EL SHINTO - UNA EXPLICACIÓN BÁSICAEditado
por Si miramos en un diccionario corriente la definición de shintoismo o sintoísmo, encontraremos algo parecido a “religión nacional del Japón, que honra a las fuerzas de la naturaleza”, o “religión primitiva y popular de los japoneses, basada principalmente en el culto a los antepasados”. En efecto, el término shinto, en cualquier conversación ordinaria, siempre se utilizará para referirse a la religión autóctona del Japón, que tiene sus orígenes en las creencias animistas de los antiguos japoneses, hace 2.000 años, y que evolucionó hacia la religión comunitaria que hoy día se practica. En realidad, todo esto es muy inexacto, pero para los historiadores todavía resulta tremendamente difícil establecer un concepto que sea breve, sencillo y preciso del shinto, que vaya más allá de esta explicación, porque, por paradójico que resulte, el shinto como religión no existe. Intentaré explicarlo bien, para que nadie se asuste: realmente, no existe “algo” que pueda ser definido como shinto, ya que, bajo esta expresión, se encierra una multiplicidad de ideas, prácticas y cultos religiosos, existentes en varios niveles sociales y políticos, y que además han evolucionado a lo largo del tiempo. No es lo mismo hablar de sintoísmo en el s. VI que en el s. XX, lo cual tampoco ha impedido que el mismo el nombre se use para unificar a todo este conjunto y para hablar indistintamente de las creencias y prácticas religiosas de una o otra época. Para empezar, debe señalarse que el término “shinto” resulta completamente erróneo. ¿Por qué? Pues porque la palabra shinto está formada con dos ideogramas de pronunciación y origen chino (shen - poder espiritual o divino; tao - el camino = el camino de los dioses); así que resulta una incorrección pretender llamar a la religión “indígena” de Japón con una palabra extranjera. Además, esta voz no fue usada por primera vez hasta la época contemporánea, por lo cual, hablar de “shinto” también es un anacronismo. Si queremos usar un término más correcto, existe la expresión japonesa kannagara no michi, que, no obstante, viene a significar algo parecido: el camino de los kami (hablaremos luego del concepto de kami). Pero, en cualquier caso, seguimos ignorando como denominaban los primitivos japoneses a sus prácticas religiosas. Dejando a un lado cuestiones de terminología, además resulta extraordinariamente difícil establecer las características originales del shinto, ya que nadie escribió sobre él en sus orígenes. De hecho, el “shinto antiguo” podría ser un mito; lo que se denomina así, podría ser, simplemente, una mezcla de religiones locales aisladas, que sólo empezaron a mezclarse con la llegada de los estados centralizados. Además, la historia ha demostrado que el shinto ha incorporado, a lo largo de la historia, una gran cantidad de conceptos que no pertenecen originalmente a esta “religión original”: el budismo -de origen indio-, el taoísmo, el confucianismo y el neoconfucianismo -de procedencia china- han alterado significativamente la religión. Los dos grandes textos de la mitología y las creencias shinto, el Kojiki (Recopilación de Asuntos Antiguos) y el Nihonshoki (Crónicas de Japón) -sobre los cuales deberé extenderme en otra ocasión- fueron escritos en la primera mitad del s. VIII, dos siglos después de que el budismo hubiese sido declarado religión estatal de Japón. Aunque estos textos sólo contienen versiones shinto de la mitología, incluyendo las historias de creación, ambos están profundamente influidos por el budismo y el confucianismo, y las historias de los kami fueron profundamente corrompidas por el pensamiento chino y coreano mucho antes. A pesar de todo, intentaremos realizar una serie de afirmaciones, de carácter más o menos genérico, referidas esencialmente al shinto primitivo. No obstante, ciertos aspectos, como las ceremonias y los lugares de culto, parecen haberse mantenido fielmente desde el s. VIII d.C. 1) El shinto (a pesar de todo, utilizaré por comodidad esta palabra) no constituye probablemente una religión “original” de Japón, dado que el pueblo históricamente reconocido como “japonés” no siempre vivió en este archipiélago. Además, dado que el pueblo japonés se constituyó probablemente a partir de la mezcla de varias corrientes migratorias, no puede hablarse inicialmente de un tronco común de conceptos y prácticas; en este sentido, el shinto sería una aglomeración de varias e inconexas religiones y mitologías, como dije al principio, si bien cabe la posibilidad de que entre los s. III y VI d.C., se formase un sustrato más o menos común. 2) Las ideas englobadas bajo el término shinto debieron ser, en sus orígenes, de carácter tribal y popular. Los grupos, tribus y clanes que fueron llegando al archipiélago japonés a lo largo de los períodos prehistóricos y protohistóricos, desde diversos puntos de Asia, mantuvieron sus creencias después de haber sido organizados en Estados centralizados. Este hecho, unido a la accidentada geografía de Japón, con una fuerte tendencia al regionalismo, favoreció la diversidad de cultos y prácticas. 3) Todos los cultos shinto se basan fundamentalmente en la existencia y la adoración de los kami. Si la explicación del término shinto no resulta fácil, tampoco puede decirse que la definición de kami sea sencilla. Traducido frecuentemente como “dios”, “divinidad” o “espíritu”, tal vez sea más preciso aludir a ellos como “fuerzas espirituales localizadas, de origen divino, natural o humano”. Motoori Norinaga (1730-1801), uno de los grandes intelectuales de la Época Tokugawa, define a los kami como “las distintas deidades del cielo y de la tierra de que nos hablan las crónicas antiguas, así como los espíritus que se encuentran en los santuarios sintoístas en que son venerados. Además se llama kami a aquellos seres humanos, pájaros y animales, plantas y árboles, mares y montes y cosas que por sus fuerzas extraordinarias y sobresalientes son objeto de temor o de veneración. Además de a las cosas de excepcional nobleza o bondad o utilidad, el nombre de kami puede darse a los seres malvados y siniestros siempre que sean objeto de general temor”. El término kami, por tanto, alude en primer lugar a los dioses (del cielo y de la tierra, pero también del inframundo), los más importantes de los cuales son las divinidades de la creación -todos los cultos shinto, incluso los más antiguos, parecen haber tenido una mitología de la creación del mundo extremadamente desarrollada, en contraposición a otros aspectos más simples-. Pero kami también puede ser todo aquello que pueda contener en cierto grado un carácter divino: humanos, regiones, pueblos, animales, etc.; de hecho, cualquier cosa creada, que pueda ser mágica, especial, o simplemente, que afecte a la vida humana, es susceptible de ser considerada kami. Junto a estas ideas, extendidas por todo el archipiélago (aunque adquirían formas concretas y particulares en cada región y cada aldea), y junto a ciertos espíritus más generalizados, como Inari (el espíritu del arroz, representado con forma de zorro), que podían ser adorados por todo el país, existían los uji-gami o kamis que eran especialmente venerados por los miembros de un clan. Los uji-gami eran los progenitores o antepasados, humanos o míticos, de estos linajes, y tenían poderes protectores sobre el clan y su territorio. Durante el período de formación de los primeros Estados japoneses, entre el s. IV y el s. VI, los clanes, que eran simultáneamente unidades políticas, militares y religiosas, entraron en conflicto. A medida que un clan se expandía, llevaba consigo el culto de ese kami; si un clan conquistaba a otro, el clan derrotado era introducido en el culto al kami del clan victorioso. Curiosamente, al igual que en las culturas occidentales pre-cristianas, la derrota de un grupo no suponía la desaparición de su principal dios, sino su introducción, dentro de un puesto secundario, en el panteón del clan vencedor. Esto es un rasgo completamente diferente a la negación de los dioses que se experimenta en Occidente, por ejemplo, en las luchas entre musulmanes, cristianos y judíos (en donde se rechaza la existencia del dios enemigo). 4) Los kami se manifestaban en ciertos objetos concretos, conocidos como shintai, literalmente “cuerpo de kami”. Estos objetos podían encontrarse en la Naturaleza, es decir, podían ser una roca, un árbol, una montaña o una cascada. También podían ser objetos elaborados por los humanos, pero con un carácter simbólico, tales como un espejo, una piedra preciosa, una espada o una tosca estatua. La mayoría de los shintai eran objeto de veneración colectiva o familiar, y se colocaban en altares (miya) situados en el interior de las casas, donde se convertían en objetos de culto (matsuri), que consistía en oraciones rituales y en ceremonias de purificación. La señal de la existencia de un miya solía ser el torii o pórtico, una estructura muy simple, que podría proceder de la arquitectura de la India. 5) Las creencias y prácticas religiosas del primitivo Shinto servían a la comunidad política principalmente de dos formas. A escala de los habitantes de aldeas agrícolas y artesanas corrientes, los kamis locales eran adorados en busca de protección, y eran presentados como la justificación espiritual de la influencia social y política que el uji defendía. El shinto político, como se le denomina a veces, comenzó con la generalización del culto hacia los shintai que un caudillo poseía. La veneración hacia este kami se amplió a medida que algunos clanes aumentaron su influencia política; ello también fue posible gracias a que todas las comunidades compartían en cierto grado un sustrato común. Así, el culto a los kami evolucionó hacia una jerarquía de prácticas religiosas que culminaban en los rituales de la soberanía llevados a cabo por el jefe del Linaje del Sol, líder del clan Yamato, que habría de convertirse en el Emperador. 6) Todos los cultos shinto poseen algún lugar de adoración, el más importante de los cuales es el de Izumo, en la costa del Mar del Japón, cuyo templo de madera fue construido en el s. VII. Originalmente, estos templos eran parte de una porción de tierra no contaminada, rodeada por árboles (himorogi), o un trozo de tierra pura señalizada con piedras (iwasaka). Los templos shinto generalmente están compuestos por una única habitación, levantada del suelo, con algunos objetos en su interior. Se reza al kami dentro del templo. En el exterior se sitúa una fuente de purificación cerca del torii, en donde se lavan las manos, y a veces la cara, antes de entrar en el templo. El proceso de limpieza, denominado misogi, es uno de los principales rituales del Shinto, que también incluye rezos y plegarias. Se rinde culto en el templo, “atendiéndolo”, es decir, bendiciendo uno mismo el objeto adorado, o dando alguna ofrenda: cualquier cosa, desde vegetales, hasta grandes riquezas. El rezo shinto (norito) se basa en el kotodama, la creencia de que las palabras habladas tienen poder espiritual; si se dicen correctamente, el norito puede traer resultados favorables. Al contrario que las religiones modernas, el shinto carece por completo de textos y libros sagrados, así como reconoce ningún fundador. Los japoneses dicen que “el shinto se capta, no se enseña”, y el conocimiento de las ceremonias y prácticas siempre pasa de una generación a otra, de una forma directa y sin intermediarios. En resumen, puede afirmarse que el conjunto de costumbres y creencias religiosas que en la actualidad se observan en Japón, bajo el término común de sintoísmo, sólo de lejos puede considerarse como la herencia directa de la religión de los primitivos japoneses, ya que el culto actual es el resultado de la mezcolanza entre un sustrato “original” (cuyas características primigenias difícilmente podrán ser determinadas) y las incorporaciones de numerosos elementos de otras culturas y religiones. Por otra parte, el shinto, como religión histórica, desde el s. VIII hasta el XX, ha tenido un carácter más “continuo”. Rafa,
gracias por tu estupendísimo trabajo sobre el Shinto (o Shintoísmo). Guía
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