el hermoso paseo granadino de árboles enormes y de inmensas sombras. Al ladito del Genil. José María, me dijo el niño, el profesor se lo va a decir a tus padres. Y qué, le contesté. No era miedo lo que me alejó siempre de la algarabía, tampoco desprecio, ni crítica, era otra cosa. Me entrenaba en el músculo cerebral. Esto dicho así suena fanfarrón, pero no quiere serlo, lo digo por que de una vez no hagamos dicotomías con las cosas del mundo: el hombre se especializa en esto o aquello, por miles de informaciones y genes desconocidos. Y lo hace espontáneamente. Si es por dinero y adaptación social mejor es jugar al fútbol, si es por sentido crítico y ser espectador del mundo quizá sea mejor sólo pensar. Pensar y jugar al tiempo es hacer alguna de estas cosas menos bien.


El carnicero


Gracias, Alfonso, retiro lo de vago que era exagerado y broma. He puesto tus comentarios en mi página "Dibujos de Granada", ya que por la extensión , ésta donde los has escrito no me lo admite. Creo además que están muy bien referenciados en la parte local.
 

Me gusta mucho tu estilo, fresco y natural como el agua a chorros de los regadores granadinos, en las mañanas tan bien cantadas por ti. Escribes muy bien, con originalidad y estilo, eres auténtico. Quizá demasiado granadino, fíjate las cosas: Granada te espera con los brazos abiertos, creo que eres hijo dilecto. Me alegro tu desposorio con tu tierra, los granadinos leerán con agrado y recuerdos tus palabras. Muy bien tu picas con la política y con la familia.

Profundiza en Granada, os merecéis mutuamente una buena literatura para una hermosa tierra. Serás profeta en tu tierra, tú, viajero universal, con la seriedad y con tus bromas serias puedes hacer algo extraordinario sobre Granada.   Leí yo una vez unos artículos sobre Granada y la página era como un anuncio de una carnicería de Granada. Estaba tan bien escrita que me dije: joder, cómo escribe este carnicero ¡ y yo me creo escritor!. Los artículos eran de las excelentes páginas de comentarios de Federico García Lorca, en prosa, sobre Granada que yo no conocía. La buena prosa se reconoce. Como la tuya. No escribes peor, ni de manera menos fresca, ni de menor agudeza mental. Un abrazo.


La ciudad

La pequeña ciudad es un mundo que quiere dirigir los pensamientos de sus gentes, mediante las costumbres, los convencionalismos, los consejos de quienes parecen venir del mundo perfecto. Se jactan de saber nuestros malos secretos, de que tengamos que saludarles al encontrarnos, de que lleguemos a presumir de cosas estúpidas o de las riquezas, para nosotros, imposibles. La ciudad nos viste con sus ropajes y nos desnuda con sus mentiras, nos hace distintos a quienes somos, nos encarrila por sus calles. La pequeña ciudad puede llegar a ser lo más parecido a una cárcel. La libertad no es que seamos lo que hemos sido, sino que podamos ser de otra manera. El pasado es siempre lo que nunca existirá. Aunque la vieja ciudad quiera posponer la muerte del pasado, como la de ella misma, manteniendo sus edificios, sus paisajes y sus convencionalismos.

Nadie lo dice, pero hay cierta paranoia provinciana, cierto modo de elevar la voz para que nos oigan, de estar presentes en las gentes que son nuestros vecinos. Nos hace ser unos pequeños ruidosos, para que las gentes nos vean del modo que queremos nos vean, aunque ese modo sea también insignificante. Un día cualquiera daremos una voz terrible y caeremos en cuenta que nos estamos rebelando contra nosotros: nunca se debe vivir para fuera, pero siempre hay que contar con los de fuera para vivir plenamente. El aire de la otra ciudad nos hace libres. De la gran ciudad. De esa mole tan enorme que nos deja ser quienes somos, sin dar cuenta a nadie. Es inútil en ella querer aparentar lo que no somos. Nos deja triunfar y nos deja fracasar.


Shakespeare y Marlowe

Por curiosidad, siguiendo el hilo de una conversación en un foro de Internet, me metí en el superficial estudio de mi admirado y lejano Shakespeare. Comprobé que no sólo los españoles tenemos ansias cainitas con nuestros compadres, sino los ingleses también con los suyos, aunque de otro modo. En el fondo la envidia del inglés al mayor de sus escritores es como la española respecto a los nuestros, pero todavía peor: le niegan la paternidad de sus obras por los detalles más nimios y los argumentos más quebradizos. Si a Lorca, víctima de la brutalidad y la contracultura, como también lo fue Muñoz Seca en el otro bando, se le tilda de aquello que él contó, aprovechando sus confidencias, a Shakespeare se le mata de otro modo, quitándole de un plumazo toda su obra y se la dan a un personaje más gris y siniestro, llamado Marlowe, incluso a la reina Isabel. Y lo hacen los ingleses con eruditos, actores, escritores, la cohorte de indeseables en la que hay bibliotecarias y toda una retahíla de intelectuales.

Cuál es el argumento principal: Shakespeare, dicen, apenas sabía escribir, no quedan ninguno de sus manuscritos, en el testamento no hace referencia a sus libros y, lo más pérfido, nunca podría dar todos los datos de historia y de cultura que contienen sus geniales obras. Contra esto yo he resumido la situación, que es lo que hacemos los poetas, resumir los problemas como si nos eleváramos sobre los paisajes en un vuelo de la imaginación, que no tiene tiempo ni otros agarres de la incultura. Es verdad que era el tercer hijo de los cinco que tuvieron sus padres. Su padre era comerciante, concejal y luego alcalde de Stratford-upon-Avon. Shakespeare, cuando su familia empobreció, fue ayudante de carnicero, mataba a las terneras con habilidad, mientras solemnizaba el acto con pomposos y literarios discursos, que era usual. Tenía los estudios de entonces, el equivalente a nuestro bachiller actual, periclitados sobre el griego y el latín. Sabía escribir de sobra. Lo hizo como nadie cuando, siendo actor en Londres, vivió y amó el teatro desde dentro. De esta costumbre de improvisar y de la necesidad de vivir al día las obras apenas si había textos escritos, líneas de referencia que los actores ampliaban a modo. Los manuscritos eran cuartillas, manoseadas y desordenadas por la farándula. Los argumentos eran copiados de unos a otros, pues la originalidad era la representación que no la autoría. Pero esto se hacía en todas las partes del mundo y por todos los autores. Lo que es más original en su hacer son sus palabras, el manejo de los personajes, la profundidad de sus pensamientos y sobre todo la dramaturgia, o sea la representatividad y la universalidad de su discurso.

Se retiró a su pueblo natal en 1613, tras construirse su casa y murió el 23 de Abril de 1616, la misma fecha que figura del fallecimiento de Cervantes*, sin dejar un testamento de su obra literaria, porque su obra no moría ni se retiraba con él, seguirá representándose siempre.

* El destino tiene a veces estos guiños, aunque según se lee, puesto que Inglaterra se regía por el calendario juliano, que tenía once días de retraso respecto al calendario gregoriano que regía en España para la data del fallecimiento de Cervantes: coinciden las fechas sólo textualmente.


Hermano, y si...

tu literatura fuera de lo mejor, y si te leyera D. Ismael y te pusiera la mejor nota: Acudo a ti, como al oráculo, porque sé que eres literato desde los dos años por lo menos. En tu casa, como en otra se bebía vino, se bebían los autores por todos, erais bebedores de literatura. Sois los Bach de la literatura, los profesionales. Atinas siempre, en tus elogios y en tus silencios. Pero yo...A lo mejor me quedo corto. Un poco rarillo sí que eres cuando dices que tienes 100 años, pero es cultismo, citas y citas con mucha precisión. Muy bien. Tu padre, don Victoriano Colodrón, componía algunos poemas como una taracea de citas y eminencias (esta palabra es mi literato innato) y las perfumaba, tu padre, el vallisoletano, se recreaba  en la palabra hasta hablando, la deletreaba, era delicia oírle, también era delicia oír en sentido diverso a los granadinos que hablaban como las huertas, con sonidos frescos y olorosos: la palabra como cosa, medible, pesable, fenómeno físico es el cielo de las ideas, hacerse vida. Tu escribes como si fueras un pequeño buda debajo del árbol, pero puede que tu sitio sea más elevado, siempre que no te acerques demasiado a la divinidad y te consuma del todo, a Dios hay que dejarle su sitio siempre, repetirnos hasta la saciedad que nunca habrá confusión.

Pero en cuanto a la literatura, podemos los demás no decirte lo más exacto ni atinado, sois los amantes, los que mamasteis esto los que acertáis siempre. Además tú editas:¿Quieres mejor prueba de lo bien que lo haces?

Ahora un poema viejo mío, del año pasado, uno de mis clásicos, ayer lo rescaté del borrador, ayer también borré muchos sin remordimiento

El Amor no rima con el deseo

Con mi mano partí toda mi dicha rota,

en cada región de amor se me enconó la vida,

rondé al amor, pero sonó sin notas,

llenóse el aire de mi soledad herida.

¿Se pena acaso, amor, estando tan sumido

en el deseo de amar, si sólo estoy herido

y no es amor lo que el deseo me deja?

Yo sigo enamorado, estoy comprometido

a no dejar de amarte y a mi deseo estoy unido.


Mi querido amigo Alfonso: cuando puedas te das un paseo por mi nuevo "Los poemas del ser", han engordado, han adelgazado, en ellos hay cosas nueva y nueva disposición, una selección última. También de mi página te aconsejo pases a "Los poemas de la Alhambra" que te traerán recuerdos.

http://www.terra.es/personal3/torresmorenilla/poema.htm

Nada más, señor importante, señor trabajador sin descanso, señor último jubilado del mundo que no tiene tiempo para los amigos, señor requetesilencioso que masculla por su interior cosas gruesas, señor horticultor, señor, señor,

Un abrazo

Ayer estuve revisando todo lo tuyo. Es muy bueno, realmente. El prólogo, cuando llegue de Palma la semana que viene. Me voy mañana a las 7h. Acabo de contar el cuento a Lidia y ha quedado frita. No tengo la maleta hecha. Nos vemos. Tu prólogo, coloquial, granaíno, clasicista...


Misantropía y cosmopolitismo

"Sin salir de su casa, el sabio conoce el mundo", dicen los taoístas. Emily Dickinson era bastante misántropa y la tengo por una de las mejores poetisas en lengua inglesa. También era bastante misántropo Marcel Proust.Pero tu amor por Granada supera el de Federico, el mío e incluso el de Jose Luis. Precisamente porque eres un "transterrado" y él no. Federico no tuvo tiempo el pobre de añorar Granada tanto como tú. Por mi parte es algo que cultivo voluntariamente, pero no me sale de las entrañas. Es una vuelta consciente a la infancia y al flamenco. Algo mental y algo emocional, pero nada visceral.

Por cierto que estoy haciendo parte de la colección de buen flamenco que está vendiendo el País por 5,95 los jueves y los viernes. ¡No te pierdas La niña de los peines, sobre la que Federico tiene algo escrito, si mi memoria no falla! Camarón me emociona. Estrella Morente, granaína, cantando una media granaína que llama "Alcazaba" te pone los pelos de punta.

A ti te conocerán un día, porque eres más prolífico que yo. Los buenos pintores han sido reconocidos cuando dejaron de pintar -porque estaban bajo tierra-. Yo me empeño en que tú lo seas antes de que tus huesos alimenten árboles y plantas. A propósito, que estoy empeñado en ser enterrado, sin incinerar, bajo una higuera, aunque contravenga todas las leyes de sanidad. Pero no quiero dejar esa carga a quien tenga que encargarse de tan trabajosa tarea.

Un abrazo. Alfonso.

Voy a procurar que estas palabras tuyas sean trascendentes, porque has dado en el clavo una vez más. Lo mío por Granada es locura, pero una locura que tenemos muchos granadinos. Nos engendran nuestras madres, nos echan a la calle a jugar, jugamos con Granada y ya no somos más que granadinos hasta que nos morimos.

Has descubierto el cante hondo, quintaesencia musical de todo arte. Has descubierto la música que sueltan los verdaderos sentimientos, todos los nombres que citas: Niña de los Peines, Camarón, Estrella Morente son geniales artistas, casi artistas integrales, los que acomodan su vida interior al arte. Se necesita una ceremonia continuada de iniciación para que acuda el duende del cante y suelte la guitarra interior del dolor o de la alegría y saque belleza. Otra faceta más de tu cultura.

Sin tanta locura mía, sin que te esfuerces mucho, puedes sacar tu granadinismo con que te acuerdes simplemente de ti en Granada. Tus momentos de soledad, si es que tuviste algunos o si te dejamos que los tuvieras tus hermanos y tus amigos.

Un fuerte abrazo.


Unos versos para recibirte

Unos versos, hermano, ahora que vienes de la alta montaña de sembrar árboles y de tarar las prisas. Unas palabras que te conforten y te den más palabras, que saquen de ti lo mejor.

Veo, con ilusión, que mi influencia es benéfica contigo, escribes bastante, editas bastante y tú has descubierto al gran prologuista (Sabía yo esto, tengo notas en mis libros de poetas que me gustan y son atinadas). Son momentos que la historia concede a las personas y las aúna como amigos, somos más trascendentes de lo que creemos, no nos pase lo de los mayordomos que nunca visten a grandes hombres.

Quiero que me nombres en esta tarde

Yo quiero que te siembres en esta tarde,

y que, al posar tu cuerpo sobre mí, desnudo,

sobre mi pecho escribas con tus uñas afiladas

el instante más duro.

Quiero que me nombres y que mi nombre suene,

que se llene la tarde de mi nombre, tuyo,

quiero unir mi deseo de amor con tu deseo,

que me tengas también, que estoy cansado,

y deseando recibirte al otro lado del mundo.

Quiero ponerme serio, grave, rudo,

dejar que mi barba te escueza y que te arañe,

quiero notar la suavidad en tu piel,

quiero en ti como hembra desearme,

vaciarme del todo, que estoy acumulado, y de una vez, amarte y desamarte.

Me tienes paliativo,errático, transunto,

me tienes fornicado, hurtado, moribundo,

estoy, por ti, levático y cornudo,

posa tu pelo de sedas, inconstante y rubio,

sobre mi vientre, mi necesidad y mis muslos.

Me das la eternidad

Yo miro el universo,

 inmenso,

tan grande y tan oscuro,

cual ligero vuelo,

 un sutil deseo  siento

que todo agita y lo remueve.

Yo siento que te veo,

 oscura y perfumada,

brillando para mí desde la roja luna

que en la rodaja tu flor blanca exhala.

Eres para mí tan grande que,

para que yo con frenesí la beba,

la eternidad derramas.

Son algo eróticos, qué no lo es?

Un abrazo

Unos versos maravillosos

Querido, More: ¡has dado el do de pecho! Sí señor. Al primer poema, ni una coma que quitar, ni una coma que añadir. Al segundo, me permito todas estas variantes, que pueden rechinarte, pero que realzan tus magníficas onomatopeyas y el ritmo, primero rápido y luego cadencioso y enriquecido de la totalidad de los versos y de los sentimientos expresados. Pero léelo en alto y con la vieja entonación de los antiguos poetas, como si estuvieses recitando a Rubén Darío, a Walt Withman o a Pablo Neruda. Verás que bien te suenan. Verás que bien te suenas. Los considero desde el punto de vista literario, psicológico, emocional, biográfico, terapéutico, transpersonal y espiritual. Además de místicos, que toda mística es erótica y todo verdadero erotismo es místico, espiritual, ecológico y cósmico. Se me han puesto la piel de la carne de gallina. Un abrazo Alfonso


 

Hace tiempo que no escribo un poema. Aquí va lo que me surgió mientras cenaba:

El tiempo corre  

Tengo tan sólo un siglo,

cien años de vida otorgada y dos tercios ya vividos.

Son pocos los años por tejer y muchos los días perdidos.

Tal vez pueda detener este instante en que todo lo entiendo

y todo lo puedo e infinito es el gozo y el éxtasis desbordado,

antes de que las estaciones contadas se precipiten

en el molino que recuerdos y deseos tritura.

Me queda mucho por decir y mucho más por hacer,

a pesar de que dicho y hecho lo está todo.

Siempre por descubir algo queda entre las diez mil sendas caminadas.

La sorpresa tras el árbol muestra su rostro nuevo nunca envejecido.

Peter Pan puede enseñarte el garfio y mostrarte su reloj su Capitán amigo

cabalgando sobre un cocodrilo ahíto.

Y al decir "0h", Campanilla se libera de las profundidades de tu garganta,

mientras Wendy y los niños perdidos crecen, se casan, se reproducen y mueren.
 

alfonso colodrón gómez-roxas

 

Me ha gustado, porque tiene un movimiento sabio y pausado al principio y un lenguaje algo misterioso. ¿Tendrás un siglo? Bella trampa que nadie podrá corroborar, ahora: tienes lo que quieres tener. De ese ideograma vas a tu iniciada adolescencia y aparece Peter Pan, el muchacho que fuimos, con nuestro vello saliendo, el cambio de voz, la nuez y el sexo nuevo, los atributos viriles en el niño apenas. También la campanilla de los sueños, la mujer que sería ideal, si fuera de tamaño normal, pero que sólo puede inspirar las prácticas masturbatorias adolescentes. Una evocación a la juventud iniciada, a lo que será, en un panorama en el que la vida cumple su objetivo por sí sola, casando a los bobos niños que por todo se entusiasman y se asustan. Lo último es como el etcétera de algunos escritores...

La primera parte de tu poema, justo hasta desvelar el rostro, es grandilocuente y cultísima, la otra desbordante y próxima. Las dos mitades tuyas. No te animo a que sigas inspirado, que soy celoso y malo como poeta, nunca el amigo y temo me aventajes en lo que considero muy mío, pero si lo haces, no te olvides de mandarlos (los versos), que me han gustado.

Por cierto, un tratado sexual sobre Peter Pan no estaría mal.


Me conformo

Yo me conformo, si miro alrededor yo me conformo,

con ser como la rosa, que es efímera,

con soñar en las sombras,

con dormir por el día,

por recoger mi frente

todo el frente sereno de la poesía,

por sembrar con mis pasos el triste paso de un hombre,

con mirar la belleza que a los grandes inspira,

con mirarte a los ojos, con oler tu perfume,

con oirte, reir, con callar, con morirme también,

que la vida me cansa y me da sueño perderte,

con abrir el ordenador

y escribir este halago llamado internet,

siempre me queda el mar, inmenso y desplegado

que recoge las aguas y las llena de sal y de olor a pescado,

para poner de espuma una flor blanca, pura, sacada de Dios.

***

Este último poema que me envías, me gusta porque va más allá de Neruda -que tal vez no sea santo de tu devoción, pero cuya sonoridad en sus versos pocos han alcanzado después de Rubén Darío- y, al mismo tiempo, tiene resonancias nerudianas y también de Walt Whitman, pero más contemporáneo, más moderno, pues ese es el destino de los que sobrevivimos a los grandes: mejorarlos, como el destino de los que nos seguirán será superarnos. Un abrazo casi a punto de salir para Tarifa y en medio de la impresión del Tao Te Ching para entregarlo mañana. Un abrazo Alfonso


Una noche estrellada

Pues no, de creativo nada de nada. Esta noche pasada, sacando a mi perro, en la noche estrellada a lo antiguo de Mejorada, llena de estrellas y de insondables espacios oscuros recordé mi poema "Las colinas del orbe", que había puesto en mis Poemas de la Alhambra como colinas rojas y pensé devolverlo a su original y metafísico sitio, relocalizándolo en mi Inefable Esencia donde tengo los poemas más religiosos. Estoy pues en el maravilloso compás en el que no se escribe, el pensamiento se condensa en la vida; mucho más poético pero para mí, la poesía es entonces tu cuerpo, tú mismo. Esas estrellas tan rutilantes y limpias me recordaban a mí cuando era joven y lleno de salud-total, porque el Universo es maravillosamente joven, eterno le dicen. También entendí la gran obra de Dios, su grandeza ejemplar en nada parecida al orden de los hombres, pero vi líneas rectas, una disposición estelar que se aproxima a un mensaje, por eso desde antiguo han visto escritos los destinos de los hombres. Creo, que al revés, no hay tal detalle sino los grandes trazos que permiten la vida. Magnífico cielo estrellado de Mejorada, lo que son las cosas. ¡ Esas muelas! Dichoso tú que todavía las tienes. Un fuerte abrazo.


 


La vida estuvo cerca

Mi vida es un reproche,

hay veces que miro atrás y estoy de cuerpo presente,

un río de amor ha discurrido sin que yo lo sienta,

llamé amor a mi asesino y hermano a mi devorador,

he sido para mí plenamente el peor impostor.

Me llora el alma del gran hombre oculto y acabado,

la buena prosa hablada con que se escribe el amor.

He dejado pasar a muchas muchachas para mí pintadas,

sin volver la cabeza, ni seguir su sombra.

Nítidamente entiendo que he perdido el tiempo,

la verdadera poesía es algo que ocurre raramente.

José María Torres Morenilla

Sencillamente sublime

Eres increíble, Morenilla. ¡Qué cantidad de registros! Con éste te has pasado dos pueblos. Es realmente escalofriante. Me recuerda los versos de los mejores taoístas chinos y poetas clásicos japoneses. ¡Eres universal! Un abrazo y sigue, sigue, por favor Alfonso


El robot

Soy el robot anticomunista hecho de lata,

muevo mis brazos y mis manos, sueno a lata,

tic tac, de un lado u otro, soy el anticomunista,

me han hecho un viejo robot de los años veinte,

pintura roja y pintura azul, piernas oscuras,

olor de cochecito nuevo, llave a la espalda,

me muevo en línea recta y asiento a todo,

tic tac, suelo ir a los bosques y a los ríos,

y hablo de todo lo alto por lo más alto,

pero por debajo siempre soy un anticomunista

y lo saco, pese a todo, en las pausas,

el viejo color rojo me repele como la sangre,

aunque el Muro de Berlin han derribado

yo levanto un muro anticomunista de continuo,

creo que cuando era niño, apenas átomo,

cuando no puedo recordar lo niño que era,

me dieron unas consignas anticomunistas

y las llevo tan adentro que me están ocultas,

tengo el cerebro lavado con bondades,

soy un robot de lata, juguete del destino,

tic tac, anticomunista acérrimo.

Magnífico el fondo, lamentable la forma. Cero pelotero te pongo esta vez. Alfonso



La estación

No hace falta decirle al mozo de estación:

la carga que llevas no es tuya.

No hace falta decirle nada.

Silba el tren y parece el silbido ganar más fuerza.

La gran campana del techo repite el silbato,

es estremecedor estar tan solo entre la gente;

si hace frío es terrorífico oir hablar.

Si se es muy pobre las manos se empeñan en estar más frías,

si se es mozo todo el mundo sabe que no eres importante.

En el cielo azul, de un añil muy repetible,

las nubes se descomponen con más agilidad que fuerza,

y un extraño olor lo invade todo como la palabra gas.

También los frenos respiran fuerte y los vagones titubean.

Al pasar por el WC se siente que ha sido perfumado,

y la cantina abierta también deja pasar los azucarillos,

las cosas inoloras huelen dulcemente a papel y a tinta.

También la máquina del café respira fuerte y los periódicos tiemblan.

Si se es muy pobre no nos espera nadie, chocan con nosotros.

Las grandes farolas encienden una opaca luz noctámbula.

Todavía es demasiado pronto. El tren para llegar ha de esperar.

No tengo más que mi chaqueta y un papel doblado en un bolsillo.

Mi papel sólo tiene palabras dobladas, sólo me tiene a mí.

Le doy vueltas y más vueltas a la vida y sigue igual.

Nunca cambiaré nada.

No hace falta decirle al mozo de estación:

la carga que llevas no es tuya

José María Torres Morenilla

" Escribe genial, pero veo un sufrimiento potente, su subconsciente tiene un punto de casi socorro, algo que toca fuerte mi piel, casi me sobrecoge la sublimación de su intensidad ¿de soledad?¿de dolor?¿de qué? Es una poesía que te hace penetrar en su interior y querer abrazarlo, me toca"


Hola More: te envío mi artículo de mayo. Tus comentarios me estimulan.

Abrazos

Alfonso

 

 

 

La búsqueda del padre y la madurez espiritual

 

por

 

Alfonso Colodrón       

 

En mi infancia me inculcaron más el respeto a los padres que el amor. El primer mandamiento consistía en amar a Dios y el cuarto en “honrar” a tu padre y a tu madre. Los confesores y directores espirituales de la época, a los que llamábamos “padres”, insistían sobre todo en el deber de obedecerlos. Por suerte, mi padre me inspiró siempre cariño por su honradez y dedicación profesional en sacar adelante un hogar con diez hijos. Con tanto trabajo, hoy día se le achacaría ser un “padre ausente”. Su ausencia las cubría mi madre. Era más común en el siglo pasado, pero sigue repitiéndose hoy día: el aumento de divorcios y separaciones hace que muchas madres, voluntaria o involuntariamente, tomen el espacio del padre. Muchos años después, le entendí perfectamente y el cariño se convirtió en verdadero amor y ternura: cuando yo mismo fui padre.

La mitología occidental no ayuda demasiado a tener un buen concepto de la figura paterna: Cronos castra a su padre Urano, a instancias de Gea, su madre. A su vez, devora uno a uno a sus hijos, hasta que el sexto, Zeus, le hace vomitarlos. Vuelve a la vida a sus hermanos y hermanas, pero destrona a su padre y usurpa su poder.  Zeus, que no tenía un buen modelo paterno, es infiel, tiene múltiples hijos y los trata de manera desigual.

 En la tradición judeocristiana, Adán, padre de todos los hombres, se deja convencer por Eva, prueba el fruto del árbol prohibido y todos nosotros, su descendencia, sufrimos terribles consecuencias desde entonces: tenemos que ganarnos el pan “con el sudor de la frente” y las mujeres “parir con dolor”. Abraham, “el padre de todos los creyentes” estás dispuesto a matar a su hijo Isaac por orden de Yavéh. Para añadir hiel a todo esto, los libros de historia que estudiamos varias generaciones de españoles glorificaban a Guzmán el Bueno, por arrojar su propio puñal a los musulmanes, que amenazaban con matar a su hijo, si no entregaba Tarifa. Luego, el general Moscardó era un “héroe” por preferir que matasen también a su hijo en lugar de entregar el Alcázar de Segovia a los “rojos”… En fin, ninguna gana de celebrar “el día del padre” cuando lo impone el Corte Inglés.

Durante mi primera  juventud, me puse a buscar otros modelos, pero no padres: León Cortiñas, que con el tiempo llegó a ser un prestigioso catedrático de Derecho administrativo en México, logró que estudiase en la Sorbona, me introdujo en el Derecho comparado y me alentó a estudiar alemán, abriéndome a otros mundos… Gérald Subervile, verdadero héroe anónimo de la Resistencia francesa, me acogió muchos años en París junto  a su compañera Desirée Lieven. Ambos me enseñaron la auténtica solidaridad y fraternidad del anarquismo libertario. José Martínez, cofundador y alma de Ruedo ibérico, me enseñó todo lo que sé de edición, Segunda República y Guerra civil españolas… Todos ellos han fallecido, pero viven en mi memoria y en mi corazón. Afortunadamente, también en la de muchos más. Solo el olvido es la muerte definitiva.

A medida que fui madurando, ya solo busqué hermanos mayores compañeros del camino. Emilio Fiel, fundador de las comunidades del Arco Iris, fue siempre para mí un pionero y un gran realizador de sueños. Nunca un guru en el que proyectar mi búsqueda espiritual. Años antes, había encontrado a Goenka en la India, iniciándome en la meditación Vipassana. Otro punto de referencia, un faro más en el camino. Después conocería a Tich Nhat Hanh, maestro budista heterodoxo con los pies en el siglo XXI… Estas confesiones personales vienen al caso, porque lo que encontramos a nuestro alrededor son adultos en búsqueda de “padres” ideales, que medien en conflictos, den soluciones, les digan lo que hay que hacer, eliminen dudas y ofrezcan certezas, se responsabilicen si las cosas salen mal…

No hace mucho, se recibió en la policía municipal de Madrid una llamada: un padre, al llegar a su casa, había encontrado a su hija de 18 años en su dormitorio con un amigo de la misma edad, en plena faena en la cama. Preguntaba que qué debía hacer. Ante la perplejidad de una situación inesperada, esperaba que “la autoridad” de papá-Estado, representada por “las fuerzas del orden” le diese la solución. Sería una situación cómica si fuera un caso aislado. Pero este tipo de situaciones se repite a diario

En otros niveles, muchas personas proyectan al padre ideal y todopoderoso en los líderes religiosos de sus respectivas confesiones. Siempre me llamó la atención que al Papa se le llame “Santo Padre”, cuando el Evangelio dice “No llaméis a nadie padre, pues solo uno tenéis y está en el cielo… y vosotros sois todos hermanos” (Mateo, 23,8-10). Y también se proyecta en los líderes de los partidos políticos, en los dictadores, salvadores de la patria, en los reyes hereditarios, que conservan la tradición y a los que se atribuye una falsa ilusión de estabilidad frente al riesgo de cualquier cambio imprevisible… El servicio a la “patria”, “morir por la patria” sería morir por el padre (patria viene de “pater”) y, sin embargo, se dice “madre patria”. ¿Paradojas del lenguaje o de la inmadurez y la falta de reflexión”?

En la consulta y en los encuentros de hombres aparece cada día la importancia nuclear del modelo paterno. Hay quienes se rebelaron contra padres violentos y maltratadores, pero inconscientemente se convirtieron en “parejas sustitutas” de su madre. Aunque suene fuerte, en usurpadores de un lugar que no les correspondía. Después, siguen ejerciendo de padres de sus parejas y de sus propios hijos. Y al querer evitar la violencia y el conflicto a toda costa, a veces pierden la fuerza masculina y se convierten en “salvadores” y “apagafuegos” permanentes en detrimento de sus propias necesidades. Otros, imitando al padre, perpetúan el machismo, la mentalidad patriarcal, el autoritarismo y el maltrato a su pareja y sus hijos.

Sin embargo, es más común encontrarse con adultos de 30, 40 y 50 años, sometidos al imperio de un padre dominante, permanentemente insatisfecho porque sus hijos varones –muchas veces únicos- no cumplen sus expectativas, no siguen su misma profesión, ni perpetúan su negocio. Y estos varones suaves siguen actuando emocionalmente como si tuvieran catorce años, sobre todo si no se han hecho padres a su vez. Algunos ni siquiera quieren crecer y añoran con nostalgia la falsa seguridad de la infancia. Siguen siendo hijos hasta su muerte. La paternidad, el tener hijos propios, suele marcar el fin de una etapa y el principio de otra, pero no siempre.

A pesar de los pesares, “la vida no tiene marcha atrás”, excelente título de uno de mis últimos libros de cabecera (Editorial Desclée de Brouwer). Wilfried Nelles, su autor, cartografía de modo sencillo y didáctico los hitos del camino de la vida: fusión con la madre, crecimiento al abrigo del grupo, desvinculación del grupo de procedencia  y formación de una nueva familia. También las etapas posibles de conciencia: conciencia de unidad, de grupo, del yo, de vinculación, de tener una misión, de la totalidad, hasta llegar a la conciencia total.

Para seguir avanzando y transitando etapas es absolutamente necesario aceptar el pasado tal como fue, pues no podemos cambiar ni una coma del mismo. Desde el presente, salir al encuentro del futuro, dejar la seguridad de lo conocido y abrazar la incertidumbre, agarrar el hilo de Ariadna de nuestro propio destino, de nuestra misión. Tal vez encontrar el padre interior que puede proveer las propias necesidades; que está atento y presente, es vulnerable y frágil ante el misterio; que está asentado en la firme convicción de que ya nadie nos debe nada. Las cartas que nos dieron y las que tenemos son las mejores para jugar la partida del Ahora. Y lo son, porque no tenemos otras y porque, aunque no lo sepamos, aunque no lo creamos, aunque lo hayamos olvidado, el Universo sigue conspirando a nuestro favor y sin posible estancamiento ni retroceso.

 

 

Alfonso Colodrón Gómez-Roxas

 

 

Madrid 6 de Mayo de 2012

Querido Alfonso: si he tardado algo ha sido por estar fuera del Madrid y de Internet.

 
Tu artículo me parece algo más que un artículo. Quizás demasiado breve: dejas tantas cosas en el tintero. Cosas internacionales, mundiales, universales. ¡ Lo que te queda por escribir todavía de tus "viajes" por el mundo y por las ideas...!
 
La figura del padre es enigmática: el hombre corrige a la Naturaleza que a veces puede llegar a ser cruel, precisamente como padre. Es una figura que tiene mucho más de femenino que de masculino. ¡Gran paradoja! aunque la madre tiende más a la del amigo que a la del varón íntimamente. En el padre están las mujeres, el mismo padre es mujer y no compite y asimila la virilidad del hijo y en la madre los amigos, con sus riñas y competitividad, también con la libertad para buscar más mujeres. ( ¿ Te parece genial, que es como parece lo que nunca se dijo?) Los hombres que se llevan bien con su padre suelen ser mujeriegos (en el parco sentido, heterosexuales) y los que se llevan excesivamente bien con su madre lo suelen ser afeminados, como de todos es notorio. Hablo de subfondos que no con llaneza.
 
Aparte de estas genuflexiones sobre génesis y eugenesia de las conductas, has puesto pie sobre pie un escalón más en tu cometido de escritor. Ah, por cierto, bien que hayas tenido tantos padres intelectuales de los que te sientes orgulloso. Algunos izquierdillas (¡ cómo no! en esto pareces que todavía no lo eres del todo y no te rebelas como hacen los auténticos izquierdazos).
 
Voy a colgarte esto en Internet. Y enhorabuena. Has crecido como escritor. Un fuerte abrazo

 


TE BUSCAN TODAVÍA


Te animaré siempre, pero el mundo no tanto. Por si te anima, te diré que te buscan con nombres y apellidos y van a dar a mi web. Eres buscado por otros amigos en internet.   También, que tu página tenía un gran nivel, aún estando fundamentada toda ella en ti y...que en caché estarás eternamente en internet y puede que la tengas en el llamado internet profundo donde las páginas serán conservadas para siempre. Internet: ¿qué cosas sabemos de internet que no fueran programadas antes de los tiempos? Una cosa tiene buena, muy buena: no califica las páginas en buenas o malas, ni a los profesionales en buenos o malos, sólo mira la calidad informática, la racionalidad de la exposición.   Ánimo para sobrevivir, siempre lo he tenido, recojo ahora mis mejores años, que no han de coincidir con los mejores años del mundo, sino los más míos, mi verdadero ser, el que me haría feliz y está en otras cosas que en las que estoy, él sí feliz, reservándome momentos, actitudes, pequeños fluidos espirituales que me hacen erguir y ser quien soy. Sólo Dios sabe de nuestra grandeza, de la grandeza del ser, mientras los demás nos empujamos.   Has hecho muy bien e hiciste muy bien. No hay contradicción, simplemente todo lo que hacemos lo hacemos bien, lo importante es que seamos felices.   Un abrazo......ah, una poesía  

Un campo de amapolas


Un campo de amapolas sembrado está de trigo,

domina el monte y, sobre el monte,

baja, enredado, un riachuelo escondido.

Se caen las nubes con la misma tristeza

que el alma vuela en su destino,

y un sol, oculto, solemne e impoluto

lanza llamas de fuego, espejo de su poderío.

No canta el pájaro que un día voló,

ni tus pisadas pisan la yerba del caserío,

mas hay, en silencio, la extraña música

que unió tus pechos al pecho mío.

José María Torres Morenilla

Con el tiempo recuperas la sabiduría que siempre te caracterizó. La que quizá dejaste algo de lado por las habichuelas, los convencionalismos, las imposiciones familiares y tu refugio en el coleccionismo de cosas caras compradas baratas. Me ha emocionado tu poema. Capto su sentido obvio y el oculto. Siempre hay una cierta nostalgia de pasado o de pasado no vivido o de futuro no esperado en tus poemas. Será que el otoño nos vuelve nostálgicos o nos hace reflexionar en esta "dulce estación, benigna la hora". Un abrazo Alfonso


UN POEMA ES UNA PALABRA


Aire

Aire que en mi boca duele,

cargado está de mi pena,

de la soledad del pecho

que en mi corazón se entierra,

aire que me da y no queda,

que me nubla la mirada,

que me llena de las lágrimas,

que me embebe de añoranzas,

soltado está de mi alma,

aire y soledad, soledad tan mía,

que en el aire está.

José María Torres Morenilla

Inmejorable tu poema. Más que gongoriano, morenillano. Ahora mismo añado el neologismo en mi particular Diccionario de la Republicana Academia de la Lengua Española. Tu eres tan liberal, tan anti-yo que eres anarquista de los buenos. No de los que ponían bombas, sino de los libertarios que creaban escuelas gratuitas e intercambiaban los bienes que producían con sus manos. Y lo sobrante lo repartían a los que habían tenido peores cosechas, temblores de tierra, inundaciones u otras catástrofes naturales, que las muertes por carretera no son naturales, ni las por obesidad, etc. Me permito dos cosillas.

Quita la coma, si quieres después de "pecho". Verás como se recita mejor en alto y no cambia el sentido ortodoxo de la gramática ni del contenido. Al final, descubre la palabra que te ofrezco. Te la mereces. Un abrazo Alfonso Estoy de acuerdo con lo de que las matemáticas son puro lenguaje. Es más: cada vez que me cuentan un conflicto, un problema, una encrucijada existencial, digo que se puede resolver con puras matemáticas. Un día, si quieres te pongo ejemplos.


CUADROS, COMENTARIOS Y POESÍA, TAMBIÉN LAS ISLAS FIJI


" Pues me ha encantado volver a contemplar tu galería de Granada. Y también releer los textos que ya no recordaba ni casi me pertenecen." Es cierto, es la imagen que nos produce la extrañeza de releernos. Puede que algún día hayamos cambiado tanto que no nos reconozcamos. Si retrotayéramos  nuestros pensamientos  y vivencias hasta chocar con nuestro yo antiguo,  aparecería un señor totalmente desconocido.
  Tu promesa de los textos ha de ser rigurosamente cumplida, pues que tengo sitio y creo que fundamenta muchísimo la comprensión del dibujo. Veía yo ayer, a este propósito te lo digo, las Islas Fiji, que también fueron visitadas por otro filósofo y buen escritor, como tú, Umberto Ecco, y me decía: ¿Dónde coño habrá vendido Alfonso cuadros allí?. Pues son un paraíso, tal parece que Gauguin apareciera por allí dibujando a sus gentes, pero no lo veo de exposiciones y menos de negocio(creo que la Gran Bretaña compró sus derechos de fosfatos por 900 años!!, por doscientas libras anuales, Gran vergüenza debería darles a los Gran británicos). Gracias por tus últimas frases, para mí de contenido inexpugnable: " Eres un buen pintor y poeta aunque no te reconozcas". Como poeta, pase, pues creo que en el cara a cara no me asusta nadie, pero como pintor, digamos sólo que un nostálgico activo de Granada.   Un abrazo


Las columnas del orbe

Desde el paseo de cipreses que hay detrás

de la Abadía de Sacromonte, en Granada


Sobre las altas colinas reposa la creación,

sobre la alta mirada sube la estancia,

mucho más alta,

vuela la imaginación sobre la recreación,

queda el alma serena, llena de amor,

mucho más alta

descansa la vida plena y luminosa ensueña

al gran universo que el universo ensancha...

mucho más alta,

a tu belleza, su gran belleza gana,

sobre las altas colinas, otra es más alta

José María Torres Morenilla

Contestación:

" Es el primer poema que me produce escalofríos, se me saltan las lágrimas. Estás sobrado, te has pasado, vuelas alto y mi vista te alcanza, más bien te intuye, con ayuda de anteojos de muchos aumentos. Más que entenderte, te siento; más que analizar, me siento y mi sentimiento es gozo arrebatado; en lugar, de leer frases, leo estados de ánimo, mejor aún, ampliaciones de conciencia, que otros llaman alteraciones o modificaciones. No te quedes sentado a la derecha del Padre, que todavía estás encarnado, no has muerto, descendido a los infiernos ni resucitado. Así que espera a la Ascensión, tu ascensión o asciende y baja entre los mortales todos iguales, igualados por el nacimiento y la muerte y también el amor crístico, incondicional, universal, no excluyente. Los maristas, Consuelo, Alfonso... también nos colamos, disfrazados a veces de miembros de un jurado literario. No seas miedica, no seas soberbio.

Un abrazo alfonso

Gracias por apreciar mis líneas. Siempre tuve a Dalí por franquista de derechas aprovechado, pero ignoraba su búsqueda interior. Cerca de la locura, tal vez intuyó a Dios e intentó plasmarlo en una época de mojigatería con delirios, provocaciones y actos libertarios."

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©Poesía de Torres Morenilla