MITOLOGÍA JAPONESA

Recopilado por 
Rafael Abad de los Santos

4. El Ciclo de Ninigi y sus descendientes

  • Descenso de Ninigi
  • Uzume y Sarutahiko
  • La maldición del dios señor de la gran montaña
  • El embarazo de Ko-no-hana-sakuya-hime
  • El intercambio de las herramientas
  • El palacio del Señor del Océano
  • Sumisión de Ho-Susori
  • Nacimientos de Amasuhiko y de Yamato Takeru

Descenso de Ninigi

Ninigi marcha, pues, a la tierra, portando tres objetos sagrados, símbolos de soberanía, cedidos por su abuela: el espejo divino usado para que Amaterasu abandonase la cueva de la oscuridad, la espada Kusanagi encontrada por Susano en la cola de la serpiente, y las joyas magatama de la que surgieron sus hijos.

Entonces Amaterasu dijo: “Adora este espejo como a mi propia alma; adórale como tú nos adoras”. Luego Amaterasu y el dios Taka-mi-musuhi dieron la orden al príncipe Ninigi, y éste, abandonado su celeste sede de rocas, empujando y separando las nubes replegadas, se abrio camino poderosamente y partio flotando escondido en el Puente Flotante del Cielo, y descendió sobre el pico de Kushifuru, Takachio, en Tsukushi.

Allí, en lo alto del monte, Ninigi construye un palacio, desde donde empieza a reinar.



Uzume y Sarutahiko

La diosa Uzume recibe la orden de utilizar sus poderes para distraer a una deidad solar local, Sarutahiko [Príncipe Mono], que había intentado impedir el descenso de Ninigi. Después de este incidente, se casan, dando origen a la corporación sacerdotal de las Sarume [*1] .

En el siguiente capítulo, titulado “El dios príncipe Saruta en Azaka”, se narra como, estando de pesca, el dios se ahogó en aquel lugar. Luego sigue una curiosa leyenda que intenta explicar la extraña forma de un animal:

Cuando regresó la celeste Uzume, tras haber acompañado al dios principe Saruta, reunió inmediatamente todo aquello que era ancho de aletas y todo aquello que era estrecho de aletas[*2] , y les preguntó: “¿queréis servir respetuosamente al augusto hijo de las divinidades celestes?”. A esta pregunta todos los peces respondieron que sí. El único que no respondió fue el cohombro de mar. Entonces la augusta y celeste Uzume habló al cohombro de mar: “¡Esta boca es una boca que no responde!” y, diciendo esto, le hendió la boca con su pequeño puñal. Por ello, hoy el cohombro de mar tiene la boca hendida[*3] .


La maldición del dios señor de la gran montaña

El agusto príncipe Ninigi encontró a una hermosa joven en el cabo de Kasasa, y le preguntó de quien era hija. Ella respondió: 

-Soy la hija del dios señor de la gran montaña, mi nombre es Kamu-ata-tsu-hime [Divina princesa de Ata]; y también me llaman Ko-no-hana-sakuya-hime [Princesa que aflora esplendorosamente como las flores[*4] ]. 

-¿Tienes hermanas? –volvió a preguntar.

-Tengo una hermana mayor, Iwa-naga-hime [Princesa de larga vida como las rocas[*5] ]. 

Entonces él le dijo: 

-Quisiera unirme a ti. ¿Qué piensas tú de ello?

-Vuestra sierva no puede decirlo -respondió ella-: el padre de vuestra sierva, el dios señor de la gran montaña, lo dirá.

Entonces, él envió una solicitud al padre, quien, encantado, le envió respetuosamente a la joven, añadiendo además a su hermana mayor, e hizo que le llegaran cientos de ofrendas. Pero como la hermana mayor era horrible, el príncipe Ninigi se asustó al verla y la devolvió, quedándose sólo con la hermana menor, a la que desposó durante una noche. Entonces, el dios señor de la gran montaña, cubierto de vergüenza por haberle sido devuelta Iwa-naga-hime, dirigió al príncipe este mensaje: “Mis motivos para ofrecer a mis dos hijas juntas eran los siguientes: enviando a Iwa-naga-hime pretendía que los agustos retoños de la divinidad celeste, aunque cayera la nieve y soplase el viento, pudieran vivir eternamente, inmutables como las duraderas rocas; por otra parte, enviando a Ko-no-hana-sakuya-hime, conseguía que pudieran vivir de manera floreciente como la floración de las flores de los árboles. Las ofrecí para asegurar todo esto, sin embargo, ya que has devuelto a la Iwa-naga-hime, y te has quedado sólo con Ko-no-hana-sakuya-hime, la augusta descendencia de la divinidad celeste será tan frágil como las flores de los árboles. Por esta razón, desde entonces y hasta hoy en día, las vidas de los augustos soberanos no son largas. 


El embarazo de Ko-no-hana-sakuya-hime

 

La princesa Ko-no-hana-sakuya-hime se queda embarazada después de la primera noche, por lo cual Ninigi duda de su fidelidad. La princesa, irritada por esta sospecha, se hace construir una casa sin puertas ni ventanas, y en el momento del parto le prende fuego, jurando que perecerá el que nazca, si no es hijo de Ninigi. Afortunadamente, no sucede nada malo, y da a luz tres hijos, cuyos nombres recuerdan las fases de la cópula: Ho-Deri [Fuego Inicial], Ho-Susori [Fuego Brillante], y Hiko-hoho-demi [Fuego Menguante[*6] ]. Del primer hermano nada se dice en los relatos posteriores, pero los otros dos protagonizan las últimas leyendas del ciclo de los dioses.


El intercambio de las herramientas

Ho-Susori era un príncipe que encontraba sus recursos en el mar, y que comía animales de aletas anchas y de aletas estrechas. Hiko-hoho-demi era un príncipe que encontraba sus recursos en las montañas y que comía animales de pelo duro y de pelo suave. Y he aquí que Hiko-hoho-demi, insatisfecho con su suerte, dijo a su hermano mayor: “Hagamos un intercambio y que cada uno de nosotros emplee los recursos del otro”. Aunque se lo rogó tres veces, su hermano mayor no quiso consentir en ello. Finalmente, con muchas dificultades consiguió el intercambio. Entonces, Hiko-hoho-demi, disponiéndose a buscar sus recursos en el mar, lanzó el sedal para pescar peces, pero no consiguió coger ningún pez, y además perdió el anzuelo en el mar. Allí arriba, su hermano mayor, Ho-susori, le reclamó el anzuelo, diciendo:

-Los recursos de las montañas son unos recursos particulares, y los recursos del mar son unos recursos particulares. Que cada uno de nosotros devuelva sus recursos.

A lo que el hermano más joven respondió, diciendo:

-Por lo que respecta a tu anzuelo, pescando con él no he cogido ningún pez, y, finalmente, lo he perdido en el mar.

Sin embargo, el hermano mayor, se lo reclamaba con insistencia. Entonces, el hermano más joven, rompiendo su augusta espada de diez palmos, hizo de ella quinientos anzuelos como compensación, pero el otro no quiso tomarlos. De nuevo hizo mil anzuelos como compensación, pero el otro no quiso recibirlos, diciendo:

-Necesito el auténtico anzuelo original.



El Palacio del Señor del Océano

Viendo el venerable dios de las aguas saladas que el hermano más joven lloraba y se lamentaba a orillas del mar, acudió y le preguntó, diciendo:

-¿Qué os causa tanto dolor y porqué os lamentáis de este modo?

El príncipe respondió, diciendo:

-Había intercambiado un anzuelo con mi hermano mayor y lo perdí; y como me lo reclamaba, le he dado muchos anzuelos en compensación, pero no quiere aceptarlos, diciendo: “Necesito el anzuelo original”. Y por ello, lloro y me lamento.

Entonces el venerable dios de las aguas saladas dijo:

-Te daré un buen consejo.

Y con estas palabras, tras construir una sólida barca y montarle en ella, le instruyó diciendo lo siguiente:

-Cuando haya empujado el barco, avanza algún tiempo. Encontrarás una augusta y agradable ruta y, si sigues esta ruta con el barco, aparecerá un palacio que parece construido con escamas de pez: es el palacio del dios Señor del Océano. Cuando hayas llegado a la puerta, observarás junto a los pozos un árbol de katsura[*7] . Si te sientas en lo alto del árbol, la hija del dios Señor del Océano te verá y te aconsejará.

Siguiendo estas instrucciones, emprendió la ruta y todo ocurrió como le había sido dicho, y tan pronto como llegó, trepó al árbol de katsura y se sentó. Y cuando las doncellas de la hija del dios de los mares, Toyo-tama-hime [Princesa de las ricas joyas], iban a sacar agua con vasijas, vieron una gran luz que surgía de los pozos[*8] , y miraron hacia lo alto, y he aquí que había allí un hermoso joven y esto les sorprendió en gran manera. Entonces Hiko-hoho-demi vio a las doncellas y les rogó que le dieran un poco de agua. Inmediatamente, las doncellas sacaron agua, la pusieron en una vasija y se la ofrecieron. Sin embargo, el joven, en vez de beber el agua, se arrancó una joya que adornaba su cuello, la tomó con su boca y la escupió dentro de la vasija[*9] , de modo que la joya se quedó adherida al fondo de la vasija y las doncellas no pudieron separarla. Así pues, tomaron la vasija con la joya adherida y se la entregaron a Toyo-tama-hime. Al ver la joya, interrogó a sus doncellas, diciendo:

-¿Acaso hay alguien al otro lado de la puerta?

-Hay alguien sentado en la cima del árbol de katsura que está junto a nuestros pozos. Es un hermosísimo joven, es incluso más deslumbrante que nuestro rey. Y como nos pidió agua, se la hemos dado respetuosamente, pero en lugar de beberla ha escupido la joya dentro, y como no hemos podido separarla, lo hemos traído todo junto para entregároslo.

Entonces Toyo-tama-hime, sorprendida, salió de palacio y al verle se enamoró inmediatamente. Intercambiaron unas miradas, tras lo cual la princesa habló a su padre, diciendo:

-Hay alguien hermosísimo a nuestra puerta.

>Entonces el propio dios de los mares, habiendo salido para mirar, dijo: 

-¡Es el príncipe Hiko-hoho-demi, hijo del augusto soberano Ninigi!

Y, diciendo esto, le condujo al interior del palacio, y cubriendo el suelo con múltiples tapices de piel de foca y seda, dispuso centenares de ofrendas, preparó un augusto festín y le dio en matrimonio a su hija, Toyo-tama-hime. Así pues, permaneció tres años en este país, transcurridos los cuales y pensando en todo aquello que le había sucedido antes de su llegada, Hiko-hoho-demi lanzó un profundo y único suspiro. Entonces, la augusta princesa, comprendiendo aquel suspiro, informó a su padre, diciendo:

-Aunque mi esposo ha permanecido aquí durante tres años, jamás se le oyó suspirar; sin embargo, esta noche ha lanzado un profundo suspiro, ¿cuál puede ser la causa?

El gran dios, su padre, habló a su yerno, diciendo:

-Esta mañana mi hija me ha dicho: “Aunque mi esposo ha permanecido aquí durante tres años, jamás se le oyó suspirar; sin embargo, esta noche ha lanzado un profundo suspiro, ¿cuál puede ser la causa?”. –Y le preguntó-: ¿Por qué razón has venido aquí?

Entonces el esposo narró al gran dios, fielmente, cómo su hermano mayor le había presionado para recuperar el anzuelo perdido.

Allí en lo alto, el dios de los mares convocó a todos los peces del mar, grandes y pequeños, y les interrogó, diciéndoles:

-¿Por casualidad algún pez tiene este anzuelo?

Y todos los peces respondieron:

-Últimamente el besugo se queja mucho y dice tener en el gaznate una espina que le impide comer. Seguramente lo tiene él.

Entonces, examinaron el gaznate del besugo y vieron que el anzuelo se encontraba allí. Tan pronto como se lo quitaron, lo lavaron y respetuosamente se lo entregaron al augusto Hiko-hoho-demi, a quien el dios Gran señor del océano instruyó, diciendo:

-Cuando dignes entregar este anzuelo a tu hermano mayor, he aquí lo que dirás: “Este anzuelo es un anzuelo burdo, un anzuelo estúpido, un anzuelo insulso”. Una vez dicho esto, dáselo manteniendo tu mano detrás de la espalda. Y una vez hecho, si tu hermano mayor trabaja los campos altos, que tu augusta persona trabaje los campos altos[*10] , y si tu hermano mayor trabaja los campos bajos, que tu augusta persona trabaje los campos altos. De este modo, tu hermano mayor se arruinará en el espacio de tres años, gracias a mi modo de gobernar las aguas. Si tu hermano mayor, irritado por tu forma de comportarte, te ataca, exhibe la joya que hace subir las aguas, para ahogarle, y si muestra arrepentimiento, exhibe la joya que hace refluir las aguas, para permitirle seguir con vida[*11] . Es así como debes confundirle.

Con estas palabras le entregó las dos joyas; e inmediatamente, tras convocar a todos los cocodrilos, les interrogó, diciendo:

-El príncipe Hiko-hoho-demi, el augusto hijo del soberano Ninigi, se dispone a acudir al País Superior, ¿quién querrá y en cuantos días acompañarle respetuosamente y luego traerme noticias de él?

Así, cada uno, de acuerdo con la longitud de su cuerpo en brazas, habló fijando los días, y uno de ellos, un cocodrilo de una braza, dijo:

-Tu servidor irá con él y volverá en un día.

Entonces el dios Gran señor del océano dijo al cocodrilo de una braza:

-Si es así, acompáñale respetuosamente y no le asustes cuando estéis en medio del mar.

Inmediatamente, instaló al príncipe sobre la cabeza del cocodrilo y les vio partir. Y en un día, según su promesa, el cocodrilo le acompañó respetuosamente. Y cuando el cocodrilo se disponía a regresar, Hiko-hoho-demi soltó el pequeño sable que llevaba, y lo colgó en el cuello del cocodrilo. Por esta razón, hoy en día al cocodrilo de una braza se le llama dios Poseedor de un sable.
>

Sumisión de Ho-Susori

Así pues, Hiko-hoho-demi entregó el anzuelo a su hermano, exactamente tal como le había dicho el dios de los mares. Y desde aquel momento el hermano mayor se empobreció más y más, y con nuevas intenciones salvajes se dispuso a atacarle. Sin embargo, cuando estaba a punto de hacerlo, el hermano menor exhibió la joya que hace subir las aguas para ahogarle; pero como el otro mostró remordimientos, exhibió la joya que hace refluir las aguas para salvarle. Tras haber sido de este modo confundido, el augusto Ho-Susori inclinó la cabeza, diciendo: 

-A partir de ahora tu servidor protegerá tu augusta persona día y noche y te servirá respetuosamente.

Por eso hasta hoy en día se han venido representando sus diversas actitudes mientras se ahogaba[*12] .



Nacimiento de Amasuhiko y Yamato Takeru 


La princesa Toyo-tama-hime, encontrándose en cinta, pensó que el augusto hijo de Hiko-hoho-demi no debía nacer en la Llanura de los Mares, por lo que subió al País Superior
[*13] , y a orillas del mar, construyó una cabaña de partos cubierta con plumas de cormorán. En el momento del parto, la princesa ruega a su marido que no la mire, pero éste cede a la curiosidad, y la ve en su forma original, que es la de un enorme cocodrilo; y mientras él huye aterrorizado, ella, cubierta de vergüenza, abandona a su hijo y desaparece para siempre en las prefundidas del mar. Sin embargo, desde el fondo del océano le envía un último poema, y él responde de este modo:

¡Jamás, en lo que me queda de vida, 

olvidaré a la joven esposa

que tomé para dormir con ella

en la isla donde anidan los patos salvajes,

los patos de alta mar!

Finalmente, se nos narra que Hiko-hoho-demi vivió durante quinientos ochenta años, en el palacio de Takachio, y que fue enterrado cerca de esta famosa montaña.

El hijo de Hiko-hoho-demi y de la princesa Toyo-tama-hime, llamado Amasuhiko y también Fukiaezu-no-Mikoto, fue criado por una hermana de ésta, Tama-yori-bime [Princesa niñera joya], su tía materna, con la que más tarde se casará, y de la que tendrá cuatro hijos. El último de éstos es el famoso Kamu-Yamato-Iware-biko-no-mikoto, es decir, el personaje que será conocido en época histórica con el nombre póstumo de Jinmu Tennô [Divina Valentía o Divino Guerrero]. Este, habiendo inaugurado el ciclo de la “época humana”, será considerado como el fundador de la familia imperial japonesa. De esta forma concluye el Libro I del Kojiki.

[*1]Ver nota 36.

[*2]Es decir, todo tipo de peces.

[*3]Las leyendas que explican las formas de los animales a través de intervenciones divinas, son bastante comunes. Por ejemplo, se dice que en otros tiempos, la medusa era un pez más, con espinas, aletas y colas. Cierto día, el rey de los mares la envió a tierra en busca de un cisne vivo, cuyo hígado debía curar una enfermedad de la reina. El ingenuo animal, tras haber confiado al propio cisne el objetivo secreto de su misión, se vio obligado a regresar sin la víctima esperada. El rey de los mares, furioso por su estupidez, hizo que le golpeasen hasta que quedó reducido a la masa gelatinosa e informe que es hoy en día.

[*4]Hoy en día, una de las divinidades que reside en el Monte Fuji.

[*5]Adorada como diosa de la longevidad.

[*6]Estos tres nombres pueden variar dependiendo de las fuentes escogidas. Además, los nombres del segundo y tercer hermano también aparecen traducidos como “Fortuna de la Montaña” y “Fortuna del Mar”, respectivamente, términos que ayuda a comprender el relato posterior.

[*7]Una especie de laurel (cercidiphyllum japonicum).

[*8]Los dioses shinto son resplandecientes; por ello, la luz del príncipe se reflejaba en el agua.

[*9]La acción de escupir interviene en las ceremonias purificadoras shinto, y no tiene, desde luego, ninguna connotación ofensiva.

[*10]Dos maneras distintas de cultivar el arroz. En los campos altos, en terreno sexo, y en los campos bajos, inundados, que son los arrozales propiamente dichos.

[*11]Estos son los talismanes que gobernaban las mareas.

[*12]Alusión a una pantomima que los descendientes legendarios de Ho-Susori, llamados Haya-bito [Hombres Halcón], que eran a la vez guardias imperiales y bufones de la corte, ejecutaban todavía en el siglo VIII. El Nihongi nos muestra al vencido embadurnándose con tierras rojas y ejecutando una danza en la que expresa, con gestos apropiados, las diversas situaciones por las que pasó mientras se ahogaba.

[*13]Es decir, tierra firme.

<volver al inicio de "Mitología">