Via Crucis: San Josemaría Escrivá
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I Estación. Condenan a muerte a Jesús |
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después de haber hecho azotar a Jesús, lo entrega para que lo crucifiquen.
Se hace el silencio en aquellas gargantas embravecidas y posesas. Como si
Dios estuviese ya vencido.
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II Estación. Jesús carga con la Cruz |
| Jesús
se entrega inerme a la ejecución de la condena. No se le ha de ahorrar
nada, y cae sobre sus hombros el peso de la cruz infamante. Pero la Cruz
será, por obra de amor, el trono de su realeza. ¿No es
verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente
llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres
feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o
morales? |
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III Estación. Cae Jesús por primera vez |
| La
Cruz, destroza con su peso los hombros del Señor. Un dolor agudo penetra en el alma de Jesús, y el Señor se desploma extenuado. Tú y yo no podemos decir nada: ahora ya sabemos por qué pesa tanto la Cruz de Jesús. Y lloramos nuestras miserias y también la ingratitud tremenda del corazón humano. Del fondo del alma nace un acto de contrición verdadera, que nos saca de la postración del pecado. Jesús ha caído para que nosotros nos levantemos: una vez y siempre. |
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IV Estación. Jesus encuentra a María, su Santísima Madre |
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se ha levantado Jesús de su primera caída, cuando encuentra a su Madre
Santísima, junto al camino por donde Él pasa. Con inmenso amor mira María a Jesús, y Jesús mira a su Madre; sus ojos se encuentran, y cada corazón vierte en el otro su propio dolor. El alma de María queda anegada en amargura, en la amargura de Jesucristo.
De la mano de María, tú y yo
queremos también consolar a Jesús, aceptando siempre y en todo la Voluntad
de su Padre, de nuestro Padre. |
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V Estación. Simón ayuda a llevar la Cruz de Jesús |
| Jesús
está extenuado. Su paso se hace más y más torpe, y la soldadesca tiene
prisa por acabar; de modo que, cuando salen de la ciudad por la puerta
Judiciaria, requieren a un hombre que venía de una granja, llamado Simón
de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, y le fuerzan a que lleve la cruz
de Jesús A veces la Cruz aparece sin buscarla: es Cristo que pregunta por nosotros. Y si acaso ante esa Cruz inesperada, y tal vez por eso más oscura, el corazón mostrara repugnancia... no le des consuelos. Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz! |
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VI Estación. Una piadosa mujer enjuga el rostro de Jesus |
| Una
mujer, Verónica de nombre, se abre paso entre la muchedumbre, llevando un
lienzo blanco plegado, con el que limpia piadosamente el rostro de Jesús.
El Señor deja grabada su Santa Faz en las tres partes de ese velo. Señor, que yo me decida a arrancar, mediante la penitencia, la triste careta que me he forjado con mis miserias... Entonces, sólo entonces, por el camino de la contemplación y de la expiación, mi vida irá copiando fielmente los rasgos de tu vida. Nos iremos pareciendo más y más a Ti. |
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VII Estación. Cae Jesús por segunda vez |
| Ya
fuera de la muralla, el cuerpo de Jesús vuelve a abatirse a causa de la
flaqueza, cayendo por segunda vez, entre el griterío de la muchedumbre y
los empellones de los soldados. La debilidad del cuerpo y la amargura del alma han hecho que Jesús caiga de nuevo. Que los tropiezos y derrotas no nos aparten ya más de El. Como el niño débil se arroja compungido en los brazos del padre o de la madre, tú y yo nos asiremos al yugo de Jesús. Sólo esa contrición y esa humildad transformarán nuestra flaqueza humana en fortaleza divina. |
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VIII Estación. Jesús consuela a las hijas de Jerusalén |
| Entre
las gentes que contemplan el paso del Señor, hay unas cuantas mujeres que
no pueden contener su compasión y prorrumpen en lágrimas. Pero el Señor
quiere enderezar ese llanto hacia un motivo más sobrenatural, y las invita
a llorar por los pecados, que son la causa de la Pasión y que atraerán el
rigor de la justicia divina: —Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos... Pues si al árbol verde le tratan de esta manera, ¿en el seco qué se hará?
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IX Estación. Jesús cae por tercera vez |
| El
Señor cae por tercera vez, en la ladera del Calvario, cuando quedan sólo
cuarenta o cincuenta pasos para llegar a la cumbre. Jesús no se sostiene
en pie: le faltan las fuerzas, y yace agotado en tierra.
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X Estación. Despojan a Jesús de sus vestiduras |
| Los
soldados despojan a Cristo de sus vestidos. Desde la planta de los pies hasta la cabeza, no hay en él nada sano. Heridas, hinchazones, llagas podridas, ni curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener el corazón libre, desasido de las cosas de la tierra. |
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XI Estación. Jesús es clavado en la Cruz |
| Ahora
crucifican al Señor, y junto a Él a dos ladrones, uno a la derecha y otro
a la izquierda. Entretanto Jesús dice: —Padre, perdónales porque no saben lo que hacen Y nosotros, rota el alma de dolor, decimos sinceramente a Jesús: soy tuyo, y me entrego a Ti, y me clavo en la Cruz gustosamente, siendo en las encrucijadas del mundo un alma entregada a Ti, a tu gloria, a la Redención, a la corredención de la humanidad entera. |
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XII Estación. Muerte de Jesús en la Cruz |
| Se
apaga la luminaria del cielo, y la tierra queda sumida en tinieblas. Son
cerca de las tres, cuando Jesús exclama: —Elí, Elí, lamma sabachtani?! Esto es: Dios mío, ¿por qué me has abandonado? El velo del templo se rasga, y
tiembla la tierra, cuando clama el Señor con una gran voz:
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XIII Estación. Desclavan a Jesús y lo entregan a su Madre |
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Después de haber obtenido de Pilatos el permiso que la ley romana exige
para sepultar a los condenados, llega al Calvario un senador llamado José,
varón virtuoso y justo, oriundo de Arimatea. Con él viene también Nicodemo,
aquel mismo que en otra ocasión había ido de noche a encontrar a Jesús, y
trae consigo una confección de mirra y áloe, cosa de cien libras. Entre
los dos toman el cuerpo de Jesús y lo dejan en brazos de su Santísima
Madre.
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XIV Estación. Dan sepultura al cuerpo de Jesús |
| Muy
cerca del Calvario, en un huerto, José de Arimatea se había hecho labrar
en la peña un sepulcro nuevo. Y por ser la víspera de la gran Pascua de
los judíos, ponen a Jesús allí. Luego, José, arrimando una gran piedra,
cierra la puerta del sepulcro y se va
Hemos de hacer vida nuestra, la vida
y la muerte de Cristo. Morir por la mortificación y la penitencia, para
que Cristo viva en nosotros por el Amor. Y seguir entonces los pasos de
Cristo, con afán de corredimir a todas las almas. |