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La historia del PCE en
Trebujena
En esta pagina se esta escribiendo la historia del PCE de Trebujena |
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Miguel
Campos
Varela
“EL MAESTRITO”
(1932-1990)
Miguel Campos Varela, nació en Trebujena el día 9 de Diciembre de 1932.
El segundo de seis hermanos, vivió su infancia en la calle llamada hoy de Doña
Amparo Salazar, que era precisamente su abuela paterna; una maestra de escuela
que destinada a Trebujena, vino a casarse con un trebujenero para asentar aquí
definitivamente su vida. Su padre era zapatero de profesión, aunque ello no
significaba que fuese este su único trabajo, ya que, ocasionalmente, también
trabajaba en el campo.
Ya de niño, Miguel demostró una personalidad inquieta y cuentan sus
amigos que durante algún tiempo tuvo una gran afición por los toros y que quiso
ser torero. Escondía a sus padres los útiles del toreo y a hurtadillas, como
un maletilla cualquiera, se iba a torear. Ello le valió más de un revolcón.
Luego le pedía a los amigos que le curaban que no dijese nada a su madre hasta
la mañana siguiente.
Esta personalidad inquieta del Maestrito estaba íntimamente unida a una
gran humanidad y a un gran sentido del compañerismo. Así sabemos que en una
ocasión se enfrentó a los Guardas de Campo porque estaban maltratando a un
anciano: “Lo libró de la paliza y se lo llevó a su casa a comer”.
Durante su niñez guardó los cochinos de una piara que tenía su abuela, uno
de sus amigos de entonces, José Ruiz Gatica (“El Cojo de la Pelona”), que
también guardaba cochinos, cuenta que en aquellos tiempos de escasez y de
hambre, le quitaba el pan a su abuela para dárselo a él que estaba muerto de
hambre y que esto no era sólo con él, sino con cualquiera que estuviese en esta
situación.
Cuando la emigración era la única salida, Miguel Campos también hubo de
emigrar en bastantes ocasiones. Así conoció los países extranjeros: Francia,
Suiza y Holanda. Su compañerismo vuelve a ponerse de manifiesto allí, dos de
sus grandes amigos de esta época, Antonio Arana Cabral y Juan Beato Rodríguez
(“El Colegio” y “El Virginia”) recuerdan que era el que les hacía de comer.
Para preparar la comida del mediodía, sus compañeros le hacían que diese de
mano una hora antes, “pero a la vuelta al tajo cogía los liños que le
correspondían y se emparejaba con los demás”. Cuentan que a la cena de la
noche, normalmente “papas fritas”, Miguel empezaba a freírlas y a medida que
iban saliendo de la sartén las iba repartiendo a cada uno para que no se
enfriaran y que siempre su plato fue el último, cuando ya todos habían comido.
Esta anécdota que muestra su talante ha seguido repitiéndose, así lo afirman
quienes luego estuvieron con él en Palencia en la remolacha y en las papas.
No ha sido tampoco una sola vez cuando en la puerta de la sede ha repartido
la fruta, las cebollas o cualquier cosa que trajese del campo.
Tan enemigo de la ostentación, tan amigo de la honradez. Tan fiel
compañero y tanta sinceridad, le hicieron siempre compartir cuanto tenía.
Quizás por ello quienes trataron con él y quienes le conocían le respetaban y
le querían.
Gran trabajador. Aprendió pronto y rápido todas las faenas del campo,
de las que también llegó a ser un maestro. Pero también su actitud ante las
injusticias y su rebeldía ante quienes intentaban atropellar a los trabajadores
le valió que en más de una ocasión no le llevaran a trabajar a los campos, pero
esto ya forma parte de la otra historia, la historia de su vida política..
El mismo, siempre diferenciaba dos cosas distintas: Una, ser político y
otra:
Hacer
política. Decía, y así era, que él no era político, que él hacía política, que es distinto. Su “hacer política” siempre fue estar al lado de los
trabajadores, en la vanguardia, defendiéndoles y luchando codo con codo.
“La persona que más me
condujo a ser como soy, a pensar como pienso, fue mi madre, que sin tener mucho
que ver con el pasado, fue una mujer que nunca olvidó la barbarie de aquel
pasado y normalmente en los ratos libres, en mi casa, nos reunía a todos
alrededor de la mesa, nos hablaba de aquel pasado, nos hablaba de la república
y nos leía bastantes libros, al calor de la copa, entonces de picón y
prácticamente fue la persona que me hizo crear un espíritu revolucionario, una
forma de rebeldía ante los poderes y eso que desde chico, mi madre, no quizás
con esa intención, nos explicaba, fue algo que se me fue metiendo dentro de mi
cabeza y a partir de ahí empecé a pensar como pienso. A ser como soy Yo creo
que no soy del Partido Comunista desde que me afilié, yo era del Partido
Comunista de mucho antes. Empecé a trabajar en una viña, con catorce años,
donde la gente que allí trabajaba, en el rato de ocio de la noche, sentado en
el fogarín, normalmente se hablaba de política, se leía la prensa y se discutía
de política, desde el capataz hasta el último peón y todo esto fue creando en
mí mi forma de pensar, mi forma de amar a la Unión Soviética y mi forma de
abrazar y de querer las ideas del comunismo”.
Así se expresaba en una entrevista en Onda Roja en Agosto de 1987. Una
de las pocas veces en que habló de su pasado, ya que ni siquiera a sus amigos
más íntimos le gustaba de contar su historia.
Y así debió ser, porque su actividad política y de lucha contra el
régimen de Franco empezó desde muy temprano. Con apenas quince años, fue
detenido la primera vez: la cusa, un pasquín en una fachada del cruce de la
carretera de Jerez contra Franco.
El primer contacto con el Partido Comunista lo tuvo Miguel a través de
un fotógrafo (o al menos alguien que decía ser fotógrafo y que no hemos podido
identificar). Este hombre contactó con algunos de los que habían estado
escondidos después de la guerra civil y éstos lo enviaron a hablar con el
Maestrito.
Posteriormente la emigración: “Fui
a la emigración y entonces, yo que creía que irse a emigrar a Francia, a un
país que llevaba muchos años siendo un país libre, un país demócrata. Yo iba
con mucha ilusión, porque creía que allí la clase obrera, los trabajadores eran
más libres. Y no era cierto. Los trabajadores en Francia eran libres, para
pensar políticamente, pero en el momento que en el tema reivindicativo, en
defensa de sus derechos, de sus mejoras de trabajo, se retaba a las empresas,
se acababa la libertad y entraba la dictadura del capital.
Francia, Suiza y Holanda, fueron los países a que emigró. De éste último
país fue expulsado a causa de una huelga de brazos caídos reclamando para los
emigrantes unas mínimas condiciones de vida que se equipararan a la de los
holandeses.
Fundó las primeras células del Partido Comunista en Trebujena, que tenía
contactos principalmente con Sanlúcar y Jerez. Se distribuía Mundo Obrero y
escuchaban la Pirenaica.
Pero de todas formas, su gran batalla fueron las Comisiones Obreras del
Campo, la gran huelga de los años sesenta, donde se consiguieron importantes
mejoras saláriales para los trabajadores del campo, trajo consigo la caída de
manos de la brigada político social, de Miguel Campos y gran parte de la Organización
Provincial del Partido Comunista. Asumió toda la responsabilidad y ocultó los
nombres de los demás militantes del P.C. en Trebujena, lo que le valió la
cárcel.
Posteriormente, ya en la legalidad, fue miembro del Comité Provincial y
Regional del PCE. y de la Ejecutiva Provincial de Comisiones Obreras. Cargos
que compartía con los de miembro de la Ejecutiva Local de CCOO. y Comité
Local, de los que fue Secretario en más de una ocasión.
Siempre dispuesto a las decisiones del Partido. Fue elegido
Concejal del Ayuntamiento en Abril de 1979. cargo en que permaneció Hasta su
lamentable muerte. Diputado Provincial en la primera legislatura por a comarca
de Sanlúcar, fue encargado de la asistencia social. Dejando un grato recuerdo
de su estancia entre los trabajadores de los centros asistenciales de la
Diputación.
En Junio de 1987, sufriría en sus
propias carnes la derrota de Izquierda Unida en las municipales de Trebujena. El
Partido decidió, muy a pesar de Miguel, que fuese el candidato a la Alcaldía y
pagó con creces los errores de su Partido en una inmerecida derrota que por
mucho, que sus camaradas le acompañaran, soportó, como tantas otras cosas, en
solitario. Sin un mal reproche, con el análisis frío y sereno y dispuesto a
trabajar siempre.
Un trabajo que se vio interrumpido por
una cruel enfermedad a principios de Diciembre, que le llevaría al quirófano
de inmediato y aún, recién operado, de vuelta ya a Trebujena, demostró su vida
de siempre, su estar en todo momento al lado de los trabajadores. Con una
gorra de pana y la cabeza rapada, acudiría a una concentración de trabajadores
en la plaza del Ayuntamiento. Después fue apagándose lentamente hasta que
este nuestro camarada y amigo, nuestro fiel compañero y ejemplar hombre,
descansó definitivamente en la madrugada del día 1 de Julio de 1990. El pueblo
de Trebujena, sus camaradas, sus amigos y sus familiares han llorado y siguen
llorando su pérdida. Ahora nos queda su ejemplo y estos retazos de su historia
que el Onda Roja quiere recomponer en su memoria. El testigo no ha caído al
vacío. El testigo que lanza el Maestrito lo recoge con todas sus fuerzas su
Partido de siempre, este mismo Partido que agradece hoy a Miguel su vida y su
entrega.