LOS POEMAS DE LA ALHAMBRA

(2007)


 

de

 

 

José María Torres Morenilla

 




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Alhambra de Granada


Oh, flor de los mil colores,

átomo de los mil amores,

Oh, ruindad llena de gracia,

almena de la fragancia.

.

Reina del poderío,

fuente del amor mío,

paloma sin palomar,

Alhambra del bien amar.

.

Oh, reina más coronada,

carne de tierra encarnada,

en bosques oscuros encerrada,

soltada al cielo, soltada.

 

La torre bermeja
 

Eres tan bella como mujer,

tan perfumada eres como la flor,

delicada y cambiante como el amanecer,

como los ojos divinos debajo del cielo;

eres la más alta y la más oculta del bosque,

embrujada estás, la noche en ti encerrada,

tienes el aliento del barro y el beso del agua,

guardiana eres del paraíso, fortín inexpugnable.



Generalife
 

Alameda florida, parque sin dueño,

flores que al paraíso salen huyendo,

y un viento frío que de la Alhambra vino

a mi delirio.



La fuente

 

Un poema es tu vaso de cristal,

una lluvia de tu agua enamorada,

sonrisas de la luna acristalada,

una de tus miradas más calladas.

 

 


La Torre Rosa



Hermosa torre eres en la hora de la mañana,

sueño de la rosa en las redondas colinas,

las gotas de rocío mojan tus labios,

y a tus pechos los perfuma el corazón del río.

                                                                                   


El patio
 

Una fuente me suena y es poesía,

reguerillo de un amor que está sonando,

chapoteo de palabras y de sueños

enredados en las lunas del mosaico.


Canta su agua ligera, entre los mirtos,

entre las verdes sombras sube su canto,

claridad del sol y de las aguas,

chorrillos de un amor que está cantando.


Le perfuman los cipreses y los arrayanes,

le dan carne los barros de los patios,

y los arcos prendidos de la arcilla

 le sostienen primorosos alabastros.


Patio tan andaluz, cortado al cielo,

suspiro de un amor que han desterrado,

por la amplia geometría de la belleza

su mirada de tristeza se ha quedado.


 

Sueños de la Alhambra
 

El hermoso zafiro de tus ojos,

las palmeras de tus torres y de tu piel,

el aire que has llenado de fragancias,

las ruideras de las aguas a tus pies.


Eres arroyo de sombras y de musgos,

eres el sueño enredado en el edén,

eres la ciudad más hermosa de este mundo,

eres el barro perfumado del ayer.
 

 

Subida a la Alhambra

 

Cómo llegar a ti, hermosa mía, tan alta,

tan soberana de ti, de ti tan llena,

como quedar en ti, tan perfumada,

tan antigua y tan noble, tan llena de Granada.

*
Me suenan  a música los cantos de tus aves,

 el ruido de los vientos que no mueven tus árboles;

en el frondoso bosque, el sol se multiplica,

y yo me hago más grande, embobado en belleza.

*

Cómo llegar a ti, hermosa mía, ocultada,

tan profunda en la altura, tan grande y arrobada,

tan antigua y tan noble, tan llena de Granada.

*

Nunca estuve más cerca del cielo, enamorado,

el tiempo entre tus torres apenas se detiene;

la ciudad te acompaña, parada en el abismo,

la palabra calla, tu belleza resplandece.

 

 

Santa María de la Alhambra

 

Con las campanas de Santa María

una blanca paloma salía,

con ruidos de nubes rotas

y aleteos de letanías.

 

Santa María, Ave María,

toda llena de gracia y de poesía,

torreón sobre el miedo y la alegría,

campanario en las estrellas, luz del día,

novicia recién togada en teología,

estandarte del guerrero de más valía,

madre de los recovecos y la lejanía,

diosa que nunca pesa, voz de aljamía.

 

Ay, palomita mía, blanca,

por dónde te encontraría,

si las campanas te sacan

sonarán toda mi vida.

 

 

La Alhambra hermosa

 

Corriente de torres hermosas, de azul quemada,

ladera semi partida, semi empinada,

sobre el aire de la Sierra, en nieve rubia pintada,

fortaleza que no hiere y embellece la mirada,

reina de todos los montes, por los siglos coronada,

navega como buque insignia sobre el reino de Granada.

 

 

 

La ciudadela del monte

 

Alhambra, vergel de sombras, en el agua encantada,

con los oscuros olores de la tierra mojada

y los claros cristales de su alma intransitada,

paraíso escondido, en muchos siglos olvidada,

nacida desde lo mismo y que parece inventada,

cada día es más nueva, cada día es encontrada,

apostada frente al viento, defendida, amurallada,

con las grietas de los tiempos de la belleza parada,

que habla de las victorias y que fue la derrotada,

ora estrella, ora surco, ora arquitectura hilada,

fuente del espejo limpio, quieta luz, inmaculada,

serrana que señorea sobre la vega azulada,

con un alfanje invisible, en su mano levantada,

 defensora de un tesoro vinculado a su Granada.

 

 

Una postal de la Alhambra

 

La Alhambra, en ti montada la luz sube en la tierra,

con el aire de la nieve y tu serena grandeza;

como en volandas te llevan unos jardines de ensueño,

torreones son de oro, y del viento son espejo;

ay sierra, sobre Granada, bruñida en cincel de plata,

senos de color de estaño y luna de nácar pintada;

tan altos como las torres los cipreses te vigilan,

el agua se enreda y piensa y los rosales te miran;

colmena de tu colmenar, los techos de tus enjambres,

dorados como las mieles, tallados en cristal del aire;

como una copla alargada te echas sobre Granada,

ensangrentada de versos, con tus sombras perfumada.

 

 

Las voces de la Alhambra

 

He contado a todos, muchos, y entre ellos tú no estás,

oh silencio de cristal, alas del viento, miradas del pleamar,

la soledad se acompaña solo de la soledad,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿ quién sus ojos cerrará?,

entre los bosques, profunda, tu voz nunca sonará,

se suben sobre las cuestas, perfumadas de arrayán,

 los olvidos que se mueren, heridos por el leviatán,

tarascadas de aspavientos, sombras de la vanidad,

he contado a todos, muchos, y entre ellos tú no estás,

la Granada que tú amaste la defiende un alacrán,

con ojos de titirimundi y telarañas del mal,

la grandeza de la Alhambra es también tu soledad,

desde la ciudad le llegan las voces que la cantarán,

son tantas, más de trescientas, y entre ellas tú no estás,

¡ ay qué soledad más tuya que nadie la vestirá!

con alhajas, ni sedas, oropeles y mundanal,

silencio tan capital, te lanzan desde la ciudad

 los olvidos del desprecio en tu alma de cristal,

soledad que solo es tuya, en la Alhambra quedará,

entre los bosques, profunda, tu voz nunca la oirán,

¿ quién cerrará sus ventanas? ¿quién sus ojos cerrará?.

 

 


Las colinas del orbe
 

Sobre las altas colinas reposa la creación,

sobre la alta mirada sube la estancia,

mucho más alta,

vuela la imaginación sobre la recreación,

queda el alma serena, llena de amor,

mucho más alta

descansa la vida plena y luminosa ensueña

al gran universo que el universo ensancha...

mucho más alta,

a tu belleza, su gran belleza gana,

sobre las altas colinas, otra es más alta.
 

 

***


LOS POEMAS DE GRANADA

 

La Granada de siempre

 

                                                                                  No sé cuántas monedas me dio el mundo

                                                                                  para cambiar verte desde tus torres,

                                                                                   para llegar a la línea blanca de tu Sierra,

                                                                                   para mirarte, fría y oriental, en tus palmeras

                                                                                   y para desearte tan solo tierra:

 

                                Ay hermosura, que en mi alma dueles como todo lo que quiero,

                    que aún sigues en mí en el marco cuadrado de una foto,

                          con tu cielo bebido en la pureza azul de tu cristal tan denso

                                             y las nubecillas que escapan como furtivas miradas de tus hijas jóvenes.

 

     No sé cuánto me cuesta estar tan lejos de ti,

                                    cuando me digo: mañana mismo vuelvo para quedarme siempre,

                  si antes no te has muerto o muero yo de no tenerte,

                                porque es imposible que la hermosura viva más que una vida

y eres la más hermosa siendo pequeña,

                    y dentro de ti eres inmensa, como tus bosques altos,

                                                             los bosques de la Alhambra que Dios Todopoderoso conserva intactos en mí.

 

                 No sé cuánto te di y qué me diste al nacer de ti,

                  pero si algo hay en mi vida que merezca la pena

  es saberte tuyo desde el primer día, 

                                                          desde el instante que el sol me llenó la cara con el esplendor de Granada.

 

Granada


A ti, que has susurrado una canción que aún se oye

esta alma mía, por tus profundas aguas está arrullada.

A ti, que como madre persistes en tus tierras rojas,

como madre me abriste tus verdes faldas.


¡Oh luz, la más hermosa, que yo pusiera en tus oscuras sienes!

¡Oh palabra, la más completa, que mi voz te cantara!

Perdida en la belleza, un cruel abismo

se ha abierto conmigo,

la distancia del sinsentido de ti me ha alejado;

una blasfema copla que entre los dientes derrama

la oscura taberna en tus pechos perfumados.

 

Las palabras

Cedo mi corazón, aquella parte oculta

que nunca ha sido mía ni busca mis disculpas,

cedo el amor glorioso, mis días pensativos,

los pasos transparentes por la Granada eterna;

abundo en mi tristeza, que es nada mía,

en dos ríos profundos de aguas marginadas,

debajo de mis palabras, en ella fue mi vida,

el descanso inhábil encuentra la belleza,.

paso por un mundo, tan sólo voy de paso,

por una ciudad oculta, vestida de silencio,

en bosques amurallada.


 

Evocación

Ah, memoria borra en mí su belleza jugosa,

pájaro no vueles, corta tus alas y cada día sea corto,

quiero soñar, quiero volver a verla en sueños

y que el sueño sea en mí una cortina oscura,

de su cielo mil veces estrellado y silencioso.
 

 

Lejos

No me arrulla la más hermosa con su voz suave,

ni me llena el pecho de sus estrellas ni de su aire.

No me levanta la trenza de su sierra nazarí,

ni su Alhambra la oculta, para mí;

 

que la llevo en mí y conmigo sale,

que entro en ella y estoy en cada calle,

 nunca calla del todo su presencia,

ella estará en mí y no más nadie;

 

amor que en las corrientes frescas por las laderas corre

y en sus manos se serena y en sus ojos brilla,

cuanto más cerca, más lejos,

cuando más extraña, amiga;

 

oscuridad encumbrada,

soledad ensoñada, para mi estar,

inmensidad, más que del mar,

alhamar de la nívea enramada,

negra oleada de paz, sombra iluminada,.

vaciada luna acabada,

para soñar.

 

Eres mi musa, la canción que suena,

que resuena en mi cielo,

eres mi música, la Granada perenne,

que maduras mi árbol y mi corazón enciendes.


Río Darro

Cuando oigo el río Darro, en Plaza Nueva,

su poquillo de agua tiene mucho de mí,

yo bajo por el río quebrado de mis recuerdos

de una vida que no es vida si no te miro a ti.
 

 

La Alhambra edificada

Con unos hombres, algo de tierra y algunas flores

se construyó una Alhambra, llena de árboles grandes

y canoros ruiseñores;

con algo de amor, mucho de agua y aire de nieve

hicieron palacios lujosos,

para que viera el que viere,

 

vuelos de orfebres del barro y de la cal perfumada,

de los cristales trabados en azulejos esmerados,

paladines de lo bello, lo más dulce e intrincado,

hicieron de la tierra un cielo en sus techos artesonados;

 

sonó el clarín

y por la Alhambra corrían las voces del Albaicín,

subiendo sus enormes cuestas,

voló el viento en sus bosques,

cantó su agua alocada,

todo fue señera fiesta,

la belleza y la poesía de Granada.

 

El día radiante

Aquel antiguo poema

que de mis labios salía lleno de aroma,

era la mirada de un amor que había perdido,

era estarme en medio de un fuego no encendido,

era callarme, cantarte con mi pecho dolorido,

morir de amor y apenas había nacido.


Coplilla

 

Mira, que te miro y miras

y se nos sale la Alhambra,

con unas torres muy gordas

y otras torres más delgadas;

en cualquier rincón que estemos

sale la Alhambra y nos mira

y nos deja sin palabras.

Mira, que te miro y miras,

como estamos en Granada,

 a nada que nos miremos,

sale la  Alhambra y nos calla.

 

Las volaeras de mi niño

Cuchufleta del norte, del sur la cara,

una hoja muy tiesa y otra doblada,

una mar es redonda y otra callada,

sobre las cinco perolas se enciende el alba,

con tornillos de sonrisas y a grandes risotadas,

se descojona mi niño riéndose de mis palabras,

cuando el aire da la vuelta

y suena como una campana,

din, don, las cinco seguidas,

sobre el palomar se agachan

y vienen como cinco palomas

las nubes de Sierra Nevada.
 


Canto a Granada


Granada, perla, señera,

en el brocal, bordada,

eres primera,

la joya de la corona,

belleza extrema,

sobre los montes subida,

sobre tu Vega.

Granada, la encontradiza,

quién te tuviera

asomándote a mis ojos,

que me embelesas,

que me llenas de tu aire,

que me aprietas

con tu cordura y tus sombras,

con tus pechos y tu silueta,

Granada, la hermosa perla,

en mi corazón bordada

con vida eterna.

 

 

Aire


Aire de mi Granada,

que está perdido en mi alma,

que en mi boca duele,

cargado de doble pena,

de la soledad del pecho

que en mi corazón se entierra,

aire que me da y no queda,

que me nubla la mirada,

que me llena de las lágrimas,

que me embebe de añoranzas,

soltado está de mi alma,

tan lejos de mi Granada,

aire y soledad,

soledad tan mía,

que en el aire está.

 

Los cipreses

Los cipreses conmigo jugaban,

en medio del paseo se suplantaban,

aparecían de pronto, de pronto me esquivaban,

podrían tocar en los cielos y de los cielos bajaban,

el aire herían de perfumes y con perfumes curaban,

verdes como marmolillos, como sabios se pintaban,

rústicos y armónicos perennes, eternas preces alzaban,

como soldados hieráticos a florecillas guardaban,

delante del Generalife, de la Alhambra se burlaban,

eran muchos o eran pocos, pero con el sol brillaban.

 

Los bosques de la Alhambra

Bosques en paz, bosques en sueños

de la Granada inmortal, llenos de oscuros misterios;

cerrados para la luz, abiertos a los secretos,

bosques que cantan las aves y que guiñan como espejos,

altos como los gigantes, enormes como los silencios,

con el frescor de lo húmedo y la sequedad del tiempo,

cada vez suben más altos, cada vez caen con estrépito,

como la gran cueva oscura que nos mirara por dentro,

desnudos por las malezas, vestidos están de lo eterno;

la luz, en la encrucijada, busca y queda con lo puesto,

murallas de sombras verdes, esmeraldas de sus pechos,

 la Alhambra, señora y dueña, los tiene de parapetos,

para recibir con grandeza, para despedir bien presto.

 

El Cubo de la Alhambra II

La pureza es tu nombre si te miro,

si de ti quedo embaucado,

lleno de sombras, de tus bosques, enamorado;

cuando oigo tus aguas discurrir suavemente,

cuando sigo la corriente de tus rojos paseos,

perdido entre guirnaldas de gentes,

cuando me callo y espero que siga el día,

y lentamente subo por tus altas avenidas,

prisionero de ti y tus murallas,

cuando liberas a mi alma con tu belleza almenada

y me ofreces tus jardines,

como colofón del arte y la poesía,

cuando estando en lo más alto a mí me mira Granada

y me acerca su ciudad más blanca y más callada.

 

El agua de la Alhambra

¡ Qué bien se oye  y bien suena el agua de la Alhambra,

que nace entre azucenas y canta pronto una zambra!

Cuando cae mira al cielo,

cuando pasa, apenas pasa,

bajada por los senderos,

de barandillas y cauchiles,

pasamanos de labranzas,

cantos de su agua hermosa,

tan perfumada y descalza,

tan profunda y juguetona,

 olvidada y encontrada,

al sol su rostro en las fuentes,

en blancos aljibes ocultada,

enmarañada en los bosques,

serenada en las estancias,

enfilada en los palacios,

por los montes encabritada,

como el sueño de sus ríos,

que, olvidados de ser ríos,

entre sus bosques quedaran.

 

En las calles de Granada

Música angelical, ¡  ya llega cerca!,

anuncia en la calle que Cristo asoma,

llevada a cuestas de la luz la sombra

se inclina de rodillas por la acera.

 

La ira, de perfil, se ha columpiado,

también de perfil se ha clavado el aire,

su mirada tan serena ha llenado

de divina humildad toda la calle.

 

Taracea de la cruz, tendida al hombro,

con balances morados por las cuestas,

entre inciensos y olores de azucenas,

la mirada de un Dios es el tesoro,

 

Que la mira Cristo y Granada crece,

ya no es sólo la belleza lo que canta

que es el Amor profundo el que levanta

la verdadera paz que la estremece.

 

Silencio y paz, arrobo y suave luz,

la oración es canción en duermevela,

se pasean las sombras de Jesús

y las almas se despiertan en su pena.

 

***


 

 

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