
Resumen Histórico
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Los orígenes históricos de la ciudad de Linares,
como «continuadora» de la antigua Cástulo, se
sitúan en la Edad del Bronce en su fase Argárica,
época de la que datan los
primeros
hallazgos arqueológicos. Núcleo económico de
primer rango por su riqueza minera en plomo y plata, ya explotada por
los iberos; centro de atracción para los pueblos colonizadores
griegos y fenicios, y más tarde para los cartagineses,
Cástulo se convierte bajo el Imperio romano en ciudad federada
(«civitas liberae et inmunes») y
en
el centro minero que controla los yacimientos de la región en
un radio de 40 kms. con toda una red de importantes vías de
comunicación: hacia Levante (Via Augusta); a Córdoba
por Iliturgi o por Epora; a Malaca y a Mentesa, contando
también con una vía fluvial, habiéndose
encontrado restos de un embarcadero sobre el Guadalimar.
Durante la etapa visigoda Cástulo es sede episcopal,
diócesis que tiene su origen en época romana, y que se
interrumpe a finales del siglo VII siendo el X Concilio de Toledo el
último al que asisten los obispos castulonenses.
En el periodo musulmán Qastuluna es el escenario de la batalla definitiva entre Abderramán 1 y Yusut; y más tarde entre Abderrarnán 111 y Shaliya, rebelde «muladí», conservándose aún los restos del castillo árabe que Shaliya ocupó durante casi veinte años.
Es
a partir de esta época, con la decadencia de Cástulo,
cuando comienza a surgir alrededor de un castillo o fortaleza, cuya
misión era la de servir de avanzada de Cástulo, la
población conocida primero como lugar y más tarde como
Villa de Linares. Durante la Reconquista esta fortaleza sirvió
de refugio y albergue al ejército cristiano, siendo
conquistada, a la par que Baeza, en 1227.
Durante
los siglos XIV y XV Linares conoció una época de
inestabilidad social y política, plasmada en frecuentes luchas
entre linajes y ciudades. A mediados del siglo XVI gracias al aumento
de su población y a su florecimiento económico debido a
su riqueza agrícola y ganadera, Linares obtiene el
título de Villa de manos de Felipe II. En esta época
Linares es una ciudad señorial que basaba su riqueza en las
posesiones agrícolas; su configuración urbana obedece a
esta situación social: un núcleo medieval en torno a la
iglesia y el castillo, donde vivían los hidalgos y el clero, y
una serie de barrios, cuya actividad económica se orienta
hacia el campo.
El progresivo deterioro de toda el área giennense durante
los siglos XVII y XVIII alcanza también a Linares. Pero en el
siglo XIX Linares sufre una rotunda transformación: la
explotación de sus minas de plomo la convierten en una rica
zona industrial y comercial, lo que hace que su población pase
de 6.000 habitantes en 1849 a 36.000 en 1877; llega el ferrocarril
para el transporte de personas y mercancías; junto a las
inversiones extranjeras surge una nueva tecnología que
proporciona a la minería linarense sus primeros años de
expansión, y en 1875, por Real Decreto, Alfonso XII concede a
Linares el título de Ciudad. La transformación de la
ciudad es sobresaliente: se amplía su extensión de
villa medieval-renacentista con el proyecto
de
expansión de 1871; surgen barrios residenciales de calles
rectas y casas individuales; se construyen parques y plazas con
jardines evocadores del modernismo levantino; se da lugar a la
creación de una nueva «ciudad», que, aunque en parte
estaba dentro del viejo casco, se remoza a comienzos del siglo XX con
edificios comerciales y de banca concentrados, marcando la pauta a
seguir por otras ciudades.
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