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En la
práctica clínica diaria, los profesionales sanitarios se encuentran
con la necesidad de tomar decisiones constantemente.
Normalmente, estas decisiones parten de los conocimientos
aprendidos durante el ciclo formativo, de indicaciones de otros
profesionales o de la propia experiencia.
Aunque
podría parecer lo más lógico e indicado rara vez se apoyan en
recomendaciones de estudios recientes o en consultas específicas. En la
enfermería, este déficit de actualización se hace más patente que en
otras disciplinas sanitarias por multitud de factores entre los que podrían
destacarse la falta de motivación para el estudio, la falta de
reconocimiento, las pocas posibilidades de desarrollo profesional y las
diferencias en cuanto
a disponibilidad de medios con respecto a otros profesionales
sanitarios. Generalmente
nuestras necesidades formativas no están cubiertas porque:
Nuestros
conocimientos y la práctica clínica se deterioran si no son
continuamente revisados y actualizados atendiendo a las mejores pruebas
de que podamos disponer. Nuestras
actuaciones pueden, en determinados momentos, ser erróneas, desfasadas
y pueden carecer del rigor exigible para poder ser consideradas de
calidad. Podemos fácilmente
“hacer lo que no se debe y no hacer lo que se debe”
Estos motivos, junto a otros
apreciables en la tabla adjunta, determinan la necesidad de fundamentar
las recomendaciones y la práctica profesional en la evidencia científica
o en las pruebas, que es según algunos un termino más adecuado para
referirnos a este fenómeno en castellano. Según
Sackett, la " práctica basada en la evidencia "podría
definirse como:
Lo que se pretende desde esta
perspectiva es que esta práctica se adecue a la investigación clínica
disponible de modo que, una vez localizada y evaluada por el profesional
sea aplicada para mejorar el cuidado de sus pacientes y su propia práctica.
La práctica basada en la evidencia nos aporta seguridad y capacidad crítica
consolidando los cimientos de nuestros cuidados. Una
concepción integral del paciente obliga a la multidisciplinariedad.
No puede prestarse atención de calidad si no se aplican cuidados
adecuados. Los
orígenes filosóficos de la Medicina
Basada en la Evidencia (MBE) se remontan a los escépticos post-revolucionarios de Paris de
mediados del siglo XIX. La Enfermería
Basada en la Evidencia (EBE)
está menos documentada. Hasta hace poco era
muy escasa
La bibliografía existente sobre EBE en castellano. Los recursos
en lengua inglesa son mucho más abundantes, cada vez más, se va
haciendo frecuente basar los cuidados en la mejor evidencia posible
proliferando tanto publicaciones de enfermeras basadas en pruebas como
centros dedicados únicamente a la EBE, algunos de ellos, muy
prestigiosos y que marcan pautas de actuación de gran rigor científico. Hablar de “Práctica basada en la evidencia”, engloba una
concepción global del proceso asistencial, quedando incluida la
aportación particular de cualquier profesional y disciplina implicada
en la atención. Partiendo
de este planteamiento la medicina basada en la evidencia o enfermería
basada en la evidencia no son excluyentes sino complementarias como lo
son los diagnósticos, prescripciones y cuidados. La EBE requiere hacer sistemático y explícito un proceso lógico
de obtención de información que aplicado a la labor diaria, la
enriquece y revaloriza. Históricamente la accesibilidad de la información ha sido un handicap importante, que hoy día se hace menos acuciante con el desarrollo de las nuevas tecnologías. Si bién, las posibilidades de acceder a la información se han facilitado, es cierto que también esa abundancia de información disponible nos obliga a ser más escrupulosos en la selección de nuestras fuentes. La mayor parte de las escalas que clasifican la evidencia científica, coinciden en calificar con la mayor rigurosidad y calidad científica, y por lo tanto credibilidad de sus resultados, a aquellos estudios que son aleatorios, controlados y prospectivos. Desde nuestras propias casas, con la ayuda de Internet y un
entrenamiento en la búsqueda y elección de información debemos
sentirnos más obligados a fundamentar en la evidencia cualquiera
de nuestras actuaciones. La EBE se convierte en un reto inexcusable. La necesidad de información, que nos surge en la práctica
diaria cuidando a nuestros pacientes (Problema clínico)
deberemos:
·
historia clínica / exploración física ·
diagnósticos de laboratorio ·
publicaciones (“evidencias de la investigación”) ·
otras fuentes
Nuestra práctica clínica puede mantenerse actualizada: 1
Aprendiendo cómo practicar EBE nosotros mismos. 2
Buscando y aplicando resúmenes de MBE
y EBE elaborados por otros. 3
Aceptando protocolos basados en la evidencia desarrollados
por nuestros colegas. Recomendaciones
basadas en la escala de evaluación de la evidencia.
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