MITOLOGÍA JAPONESA

Recopilado por 
Rafael Abad de los Santos

5. La Edad de los Humanos

  • Hazañas de Jinmu Tennô
  • Los haniwa
  • Hazañas de Yamato-Takeru
  • El sacrificio de Oto-Tachibana
  • Caída de Yamato-Takeru

Hazañas de Jinmu Tennô

 

Jinmu y su hermano mayor, tras la muerte de sus otros hermanos, abandonan el palacio de Takachio, para dirigirse hacia el Este, donde piensan establecer la sede del gobierno y buscar nuevos territorios. Sin embargo, estando de camino, el hermano mayor, llamado Itsu-se, resulta muerto a manos de un señor local, y Jinmu tiene que continuar solo el viaje. Tras enterrar a su hermano, Jinmu continúa hasta la región de Kumano[*1] , donde una deidad local adopta la forma de oso y lanza contra los invasores un hechizo, que los sume en un profundo sueño.

Uno de los criados de Jinmu se entera durante este trance de la existencia de una espada mágica, enviada por Amaterasu y las demás divinidades para ayudar a Jinmu a pacificar la Tierra Central de la Llanura de Juncos, es decir, Yamato. Al despertar, el criado localiza la espada y se la entrega a Jinmu. El ejército continúa su marcha hacia el Este guiado por un cuervo gigante, llamado Sawo-ne-tsu-hiko y enviado también por los dioses celestes[*2] , y se internan en Honshû. Allí, los primeros jefes locales que se encuentran rinden homenaje a Jinmu, pero las luchas todavía continúan.

El conquistador, ayudado por la espada divina y orientado por el cuervo, encuentra a dos benévolos dioses de los que tienen cola y luego se enfrenta a dos adversarios, los hermanos Ukashi, que caen víctimas de la trampa que ellos mismos habían preparado contra él. Luego, se lanza contra ochenta “indígenas con cola”, a los que aniquila en su caverna. Finalmente, tras haber matado al asesino de su hermano y a otros enemigos, “habiendo, de este modo, sometido y pacificado a las divinidades salvajes”, funda la primera capital del imperio en Kashihabara [Llanura de los Robles], en el Yamato. A continuación se narra su matrimonio con la princesa Isuke-yori-hime, que era de ascendencia divina. De esta forma, gobernó su nuevo reino, hasta que murió a la edad de ciento treinta y siete años. Su muerte, sin embargo, fue seguida por diversos desórdenes.



Los haniwa


Los ocho reinados siguientes, que representan quinientos años de la cronología oficial, no constan más que mediante simples enumeraciones: genealogías de soberanos, indicación del nombre de su capital, de la edad que alcanzaron y del lugar donde fueron enterrados. Siguen, a continuación, dos “emperadores” más interesantes: Suijin, que habría vivido durante el primer o el tercer siglo a. de C., y cuyo reinado quedaría marcado entre otras cosas por una epidemia enviada por el Gran dios de Miwa, una de las almas del dios Ô-kuni-nushi, y Suinin, que escapa a una conspiración, apacigua a los manes del señor de Izumo para conseguir que su hijo mudo recobre la palabra, hace importar el naranjo del País Eterno e instituye una corporación de alfareros[*3] , que sustituirán a las víctimas humanas que eran enterradas vivas en las tumbas de los grandes personajes, por estatuillas de arcilla[*4] :

Quinto día, décimo mes, invierno, vigésimo octavo año [del reinado de Suinin]. Ha muerto Yamato-hiko-no-mikoto, hermano menor del emperador por parte de madre.

Segundo día, undécimo mes, invierno. Yamato-hiko ha sido enterrado en Tsukizaka, en Musa. A continuación han sido reunidos todos sus servidores y sepultados de pie dentro del recinto del túmulo. Han pasado muchos días y no han muerto, sino que han llorado y se han lamentado día y noche. Finalmente han muerto y se han descompuesto. Han sido devorados por perros y cuervos.

El emperador, oyendo su llanto y sus lamentos, se ha conmovido y ha convocado a sus más altos funcionarios: “Es muy penoso”, dijo, “obligar a aquellos que uno ha amado en vida a seguirlo también en la muerte. Aunque sea una costumbre ¿por qué conservarla si es mala? Desde ahora en adelante tomad medidas para que se ponga fin a la práctica de seguir a los difuntos”.

Sexto día, séptimo mes, otoño, trigésimo segundo año. Muere la emperatriz consorte Hibasu-hime-no-mikoto. Poco antes del funeral, el emperador convoca a los ministros, diciendo: “Ya hemos reconocido como cosa no buena la costumbre de seguir a los muertos. ¿Qué haremos entonces para celebrar estas exequias?”

Entonces, Nomi-no-Sukune se adelantó, diciendo: “No está bien sepultar vivos a los hombres y a las mujeres en los túmulos. Pero, ¿cómo puede transmitirse esta práctica a la posteridad? Yo me atrevo a exponer un expediente que someteré a Su Majestad.

>Entonces, envió mensajeros para traer de la región de Izumo un centenar de hombres de la corporación de los ceramistas. Les dio instrucciones para que tomasen arcilla y la moldeasen en forma de hombres y mujeres, de caballos y de diversos objetos, que luego presentó al emperador: “Haz que desde ahora en adelante sea ley para las generaciones futuras el sustituir con objetos arcilla a las personas vivas y colocarlas sobre los túmulos”. Entonces el emperador quedó altamente complacido, y le dijo a Nomi-no-Sukune: “Este procedimiento alegra muchísimo mi corazón”.

>De este modo,  los objetos de arcilla se colocaron por primera vez en la tumba de Hibasu-hime-no-mikoto. A estos objetos se les dio un nombre: se les llamaron haniwa [anillo de arcilla]; pero también son conocidos con el nombre de tatemono [objeto de pie o levantado].



Hazañas de Yamato-Takeru

Finalmente, durante el reinado del siguiente emperador, Keikô, llegamos a una de las leyendas más famosas de Japón: la protagonizada por Yamato-Takeru [El Valiente de Yamato].

La primera hazaña de O-usu-no-mikoto[*5] consistió en matar a su hermano mayor, por no mostrar el debido respeto a su padre, el emperador. Este, impresionado por la fiereza de su hijo, decidió enviarlo a una peligrosa misión: matar a dos poderosos guerreros del Oeste, los hermanos Kumaso, que se oponían a la autoridad del emperador..

Al llegar a la casa de los hermanos Kumaso, el augusto O-usu vio que, junto a ella, se encontraban tres círculos de guerreros, los cuales, tras haberse construido una cabaña, discutían con alboroto sobre una fiesta para la inauguración de la augusta cabaña y preparaban su alimento. De modo que se paseó por los alrededores esperando del día de la fiesta. Y cuando llegó el día del jolgorio, se peinó a la manera de las jóvenes mujeres, y se puso los vestidos de su tía Yamato-hime, la gran sacerdotisa del templo de Ise, de modo que parecía realmente una muchacha. Mezclado con las concubinas entró en la cabaña. Entonces, los dos hermanos Kumaso, el hermano mayor y el hermano menor, encantados con la visión de aquella virgen, la colocaron entre ambos y manifestaron una gran alegría. Sin embargo, cuando la fiesta estaba en su apogeo, sacando la espada que había escondido en su seno y agarrando al hermano mayor por el cuello de su traje, O-usu le clavó el arma en el pecho, en vista de lo cual el hermano menor, asustado, salió huyendo. Sin embargo, tras perseguirle y alcanzarle en los últimos escalones de la cabaña, le agarró por el pescuezo y le hundió la espada por debajo de los riñones. Entonces, el rebelde Kumaso habló, diciendo:

-Detén el sable, pues tu servidor tiene algo que decirte.

Así pues, le dio un momento de respiro, manteniéndole abatido en tierra, y el bandido preguntó:

¿Quién es tu augusta persona?

-Soy el augusto hijo de Ô-tarashi-hiko-oshiro-wake [Señor que gobierna, príncipe grande y perfecto[*6] ], el celeste soberano que reside en el palacio de Hishiro en Makimuku y gobierna el Gran País de las Ocho islas –respondió el príncipe- y ni nombre es Yamato-O-Guna [Joven de Yamato[*7] ]. Sabedor de que vosotros dos, miserables rebeldes Kumaso, habéis sido insumisos e irrespetuosos, fue el propio soberano quien me envió con orden de apoderarme de vosotros y daros muerte.

Entonces el rebelde Kumaso dijo:

-Eso debe ser cierto, pues no hay nadie en el Oeste tan valiente y tan fuerte como nosotros dos, pero en el País del Gran Yamato hay un hombre más valiente que nosotros dos. Por ello quiero ofrecerte un nombre augusto. De ahora en adelante es justo que seas alabado como el agusto príncipe Yamato-Takeru.

Apenas hubo terminado de hablar, el augusto príncipe le hendió como un melón maduro y acabó con él, y a partir de entonces fue siempre alabado bajo el augusto nombre Yamato-Takeru[*8] .

Tras volver a casa, su padre le encargó que sometiese la tierra de Izumo y que matara a su jefe, Izumo-Takeru, poderoso guerrero que accedió a un duelo con Yamato-Takeru y a intercambiar las espadas para la lucha. Al comenzar el duelo, Izumo no pudo desenvainar la espada de Yamato, ya que no era más que una imitación, y éste lo mató.

A continuación, Keikô le encomendó la misión de pacificar a las regiones del Este. Yamato partió con la espada mágica Kusanagi que había encontrado Susano y una bolsa también mágica, ambos objetos regalos de su tía Yamato-hime, que se los dio en el santuario de Ise. En el camino conoció a una princesa, Miyazu-hime, se enamoró de ella y le prometió casarse a su regreso.

Cuando llegó al país de Sagamu[*9] , el señor del país le tendió una trampa, diciendo: “En el interior de este páramo hay una gran laguna y el dios que habita allí es realmente violento y causa muchos problemas”. De modo que entró en el páramo para ver a este dios y he aquí el señor del país prendió fuego al páramo. Entonces, comprendiendo que había sido engañado, abrió la bolsa mágica que su tía, la princesa Yamato-hime, le había confiado y vio que dentro había yescas. Entonces, la espada Kusanagi se movió por sí sola, cortando el césped, y Yamato aprovechó la ocasión para prender un contrafuego y rechazar el incendio. Después, volviendo sobre sus pasos, mató y aniquiló a todos los guerreros de aquel país, e inmediatamente prendió fuego a sus cadáveres y los quemó.



El sacrificio de Oto-Tachibana

En el viaje de regreso, al cruzar el mar de Hashiri-mizu [Agua que corre], el dios de este mar hizo levantar las olas, sacudiendo la embarcación de tal manera que no podía avanzar. Entonces, su emperatriz, la augusta princesa Oto-Tachibana, dijo a Yamato: “Tu concubina entrará en el mar en lugar del augusto príncipe[*10] ”. Cuando ella estuvo dispuesta para internarse en el mar, extendió ocho tapices de caña, ocho tapices de pieles y ocho tapices de seda, y se sentó sobre ellos, con lo cual las olas furiosas cayeron de golpe y la augusta embarcación pudo avanzar. Entonces, la augusta emperatriz, cantó, diciendo: “¡Ah, tú por quien me inquietaba cuando estabas en medio de las llamas del fuego que ardía en el pequeño páramo de Sagamu, desde donde se ve la auténtica cima[*11] !”. Y de esta forma, desapareció en el interior de las aguas. Siete días después, el augusto príncipe de la emperatriz fue lanzado por las olas a la playa, y este peine, recogido inmediatamente, fue colocado en una augusta tumba que se construyó al efecto[*12] .

La heroica acción de su esposa arranca al príncipe viudo una exclamación que se repetirá en toda la poesía japonesa, en la que el nombre de Azuma designa también al Japón oriental:

El príncipe siguió su camino y de regreso a la capital alcanzó el pie del desfiladero de Ashigara[*13] , después de haber subyugado a los salvajes Emishi[*14] , y tras haber pacificado igualmente a todos los dioses salvajes de las montañas y los cursos de agua. Y he aquí que mientras comía sus augustas provisiones, el dios del desfiladero, metamorfoseado en un gamo blanco, acudió y permaneció erguido frente a él. El príncipe se enfrentó con él y le golpeó con un tallo de ajo silvestre[*15] , y el gamo resultó herido en el ojo y cayó muerto[*16] . Entonces, subiendo a la cumbre del desfiladero, suspiró tres veces y habló, diciendo: “¡Azuma wa ya!” [¡Oh, esposa mía¡], y por ello este país recibe el nombre de Azuma.



Caída de Yamato-Takeru

Sin embargo, durante el viaje de regreso a la capital, Yamato se casa con Mizuya-hime, y deja a su cuidado la espada Kusanagi.

Luego, al pasar por el monte Ibuki, Yamato quiso enfrentarse al dios autóctono, que había adoptado la forma de “un jabalí blanco y grande como un toro”. Yamato aseguró que estaba dispuesto a matarlo, violenado otro tabú más. El dios, sin embargo, hizo que se perdiese por la montaña, cayendo sobre él, además, una intensa lluvia helada que paralizará sus miembros y será la causa de su muerte. En efecto, moribundo, emprende su último viaje hacia la costa de Otsu, cerca de Ise, para recoger una espada que había dejado allí. Por el camino, va cantando una canción sobre su hermosa tierra natal, exaltando el Yamato, envidiando a los jóvenes que danzan allí coronados con hojas de roble, saludando a las nubes que llegan desde su país natal y lamentándose por la ausencia de la espada divina que habría podido salvarle la vida. Finalmente, en la llanura de Nobo, tras una larga y dolorosa marcha, fallece, sin haber vuelto a la capital.

Sus esposas e hijos acuden a recoger su cuerpo, pero él se transforma en una gigantesca ave blanca, que alza el vuelo en dirección al mar. Todos sus allegados, cantando entre gemidos, siguen al pájaro hasta un lugar donde se detiene y donde le erigen una tumba[*17] .

Y, sin embargo, desde allí, el pájaro levanta otra vez el vuelo hacia el cielo y se aleja.

[*1]Actual prefectura de Wakayama.

[*2]Numerosas mitologías muestran como los conquistadores y colonizadores son conducidos por animales, a menudo pájaros. Por ejemplo, las grullas de Megar, la paloma de los Calcidios, el pájaro carpintero de los Picenios y el cuervo de Bato.

[*3]En japonés Sue-be [be = corporación o asociación]; la existencia de esta corporación y otras parecidas [Hata-be, encargados del tejido, Ukai-be, o pescadores, etc.] está históricamente demostrada.

[*4]Estas estatuillas de barro, llamadas haniwa en japonés, son uno de los elementos más característicos, desde el punto de vista arqueológico, del período kofun (ss. IV – VI d. C.). De acuerdo con costumbres funerarias chinas, se consideró que los haniwa representaban víctimas ideales inmoladas en honor de los difuntos. En China, el sacrificio humano, realizado hasta el siglo III a.C., fue sustituido por la costumbre de colocar al lado de los muertos figurillas de madera o de arcilla. Cuando ya se había perdido y olvidado en Japón el significado de los haniwa, se pensó que representaban una práctica análoga a la china. Además, las primeras fuentes chinas sobre Japón informan sobre la realización de sacrificios humanos. Pero lo cierto es que los historiógrafos chinos habían atribuido a las gentes del archipiélago esta costumbre, no basándose en hechos verídicos, sino como signo de barbarie y retraso cultural. Hasta hoy la arqueología no ha hallado indicios sobre la práctica de sacrificios humanos en el archipiélago; así, por ejemplo, nunca se han encontrado huesos de ninguna clase, ya humanos ya animales, que acompañen a los difuntos, ni dentro ni fuera de las tumbas.

[*5]Uno de los primeros nombres que recibió Yamato-Takeru.

[*6]Nombre primitivo del emperador Keikô.

[*7]Otro nombre de Yamato-Takeru.

[*8]Este relato se ha comparado con la leyenda de Zeus introduciéndose disfrazado en la residencia de Licaón y luego matándole con sus hijos en medio del festín.

[*9]Actual prefectura de Kanagawa.

[*10]“Tu concubina” se usa como expresión de humildad, pues el texto acaba de decir que ella era “su emperatriz”, es decir, su esposa principal. El propio Yamato-Takeru, en razón de su gloria legendaria, es tratado como un emperador más, dándosele en el texto original las partículas honoríficas que habitualmente se reservan a los soberanos.

[*11]La cima del monte Fuji.

[*12]Se considera que el peine, al estar en contacto directo con la persona, está impregnado de alguna forma de su espíritu. De ahí que es objeto intervenga constantemente en la magia primitiva, y concretamente aquí, sustituyendo al cuerpo desaparecido.

[*13]Desfiladero que conduce al monte Fuji.

[*14]Suele confundirse a los Emishi con los Ainu, pero en realidad se trata de conceptos diferentes. Emishi hace referencia a los pueblos mongoloides (igual que los otros japoneses) vinculados con la cultura neolítica, que permanecieron independientes del poder imperial hasta el siglo IX, y que habitaban la mitad norte de Honshû. Los Ainu también se vinculan a la cultura neolítica, pero son proto-caucásicos, y su hábitat se circunscribe a la isla septentrional de Hokkaidô.

[*15]El ajo, de intenso olor, es una planta mágica que protege contra los espíritus. El Nihongi cuenta como los viajeros que cruzaban este desfiladero, impregnaban sus ropas con ajo molido, a fin de protegerse contra el aliento del dios de la montaña.

[*16]Esto suponía la violación de un tabú, y aquí se inicia la desgracia de Yamato.

[*17]No es únicamente el alma del héroe lo que desaparece, sino también su cuerpo. Según la versión del Nihongi, el emperador hizo enterrar a su hijo en una de aquellas tumbas de rocas coronadas con un gran túmulo, donde se enterraba a los poderosos. Sin embargo, Yamato-Takeru, tomando la forma de un pájaro blanco, alzó el vuelo hacia el Yamato. “En consecuencia, los ministros abrieron el ataúd y, mirando en su interior, comprobaron que no quedaban más que los trajes y que el cuerpo había desaparecido”.

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