"Aquellos que no puedan recordar el pasado están condenados a repetirlo"
J. Santayana
Una
escuela de Morille
Foto
escuela (1947)
Dos
hermanas de Gabriel fueron mis primeras "maestras". Eran chicas que habían
dejado ya la escuela y a las que el Ayuntamiento de Morille contrataba
para recoger y enseñar a leer a los niños de 4 años.
La primera fue Rosario, pero yo recuerdo sobre todo a Aurora. Acudía
cada día a la escuela que estaba al lado de la casa de la señora
Adoración y Jesús el guarda. Aprender debí de aprender
algo, sobre todo a quedarme dormido todas las tardes.
Costumbre que aún mantengo cuando tengo tiempo y que entonces me costó soportar en mi cabeza la frialdad del litro de agua que hacía una lata de sardinas. Cuando Aurora me veía dormido descargaba sobre mí el líquido elemento. Por esta escuela habían pasado, mis primos Ladis y Carlos y mi hermana que era un poco más pequeña que Carlos.
Rosario
con una tropa de niños de Morille. 1955
El
primer día que fui a la escuela de Don José, lo hice escoltado
por mis dos primos, Ladis y Carlos y por mi hermana, Mª Jesús.
"Grupo
Escolar Salas Pombo". Era el letrero que con grandes letras negras y amarillas
presidía el centro del edificio escolar. Primero un jardín
con dos acacias y un palo muy alto. ¿Para qué será
esto?. Luego dos puertas. A la izquierda el aula de los niños, a
la derecha la de las niñas. Allí entraría mi hermana,
con Doña Agustina la maestra.

Grupo
escolar Salas Pombo
Agarrado
de una mano de cada primo entré en la escuela. Ya conocía
al maestro; era de Morille, amigo y algo familia de mi padre. Vivía
cerca de mi casa, en las casas de los maestros. Era amigo y jugaba con
sus hijos. Pero yo tenía miedo. Un miedo que se había ido
apoderando de mí a base de escuchar cosas que pasaban en la escuela.
Por eso no quería ir.
Entramos
aquel año en esta escuela unos cuantos: Luciano, Toño Canuto,
José Andrés, Paco el de Claudina, Paco el de Don José
(el maestro), Jose Columbiano, Pepe Negrete, Paco el de Canora, Deme, Manolín
el de Don Daniel, Gabriel Carriles y alguno más…
Los
mayores eran Ladis, Tapia, José Benito, Basilio, Juanito el de Teodoxia,
Canorín… Estos pasarían pronto a la escuela de los mayores, con
Don Daniel. Los medianos eran Carlos, Alberto, Pepe (otro hijo de Don José),
Juan Tomás y Angelín , Reca, Marcelino, Manolo Chichi, Isaác,
Toño el de Sagrario, Daniel el hijo del otro maestro…
Entre
treinta y cuarenta chiquillos estábamos en esta escuela. Fue durante
estos años cuando Morille tuvo más habitantes. Rondó,
aunque nunca llegó, los mil. Tenía 5 escuelas y calculo que
alrededor de 175 niños en edad escolar.
-Abundio,
señálame en el mapa dónde está Bilbao. Decía
el maestro.
Y
Abundito, con sus pantalones bombachos y sus catiuscas; con una vara de
mimbre en la mano, como si de Antonio Torres Heredia se tratara, mirando
de reojo a Don José que le observaba detrás, apuntó
en el mapa el Sur de la Península; quizá Cádiz…Y ¡zas!
El maestro descargó la fuerza de su mano sobre la cara de
Abundito y este cayó entre dolor y llanto al suelo. ¡Pobre
Abundito! ¿Quién le iba a decir a él que años
más tarde se casaría con Gloria y pasarían la vida
en Bilbao?
A
mí cada día me gustaba menos ir a la escuela. Visto lo visto
debí creer que lo mejor era no estar. Me escapé una o dos
veces a la Guadaña. Pero la vecindad y amistad del maestro con mis
padres me delataba.
Apenas
leía en la cartilla cuando el "bueno" de Don José dijo:
-
Toñín, ¡sal!.
Me
meo en las bragas y no salgo, pienso.
-
Toñín, ¡vamos!
Allí
sale Toñín. Poco más del metro. Aterrorizado. Mirando al
maestro con espanto. Me cago en lá, me meo.
-
Empieza a leer.
-
Había un pe..go debajo de un ca..go y vino ot..go pe..go y le mo.gdió
en el gabo.
-
Hay que pronunciar la erre. Repite conmigo. Arranca rabona blanca.
Y
yo, despacito:
-
A..gan…ca ga…bona blanca.
-
Repite.
-
A…ganca gabo.. na blanca.
-
Mañana me lo escribes 30 veces.
Pero
al día siguiente me tocaba la leche. ¡Qué leche de
leche!
Es
de suponer que no estábamos suficientemente alimentados y los norteamericanos
-como diría el tío Norberto- nos mandaban leche en polvo.
A
eso de las 11 de la mañana, había que tomar la leche. Tuvieras
hambre o no. Daba igual, la leche es la leche y ¡qué leche,
toma la leche! A mi me sabía a rayos. Tenía que taparme la
nariz con los dedos para poder tragarla.
A
cada niño le tocaba un día la leche. La madre del niño
que le tocaba debía de calentar dos herradas de agua. Llegaba a
la escuela y le echaban polvo en el agua. La removían y ¡A
la fila!
Puestos
en fila pasábamos de uno en uno, con el vaso de plástico
en la mano, para que nos sirvieran la ración. Si ese día
se había llevado más agua, o faltaba algún niño:
¡Dos vasos! Quisieras o no. ¡Como la mandan los norteamericanos!
No se iba a desperdiciar.
Igual
pasaba con el queso de la tarde. Con un cachito de pan que llevábamos
de casa, nos comíamos el queso -era como amarillo- tan ricamente.
El
no pronunciar la "erre" me costó mucho llanto, esfuerzo y quedarme
encerrado en la escuela muchos días.
Bueno
lo de dejarnos encerrados en la escuela era una costumbre que el maestro
utilizaba a diario. A mí me tocó muchas veces. Unas por travesuras,
otras por no saberme la lección y otras, las más, porque
sí.
El
primer día que me quedé encerrado, sin ir a comer a mediodía,
lo recuerdo perfectamente. Me sentaba en el pupitre con Deme y estábamos
discutiendo por el tapón del frasco de la penicilina, que utilizábamos
para tapar los tinteros. Nos había desaparecido uno y forcejeábamos
por el otro con el tintero lleno de tinta en las manos, claro pasó
lo que tenía que pasar; se derramó la tinta, me manchó
los libros y yo me puse como un Cirineo. Deme y Toñin, de rodillas
toda la mañana. Uno en una esquina de la escuela y otro en otra.
Deme
cuando no lo veía Don José me amenazaba con la mano, haciéndome
ver la paliza que me daría luego. Deme además de ser mayor
que yo, era y es, mucho más grande.
Acabada
la clase de la mañana. Todos salieron menos, Deme y yo. Tampoco
salió Paco que no sé qué habría hecho el caso
es que se quedó encerrado con nosotros.
Supongo que Deme me zurraría pero no lo recuerdo; a los que recuerdo son a mi hermana, a Ladis y a Carlos, que nos metieron unos cachos de pan con chorizo y unas naranjas por la ventana. Ladis, como primo de Deme y mío, fue el mediador entre nosotros; todo quedó resuelto.
Foto de la escuela de niños de Morille en el año 1947. Con don Ignacio de maestro. Espero que algunos se reconozcan en ella. Me la ha mandado Teté (nieta del señor Amador el carnicero, hija de Serafín)
El día 18 de junio de 2011 recibí otras dos fotos de Loli García, hija de Ángel y de Agustina que fue la primera de las maestras que el Ayuntamiento contrató para dar clase a los niños. Los de mi edad nos acordamos bien de ella. Aunque dio clases cuando nosotros nacimos y un poco antes. La seguimos viendo por Morille sobre todo en los veranos. Las fotos son de 1947 a 1951 aproximadamente.
Ahí está Agustina con sus niños.

¿Os reconocéis alguno?