LOS POEMAS DEL SER
de
LOS POEMAS DEL SER
Nunca te hice un poema
Escribo en el contramuro, el contrafuerte, la tinta indeleble,
el hombre transparente, tin-tin y la nada, corriendo más que yo,
escribo para leerte, para saber de ti,
para seguir huyendo, escribo por huir;
desde lo más remoto mi alma se complica e implica
en lo que siente rotura del cristal que la protege, excelso,
y por esta herida fluye sin cesar, corriendo, corriendo
como un río a galope, cuesta abajo, a la aventura.
Nunca te escribo a ti, me escribo para seguir viviendo,
por seguir...
(Hoy no me hagas caso amor, es que me estaba muriendo.)
La vida siempre estuvo cerca
Mi vida es un reproche,
hay veces que miro atrás y estoy de cuerpo presente,
un río de amor ha discurrido sin que yo lo sienta,
llamé amor a mi asesino y hermano a mi devorador,
he sido para mí plenamente el peor impostor.
Me llora el alma del gran hombre oculto y acabado,
la buena prosa hablada con que se escribe el amor.
He dejado pasar a muchas muchachas para mí pintadas,
sin volver la cabeza, ni seguir sus sombras.
Nítidamente entiendo que he perdido el tiempo,
la verdadera poesía es algo que ocurre raramente.
El dulce pájaro de la juventud
Cuando te das cuenta que no eres nada de lo que creías,
cuando le das la vuelta al espejo y miras una imagen torcida,
cuando te dicen que tus temores fueron más ciertos que tu vida,
cuando te mueres, joder, de un golpe y sin ventanas,
entonces los árboles vienen con sus brazos a llenarte de sus risas,
y te besan en los ojos y te secan la frente y te dejan sus pañuelos:
estás jodidamente muerto, te cayó la tapia empujada por el viento,
te sepultó la sonrisa a plomo de un sereno, te dio un tomatazo un asesino,
y en la bandera de tu pecho la camisa flamea, uncida trágicamente a tu destino,
por tus pantalones solamente corren tus piernas y en los insinuados arcos iris un pájaro,
llamado juventud, se vuelve opaco, gris como un cuchillo, y vuela, vuela...
a tu patria.
Tú no estás, ya no estás.
Otros rostros se acercan y no es el tuyo,
otros montes se abajan en mi destierro,
otras lunas me pesan y me miran,
otra vida se atasca en mis versos;
estoy en la ladera del misterio,
cruzo, sin nombre y sin escudos,
voy, como triste por el mundo,
nunca estás, ya no estás, solo hay muros...
otras rosas se cruzan por mis ojos,
son tan puras, hermosas y perfumadas,
otros vientos acarician por mi alma,
otros ríos me suenan musicales,
la belleza universal aunque acompañe
nada es, solo es la otra parte;
otros rostros se acercan y no es el tuyo,
yo te busco y aunque busque es imposible,
tú no estás, ya no estás, solo hay muros.
La oscuridad de los bosques
En los bosques oscuros de oscuras hojas,
en el paso del tiempo por las más oscuras sombras,
en la obscuridad total de las entrañas del cielo,
por las sondas del camino de la oscura soledad,
por el paso de los vientos oscuros que transitan solitarios,
tus manos encallecidas, tus amigos olvidados,
por todas las columnas que no fueron derruidas cerca de ti,
estando tan solo, estoy contigo,
el corazón que rompes, seco, distante, ya sin tiempo,
sin el río caliente de la juventud del sol que no amanece,
si en la noche se alarga oscuramente el silencio
y en el silencio aún sigues viviendo, vida mía, entre las hojas
aquellas que en la escalera del aire revoloteaban
jugando alegremente en su ignorancia con tanta belleza,
la belleza se enredaba en los cristales de la eternidad
y la eternidad fue el instante glorioso lleno de tus ilusiones;
suena tu música, aletea como el viento,
en los bosques oscuros de oscuras hojas,
el corazón se me rompe en la antigüedad olvidado,
y yo te sigo queriendo, estoy contigo,
sin el río caliente de tu juventud, sin el sol que no amanece
en esta noche tan larga, en la noche enredada a tu belleza,
la belleza nunca muere y en la soledad se ensancha,
revolotea por las escaleras infinitas del espacio
y aún caliente aquel calor antiguo, la tibieza imperecedera,
sigue brotando, eternamente, cerca del mío:
estoy contigo, bebo tu bella soledad de lujuriosa parquedad,
sobre mi cuerpo se enreda armoniosa,
asciende como los astros serenamente
en los suburbios de la gran ciudad abandonada,
en los astros adormecidos que la gente ha olvidado,
yo nunca te olvido, en las raíces de mi carne asciende
como árbol lujurioso desbordado, ganando espacio,
yo solo canto la soledad de tus primeros cantos,
soy tu aliento caliente que solamente te quiere,
debes saberlo, hoy, que te parecía que habías muerto...
estás conmigo, estoy contigo,
nunca estaremos solos por los oscuros bosques,
los oscuros bosques de las oscuras hojas,
el corazón se nos rompe cuando nos recuerda,
el amor es un brote que se enreda en nuestros cuerpos,
que asciende por los cristales infinitos del espacio
y nos hace más bellos, en los paisajes rotos de las ciudades,
con el calor y la ternura de nuestros cuerpos
que son solo amor derramado, columnas imperecederas...
La canción del novio
Belleza dame la paz,
dame las cuatro esquinas del arte,
dame la historia seguida,
dame la unidad de la vida,
dame la claridad de amarte:
belleza dame el consejo,
dame la brocha del tiempo,
pinta en mis ojos lo bello,
la eternidad de mirarte.
Y entre las pobres canciones
de un poeta derruido,
dame los tristes senderos
por donde tú sola has ido;
dame la música callada,
que dentro de mí sostiene
todas las pocas palabras
con que la vida me quiere.
Belleza dame el sentido
más profundo de vivir,
aquello que es grato y querido
que hace hermoso lo sentido,
belleza dame tu sí.
Colorín, colorado
En la solemne traza de una lira suena tu canción,
ay amor, que sola es la desdicha de no tener tu amor;
un precipicio se abre bajo mis pies tremendo
es ver que quería mirarte y solo estuve cayendo;
en la púrpura del mar bulle una copla,
es blanca y llena de sal como tu boca;
alivia el corazón solo pensarte,
me alivio con el dolor de no mirarte;
colorín colorado,
este cuento se ha acabado.
Asunción
Menos mal que amaneciste radiante sol tan bella,
tan delicados los ojos y las manos que me unían,
hermosa fue la mañana y los prados verdes hermosos,
el hermoso canto azul en los arroyos de la primavera,
primeramente sol, luego fortuna imperecedera,
tu corazón en luna desbordado de bella perla,
menos mal que amaneciste radiante sol, tan bella.
Las flores
Flores del mundanal, mundo que junta
con los bellos colores radiante sol,
flores del lupanar, mundo florido
por donde pasa el mundo y queda el amor;
¡ qué bien ponéis alas primorosas
con que la primavera viste al cantor!
sois las canciones que suben por las veredas
para que el mundo sueñe con ser la flor;
y lo lleváis,
como la blanca perla lleva el color,
suave, con bellas luces, fulgido,
de estremecidos iris, licuado amor;
flores de las riveras, frutos del tiempo,
que escasamente miráis ser flor,
inadvertidas gracias, elementos llenos
de la belleza, sois lo mejor;
y entre la grietas de las viejas tierras
os rebeláis con aflicción,
sois las estrellas del paraíso,
sois la canción.
Peor fue no verte
Alguna vez encuentro por el mío tu corazón cantando en la ribera,
duermen las rosas su sueño colorido, me brotan claros arrullos de ribera;
en los azules cielos de excelso malva asidos cruzan los negros pájaros perdidos,
más me pierdo yo estando tan sufrido de no verte, mi hermosa, por mis prados perdidos;
siento, ya no estás, y me rebelo inútil, espero al fin que se me muera el cielo,
y el cielo no se muere, que mis rosas marchitan y mi corazón te ensueña sangrante por el cielo;
yo muero al no verte, mal aconsejada, para que tu corazón se escape con el mío,
mi corazón, que canta solo para verte, es tu corazón cantando con el mío.
La canción de la nostalgia
Violeta el mar donde la dicha muere,
donde tiemblan y se estremecen mis sentidos,
donde se ahogan mis penas y mis olvidos,
donde miro este lugar solo por verte;
oscuro es el cielo de mi noche única,
donde estoy traspasado por el frío,
donde vuela un amor que no fue mío,
donde busco la estrella de mi musa;
árido es el viento en la seca estepa,
tan larga y ancha de soledad ocupada,
remolinos de la pena se me llevan
por parajes que se alzan en mi alma;
blanca y temible me mira la montaña,
que la nieve me abrió su corazón helado,
fulge con el sol que aparece apagado
de tanto como no está el sol que amaba;
la calle se entromete con mis pasos,
también camina a mi lado, junta,
suena como infierno, ahumada marabunta,
el mundo ajeno, compañero extraño;
violeta el mar donde la dicha muere,
donde muero yo todos mis días,
donde tú y solo tú estás en mi poesía,
tan triste modo con que el amor me quiere.
Ausencia
Ausencia de mujer, ausencia,
el jardín está llenado de tu ausencia,
el aire como estancado, de oscuro musgo la piedra,
el cielo completamente arruinado,
todo parece mojado de tu ausencia;
las flores no son flores verdaderas,
ni el cielo que siempre fue azul es azul sobre mi tierra,
una fuerza como me grita por dentro de mi tu ausencia,
son como viejas fotos que me quedan en la trastienda,
retazos del pleamar de tu fragante presencia,
besos que me dio la mar con dulzuras de violetas,
palabras, versos, la rima de mi profundo poema,
toda la vida me pasa por encima de tu ausencia,
colgada en los portales, hundida entre las huertas,
el jardín está llenado de tu ausencia,
ausencia de mujer, ausencia.
Mi casa
Suave, con luna llena, feliz y brillante
está mi casa cogida en esta tarde;
cruzan por ella surcos de oscuros vuelos
de nubes errantes y perdidas entre los sueños;
los cipreses se coronan con las estrellas del cielo,
se quejan entre perfumes de olor a incienso;
detrás, por la escalinata que sube a nada,
está mi casa más llena de tu mirada;
soy indeciso,
entre las cuatro paredes me multiplico;
mi casa estuvo bañada con tu alegría,
aún suenan tus carcajadas y algarabías;
cuando se llega la noche que los cielos anunciaban
mi sangre, todo rubor, mi alma daba
y con mi alma,
entre las tres y las cuatro contigo estaba.
El hombre de perfil
Un hombre de perfil tiene silueta
de montaña herida que se abre al mar,
es como una pregunta aún sin contestar,
una vida ilusionada, y sin respuesta.
La frente le interroga y en nada cuenta
la mirada oculta de su mundo de atrás,
de los años que han pasado por pasar,
la mitad de su vida que también fue afrenta.
Por eso oculta el rostro verdadero,
aquel que mira los paisajes más suyos
y ofrece de perfil el recorte de un velero
sobre la mar hundida de sus perdidos sueños.
Se da, pero esconde los años más ilusos,
aquellos que cantaron la inmadurez del tiempo.
Los tuyos
Los tuyos te han formado y te han henchido,
trazas de su corazón sobre el tuyo nievan,
son copos de poesía y de inusitada prueba,
aquella que es amor en tu corazón florido.
Los tuyos con su jerga te llenan de palabras,
fornican en tus obras y las hacen impuras,
te marcan los modismos, se quedan tus poemas,
no hay verdad que no mienta en tu alma serena.
Los tuyos han errado por siglos inauditos,
pasaban como errantes en largas filas oscuras,
arrastraban sus sacos llenados por los mitos,
mugrientos de un mal uso, cautivos de la vida.
Los tuyos, desde el día en que radiante viste
otro sol en el cielo que se parecía al tuyo,
te desposaron pronto con la más vieja ira
y se burlaron crueles de tu corazón seguro.
La patria de mis versos
Oh tú, mi vida, que te desangras blanca en la nívea corriente del vocablo,
palabra que me afirmas y que me aprietas honda en las llamaradas de mi alma,
que me edificas un mundo tan propio como lo fue ajeno,
que me cubres del pensamiento sutil vestido por la eternidad;
oh, tú, mi vieja copla derramada en alas inmarchitables de la poesía,
que me pueblas de recuerdos y de las palabras irrepetibles,
que naciste junto a mí y siempre fuiste otra,
la más dulce de todas las virtudes, la más hermosa de todas las enamoradas.
El sol, si amanece
Ardiente sol que en la montaña luces
tu disco alegre de radiantes brasas,
canícula estival que en la tierra abrasas
con paso inmortal que en rigor conduces;
brillante espejo de tu escudo aduces
lo más de ti que en el albor enlazas,
dorada siembra, irresistible, pasas
con fúlgido fuego de esplendentes luces.
Se borra el cielo de azul cuando piensas
en tu bella tierra a la que enamoras,
eres su reloj sin pausa y sin horas,
y en los sutiles rayos, en paz, comienzas
a unir tu rostro y tus llamas intensas
con que, enamorado, a tu amada adoras.
Juvenalia
Parecido es tu amor a la rubia colmena
en que bullen abejas de dorados cabellos,
libas miel regalada con divina presteza,
armonizas el espacio al dintel de tus versos.
Es tu amor un jolgorio que revuela en mi alma
que me trae tu alegría como boda de pájaros,
en la nube de dicha que es oírte a mi lado
sale un sol más benévolo como recién sacado.
Fuiste, alegre, sutil lo mejor de mi vida,
por entonces soñaba con las más grandes hazañas,
mas tu voz que yo oía acariciar mi rima
me devolvía el amor como nueva mañana.
Parecido es el amor a esos campos floridos
que se llenan de nubes de coloridas flores,
todo es bueno y gentil, divertido y fecundo,
radiante y juvenil, iluminado y puro.
Amor concatenado
Estoy en ti cada segundo,
cada segundo, sereno, estoy contigo,
estoy contigo llenando a este mundo,
este mundo contigo lo consigo.
Te quiero tanto que nada me separa,
no me separa el tiempo o la distancia,
me distancio de ti y estás como más clara,
la claridad de tu alma es mi abundancia.
Te quiero mía y más que mía te quiero,
te quiero en locura y a mi modo,
no hay modo de dejarte si me muero,
yo muero de tu amor que lo es todo.
Tu corazón
Tu corazón late en el mío, así de pronto,
se sobresalta de un golpe limpio y me lo acoge,
aúpa el vaso, como cristal, que rompe
y llega desde la enamorada sangre de tus ojos.
Tu corazón no cabe dentro del mío,
cuando acomodas todas mis dudas y mis recelos,
tu corazón que es savia, siempre es más nuevo,
lo llena todo de alegres notas y poderío.
¡ Ay cómo siento vaciar mi gozo tu juventud!
la miel besada que está en el mundo para gustar,
se me renueva el aire, clarean los cielos, me ruge el mar,
plácidamente siento que estoy cantando cuando estás tú.
Son mis latidos, ahora que estás,
como la nieve y el fuego, el amor sin sombras,
lo limpio y puro, desde tu copla
azul y extensa del pleamar.
Los besos
Los besos que me diste aún quedaron
como el fluir del aire y de las aguas,
como los colores rojos desangrados
al caer de los ruidos y de la tarde;
con sabor agridulce, siguen tiernos,
adornados de tus pechos inconmovibles,
son tus manos enlazadas a mis sueños,
y el olor de tus campos invisibles;
dibujados en mi rostro me han dejado
el reguero del amor que a mí me diste,
aún me suenan silenciosos y están mojados
de los fluidos de mi vida que persisten;
son tan tuyos que me aturden y me ciegan,
como ayer que en tus ojos me perdiste,
son tus besos las cadenas que me llevan
al paraíso de tu amor irrebatible.
Sobre todo la nada
En medio de la nada quiero ponerme,
de nada quiero hacerme en medio mío,
quiero poner por medio mi tronío,
quiero quedarme en nada por tenerme.
No ser más que en lo que nada soy,
ni estar de más dentro de mí en poco,
no tenerme nunca más por quien no soy,
ni quererme más de más aunque sea poco;
sino cambiar en todo y en cada parte,
en llevar desde ahora, como un espejo,
por delante de lo mío antes lo anejo
sin querer ser yo más ni con más arte.
La nada me pesa
con dolor insufrible,
ser nada es
para mí como la muerte,
mi carga
más pesada, es ver sin verte,
lo peor de
mi todo, lo infundible.
Pero es paz
también y es mucho fruto,
salir al
campo y recibir caricias,
las primeras
del sol que son delicias
que el
universo acerca impoluto;
luego del
campo y de la hermosa tierra,
de tanta
flor sacada a lo estéril,
buscar a la
mujer aunque sea esméril,
delicia es
tanta como de sierra;
quedan pues
muchas las cosas y los hombres,
que todo sea
un lugar lleno de asombro,
asómbreme
pues hombro con hombro
de lo mucho
que son todos sus nombres;
y con lo
poco,
que lo poco
también es, si con grandeza,
pasar
desapercibido, una proeza
que buscan
los animalejos por no ser presa:
lleguemos
pues a nada, sin pereza.
Todo es vida
y la vida ayuda
a vivir que
es lo mejor de todo,
a respirar
la vida y al acomodo
de las cosas
sencillas, sin más duda.
La canción de la derrota
Yo venzo con pudor y con mi honra
sobre el paso gris de mis versos sencillos,
yo venzo con valor pues he podido
resistir al desencanto de la prosa.
Y lo hago riguroso y a diario,
sin máculas de tiempo o vanidades,
con ilusión de escribir para dejarme
retazos de mi vida y mi ideario.
¡ Fue tan duro crearme una poesía,
tan doloroso fue que siendo niño
dejé de crecer, por creer que me valdría
perder el tiempo para servir a mi sino!
Era como estar maldito de desganas,
de no tener en nada lo que vale,
de perderlo todo y quedar en nada.
Los que más me querían aborrecieron
de mí un arte que no tenía futuro,
pero, las cosas son así, ahora de viejo
ya veo que me he guardado lo más puro.
Los rincones del jardín
Nunca me iré de allí, de aquellos momentos blancos
en que el narciso hiere de pureza a la nube,
del instante más sereno en que plácido estuve
contemplando tus ojos que ocuparon mi llanto.
No me iré nunca de ti, aunque tú ya no estés,
de tu nombre sacado a lo más hondo del verso,
de mi borrado amor que se quedó como eterno,
del viento tan tranquilo que en mi suspiro até.
Me quedaré mirando los jardines que sueñan
con ser solo un jardín de una ciudad ruidosa,
los árboles que ocupan sus pies con tiernas rosas,
las palabras que pueblan indelebles un poema.
No dejaré de amarte en la nada absoluta,
mi sangre solo escarcha se encenderá de gozo,
te tendré con mis manos mirándote a los ojos,
seré tu compañero del alma que se ajunta.
Me sorprendió el rellano de la tierra en el campo,
la claridad del alba cuando amanece y muere,
la llegada del sol que al bajar su luz sostiene
su calor inmutable como un tierno regalo.
Se quedarán los días en que estuvimos juntos,
tú y yo, tan solos, unidos por nuestro amor, tan llenos,
cuando supimos hacer de nuestra nada un tiempo
que dejó para siempre un recuerdo impoluto.
No dejaré de estar en ese mundo que amé,
el que me mantuvo niño a pesar de mis años,
el que me sorprendió con su belleza, instantáneo,
al que dí el corazón y su corazón robé.
Seguramente el río que al pasar dibujaba
nuestros cuerpos desnudos en riberas amantes
con algo de lo nuestro quedará en esos mares
juntándonos otra vez y borrando nuestras lágrimas.
No dejaré de amarte,
ni dejaré de estar.
Rincones de mi jardín la luna llena
caracolas de su alegría y de su pena,
el agua, con su armonía, pone una alfombra
de su clara simpatía de bella sombra;
en mi jardín se quedan por todo el día
los versos que son las hojas de mi poesía.
El amigo
Amigo, tienes derecho, yo te lo doy,
a levantar del mundo una mirada,
a pasar por la calle del mañana,
a vestirte de hombre el día de hoy;
tienes derecho al mar y a su aventura,
a derretir la nieve con tus manos,
a besar la fragancia de un bocado
que el amor te convida en tu fortuna;
tienes, por ser quien y eres y quien no,
a desnudar las sombras con tu sombra,
a caminar derecho en la rotonda
de un mundo tan redondo como el sol;
también tienes derecho a un nombre,
tan sonoro y rotundo como el tuyo,
a llamarte con tu amor, el más profundo,
a sentirte orgulloso como hombre;
quizá en los sueños que ocupan el universo,
en la gran noche de todos los empeños,
tendrás derecho a ser sobre lo eterno,
y a brillar en la soledad sobre lo más negro;
mas, aunque todas las cosas te faltaran,
aunque te sobren el desamor y los desprecios,
aunque te encuentres pobre en la palabra,
solo por ser tú y nada más que por eso,
tienes derecho, amigo, yo te lo doy,
a ocupar un espacio único en el que estoy
lleno de ti, y de todo tu pensamiento.
La memoria está llena de cosas
En los límites del error, de la pobreza,
en los instantes absurdos, el tiempo perdido,
en todo lo que no es grande ni glorioso,
en tu hermano que más falla, en ti también,
en la dulce melodía que acompaña la soledad
siempre hay una misteriosa mirada que nos hace crecer,
llegar al límite del error, del amor también,
a la mágica envoltura de la vida que es frágil
y en ese instante absurdo todo se comprende,
el tiempo que has perdido te hace inmensamente rico,
porque tienes la dulce melodía que envuelve a la vida,
la fragilidad de todas las almas que son solamente una,
y en tu mirada se produce el gran prodigio del amor:
ya no lo cantas, ya no lo exaltas,
ya no lo subes a lo más alto de ti ni de los hombres,
ya se queda tan cerca que lo acaricias y lo ignoras,
en ese instante absurdo has comprendido,
eres uno de ellos, tú también estás entre los vivos,
tu soledad la visten unos hombres desnudos antes,
habitan en tus venas y están en tu sangre,
tu sangre que te envuelve, que te alimenta frágil,
la mágica envoltura que te alienta y te anima,
y el amor, anónimo y eterno, también en ti vive.
El lector de la noche
En esta hora de la noche no suena nada,
leo tus versos y derraman su cristal insonoro,
tus palabras que fluyen como arroyo armonioso
que me hablan seguras entre húmedos surcos,
su armonía tiene el brillo de los oscuros fulgores;
en la noche el poema nunca saca de dudas,
ni resuelve el problema del diario vivir,
solamente acompaña como estrella lejana
que se acerca al instante en la hora tranquila
y discurre tan plácido, al albur de sus formas;
lo recoge la noche, me lo devuelve intacto,
nunca perece el tiempo en las horas dormidas
ni la palabra grita para sobrevivir.
El sol
Por ser de más, porque te encuentras lejos,
por no estar, pues nada sé de ti,
yo amanezco en las claras del día como hermoso sol,
yo llevo en mí, en mis cansadas fuerzas la armonía,
radiantemente soy un astro nuevo,
rutilante y grandioso, solemnemente hecho,
completamente ignorante de mi yo.
Movimiento continuo
Nada perdí de mí de la belleza
que ocupa nuestros cuerpos y aflora en la mirada,
de los paisajes que ocultamente se quedan
y encontramos algún día en alguna encrucijada;
el mundo vuelve en sí y cuando vuelve nace,
tan prístino y tan nuevo que vuelve a ser
completamente otro, sin decaer,
ocupando el espacio con donosura y arte.
Lánguidamente, gris, como evadido
o clara fuente de los colores nuevos,
es mundo tan distante y deferido,
equivocado o no es todo bueno.
Nada se pierde en tal apuesta opaca
desde la alta cumbre a la llaneza,
es todo bien que vuelve y que se encuentra
en su cambio total, en la mudanza franca.
Ni una mirada, un pensamiento, en frase
que diluye el fluir la consonancia eterna,
ni las doradas cumbres, ni las nieblas,
todo vuelve a su ser desde que nace.
Y más adentro de todo en grande música,
la armónica unidad plenamente es feliz,
desde lo lejos llega para donarse así
que el amor es acabarse como la luz que alumbra.
Nada pierdo de mí, conmigo encuentro,
que todo está fuera de mí bien dibujado,
el aire, el color, la fiera huída, en mí no han terminado,
en los paisajes que siempre se quedaron dentro.
Recuerdos de Granada y de sus músicos
En horas blancas, por laderas que suben,
vuelan amorosos en el jardín sus rostros,
la débil lluvia como cálida escarcha
dibuja en el paisaje sus recuerdos rotos;
la belleza es la nube más antigua del cielo,
un halo de poesía viste de oro las cumbres,
acerca los arbolillos cargados de esbeltez,
y deshace sus nombres haciéndoles de nubes;
entre las verjas rojas de los cercanos cármenes,
los rostros embellecidos suenan como la música,
las lágrimas calladas no paran de caer
y traban jeroglíficos sobre veladas musas;
lloran sobre el gozo del circunspecto ciprés,
sobre los montes morenos al resguardo de la luz,
están entre nosotros con sus perdidas presencias
y bambolean los cielos desteñidos del azur.
Las voces de la Alhambra
He contado a todos, muchos, y entre ellos tú no estás,
oh silencio de cristal, alas del viento, miradas del pleamar,
la soledad me acompaña solo de la soledad,
¿ quién cerrará sus ventanas? ¿ quién sus ojos cerrará?,
entre los bosques, profunda, tu voz nunca sonará,
se suben sobre las cuestas, perfumadas de arrayán,
los olvidos que se mueren, heridos por el leviatán,
tarascadas de aspavientos, sombras de la vanidad,
he contado a todos, muchos, y entre ellos tú no estás,
la Granada que tú amaste la defiende un alacrán,
con ojos de titirimundi y telarañas del mal,
la grandeza de la Alhambra es también tu soledad,
desde la ciudad te llegan las voces que la cantarán,
son tantas, más de trescientas, y entre ellas tú no estás,
¡ ay qué soledad más tuya que nadie la vestirá!
con alhajas, ni sedas, oropeles y mundanal,
silencio tan capital te lanzan desde la ciudad
los olvidos del desprecio en tu alma de cristal,
soledad que solo es tuya, en la Alhambra quedará,
entre los bosques, profunda, tu voz nunca la oirán,
¿ quién cerrará sus ventanas? ¿quién sus ojos cerrará?.
Sombras oscuras y hasta negras
Sombras que derretidas van discurriendo,
entre las altas ramas van absorbiendo
el sol, el agua y las caricias del viento,
sombras de mi pensamiento;
sombras donde las hojas y las flores han caído,
los cantos de los pájaros han dormido,
los tiempos han pasado y han huido,
los temores del bosque se han perdido;
sombras de las veredas que no acaban,
de la luna la pasar por la enramada,
de las aguas ligeras y estancadas,
de los paisajes en flor, ahora arruinadas;
sombras del paraíso,
de las ganas de ser y del ahínco
por vivir y flotar, del precipicio
de empezar a vivir y dar lo mismo;
sombras del más allá,
de venir y quedarse para mirar,
de ver la oscura sonrisa del quizás
y la más clara y oculta del cristal;
sombras de lo que dije y tú lo sabes,
de querer estar contigo y que me ames,
que me abras la dicha de mirarte,
que me ames de verdad y no se acabe:
Sombras mías que trepáis por mi sombra,
que agarráis mi mundo interior con vuestras hojas,
que subís ganadoras a mis congojas,
que soñáis con mis sueños y os quedáis mis rosas.
El silencio
Querido amigo: los gritos del silencio,
tras la ventisca de los editores, los prologuistas, los relojeros y las paradas en la amistad.
Yo rompo del silencio sus vestiduras transparentes y acerco la palabra,
que es algo elemental, sencilla y sin escrúpulos, a los amigos.
Lo hago con mi poesía que duerme el sueño de los más justos,
en la Babia inmortal e imperecedera, lejana de intereses y nombres rimbombantes.
Todo son migajas, la limosnita que saque de los números rojos a los micro editores,
mundillo de los oh! y de los ay!
Un fuerte abrazo, un poema y mi amistad.
El silencio se acumula día a día,
instante a instante el silencio construye su montaña;
al principio parece como la nada, indolente y poco peligroso,
pero su densidad llegará a pesar con el tiempo,
como cuando niños abríamos los brazos al correr
y tocábamos las formas del aire, voluptuosas y densas;
entre tú y yo hemos puesto por medio demasiado aire,
mucho espacio silencioso, como una brisa de silencio,
y hará su enorme montaña que nos separará por siglos,
que nos llevará al olvido si no lo rompemos antes con la palabra.
El jardín abandonado
Jardinero, si tu jardín dejaste solo,
en medio de los mundos, distante y olvidado,
aún crecieron las rosas del otoño
tan preciosas y sutiles como has dejado;
siguió el limón llenando de tersura la mañana,
el jacinto esencial, la madreselva en sus ramos
volvió feraz a llenarlo de retamas
y sumisa la celinda se desnudó los labios;
tal cual dejaste y más crecido espera,
en el rincón la paz que solamente es tu canto,
que vuelvas a las flores y a los frutos, que aún sueñan,
y encuentres tu jardín, para cuidarlo.
El rosal de cristal
Cogeré tus momentos más felices
y en mí haré vivirlos para siempre,
regaré con mi agua a tu huerto,
donaré con mis ojos lo imposible;
cantaré tus canciones más escritas
con un gusto indecible por lo nuestro,
me haré amor, me haré tu siervo,
quien decline para ti lo increíble,
tendrás mi pecho y mi corazón sangrante,
la clara luz que alumbra tu camino,
tendrás mi voz, mi cuerpo dolorido,
tendrás mi fe, mi mundo incambiable;
también tendrás tus horas más pacíficas,
aquellos tus momentos, los más solos,
el paisaje callado, una palabra en paz,
yo creo que al final vas a tenerlo todo.
Por ti, por ser quien eres y no eres nada,
para un mundo infeliz nunca a tu lado,
porque todas las injusticias se han juntado,
se hará justicia de una vez, será cantada.
Árboles
Árboles, árboles, miles de árboles,
que la palabra aún no ha oscurecido,
en la clara luz, esencial, del sol,
sus verdes hojas de mil colores hechas,
sus vuelos estremecidos, sobre el flujo de los ríos,
en praderas azules el cielo de sus copas henchidas,
posadas sin peso al paso de las brisas,
¡ oh sueño inmortal de los árboles en el universo!
que perfuman el aire y al agua dan sus vestiduras
suntuosas, orillas de la tierra confundida en su vuelo;
árboles, árboles aún posados en las riberas
en el límite alto de la mirada, como centellas
del fuego frío de la creación, recreándose en los árboles,
la sinfonía de los colores verdes, la esencia de la música
suena como una inmensa pradera llena de verdor,
árboles, árboles que suben los cielos de su pureza
en la tierra hundida, apurando la economía del mundo,
las flores y los frutos, sus perfumes y sus sombras,
nervios de la vida, que respiran con sus pechos llenos
de árboles, árboles, miles de árboles, más que de estrellas,
más hermosos y rotundos en el paisaje,
a su costado, yo sueño el más justo de mis sueños,
como hijo suyo caído de sus copas, árboles, árboles...
La guerra de las palabras
Bien, bien, una guerra de palabras,
una clámide silenciosa sobre el acero montada;
suenan las chirimías y las voces centelleantes,
se levantan humaredas y las luces chirriantes,
se encienden los colmenares sobre las colinas henchidas,
se abajan los pensamientos y las miradas perdidas,
nada es consecuente así, pues nada sigue un hilo,
aquello, lo más hiriente, será lo más conseguido;
pasa un arroyo sereno, ajeno a la pelea,
también alumbra un lucero que contempla lo que sea;
se adivina, lejanamente, que el mundo había esperado
una guerra de palabras sobre el mundo levantado;
se apagan los viejos cines llenos de humos que huyen,
se acomodan en los asientos las voces de los querubes;
la gran montaña nevada brilla con senos picudos,
gravillas para sus faldas y para sus vergeles rubios;
picos, palas, oros, lienzos,
sobre el amanecer de plata brincan rudos los aspavientos.
Silencio tan capital, sobre la escena gigante,
repetir lo que se ha dicho es a veces lo importante.
Sin par, sin tregua, sin fin, que la guerra es la guerra,
el oro será el botín de aquel que se lo merezca.
Ah, qué descanso sereno duerme plácido el que vence,
la eternidad es el premio que concede a sus valientes.
Del álamo en la pradera
Todo es virtud, del álamo en la pradera,
en el viejo bosque con árboles verdecidos,
en la paz de los cielos en silencio mecidos,
en la llana verdad que en el alma se uniera;
todo es virtud, de una infancia repleta
de buenas intenciones e ilusionados sueños,
en la fe que tuvimos en los suaves empeños
por ser los mejores y por llegar a meta;
mas luego, pronto, de la mano del tiempo,
trocó la vida entonces su rumbo equivocado,
cambiaron las cosas llenadas por el pecado
de crecer por crecer y jugar por pasatiempo;
estando en nada, virados en la fortuna,
lo justo quedó atado en un lejano centro,
aquello fueron montes en demasiado adentro,
apenas vislumbrados de tan alta tribuna;
bajó la mar, mucho más honda y llana,
y más quedó sin agua y mucho el cielo puesto,
falsa inquietud de aquel centro dispuesto,
referencia de mundos en alma casquivana.
Llegue la primavera y llene
la nueva era en equilibrios justos,
júntense cielos y montes tan augustos,
y al loco mar en la virtud serene.
El Monte
Oh gran monte, que no soy,
de praderas plantado, de muchas nubes besado,
gran montaña oscura del tiempo que pasó,
por donde suben mi añoranza, los lejanos sueños-
un hombre dormilón pasa la vida durmiendo-
con sus caminos quebrados, que adelgazan en sus cumbres
y que se pierden a la vuelta, que lo rodean desde el suelo;
¡ oh gran monte oscuro de mis mentiras repetidas!
de mis palabras derramadas sin vigor ni fundamento;
una hermosa montaña me habéis construido
de aquello que pude ser y que no soy,
que nunca fui, por elegir el mal camino de lo bueno,
el agrado de la música, la súbita inspiración de la indolencia,
también la mala suerte, suponiendo que la suerte alguna vez fue buena;
todo lo que no soy ahora es un monte, un monte oscuro,
mucho más alto que yo, aunque no sé si es feliz.
El patio rojo
Patio rojo, en la clara mañana de noviembre,
el sol era una corriente dorada de cariño,
sobre la tierra el polvo, sobre el polvo el sol;
patio rojo que jugabas con la verde campana,
con el silencio que dejan los niños que juegan,
con las posadas palabras que se oyen dentro
y las leves ondas de la acequia que siguen y siguen,
cuando se borran las paredes y nos dejan sueltos,
al albur de la vida que alrededor está, fuera del juego;
entonces, el río cercano moriría de soledad,
las sombras también morían a nuestros pies, pateadas,
el polvo se levantaba y lo ocupaba todo hasta el silencio,
mientras el agua continuaba corriendo con su pez rojo,
ocultado, respirando ostentoso, como ahogándose,
el sol era una corriente dorada de cariño,
patio rojo, en la clara mañana de noviembre.
El patio verde
Querido amigo: en los grandes días me acuerdo de ti,
cuando tengo algo que decir siempre quiero que seas tú el primero en oírme.
Hoy tenía una necesidad que arrastro hace tiempo: ser yo mismo.
Liberar mi hombre interior y lo hago con mi poesía,
para que me valga a mí y valga para todos: que ésa es la poesía.
Es por esto que hoy he escrito esta poesía necesaria,
la libertaria poesía que quite los disfraces del mundo íntimo.
Ataco en profundidad al meollo de todas nuestras desgracias:
no ser quienes somos de verdad.
Un abrazo y mi poema, para mí que logrado por esencial y con ritmo clásico que es el auténtico
***
Una cosa es segura, yo me pierdo
en la amplia geografía menuda, extensa
del interior de mí, de mi pereza,
en que al buscar en mí nunca me encuentro.
Pasajero de mí, en mí navego,
por nada tengo al mundo mío de lo íntimo,
extraño soy de mí, pequeño y mínimo,
sin referencias en nada, yo me mantengo.
Algún día, una vez, extrañamente
de abigarradas nubes ocultado
un rayo de la luz interior he sacado
que me sorprende a mí mínimamente.
¿Seré valiente el día que conmigo
sea el más fiel y mejor de mis vasallos,
trocaré toda duda y levantando
la voz en mí no me dé por vencido?
He de liberar en mí al hombre íntimo
que me soporta en más y al que hago menos,
cambiar las vestiduras de lo ajeno
por las mías propias que en la mentira asfixio.
Difícil
poema, desgarrado, intimista.
Es como
arrancar la piel del alma,
cuando
todavía algo de piel queda
y el
sufrimiento no es el despellejamiento mismo,
sino la
piel que todavía agarrada se aferra,
sabiendo que a jirones habrá de desprenderse,
como
las hojas en otoño van cayendo poco a poco,
aun
cuando alguna pegada aferrada se quede
por un
tiempo –mínimo- a su rama.
A.C.
De lo malo, lo mucho
Con el bien de mi mal la vida dejo,
ay vida qué mal me dejas y no me quejo,
no me quejo de ti sí de mis bultos,
de mi mal que me herí, de mis insultos;
mas, si pensado, no es tanto mal aquello
que por más está de más, y con exceso,
de lo que está en mal también escaso.
Abundar en el mal, no es tanto mal,
que no hay peor desgracia si no es la corta;
pues que estando de más la vida goza,
aunque sea de más mal, peor fue poca.
El día que llega
Llega un día, en la estación verde,
con la campanita dorada
que anuncia el tren que llega,
que nada importa, pues te estás muriendo,
te duele la nada que se mete en tus huesos,
la misma que enfría tus venas
y te llena de sudor y de sopor;
ese día, aunque la campanita fuera roja
y sonara frenética a tu paso
agitando la mar negra
que duerme en las estaciones,
oirás a los otros cruelmente,
hablando de sus cosas
y nada podrás hacer por ti.
Por ti yo llevaría la mar a mi costado,
por ti yo rompería las nubes con mis rayos,
por ti me bebería las espumas de tus ríos,
tañería con mis besos los perfiles de tu cuerpo,
¡ me bañaría en tu vientre, hasta hartarme!.
Nada de esto oirás el día que llega;
de vez en cuando te mirarán
desde el dintel de la puerta
y te mandarán besitos como escupitajos,
mientras sonarán duras sus palabras,
los cuchicheos que acompañan a la muerte:
verdaderamente estás muy mal.
El agua pesada
Del estanque, en la ribera, mal plateada,
fluye viscosa y densa, con apresto,
es agua, bien que decirlo es presto,
pues más que agua es solo pesada;
como corriente inhábil en ducha fría,
tibia fluye servil por las rendijas,
no tiene color ni saca sus uñas fijas,
discurre sin virtud por recta vía;
parece mal vivir de los recuerdos,
pues siendo agua no es, digamos, que bebible,
más bien tóxica y letal, lo futurible,
aquello de más peso en muchos lerdos;
pero es agua al fin, y saldrá del sueño,
se lavará en más agua y con aprieto
transparente se volverá en parapeto
para la sed esencial de cualquier dueño.
Agua viscosa, de gorda hache llena,
golondrina caída de embarrizado nido,
agua frugal que por ser lela han traído
a la trampa mortal de radiactiva trena.
Contra el oficio
Dudo que en la pulcra verdad quepa mentira
ni que en ociosa quietud el viento advierta,
que en las calladas palabras se abra una puerta
que allegue a la paz o que anuncie ira.
Lo dudo todo, nada sé de la vida,
solo escribo con sudores de mi pluma,
que fluyen como río bañado en bruma,
cantando por cantar, tinta perdida.
El mundo es otra cosa, más parlanchín,
como sacado a la alegría y al conjunto,
en las barras de los bares, charlador junto
a la amistad del momento y al trajín.
El mundo anda y su sonido está a mi lado,
no hay inquietud por mi penas ni lamentos,
ni ocultan mi verdad sus sentimientos,
ni incomoda a mi alma, ni la ha callado.
Vivir es la verdad, aunque no dure,
pensar es vivir también y no lo parece,
escribir es beber de la vida sin que apure
el fluido del ser, ni que verdad perece.
Autorretrato
( Con santo y seña, con dolor y con amor)
Escribo al ser con santo golosino,
al dorado sol y al néctar de la vida,
escribo al mar, que nunca fue destino,
como si el mar me amara o me fuera en ello la vida.
Y no es así, así no soy y pienso que así soy,
no soy del mar, del mito o de los muertos,
soy un hombre sencillo, tal como voy,
no me llamaron del más allá ni de los puertos.
Con aire, en nada, con el fulgor quebrado,
esposo juvenil de sueños rotos,
ninguna herida se ha abierto en mi costado,
no cazo hombres ni al alma pongo cotos;
soy un hombre solo y ahora que lo pienso
solo me encuentro a mí y, mucho más pequeño,
por no ser, cada día soy, y fue todo mi empeño,
el pequeño cantor de un mundo inmenso.
El árbol
Un árbol para mí no es una fiesta,
aunque festivo mueva sus ramas y sus frutos,
un árbol para mí no es una meta
aunque el árbol entiendan lo mejor del mundo.
Es sobre todo un ser callado e inocente,
que tan valiente es que a nada huye,
el primitivo ser con alma de querube
que todos llevamos dentro y que nos quiere.
Vive de la nada que es vivir de la tierra,
y de la poca agua que buscan sus raíces,
del agua que llovió a todos los infelices
que árboles fueron del bosque que los entierra.
Es nada, y es tan bello, con el fondo de cielo,
que quisiera pintarlo solo para moverlo
y que viera el mundo que solo sabe hacerlo
padre de todos, bonancible y lelo.
Sonoras fuentes
Denme vientos que en mi alma vagan
y que doblaron los árboles y los ánimos,
lluvias que llovieron sobre los áridos
campos que se quedaron sin el alba.
Ríos que fueron tormentosos
y que en barro y fango lo invadieron todo,
las noches estrelladas, la soledad del olmo,
las multitudes que han formado mi entorno.
Denme la misma vida que ha pasado
y que habita en mí en un sueño de siglos,
el despertar de ahora y los vestiglos
de horribles sueños que durmieron a mi lado.
De la mano del río
Yo vine con un río de la montaña,
con mi río bajé por precipicios,
con su agua me harté de tantos vicios
que son más del río que del que baña.
Llegué al prado, en mucha flor florido,
al verde lupanar del sol, ocioso,
osé en amor hasta acabar vicioso,
en otero vulgar, lindo y perdido.
Bajé por torrenteras muy ruidosas,
delincuente me hice en decibelios,
grité en el fútbol, callé mis evangelios,
ni amé a enemigos, ni rechacé a hermosas.
Fiero y espumoso fui por pedregales,
tan duro amé que acabé sin juicio,
llené mi fango, tallé mi precipicio,
hartito de acoger todos los males.
Y aquí me tienes, ya mudo y lago quieto,
espejo de los cielos que pintan en mis aguas,
a punto de morir del mar en las enaguas,
cansado y viejo, y a la postrer discreto.
La tristeza
La tristeza es un puñado de tierra derramada
que a la tierra vuelve desde un soplo,
una flor que tiene la color secada,
una mirada al mal, del alma escoplo.
Cuando el sol muere y muere su melodía,
en el fulgor inexorable de la muerte,
vuelve la tristeza con sus manos de alegría
a morirlas también de misma suerte.
Y el dolor, que es como la noche,
tan negro y denso y en su lugar matando,
invade lo rincones del reproche,
y deja al cuerpo por su maldad penando.
Para, eh tristeza
Para, tristeza, para tus sombras,
los cipreses que en el aire al cielo apuras,
los morados colores de tus púrpuras,
los olores a violetas y a congojas;
para las corrientes aguas puras,
que cristalinas corren por los versos,
los dorados manjares de los diestros
en decirnos mentiras y sus dudas;
éntreme el sol, que acaba de salir,
con todos su siglos hechos verdades,
el calor del amor, las soledades
que agigantan de las almas el vivir;
véngame a mí la alegría y ésta no pare
de decirme tonterías con sus halagos,
brincaré con los sueños por los aires,
la vida para mí será un regalo;
huye tristeza, huye, con tus llantos,
con tus verdades a medias y tus jipíos,
estoy de la tristeza más que empapado,
yo quiero vivir el mundo como mío.
Mi alma está de triste tigre
Ya sé, mi alma, que tienes muchas ganas de llorar
porque estás triste,
tan triste estás que quieres ser como el mar solo una lágrima
y no parar de llorar;
la tristeza es un universo malva que vuela y se hunde
sin más calma,
vuela, pues cree que el alma se eleva si solo espíritu
de las cosas ínclitas encuentra su acomodo,
si cuanto más elevadas más tristes fueran llorando
los pecados y travesuras de algunos,
penando por cosas ajenas, siempre distintas y pocas suyas,
mas cuando el hombre y su alma saben llorar
bien saben cambiar los tristes lloros por sonoras carcajadas;
ríe, alma, sufre riendo como el mismo sol
cuyo pecado mayor es ser hermoso, redondo y atento padre nuestro,
allá en los cielos esplendentes, llenos de luz;
ríe, alma mía, que estás muy triste todavía,
recién salida a la vida para brincar de gozo
en el espacio ganado por el verdadero amor.
A la vera de mi vera
(Con recuerdos de mi casa del Barrio de Fígares auténtico)
Aquí la mar, el músculo y la playa,
el corazón cargado de alegría,
el portal de mi puerta, llenado por el sol,
frente a la gran ventana abierta de la huerta;
aquí mi consonante pura, frente al mundo,
frente a la mala bestia que me mira de reojo,
mi ser, mis sueños, mi elemental modo
de vivir diariamente sin tapujos;
Yo vivo en mi rincón plantado,
árbol soy del mar y cordilleras,
soy de un mar que el tiempo ha secado,
estoy a la vera siempre de mi vera.
La noche me guarda otro sol más mío,
más lleno de palabras y de silencios,
más de verdad mi amigo y compañero
que me hace nacer de mi destierro.
Y vuelvo día a día a ser mi yo,
mi ser más nuevo, por el que no ha pasado el tiempo,
me reconstruye a diario, las fiebres quita,
mi apariencia de hombre vive otro hombre dentro:
sale el primitivo hombre, desde la noche,
lleno de salud y de alegría,
me pone el cuerpo para sembrar de día
mi mar, mi músculo y mi playa,
con renovadas fuerzas, mi poesía.
La libertad es no ser
Ahí en la calle está quien yo no soy,
a dos patas camina alegremente,
en la calle vive con quien no voy,
la vida es disfrutada extrañamente.
Y este no ser mi yo es de mi agrado
el día en que despierto sabiamente,
porque sería pesado, más que pesado,
que la otredad fuera yo, o mismamente.
Como el aire que se ensancha
y las columnas abate extensamente,
como el viento huracanado en plaza ancha
la libertad es el don de ser la gente.
¡ Libertad, libertad!, otras sus alas,
otros vuelos a mi lado, indistintamente,
otras maneras de ser, otras rehalas,
sin rumbo ni dirección, abiertamente.
No ser mi yo es ser yo mismo,
de la mejor manera pensadamente,
es la oportunidad de ser sobre el abismo
de encontrarme no siendo, muy felizmente.
Nostalgia
Nada suena esta tarde de agosto,
todo parece gris sobre el viejo cemento
como la lluvia parada en las clámides sublimes
cuyas notas más altas no paran de caer,
tu nombre me subleva y me llena de nieblas,
tan triste y suave estoy, tan mal acostumbrado,
que no me queda nada de aquellos ojos tan bellos
que desde el sol me miraban como un amanecer,
yo rasco en la herida y siento este silencio,
la vida ha sido el mal trago que acabo de beber.
El poema de ser
Este goteo del mundo que no para de salir gentes del todo,
este no parar de ser y de acabar también, este acomodo
de vivir, de pensar, de quedar parados en los apriscos;
este querer gozar, amar, herir, y este vivir,
para morirnos todos de cualquier modo.
Subimos a conquistar la luna y cuando estamos
caemos en cuenta que solo a bajar hemos aprendido presto,
nos cansa un poco quedarnos con lo puesto:
hemos llegado a nada y estamos solos.
Nos basta ahora herir
nuestros viejos pulmones en el aire oxidado de los años,
tragar saliva, escalar trabajosamente los peldaños
de la escalera atroz que se opuso a nuestros sueños;
porque soñar ha sido el vicio de vivir,
el mayor pecado de todos nuestros engaños;
nos mentimos a sabiendas y sin saber,
hasta apurar la copa bebimos sin sentido,
hemos llegado a nada, ya se ha cumplido
que ser es poco y las verdades apaños.
La mirada
Yo miro al mundo desde casi mi nada,
pues al mirarlo a mí mismo me pierdo,
la mirada es mi límite perpetuo,
entre ser y mi nada frente al universo.
La mirada me borra a mí del todo,
cuando me pinta un mundo exterior inmenso,
casi nada me hace, todo está hecho
de manera distinta a lo que yo estoy hecho.
El agua
Dame la claridad del agua y su sino de cristal,
su llanto que de pena pasa y su alma de metal,
dame sus alambres que enredan los versos del más allá,
sus palabras, sus recuerdos, su sencillez elemental,
que no huele, que no piensa, y que sabe a la verdad;
dame el agua somnolienta que no deja de soñar,
que canta entre veredas y no la calla ni el mar,
que susurra como amiga y nunca acaba de amar,
que se levanta sin ruidos y que llueve sin parar,
que todo lo ocupa y entra y se desborda en la paz,
mansa como una cordera, violenta como el vendaval,
dame el agua y su tormenta, es la misma eternidad.
Mañana y pasado mañana
A contra corriente, a traición, en nada,
un nudo de palabras derramará el albor,
los cielos alborotados, se cambiarán los nombres,
y , por no ser menos, ennegrecerá hasta el sol;
cuando el hombre se canse se adornará la vida
con más vida, con ansias y un toque de fulgor
de albas iluminadas, de purezas sin tacha,
de alondras y de vientos y del mismísimo amor.
Cuando el hombre se canse me cansaré yo solo;
ya es hora que me canse, que me pinte montañas
y soles muy pequeños girando alrededor,
palabras nunca atadas, con vuelos y con sueños,
ya es hora de que huela la verdadera flor.
Yo canto siempre
Yo canto por pereza y por costumbre,
por no tener mejor cosa que hacer y a mi modo,
yo canto para tener la muchedumbre,
por ser, por ser,
por no perderlo todo;
y lo hago desde las claras del día a la noche,
llevo así no sé los años,
cantar es para mí como coger un coche,
por ver, por ver
a la vida que pasa y sus aledaños.
De mí huyó el agua que corría
De mí huyó el agua que corría,
el arroyo, el pez, la lisura perfecta de la huída;
y miré a los cielos y las estrellas también huían,
en las doradas llamas las aves de la luz salían:
todo huía de mí, nada retengo:
tu prístino corazón de mí se salió huyendo.
¿Qué será que a este lado mío nada se queda
si no es el llanto que en el alma me deja?
Hasta mis flores apuran pronto por hacerse de tierra.
De mí huye todo,
como la mar cogida que escapa de mis manos
y al mar se vuelca pronto, huyendo de mi lado.
La paisajes de la lluvia
Yo paso de un Otoño a otro Otoño, sin pensar,
no me toca a mí llegar a nada, después de hablar;
oigo canciones; por qué será que me gusta la música
y nada más pensar en ti,
que eres canción de mirlo blanco en los jardines,
un bostezo redondo se me calla en tus piernas de cristal,
mármol mojado;
pero llueve también en otro rincón más alto y escondido
donde tengo un amor que aún no he perdido.
No llego a más, aquí me paro,
tomo la pluma y empiezo, como a gritar,
amontonando signos,
muy en silencio todo, muy cansado.
La poesía del amigo Antonio
Cuando Antonio quiso ser poeta tuvo un amigo,
un amigo era el pardo y berroqueño trullo,
era la cárcel del alma vestida con abrigo,
un campo verde de metales y siemprevivos.
Después dejó su campo y el mundo lo arrasó,
echó de menos cosas que nunca había pensado,
se volvió lúgubre y moderno, a veces epigráfico,
pues para él ser poeta era tener amigos.
Poema de no ser
Sin ser, sin nada, sin abrir ni cerrar,
en la oscura noche se me escapa un suspiro,
un suspiro se me va en busca del viejo mar,
que nunca encuentro estando en mi soledad;
la soledad me viste, la soledad me calza,
en cada cosa que encuentro la soledad me halla;
ya sé que me prevengo y que vengo de la nada,
pero es muy doloroso ser del todo tan de nada;
nada por aquí nada por allá, la nada es un ser absoluto
en que naufraga mi nada;
se me escapan los suspiros; si alguien me los encuentra
haga en ellos lo que plazca.
Una canción triste
A todos los que un día quisieron volar,
mis amigos, los dichosos, en tiempos muertos,
a todos los gorriones que el amor quemó sus alas
y en los riscos más bajos, enterrados de gris,
dieron sus cuerpos ahítos, sus gritos angustiados,
columnas de las heridas y miradas de perfil;
a todos mis hermanos los poetas oscuros
que en los dorados néctares del aire fueron las hojas
que el viento enfurecido enterró en el mar,
y a todos los que sufren, porque el amor es el alma
que se duele amorosa y en la tierra como arrastra
a todos los que volaron en los sueños nada más.
Las capitulaciones del amor
Tengo la suerte de estar sobre papel mojado,
en una era, ser, sobre este campo trillado,
pues en bien vine y en bien me soy, pintiparado;
lo difícil ya fue hecho por entero y acabado,
¡ Oh mundo perfecto, mucho más que imaginado!
todo fue repleto de un orden, a mi costado,
el consonante puesto, para mí lo han dejado,
en este mundo estoy, con esta suerte de lado,
sólo he de respirar y todo sigue rodado,
porque todo ya fue hecho y todo me ha esperado:
no tengo más que vivir, ¡ fácil es lo gozado!
Poema a María
La luz de los crepúsculos casi nos roza,
María,
tiembla sobre el pozo, y las sombras de la parra se iluminan,
lo llena todo tu ausencia remontada,
no me acostumbro a tu no ser y quiero seguir hablándote,
quiero oír tu voz cerca de mí, o que se acerquen las rosas
y sentir su fragancia, aunque tú ya no vuelvas.
A mi niño
Se me ha perdido un niño en la noche,
se me ha perdido la noche de ser un niño;
por las estrellas se oye su vocecita,
su voz me llena de estrellas y de alegría;
me llama en los jardines y en las calles,
llamo a un niño que es mío y nadie lo sabe;
se esconde entre sus risas y sus miradas,
tiene cara de ángel entre sus dos alas.
Si me oyen hablar, como en sueños, a mi hijo,
que no me despierte nadie, que no se ha ido.
Una gran Batalla
Oh Dios, qué gran Dios detrás de la nube,
detrás de mi infancia detrás de la historia;
qué grande mi mundo do siento batalla,
batalla del río pasando las tierras,
batalla del mar buscando mi patria,
batalla del viento contra la muralla,
y las de los hombres, batallas, batallas;
guerrero por dentro, con alma guerreada,
soy el más pacífico por fuera del alma;
Oh Dios, qué gran Dios detrás de la nube,
detrás de mi infancia, detrás de la historia;
qué grande mi mundo do siento batalla.
La herida
Si en la herida yo deposito un beso,
un beso bellísimo que hacia la mar levante
la blanca figura de una mujer hermosa,
y el viento mueva sus levísimas faldas;
si en la herida yo dejo mis palabras,
que frente a la mar levanten
los besos que dejaron las madres heroicas
en las rosas abiertas de los hijos muertos.
La Nochebuena fue día
(Villancico)
Días de primavera, en pleno invierno,
ha nacido un Niño Dios en los helechos;
sobre Belén de Judea luce el lucero,
se alimenta de palabras y de buenos sentimientos;
¡ ay día de la plena noche!, con embeleso,
su madre le guisa y cose, al niño eterno.
Las campanas de Belén
nunca estuvieron calladas
que tocaron siempre a fiesta
y a Jesús nos anunciaban.
¡ Cantad pastores, cantad,
con zambombas y con guitarras!:
que ha nacido un Niño Dios,
en esta noche anunciada.
La luna
Un caramelo de luna
baña en blanco el pensamiento,
todo es puro sentimiento
desde su alta tribuna.
Tan clara y blanca se ve,
completamente sin fuego,
que de frío parece el riego
del nácar de su quinqué.
Luna amañada y hermosa,
redonda, triste y serena,
llévate, luna, mi pena,
guárdala, luna amorosa.
La otra Luna
La reina de la noche tan blanca llena
desde el cielo encendido su luz más virginal,
la vieja virgen se pasea silenciosa,
dulce y cristalina, jazmín esencial;
redonda como el sol, también navega,
la noche inunda con su luz cenital,
el ejército blanco riela desde el cielo,
los jacintos, los nardos, su esencia beberán,
hijos de la luna, inocentes y bellos,
los sin sangre vuelan por la eternidad,
absoluta y plena, la blanca bordadora
se ha quedado mirándonos en su beso de cristal.
La luna diaria
Una luna redonda lo llena todo
de blanco enciende el cielo a su acomodo;
desde la oscura silueta de un ciprés,
la luna pone a la noche de blanco envés;
se pasea algo quieta y obnubilada,
luna llena de cielo, del sol cantada;
sobre la tierra cuelga sus abalorios,
luna de plata bruñida, blancos jolgorios;
la paz de la luna es un pan blanco,
con azucares y almíbares, sobre el cilanco;
palomita redonda, luna dorada,
escondida en el cielo, nunca pillada;
a la luna travisten como un lucero,
niégales luna tus ojos, dime te quiero;
con los colores azules del mapa mundi
se hace la luna una capa titirimundi;
luna en la noche pasa absentada
en el mundo distinto de su mirada;
¡ lléname luna redonda de blanca escarcha,
cáigame luna tu azúcar sobre la jarcha!
¡ Cállate luna amorosa, te mira el cielo,
para sus ojos, de nubes, ponte tu velo!.
La ciutat de la mort
Callada y dolça ciutat de morts,
florida en lliris, tombes y roses,
de creus caigudes i glorioses,
dorment reina de tots els horts.
L´aire em porta els pensaments
dels homes que en la teva pau mores
i el sensible morir de lentes hores,
a les profundes veus, avui ja vents.
El Pianista
O es poesía pasar mis manos por tus muslos,
que pareces llevar siempre medias de seda,
o es pararme en los caminos a contemplar las obras de los hombres:
ya nunca volverá mi padre a embobarse con mis majaderías,
ni escucharé los cantos de mis amigos los pájaros,
no se cegarán mis ojos cuando los exponga al sol,
ni haré gárgaras espesas con mi saliva erecta.
Me conformo
Yo me conformo, si miro alrededor yo me conformo,
con ser como la rosa, que es efímera,
con soñar con las sombras,
con dormir por el día,
con recoger en mi frente
todo el frente dorado de la poesía,
con sembrar con mis pasos el triste paso de un hombre,
con mirar la belleza que a los grandes inspira,
con mirarte a los ojos, con oler tu perfume,
con oírte, reír, con callar, con morir, también,
que la vida me cansa y me da sueño perderte...
Quiero que me nombres
Quiero que te siembres en esta tarde,
y que al posar tu cuerpo, sobre mí, desnudo,
sobre mi pecho escribas con tus uñas afiladas
el instante más puro.
Quiero que me nombres y que mi nombre suene,
que se llene la tarde de mi nombre, tuyo,
quiero unir mi deseo de amor a tu deseo,
que me tengas también, que estoy cansado,
y deseando recibirte al otro lado del mundo.
Quiero ponerme serio, grave, rudo,
dejar que mi barba te escueza y que te arañe,
quiero notar la suavidad de tu piel,
quiero en ti como hembra desearme,
vaciarme del todo, que estoy acumulado, y de una vez, amarte y desamarte.
Me tienes paliativo, errático, trasunto,
me tienes fornicado, hurtado, moribundo,
estoy, por ti, levitado y cornudo,
pon tu pelo de seda, inconsistente y rubio,
sobre mi vientre, mi sexualidad y mis muslos.
Tu cuerpo
Tu cuerpo lo recrea mi mirada, que te envuelve y se queda
totalmente acabada, que muero por mirarte y por sembrar mi fuego;
tu cuerpo que lo mueves como un reloj oculto, cambiándole de horas y de mundos,
como un río que subiera a la montaña,
como una luz quemada que, en medio de la noche, se consume y me baña;
tienes el perfume de los bosques antiguos,
llenados de malezas y de sublimes paisajes,
urdidos en las estepas y en los terrores viejos,
bajados a los ríos tranquilos, y a las rojas mesetas;
tu cuerpo es la soledad, la gran poesía hablada
la noche trasnochada, el lupanar, el delirio de mi mundo:
tanto querer
estar, tanto quererte, que mis días ya no cuentan...
La rosa
Amanyacs de l'amor, nusos de seda,
els vols dels teus petons, per la meva ànima;
per a mi que ets rosa només,
i en el meu jardí d'amor jo t'he gaudit;
ets rosa pel teu aroma regalat,
ets flor del meu cos i de la meva ment
El llanto poético
Sollozosamente te acompaño, vestida tú también por lluvia estás,
me engancho a las farolas mojadas y a los dulces hierros del lugar,
subo por tus cuestas llovidas que bajan torrentosas y alocadas,
y reposo bajo el mármol mojado del Ministerio de Los Asuntos Llorosos:
ya estoy en tu patria, pecho de los mil dolores y de las mil angustias,
me acostumbro a nombrarte por tu nombre y casi siempre acierto,
pues cada flor mía es un lamento que acaba de nacer después de muerto,
y cada sueño es un luminoso empeño por subir hasta las sombras del cielo;
yo me someto al vasallaje de la Poesía y le pido a su dios no llorar más,
aunque ahora tengo más motivos que nunca.
Silencio
Silencio de una vez, por ser quien soy,
que se calle en mí toda palabra,
los gestos que otros dictan y que me hablan,
para volver a mí, a mí me voy.
Silencio capital, que calle el orbe,
los ruidos son ajenos, dioses violentos,
silencio musitado desde el viento,
para oírme en silencio, como en la noche.
Que calle el tiempo y su esencial vacío
que llenan las palabras y los alborotos,
para gozar de mí y mis principios
he de callar mis versos, callar del todo.
Si el pueblo canta
Si el pueblo canta y lo hace de verdad parece mudo,
como una verde planta se enreda en su silencio,
entonces, casi Dios, sobre todo si sufre, se hace sabio.
Porque cantar no es levantar durísimas campanas
que sólo bajan blandas a las manos del obispo,
ni tratar de estar alegres, sino saber verdad.
Un dulce vino rojo se enciende como pliegos
de incandescentes astros del firmamento interno,
y calentando cae por las verdades íntimas
con perfumadas ondas de vegetal unción.
¡ Abajo la
tristeza! que cante siempre el pueblo
que la verdad se anima y sale luego a golpes
con amoroso son.
No es música ni palabras sino verdad tan sólo,
ni un poema ajustado, pero suena a canción.
Las cantigas doradas
Yo entro en el gran río de pureza,
en cristalinas aguas, sin hartura,
me llena el hondo sentido de hermosura,
en la flor de mi piel pongo belleza.
Es un río porque suena con limpieza,
porque canta en su llano la llanura,
porque pasa suave, con hondura,
porque lo fija todo su fijeza.
Sobre leo y me ahondo en sus aguas,
tan frías las siento como luego amigas,
distantes y cercanas, deferidas;
parecen llamas de apagadas fraguas
que la vida enfriara en sus cantigas,
que fueron fuego y hoy son aguas fluidas.
Me ha llegado la paz
Me ha llegado la paz tan armoniosa, en raras ocasiones,
quizá mirando una obra de arte que me inspira
o yo no sé las cosas que se pierden en el mundo importante;
también los versos, que parecen estar escritos para nadie,
echados a la mar silenciosa de la nada,
me confieso adepto a contemplarlos más que a leerlos.
Me ha llegado la paz de las riberas, los ríos me llaman,
me convocan sus círculos de agua, el sol que se refleja,
los pocos animales que encuentra mi mirada cazadora
y el olor, más que del agua, de la tierra que mojan y se levanta;
me llama también el mar aunque ya no lo escucho
y la sonrisa de otros hijos a los que quiero igual.
Me ha llegado la paz de las noches cuando cierro los ojos,
cuando oigo el latido de mi corazón, el claro pulso
de mi sangre desatada, ese regalo de Dios que me da vida,
que me da el pensamiento, ¡ tantas palabras digo al cabo del día!
mis recuerdos, algunos más inéditos que mis versos,
que los publico a solas y que me llenan el cuerpo.
Me ha llegado la paz, de qué manera, yo estaba aún despierto,
nada hay más memorable ni es de mayor holgura,
la hermosa paz que mancillan en los discursos,
que nunca es comprendida, porque la creen muy fácil,
que se sienta sin ruidos y que no nos llama nunca,
sencillamente está en lo que más amamos.
Aquellos tiempos de asco
Ulula el viento de las antiguas prisiones,
como en las fábricas del terror y el hollín,
las manos no dejan de encontrar las migajas,
en los bellos oteros temblaban alhelíes;
campanas de gloria sembraron viejos tiempos,
un vino muy amargo derramó en el mantel;
pasaron vapores de barcos siniestrados,
los ríos de los hombres no dejan de salir;
una madre no es madre aunque tenga a sus hijos,
ni porque entone a ellos su dulce canción,
una madre no es bella solamente en las fotos,
ni por mirar con ternura, ni darles su soplo,
si los ríos de sus puentes temblaron de amor;
al fin, de España, se encontró sus otros hijos,
los cónsules del miedo llenaron el horror,
en la mirada oscura abrieron nuevas brechas,
barcos enfilados flotaban de dolor...
La noche desvelada
Mi corazón volando en dulce compañía,
las horas pasa y su dolor atenúa,
la noche cubre con silencio la alegría
y su sopor de sombras al sueño lo adecua;
no paso, sin pasar de un modo a otro,
ni miro, pues mirar sería imposible,
al callado vivir sereno me acomodo
y al tiempo que discurre en lo indecible;
la dulce compañía es mi desvelo,
su nombre es nada y para mí lo es todo;
mi corazón es modo de llamar a lo que quiero,
volar es para mí leerlo solo;
cualquier poema empieza, de repente,
y al poco para y la razón se ofusca
si luego sigue, de manera indeleble,
cambiará de rumbos en otras rutas;
mas es igual, del mal lo menos,
pues si digo a veces cosas sin sentido
las leo después como un preciado nuevo
que habla más lo ajeno que lo mío;
¡ ay noche tan lunática y repetida!
que en las paradas horas me detienes,
pues parezco buscar en mí la vida
para encontrarla luego en lo de siempre;
este rostro de la nada es tan bello,
tan dulce y bueno parece al nuevo día
que es mi amigo del alma y son sus versos
su regalo precioso de poesía.
A ti
Mi mano, mi corazón, mi sino y vida,
todo lo que soy, seré o quise,
te lo llevaré adonde estés o no estés ;
por ti me apuesto en un lejano día, sin tiempo ni allegada:
al aire, a la razón, al buen hacer del día, al trabajoso llanto del corazón anegado,
callada la oscura campanada que después de ti persiste.
Nada
hay más para la ilusión, pero es ilusión recordarte,
saber que sin ti mi futuro es imposible,
y que jamás se asomará otra hermosura o verso derramado.
¿Será algo más hermoso, para mí que amarte sin más nada,
o que sin ti, nada más en ti, y sólo por ti vive?
Al viejo padre
¡ Pum!, ¡ pum!, llamo a tu puerta,
viejo padre sentado detrás de mis narices,
viejo olmo colmado de madera tan verde,
el viejo sonido a mar y a las mujeres,
lo más viril de mí en tu frente dormido,
las espaldas, tan duras, sostienen a mi rorro,
me llevas con las piernas forradas de caricias,
tan dulce es mi perfume, como ignorante es mi boca,
soy el niño que engrandeces, saliéndote de mí,
eres el hombre forjado en los oscuros siglos,
amaneces pronto como el sol de mi ignorancia
y me dejas tus ramas, con nervios en sus dibujos,
oscuras y repentinas, con muchos siglos hechas:
ay, padre tan antiguo, en las rosas y en los vinos,
alcoholes del tiempo que yo bebo al instante,
en tu cristal tan nítido a mi alma alimentas.
La rama entremascada
Hoy, el sol ha brillado de verdad con poder
y ha llenado también el día de una luz insoportable,
el viento me ha lamido los tobillos como un perro
y una mujer hermosa se desnudó para mí.
Luego, en los olmos encontré la sombra
y reposé ataviado con mi sombrero tejano,
cogí una rama y
me entretuvo el mundo, al fin he despertado.
He sido un tonto
A veces el hombre recapitula y se dice: he sido un tonto,
todo lo lo que he hecho está mal hecho, pues que soy tonto,
soy tan tonto que todo lo malo que me pasa es por ser tonto,
era un secreto a voces, tapado por la mentira, yo era un tonto,
pero un tonto tan tonto, que no me he dado cuenta, por tonto,
todos los que escucharon mis desgracias se dirían " eres un tonto,
da gracias que no te pasen más cosas, pues eres demasiado tonto".
Yo soy tu hombre
Qué bien te mastica el diente de mi dentadura nueva,
te saludo con mi barba rasurada y perfumado de Floïd,
nadie sabe mejor que yo gozar mi virilidad,
bajo las
impolutas nubes de mi tierra tejana.
Mi vida ha sido larga
No se podrá decir: no he tenido tiempo para decir.
Me han dado una larga vida, para que ponga en ella lo que yo diga.
Extensamente escribo lo que me ponen extenso,
delante de lo mío sólo dura más lo eterno.
Y me acomodo y a este gusto estoy atado,
escribo sin
parar, de lado a lado.
Mi vida ha sido corta
Mas, si me paro a pensar, mi vida ha sido corta,
un abrazo tuyo me hubiera bastado,
todavía me pesa en mis labios tu boca;
tu recuerdo me sabe mejor que fumarme un cigarrillo,
o estar cerca de un río cuyas aguas vea moverse.
Mis vaqueros azules
Un poco amargo escribo y un poco amargo soy,
ya se acabó aquel muchacho que a todo sonreía,
hoy me he levantado alegre pero soy otro muchacho,
ya no me acaricio el pene con mis dos manos,
ni paso mis manos por tu vientre como el agua sobre el río,
ya no miro el cielo de las impolutas nubes, ni más lejano
siento la dureza del pantalón tejano, azul entre los montes,
tampoco escribo tan mal cuando después me leo,
todavía me queda el gusto de no haberme acabado.
El albañil
Hago una casa de adobe, con salivilla y con barro,
unto en las mamparas y fijo bien los marcos,
mezclo con la arena y embadurno las paredes,
subo por las fachadas y las piernas de las mujeres,
llego hasta un buen día en que luce el sol,
el sol todo me lo apaga con su gran esplendor,
rasco en los recodos y mido bien los codos,
de todos los albañiles soy el más sordo.
El baile
No se me olvida el baile de una música
que dentro de mí bailaba, de las palabras
que yo unía para ti y que tú las desatabas.
Yo nací cantando y por cantar nací,
fue así como aprendí a querer
y fue pasito a pasito como aprendí a vivir,
para volverte a ver, para volver,
he de bailar un baile que la razón no vuela,
pues sólo el amor es capaz de unir,
lo que en la
larga vida siempre será mi espera.
El retrato
Con lentitud de viento repintado,
con relente poético en arte puesto,
con relato de vida, aunque patético,
en nada es igual lo vivido a lo sacado.
En ese retrato hay un viento lento,
un fuego que no quema, sin estrépito,
una copia belfa con el belfo prieto,
seguro habitador nunca habitado.
Soneto que no es mío
No acabe en mí el agua que el río fluye,
ni la brisa me deje el ojo borrado,
no cante en mí el ruiseñor soñado,
no pare en mí el mundo que en mí bulle.
No quede el cielo en mí tal han pintado,
ni todo sea la fiesta en que vivir diluye
la alegre gala que por mí construye:
No acabe nada en mí, si no ha empezado.
Nada sea para mí, ni por mí sea solo,
siendo que nada soy, pues de ahí salí,
no me digan que todo fue por mí,
ni quede en mí para sentirme solo.
Sea yo el que perezca y al fin me agote
y siga el mundo lleno, de bote en bote.
Espinos y alambradas
A los que mueren en las pateras,
a los que se suben por las alambradas.
Erial del amor, noche de espinos,
tu corazón lastrado por doce caninos,
doce figuras dulces, llenas de alba,
doce manos abiertas de lirios y agua.
Veo en tus ojos verdes ramos de estrellas
y es la corona al viento tu cabellera,
vistes vientos suaves y entre tus trenzas
caen cascadas de luces, guiños de seda.
Ara de los vergeles, dame tu abrazo,
que quiero morirme pronto en tu regazo;
dame tus pechos y volaremos juntos,
en esta noche tan triste, como difuntos.
Que el alba llegue y que nos encuentre Aurora
fundidos en un cuerpo solo y una alma sola.
Otoño
Esta dulce estación, benigna en una hora,
plácida la luz, del hombre su recuerdo,
este pasar al lado de la tierra
y sembrar con amor las paradas del tiempo.
Me acerca a ti, pues estuve separado
y en lo más recóndito mío en ti me hallo;
yo soy el hombre tan simple y educado
tú eres la mar eterna de los versos;
yo soy el hombre que nunca ve las cosas
si no es con tiempo y cuando la vida cambia,
tú eres la dicha , el sol, la imagen ancha
de la divinidad total, incorrupta y el alma.
Por eso ahora, que me acerco de nuevo
a respirar en ti el perfume de los bosques,
en ti hallo mi sol, en ti mi hombre
alegre por tu
fuerza, mi día y mis noches.
El museo de las cosas muertas
En el museo los espejos se rompen y sus cristales
ocupan los rincones con formas de reptil,
se abren las bocazas en busca de oros viejos,
la duda se relame, se aprieta el presentir;
cuando los cuadros caen con silencio de siglos
y levantan humaredas de los arcanos sueños,
con hermosas señoras y rotundos mancebos,
la luz de sus destellos no deja de fluir;
se acercan los pintores que duermen el sueño plácido
y nos tocan los hombros manchándonos de añil,
nos señalan sus números, sus huecos ocupados,
aquel hermoso trazo que acaba de salir
y lo hacen con siglos de haber sido callados,
como pintados hoy mismo, colgados del prensil;
si luego el mundo sale y el museo está solo,
en medio del silencio, en penumbra los cuadros,
la oscuridad se adueña de los sueños que han muerto,
los ennegrece y repinta de profundo vivir.
Poema al hombre
De mala gana escribo, hoy, que das pena
por tantas cosas tuyas que has dormido
en la columba interrenal de la pereza;
de tantas muchedumbres que has juntado
que vociferan hasta en mi puerta,
por los gloriosos silencios de los tuyos
cuando a pensar por recto los conectas,
de todo tú, marcado por los signos
que del sereno vivir eres condena,
por tus farfullos y tus mentiras gordas,
por el manto servil con que te encierras.
El espejo
Parapeto del sol, del aire preso,
lo que en vida se da lo da repleto;
la luz que lo cobija lo lleva dentro
y lo derrama en láminas del pensamiento,
nada pesa, nada huele, nada es secreto,
vigía de la quietud y del movimiento,
la luna será su vientre su padre el sueño;
del intocable cristal es río de hielo,
frágil como los deseos, duro como lo eterno,
en cornucopias doradas o en marquitos de fresno,
me mira siempre de frente y yo me veo,
yo veo a un hombre plantado frente a mi espejo,
se parece mucho a mí o yo creo que me parezco:
¡ hay que ver lo mucho que cabe en espacio tan pequeño!
¿ se reflejarán también mis dudas y mis pensamientos?
¿ se oirá mi mundo interior dentro de ello?
Es delgado y es profundo como el Universo.
El amigo
Un amigo es quien en la nada dice la verdad imposible,
para que el mundo nuestro es mejor que nosotros,
el tesoro explorado que no guarda el secreto,
quizá más que la vida y la sangre que ajunta,
es algo portentoso más adentro que la amistad,
pues es amigo de lo nuestro, del azar contenido,
de cadenas con que ata nuestro futuro frágil:
soy tu amigo del alma que nunca estuvo escrita,
ni con papel, ni en duda, en paisajes o en belleza,
que no alimenta la sangre, ni la luz, ni el amor,
sino que hondamente, de una extraña rudeza,
te lleva por los puertos donde anclan las naves,
con la palabra exacta, medida de lo eterno,
y vibra frenéticamente, bandera en mástil fijo,
quien encuentras comiendo de tu propia comida,
nadie sabrá por qué, ni siquiera un amigo,
que está en todas tus cosas haciéndolas durables.
Poema del agua sonora
Dulce y sonora amiga que acompañas,
que vienes alta y morirás profunda,
hermosa levedad de la montaña,
que cantas clara y con tersura juntas;
madre de madreselvas y de juncos,
delantal en los musgos y los helechos,
aromática y tan fresca en tus pechos
para beber de ti lo más puro;
por tus veredas el aire se humedece,
lo llena tu fragancia inmaculada,
cristal tu voz que de la piedra arranca
la sinfónica unidad que nos sostiene;
hermana de la luna, prima del cielo,
bondadosa regadora de los campos,
semilla abierta, errática en tus lechos,
fecundas tierras con virginales pasos;
mi boca te ha besado, en ti he bebido,
el corazón tuyo del astro diste,
el alma para cantar con que naciste
llenó todo mi amor de ti embebido;
natural es tu enseña y es tu surco
de sequedad el mar que has conquistado,
viajera inquebrantable, lo ha llenado
tu esencia en luna de tu espejo pulcro.
***
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Últimos poemas: Madrid, febrero 10, 2012