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viernes 24 de enero de 2003
La música del genoma
A. AGUIRRE DE CÁRCER
Un equipo de microbiólogos y músicos ha traducido al lenguaje musical la secuencia de unidades de diversos genes de hongos, bacterias y seres humanos para crear diez composiciones musicales, que serán editadas el próximo mes de febrero en nuestro país. Es el resultado de un hermoso acercamiento de la genética a la música, que aúna rigor científico y creatividad artísticaSiglos después de que Juan Sebastián Bach asignara una nota musical a cada letra de su apellido para componer «Temas con variaciones», un equipo de microbiólogos y músicos ha traducido la secuencia de unidades de diez genes al lenguaje musical. El fruto de este acercamiento de la ciencia a la música son diez composiciones que aparecerán en febrero en un CD después de muchos meses de duro trabajo, impulsado por la investigadora Aurora Sánchez Sousa, jefe de Sección de la Unidad de Micología en el Servicio de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal, con la estrecha colaboración del jefe de ese Servicio, el doctor Fernando Baquero y el músico profesional Richard Krull.
Sánchez Sousa, titulada en la carrera de piano por el Real Conservatorio de Madrid, explicó a ABC que la idea de acometer una representación sonora del genoma surgió un día en su laboratorio mientras observaba secuencias genéticas del hongo Candida albicans. Esta asociación mental no es del todo sorprendente porque la semejanza entre la genética y la música es mucho mayor de lo que parece a primera vista. El genoma de los seres vivos está compuesto por una larga molécula de ácido desoxirribonucleico, compuesta por una sucesión encadenada de unidades más pequeñas llamadas nucleótidos. Cada nucleótido está compuesto por una molécula de azúcar, una de fosfato y una base nitrogenada, que pueden ser de cuatro tipos representados por las iniciales AGTC: adenina, guanina, timina y citosina.
La partitura genética
Esta sucesión de nucleótidos tiene un sentido en los genes porque combinaciones de tres, repetidos o diferentes, por ejemplo ACT o TTA, codifican un aminoácido, los «ladrillos» básicos de las proteínas. La secuencia de nucleótidos de un gen es, por tanto, como la partitura de una obra musical de sólo cuatro notasA (AGTC) , que al ser interpretadas también adquieren un significado: la producción de una proteína. En su laboratorio, Aurora Sánchez Sousa se preguntó que pasaría si a esas cuatro notas genéticas se les asignase una nota musical.
Para descubrir cuál sería el sonido musical de un gen, la primera tarea consistía en vincular cada nucleótido a un nota musical: la A de adenina se convirtió en la nota musical La; la G de la guanina en Sol; la T de la timina en Re y la C de la citosina en Do. Por consejo del doctor Fernando Baquero, Sánchez Sousa comenzó, en colaboración con el músico francés Richard Krull, a experimentar con una secuencia genética imaginaria.
«Empezamos a jugar con los componentes básicos de un gen y vimos que sonaba muy bien», explica esta especialista en el diagnóstico clínico de infecciones por hongos. Luego comenzó la búsqueda de secuencias genéticas en una base de datos y el desarrollo de un sistema para realizar un dictado robótico. El resultado final son diez composiciones musicales basadas en genes de hongos, bacterias y seres humanos, entre ellos dos de los involucrados en la sordera y la enfermedad de Alzheimer y el gen SLT2 descubierto en la levadura por el grupo del profesor César Nombela, quien ha prestado su ayuda y colaboración a los impulsores de este proyecto.
Sobre la secuencia sonora de cada uno de esos genes, que en una de las piezas es interpretada por un tambor céltico, Sánchez Sousa y Krull instalaron ritmos y sonidos. «En cada composición una melodía libre se hace escuchar en correspondencia con la música básica del genoma con toda la libertad que permiten las leyes armónicas», afirman. Los científicos españoles matizan que observaron en el genoma secuencias cuyas combinaciones ternarias carecen de sentido para la formación de una proteína. «En esos casos hemos podido aplicar, con una mayor libertad, otras divisiones del tiempo musical, por ejemplo compás binario, o compás de cuatro por cuatro», precisan.
Tristeza y esperanza
Según Aurora Sánchez Sousa, «el resultado ha sido una creación musical de diez temas, que pasando por diferentes estilos, transmiten sentimientos. La tristeza, la relajación y, sobre todo, la esperanza tienen espacio en este disco sobre el genoma». Por ejemplo, el gen «Protease nexin», implicado en la enfermedad de Alzheimer, recuerda a la banda sonora de una película. Otros, por el contrario, suenan con la armoniosa cadencia de un vals.
En marzo de 2001, esta pianista y microbióloga presentó los cinco primeros temas en el Instituto Pasteur de París, durante un acto de homenaje póstumo al profesor Edouard Drohuet. Posteriormente fue editado un CD con siete composiciones, que circuló exclusivamente en medios científicos. La edición de esta obra sobre la música del genoma, cuyos beneficios se destinarán parcialmente a los niños de Tucumán (Argentina), está prevista para mediados del próximo mes de febrero e incluirá las diez piezas compuestas.