Recopilado
por
Rafael Abad de los Santos
En ese momento, el augusto Izanagi se regocijó en gran manera y dijo: “Yo,
engendrando hijo tras hijo, por última generación he obtenido tres vástagos
ilustres”; inmediatamente, alzando y repicando y sacudiendo el cordón de joyas
que formaba su augusto collar, se lo otorgó a Amaterasu-no-mikoto, diciendo: “Que tu augusta persona
gobierne la Llanura de los Altos Cielos”. Y con este encargo, se lo entregó. Y
este augusto collar era llamado el Dios de la tablilla de la augusta cámara de
los tesoros. Luego dijo al augusto Tsuki-yomi-no-mikoto: “Que tu augusta persona gobierne el
reino de las noches”. Y, así, le concedió este cargo. Luego, dijo a Susano-wo-no-mikoto: “Que tu augusta persona gobierne la Llanura de los Mares”.
Amaterasu
y Tsuki-yomi aceptan sus tareas obedientemente, tomando posesión de sus
respectivos dominios. Pero Susano se pone a llorar, aullar y gritar. Izanagi le
pregunta la causa de su aflicción, y Susano contesta que no quiere gobernar las
aguas sino ir a la tierra en la que vivía su madre, Izanami. Encolerizado,
Izanagi destierra a Susano y a continuación se retira, tras haber terminado su
misión divina. Según una versión del mito, subió al cielo, donde vive en el
“Palacio Más Joven del Sol”. Se dice que está encerrado en Taga (prefectura de
Shiga, Honshû).
Mientras,
Susano anuncia que va a despedirse de su hermana, Amaterasu, y se lanza hacia
los cielos creando la confusión en toda la naturaleza.
Entonces,
Amaterasu, alarmada por este alboroto, dijo: “La razón por la cual ha
subido hasta aquí mi augusto hermano no procede, ciertamente, de un buen
corazón. Unicamente pretende arrebatarme el territorio”. Inmediatamente, tras
soltar su cabellera, la trenzó en augustos moños; y al mismo tiempo enrolló un
cordón lleno de magatama*, de ocho pies de largo y
con quinientas joyas, en los augustos moños izquierdo y derecho, como también
en su tocado e igualmente en sus brazos izquierdo y derecho; y tras colgar a
sus espaldas un carcaj de mil flechas además de otro carcaj de quinientas, y
tomar y ceñir asimismo a su costado un poderoso y sonoro protecor del codo,
blandió su espada y sostuvo el arco, cuya parte superior temblaba, bien
derecho, y golpeando con el pie, hundió el duro suelo hasta la altura de sus
muslos abiertos, aplastándolo como si se tratara de nieve, y se mantuvo firme
valientemente como un hombre poderoso, y en la espera le preguntó: “¿Por qué
has subido hasta aquí?”.
Los
preparativos parecen anunciar una formidable batalla; sin embargo, Susano
asegura que no alberga malas intenciones, y para probarlo propone a la diosa un
juramento que establecerá su mutua fe. El texto no aclara el juramento, pero a
juzgar por lo que sucede luego, y también recurriendo al Nihon Shoki, podemos
esclarecer la apuesta: un concurso de reproducción, en donde vencería aquel que
diese a luz deidades masculinas, o bien, aquel que engendrase más divinidades.
Si Susano ganaba, su hermana debería admitir la pureza de sus propósitos.
Las
dos divinidades, separadas por Amanogawa [El
Río del Cielo*], intercambian las
palabras de compromiso e inician la competición. Para empezar, Amaterasu le
pidió a su hermano la espada; la rompió en tres trozos, los masticó y al
escupir aparecieron tres hermosas diosas. A continuación, Susano cogió las
largas hileras de magatama que Amaterasu llevaba alrededor de los moños,
de la frente y en los brazos, y las dispersó soplando, creando de este modo
cinco dioses, entre ellos aquel llamado Oshi-homimi.
Amaterasu
expresa entonces, cuáles de estos dioses, según su origen, deberán ser
considerados como hijos del uno o del otro. Susano se autoproclama vencedor,
pero Amaterasu indica que los dioses masculinos han sido creados a partir de
sus pertenencias y que, por tanto, ella era la ganadora. Este hecho reviste una
gran trascendencia, ya que los emperadores japoneses eran “descendientes” de
Ame-no-Oshi-homimi y por tanto, se consideran nietos de Amaterasu, y no de
Susano. Este, sin embargo, se niega a aceptarlo, y desencadena inmediatamente
mil violencias, cuyo resultado conforma el episodio central de esta mitología.
Entonces,
Susano dijo a Amaterasu: “Gracias a la pureza de mi corazón, yo, al
engendrar hijos, he alcanzado la victoria”. Y con estas palabras y la
impetuosidad de la victoria, destrozó las separaciones de los arrozales divinos
que había dispuesto Amaterasu, cegó los canales de irrigación, y
además vertió excrementos en el palacio donde ella degustaba el Gran Alimento*. Y aunque él se comportó de este modo, Amaterasu, sin
hacerle ningún reproche, le dijo: “Esto, que parece que son excrementos, debe
de ser algo que mi augusto hermano mayor habrá vomitado en su embriaguez. Por
lo que respecta a las separaciones de los arrozales y a los canales, sin duda
las ha hecho porque le duele la tierra que estas cosas ocupan”. A pesar de que
ella le excusaba con estas palabras, Susano siguió perpetrando sus malas acciones y
se volvió violento en extremo*.
Hallándose Amaterasu sentada en la hilandería sagrada, Susano perforó
el techo de la sala y arrojó por la abertura un caballo celestial que había
despellejado. Al ver esto, las tejedoras de los augustos ropajes, asustadas, se
clavaron las lanzaderas de los telares en lo más profundo de sus cuerpos y murieron*. Entonces, Amaterasu, aterrada con esta visión, cerró la
puerta de Ama-no-iwato [Cueva de las Rocas Celestiales], la fijó
sólidamente y se recluyó en su interior*.
Inmediatamente,
Takamagahara quedó sumida en la más completa oscuridad y lo mismo
le ocurrió al País Central de la Llanura de Juncos. A causa de esto, reinó la
noche eterna. Allí en lo alto, con el ruido de diez mil dioses pululando como
las moscas de la quinta luna, diez mil calamidades surgieron simultáneamente.
Por ello, las ochocientas *miríadas de divinidades se reunieron en
divina asamblea en el lecho seco de Amanogawa, para discutir la forma de convencer a Amaterasu de
que abandonara su escondite.
El
sabio dios Omoi-kane-no-kami [El que acumula los pensamientos], hijo de una de las divinidades
primordiales, Taka-mi-musuhi, ofreció una solución: reunieron a las
aves de largo canto de la noche eterna y las hicieron cantar*. Como aquello no dio solución, las divinidades
concibieron una complicada estratagema: tomaron duras rocas del río Amanogawa, y
hierro de las celestes Montañas de Metal, y convocaron al forjador Ama-tsu-ma-ra*; encargaron al augusto Ihi-kori-dome
que fabricara un espejo con esos materiales; encargaron al augusto Tama-no-ya que
fabricara un collar de joyas de quinientas magatama y una longitud de ocho pies; mandaron
llamar al augusto Ame-no-koyane y al augusto Futo-tama y
les ordenaron arrancar los omóplatos de un gamo del celeste monte Kagu y extraer
la corteza de los árboles del celeste monte Kagu para practicar una adivinación*; arrancaron de raíz un augusto árbol de
sakaki
*del celeste monte Kagu, y
colocaron sobre sus ramas superiores el collar de quinientas magatama,
sobre las ramas intermedias el espejo de ocho pies, y en sus ramas inferiores
sedosas ofrendas blancas y azules*.
El augusto Futo-tama tomó y guardó todo aquello con las
grandes y augustas ofrendas*, y el augusto Ame-no-koyane pronunció con ardor unas palabras
rituales, mientras el dios Ama-no-tachikara-wo
[Varón de fuertes manos] se mantenía oculto cerca de la puerta de Ama-no-iwato; entonces, la diosa Ame-no-uzume *[Mujer temible del cielo], hizo una
guirnalda con flores para su cabeza, formó con hojas de bambú enano del monte Kagu un ramillete para sus manos, subió sobre una “tabla
sonora” y pateó hasta hacerla retumbar y, comportándose como poseída por un
dios, dejó al descubierto sus pechos, haciendo deslizar luego el cordón de su
traje por debajo de su cintura*.
Entonces,
las ochocientas miríadas de dioses rieron al mismo tiempo y Takamagahara
tembló. Al oírlo, Amaterasu, sorprendida, tras entreabrir la puerta de Ama-no-iwato, habló así desde su interior: “Pensé
que debido a mi retiro, Takamagahara
quedaría oscurecida, y el País Central de la Llanura de Juncos resultaría
igualmente oscurecido; ¿Cómo es posible, pues, que Uzume se regocije y que además las ochocientas miríadas de
dioses se rían?”. Uzume respondió entonces: “Estamos alegres y
nos regocijamos porque hay una divinidad que aventaja a tu augusta persona”.
Mientras
ella hablaba de esta manera, Ame-no-koyane y Futo-tama dirigieron el espejo hacia la puerta
entreabierta. Amaterasu, sorprendida por lo que estaba
ocurriendo, salió poco a poco, y mientras se miraba intensamente en el espejo,
quedó por un instante deslumbrada. Ama-no-tachikara-wo,
que permanecía escondido, la cogió de la mano y la obligó a salir. Entonces, Futo-tama, sacando y colocando una cuerda *tras la espalda de Amaterasu, dijo: “¡No retrocederás más allá de
este punto!”. Y así, cuando Amaterasu hubo
salido, Takamagahara y el País Central de la Llanura de los
Juncos quedaron, de forma natural, iluminados con su brillo. Una vez fuera de
la cueva, Amaterasu consintió en no volver a su encierro,
siempre que Susano
fuese desterrado*.
La expulsión de Susano
Allí
en lo alto, las ochocientas miríadas de dioses, tras mantener consejo,
impusieron a Susano un castigo consistente en entregar un millar de
tablas de ofrendas y además le cortaron la barba, las uñas de los dedos de las
manos y los pies*, y le expulsaron mediante
un divino mandato.
Así
perseguido, Susano acude a solicitar comida a Ogetsu-hime-no-kami [la diosa del alimento], quien se saca de la boca, de la nariz y
del recto, todo tipo de manjares exquisitos para ofrecérselos; indignado por el
insulto, Susano la mata inmediatamente. Pero la muerte de Ogetsu tiene
resultados positivos en la mitología japonesa, pues del cadáver de la diosa
nacen los “cinco cereales”, esto es, los alimentos básicos con los que siguen
subsisteniendo los japoneses en la actualidad: en sus ojos crecen semillas de
arroz, en sus orejas mijo, en sus genitales trigo, en su nariz judías pintas y
en su recto soja
*. El dios Kami-musubi
mandó recoger y sembrar estas semillas, para el bien de los mortales.
[*1]Joyas de forma curvada. Este tipo de adornos se han hallado en el interior de las grandes tumbas o kôfun, que antes mencionamos. Algunos investigadores creen que tenía un valor mágico, referente a la fertilidad.
[*2]Nombre japonés de la Vía Láctea.
[*3]Los primeros frutos de la cosecha.
[*4]La sensatez que a lo largo del mito demuestra Amaterasu es una de las cualidades que encarna la institución imperial japonesa, que, en su origen, prefería aparecer como elemento estabilizador entre los diversos clanes, antes que como órgano supremo del poder. Como clan descendiente de la diosa solar, que encarna la función soberana entre los dioses, era el más indicado para ocupar el puesto histórico de moderador.
[*5]Ni el Kojiki ni el Nihon Shoki precisan la función de la hilandería sagrada, pero se han apuntado diversas posibilidades. Amaterasu podría estar encargada de tejer las ropas de los dioses, siendo la hilandería su taller. Según algunos expertos, allí se confeccionaban prendas que llevaban las sacerdotisas que oficiaban las ceremonias del culto al sol, y según una posibilidad más profunda, tejían la tela del universo, aún incompleto. Las acciones de Susano podrían interpretarse como un ataque del caos (Susano) contra el orden universal (Amaterasu), y la hilandería, como escenario de la creación, sería el fondo adecuado para esta confrontación.
[*6]En el Nihon Shoki aparece una versión distinta de este relato, según el cual Amaterasu es la víctima de la desagradable acción de su hermano, si bien no muere, sino que sólo recibe heridas.
[*7]El valor tiene un carácter genérico, y no implica una cantidad específica.
[*8]Es decir, un grupo de gallos, cuyo canto debía hacer aparecer el sol. De hecho, los japoneses incluían en sus primitivos cultos, gallos anunciadores de la aurora, esto es, evocadores del día.
[*9]Al igual que los cíclopes, este dios sólo tenía un ojo.
[*10]La antigua adivinación japonesa consistía en observar las grietas que aparecían en un omóplato de gamo, al exponerlo al fuego. Sin embargo, por influencia china, se sustituyeron los omóplatos por conchas de tortuga.
[*11]Arbol de sakaki (cleyera japonica): árbol sagrado, cuyas ramas se usan en los rituales shinto.
[*12]Telas blancas, tejidas con fibra de corteza de morera, y tejidos azules de cáñamo. Además, ver nota 28.
[*13]Estas ofrendas tomaron luego la forma convencional que consistía en una vara sagrada de la que colgaban varas de cáñamo y cintas de papel, para ir convirtiéndose finalmente en los gohei de papel que hoy en día se ven en los templos.
[*14]Ama-no-uzume aparece en este contexto como una especie de diosa del alba, comparable a la Aurora romana, la Eos griega o las Ushas védicas, si bien ninguna de las fuentes antiguas la caracteriza de esta forma directamente. En calidad de chamán femenina prototípica, o miko, que realiza danzas místicas, Ame-no-uzume volverá a aparecer en otros relatos mitológicos. En uno de ellos da origen, después de casarse con una dios local, al clan de bailarinas Heian, las Sarume, cuya existencia está históricamente atestiguada, y que eran responsables de ejecutar la Kagura –música y danza shinto-.
[*15]El pasaje correspondiente del Nihon Shoki habla de una auténtica posesión y, de hecho, el hipnotismo juega un papel muy importante en el shintoismo.
[*16]Prototipo de las shime-naha o shiru-kume, cuerdas de paja de arroz que se cuelgan ante los templos, o, por Año Nuevo, ante las casas, para detener las influencias maléficas.
[*17]Intentando convencer a Amaterasu, los dioses utilizan varios objetos y realizan muchos actos de expiación, algunos de los cuales han perdurado como elementos y rituales shinto: las técnicas de adivinación, las danzas, las oraciones litúrgicas, etc. Actualmente, en el culto shinto se usan, además de las ramas de sasaki, los gohei (nota 37), una de cuyas partes recibe el nombre de “espejo”, reflejando así el episodio mítico. Además, se sabe que los papeles sustituyeron en época histórica a fibras vegetales y telas, que, dadas las relaciones de Amaterasu con el arte del hilado (nota 28), nos llevan también al culto shintoista.
[*18]Según otras versiones, no se las cortan, si no que se las arrancan.
[*19]Este relato recuerda el
mito chino de Pangu, un gigante primordial cuyos restos se transformaron en la
materia prima de la creación, incluyendo los alimentos. Sin embargo, la
mayoría de los expertos opina que el mito de Ogetsu es anterior a la
influencia china, y, en realidad, guarda muchas similitudes con un mito
indonesio, en el que matan y desmembran a una diosa, entierran sus restos y de
ellos surgen los alimentos. Es posible que, en última instancia, ambos mitos
deriven de un prototipo común en el sureste asiático, y que el fondo último
del mito sea el asesinato ritual de las divinidades agrarias, que da origen a la
cosecha.
Por otra parte,
en el Nihon Shoki se culpa a Tsuki-yomi, dios de la Luna, y no a Susano,
de la muerte de Ogetsu. En este relato, que, ciertamente resulta más
lógico, Tsuki-yomi le cuenta a Amaterasu lo que ha hecho, ésta le
riñe, y jura no volver a poner los ojos en él; este mito pretende explicar,
pues, la ley física en virtud de la cual el Sol y la Luna no pueden brillar al
mismo tiempo. Según varios expertos, ésta es la versión más antigua, y quien
recopiló el Kojiki sustituyó a Susano por Tsuki-yomi
con el fin de subrayar el carácter violento del dios.