Portada 
Inicio
Página de Paco Ribas

 

 

 
Aspectos del comentario

Texto A. Lexicología y semántica

La idea general de la cuota femenina en lo que toca a la asunción de responsabilidades públicas es reaccionaria y suspicaz porque es la formulación simpática del machismo en el que se apoya. Sin embargo la doctrina de la naturalidad fue ya claramente expresada hace tiempo, entre otros por Jovellanos, que salió por la plenitud en todo de los derechos de las mujeres sin que tuvieran que formar respecto a los varones "clase separada". A los ilustrados no les gustaba Shakespeare, seguramente porque no soportaban que Otelo hubiese tratado tan mal a Desdémona y Hamlet tan mal a Ofelia.

Se reconozca o no, el suplemento erótico de la mujer trabaja contra sus derechos objetivos. Mientras una chica sutilmente elegida para ser deseada anuncie coches o perfumes, el machismo, sustancialmente discriminador, tendrá una segura trinchera. ¿Que cada cual se gana la vida como puede? Bueno, pero así y todo Edgar Morin estudió la «asombrosa coyunda» entre el erotismo femenino y el capitalismo moderno, que inunda de productos el mercado y crea una percepción social. El burbujeo, la succión y la caricia son funciones de la imagen publicitaria que, por transferencia, venden helados, bebidas, jabones, cremas depiladoras, dentífricos y lo que se ponga por delante. Es natural que la mujer no quiera despojarse de su erotismo, pero también lo es que, en la práctica, ese erotismo se sobreponga, debido a los estímulos sociales que encuentra, a lo que sería justo, el disfrute pleno de los derechos de la mujer en cuanto persona.

En cualquier caso la liberación de la mujer no es el liberarse de su propio cuerpo, sino de los intereses egoístas del varón, de esa clase que lo ha inventado todo, desde el desnudo femenino al soneto, para sujetar a la mujer. En los años cuarenta Glenn Ford le atiza una bofetada a Rita Hayworth, que se queda con ella; décadas después Lauren Bacall se atreve a tomar la iniciativa en otra película y le pide fuego con desenvoltura a Humphrey Bogart. Son símbolos de un proceso en el que por fin la mujer ya no acepta el exclusivo papel de estímulo sexual, paridora y cocinera. Como en mi parecer es también un símbolo, sólo que perteneciente al esquema de la bofetada a Gilda, el asunto de la cuota, pues al ser previa esa doctrina, al adquirir categoría de principio, la mujer que la reclama sin pasar de ahí, de una definición puramente cuantitativa del problema, acepta el dominio del varón.El varón continúa siendo el «ego», es decir, el sujeto, y la mujer la «res», es decir, la cosa. En definitiva, me pregunto si el problema es de cuotas o de libertad y merecimientos, entendida la libertad no como una rebelión sino como un valor esencial de la estructura de la sociedad misma.
 

Cuestiones para el comentario léxico-semántico de un texto.

La semántica lingüística se ocupa de los términos de significación permanente. Es necesario conocerlos para interpretar el contenido del texto (asunción, suspicaz, expresada.....).

La semántica referencial a través de la situación extralingüística añade nuevos elementos al contenido. Hay marcas en el texto que dan fe de ello ( Momento de la emisión, nombres propios, personalidad del emisor...)

El autor trata de informar, convencer u ordenar. Razonarlo.

Hay términos que presuponen conocimientos dados por parte del receptor (por fin la mujer ya no ....)

Las palabras se agrupan a veces por campos semánticos. Eso facilita la comprensión, pues ayuda a fijar el tema del texto ( responsabilidad, derechos, sujeción, dominio, liberación..../ helados, bebidas, jabones....).

Algunos de los vocablos o expresiones son connotativos ("ego", "res", adverbios en mente.../ Jovellanos, ilustrados, Shakespeare,../ reaccionaria, suplemento erótico, burbujas, succión.../ formulación simpática...).

El emisor tiene un amplio dominio de la lengua y por eso junto a las patrimoniales emplea voces cultas (plenitud, despojarse, derechos, transferencia, respecto, femenina, percepción, producto, "res"...).

Entre los procedimientos de formación destaca la derivación, pero hay algún otro (definición, responsabilidades, reaccionaria, disfrute, capitalismo, cuantitativa...)

Varias palabras han experimentado cambios de significado en los contextos en que están utilizadas (fuego, inunda, soneto, cuota, trinchera....).

Para aproximarse a la idea que de la mujer se ha tenido en otro tiempo se recurre al prototipo (Desdémona, Ofelia) o al estereotipo (estímulo sexual, paridora, cocinera...).

También se aprecian elementos anafóricos que evitan la reiteración excesiva de otros (la mujer.... sus derechos.... una chica..... deseada).
 
 

Redacción del comentario léxico-semántico de un texto.

El propósito del emisor es convencer al lector de que asignar una cuota a la mujer en las listas electorales de los partidos políticos no ayuda a liberarse del dominio secular ejercido por el varón.

Para comprender el significado del texto es necesario acudir en primer lugar a la semántica lingüística. La significación de las palabras llenas va conformando el contenido global del enunciado. Es pues necesario saber que asunción es la acción de asumir, esto es, atraer a sí, tomar para sí; o que responsabilidades es la calidad de responsable: obligación de responder de una cosa; o que suspicaz es el propenso a concebir sospechas y así los numerosos términos que tienen acomodo en cualquier diccionario de la lengua.

Pero hay otros elementos que añaden notas significativas a lo aportado por la semántica lingüística. No se sabe quién es el emisor y por eso se hace imprescindible interpretar algunas de las marcas textuales que aparecen (Como en mi parecer es también....) que al menos identifica la autoría de un ser singular frente a lo que podría ser P. E. un editorial periodístico o un artículo colectivo. Tampoco el momento de la emisión está delimitado ya que esa referencia del principio ( hace tiempo, entre otros por Jovellanos...) lo único que aporta es que el siglo XVIII esta muy lejano y que el texto no es de entonces. Los nombres propios, muy abundantes también nos trasladan del terrero lingüístico al referencial puesto que debemos conocer la personalidad de Jovellanos (escritor del siglo XVIII preocupado por el progreso de la socidad acorde con los presupeustos de la razón). Lo mismo ocurre con Shakespeare, autor del siglo XVII que inmortalizó varios personajes literarios entre ellos Otelo, el moro de Venecia que engañado por Iago, da muerte a su esposa Desdémona creyéndola infiel. Cuando después se convence de su inocencia, se suicida. Este personaje es universalmente la personificación de los celos arrebatados. (El análisis puede completarse con las figuras del cine mencionadas en el párrafo tercero).

Las presuposiciones no aportan apenas novedades, pero conviene tener presente que ese por fin la mujer.... presupone que antes sí aceptaba el papel de estímulo sexual o paridora.

Ya hemos visto que la idea central del texto está relacionada con lo que representa la cuota femenina en la emancipación de la mujer. De ahí que abunden palabras que hacen referencia a la relación de poder del varón sobre la mujer o la liberación efectiva de ésta (responsabilidad, derechos, sujeción, dominio, liberación) y también a algunos de los componentes que conforman la publicidad como escaparate en el que la mujer se exhibe (helados, bebidas, jabones) o los que atañen a la sexualidad femenina (burbujeo, succión caricia, erotismo...), todos ellos elementos que trivializan la figura humana y atribuyen a la mujer a la función esencial de transferir su belleza a los objetos cotidianos.

La naturaleza del enunciado permite apreciar algunas connotaciones, es decir, significados suplementarios que completan más, si cabe, el contenido del texto. La permanente utilización de los adverbios en mente o el uso de palabras latinas (ego, res) entrecomilladas son una muestra entre otras del buen conocimiento que de la lengua tiene el emisor; otros términos (Jovellanos, ilustrados, Shakespeare, Edgar Morin) , suministran nuevas connotaciones, ahora culturales, ya que al lector le es imprescindible conocer los usos de esos autores o épocas para situar contextualmente su contenido -la pasión de los ilustrados por el saber, el ambiente trágico de los personajes de Shakespeare y las desdichas de Desdémona o el desdén de Hamlet por Ofelia, de la que desconfía sin causa aparente. El mismo tipo de connotación se halla en actores o personajes del mundo del cine ( las parejas de actores Ford/Hayworth o Bogart/Bacall famosas a mediados de siglo por películas como Gilda o El sueño eterno; personajes femeninos que en un caso sufre la ira del varón y en otro se insinúa tomando la iniciativa amorosa). Otras voces connotan aspectos negativos desde el punto de vista ideológico o social. Así reaccionaria la aplican hoy tanto los hombres de tendencias izquierdistas como la derecha civilizada para referirse a unos usos ya sobrepasados, o ese suplemento erótico que puede ir hasta donde el lector quiera, o las burbujas y la succión tan ligadas al placer sexual. Incluso es posible percibir una connotación individual en el sintagma formulación simpática, en el que el adjetivo da fe del efecto que causa en el emisor la propuesta de la cuota.

Ya hemos advertido que el autor tiene interés en usar la lengua de manera formal. Junto a numerosas voces patrimoniales (recuérdese que son las más abundantes de nuestra lengua: despojarse, derechos... y otras muchas) hay también presencia de cultismos, no sólo los citados antes (ego, res) sino otros vocablos cuya evolución desde el latín inicial ha sido insignificante ( plenitud, con ese grupo pl inicial o femenina, del latín femina, o respecto, con el grupo interior ct o percepción proveniente del latín perceptio o transferencia que conserva intacto el prefijo original trans.

Otra muestra del uso cuidado de la lengua es el empleo de palabras formadas por  procedimientos diversos. Entre los habituales destaca la derivación (definición, definir mas sufijo cion, responsabilidades, doble derivación a partir de responder, sufijo able para el adjetivo y sobre este dad para el sustantivo, o disfrute hecho a través del verbo disfrutar y el sufijo postverbal e, o capitalismo con capital y el sufijo ismo. También hay algún caso de composición y derivación sucesivas como reaccionaria a partir de acción y prefijo re y más tarde sufijada con aria.

Aunque la comprensión del texto esté ya garantizada merced a lo analizado hasta aquí, no debemos dejar de comentar algunos cambios de significado, debido sobre todo a causas psicológicas. Es palmario que en casi todos los textos hay valores metafóricos de términos más o menos asumidos por la lengua cotidiana. Es el caso de trinchera, usada como parapeto o defensa del machismo frente a la libertad efectiva de la mujer, o inunda que metafóricamente se refiere a la gran cantidad de productos que constituyen la oferta del mercado. En otros casos es la metonimia el recurso utilizado, como en soneto, de referencia aquí inequívoca a todo poema e incluso a la capacidad de escribir literatura, y cuota que ha adquirido la significación de porcentaje de mujeres que se incluyen en una lista electoral, o ese fuego pedido por Bacall a Bogart que metonímicamente es el objeto (encendedor) que lo producirá posteriormente.

El autor presupone al lector conocimientos culturales básicos. De ahí que para hacer comprender mejor el papel de la mujer en tiempos pretéritos acuda al prototipo de la mujer honesta y valiosa, pero maltratata e incomprendida a causa de unos celos infundados. Esta mujer es Desdémona, asesinada por Otelo por un presunto adulterio que no ha cometido. También Ofelia por motivos familiares ajenos a su persona sufre el desdén de Hamlet a pesar de que el amor que ella profesa al príncipe es verdadero. En otra ocasión se acude al estereotipo para uniformar a todas las mujeres sean de la clase que sean (estímulo sexual, paridora, cocinera...) y se resaltan sus atributos más generales, esto es , la incitación al deseo del hombre, la facultad de dar a luz hijos o la antigua ocupación de tareas domésticas, todas ellas importantes, pero insuficientes para conseguir ser valorada por sí misma.

A fin de que los motivos esenciales del texto avancen sin ser excesivamente reiterativos se recurre permanentemente a la anáfora (repetición de conceptos con palabras que aluden a los mismos referentes) . El tópico de la mujer es abundante en el texto, (derechos de las mujeres.... clase separada.... suplemento de la mujer... sus derechos objetivos..... una chica.... elegida... es natural que la mujer.... su erotismo....) y también el hombre está presente, si bien en menor proporción (respecto a los varones.... intereses del varón.... esa clase.... dominio del varón.... el ego...).
 


Texto C. Tema, resumen, comentario

Todos tenemos a los vendedores a domicilio por enemigos de la humanidad. Tal vez ellos mismos se consideren como tales y lleguen de noche a sus casas pequeñas con la satisfacción satánica de haber vendido un atlas a un hombre que nunca se moverá de su barrio o una Biblia con cantoneras de plata a algún pesimista que no puede creer no ya en los dioses etéreos, sino ni siquiera en los santos, que son humanos y frágiles y terrestres como nosotros.

Oye uno el timbre, acerca el ojo a la mirilla y ve en escorzo a una persona que lleva un maletín. Mucha gente lleva maletín: los médicos, los encuestadores, los inspectores de Hacienda, los errantes vendedores de prodigios. No abrirle la puerta a una persona que lleva un maletín implica un riesgo abstracto, porque nunca sabes lo que puedes perderte, y pensarás durante toda tu vida: «¿Qué llevaría en el maletín?» Porque los maletines sugieren la angustia de un misterio.

Ayer le abrí la puerta a una muchacha que llevaba un maletín. Debía de tener reciente algún tipo de cursillo psicomercantil acelerado, porque en apenas un minuto me hizo comprender que mi vida sería peor de lo que había sido hasta entonces si no le compraba a plazos los muchos tomos de su atlas universal, o su historia de España en muchos tomos, o la gran enciclopedia de la cocina en sólo tres tomos. La intenté convencer de que no necesitaba nada de aquello, pero argumentó que a mis hijos les sería imprescindible para labrarse un buen futuro, un futuro mejor que el de ella y que el mío. Si yo le comprase alguna de aquellas enciclopedias faraónicas, mis hijos no serían personas inseguras como yo ni ambulantes como ella: no tendrían que ir por ahí con un maletín de guaflex vendiendo enciclopedias que mejoran el porvenir de la gente que ya apenas tiene porvenir porque nunca tuvo enciclopedias. Como ella. Como yo. Pero no tengo hijos. «¿No?" No. Los hijos no deben nacer en casas en las que no hay enciclopedias, porque corren el peligro de quedarse sin porvenir. Ella miró entonces a su alrededor, titubeante, repasando sin duda los recursos psicológicos de emergencia que le enseñaron en el cursillo. Supongo que vio los tres o cuatro libros que había sobre una mesa. «¿Es usted profesor?» Me pareció una profesión respetable y le dije que sí. «¿De qué?» "De literatura, por ejemplo" yo qué sé. Ella, con la sonrisa recobrada, sacó entonces de su maletín encantado el folleto dé una enciclopedia ilustrada de la literatura universal. Sólo diez tomos. Y de oferta. La gran ganga.

Quise confesarle a la vendedora que no soy profesor, que me dedico a lo mismo que ella. Que éramos cómplices y que no podía hacerme eso. Que yo también me veo obligado a engatusar a la gente para que me compre libros. Que yo también soy uno de esos charlatanes que van por ahí intentando convencer a la gente de que será un poco más desdichada si no lee los libros que escribimos. Pero no se lo dije. Y le compré la enciclopedia, que con un poco de suerte abriré tres o cuatro veces a lo largo de lo que me quede de vida.

Salí luego a comprar el periódico con la misma sensación que debe de tener un indio apache al que le venden un traje de indio apache. En la papelería, vi el expositor de una novela prebestseller. Si la comprabas, te regalaban bombones. Y así vamos tirando.
 

Estructura.

Se trata de una estructura de carácter deductivo, ya que la tesis se formula al principio (compra-venta de lo innecesario) y posteriormente se van anotando reflexiones y hechos que prueban esa afirmación inicial.

a) Formulación de la tesis .

Consideración del vendedor a domicilio como enemigo puesto que vende lo innecesario.

b) Reflexiones sobre la tesis.

b.1) Desconfianza y a la vez curiosidad hacia los maletines de la gente.
c) Hechos que avalan la validez de la tesis.
c.1) Una vendedora intenta vender muchos tomos de algo en poco tiempo.

c.2) Alude sin justificación a que el porvenir de los hijos se resuelve con la compra

c.3) Movida por la creencia de que es profesor le ofrece el género que mejor se ajusta a su profesión.

c.4) Finalmente le compra una enciclopedia casi inútil.
 

d) Nuevo hecho que muestra la vigencia de la tesis.

Teme haber sido engañado, pero en el quiosco del periódico sigue la publicidad comercial de los libros.

Resumen.

Se tiende a desconfiar de los vendedores a domicilio porque intentan dotarnos de lo que no necesitamos, y sin embargo les abrimos pues siempre hemos sentido curiosidad por lo que hay en los maletines; compramos los libros con la sensación de haber sido engañados aunque no tengamos hijos que los usen ni las enciclopedias nos hagan falta, pero en cualquier quiosco seguimos viendo que la promoción de libros está ligada a la oferta de los regalos más pintorescos.

Tema.

Vendedores a domicilio otorgan al libro la naturaleza de objeto de consumo.

Comentario crítico.

Uno de los contenidos sobreentendidos en el artículo es el escaso interés que parecen mostrar los consumidores de libros por la lectura. En varios pasajes del texto se muestra que el libro se compra no tanto por su utilidad (y la utilidad de un libro no se deriva sino del hecho de leerlo, comprenderlo e incluso llevar a la práctica en la vida real sus aportaciones) sino por la persuasiva locuacidad del vendedor, por no aguantar más el discurso aprendido en cursos intensivos, por solidaridad profesional o porque junto al libro se ofrece un regalo más atractivo para los apetitos corporales. Nada de eso tiene que ver con la función primordial del libro que es ayudar mediante la lectura a conocer un mundo distinto a del receptor, posiblemente más rico que le puede aportar aquellas experiencias o conocimientos ajenos que hasta el momento de leer él no posee.

Desde otro punto de vista, y conste que por parte del autor del artículo se desliza siempre un matiz irónico, parece que el vendedor ambulante de libros y el escritor compartan la obligación profesional de cantar las excelencias de los libros para que los compradores, no a partir del valor intrínseco del libro, sino de las artes del publicista, puedan comprarlos, cosa que no harían si la iniciativa de la compra y quizá la lectura partiera del propio lector. Considerado así, el libro está mucho más próximo al objeto de consumo degustado por los sentidos -repárese en la cita final de los bombones, capaces de excitar sensaciones placenteras- que no a la fuente de conocimientos que se le debe suponer.

También pone de relieve el texto que los sentimientos humanos de desconfianza y curiosidad ante lo desconocido caminan juntos. No estamos cómodos ante el desconocido que llama a la puerta (nuestra seguridad y la de nuestras propiedades son más importantes que cualquier beneficio que pueda proporcionarnos un vendedor a domicilio), pero siempre queda la duda de que en el maletín que lleva pueda haber algo que realmente nos interese. Y en ocasiones es más fuerte la curiosidad que la preocupación, aunque posteriormente no haya asombro alguno ante lo que los maletines ocultan que no es sino lo que ya habíamos previsto mucho antes.

Otro de los aspectos de interés en el artículo es el de la profesionalidad de los vendedores. Se hace alusión a que la intención de la vendedora es colocar la mercancía en poco tiempo y también a que parece haber sido instruida a través de un cursillo acelerado. De ahí que no importe tanto el convencer al comprador a través de resaltar las bondades del género, que ni siquiera se conocen, sino simplemente de aludir para la venta segura a tópicos que no distinguen en nada el consumo de libros de la de, por ejemplo, detergentes (el detergente dejará la ropa más limpia que los demás, y la compra de la enciclopedia asegurará de forma más exitosa que cualquiera otra el porvenir de los hijos o mejorará mucho la actividad profesional) volviendo una vez más a desvirtuar la naturaleza de la cultura y su escaso papel en la sociedad moderna.

Creo que de forma implícita el emisor del artículo, que confiesa ser escritor, acepta resignado el papel social que los escritores de hoy deben asumir en función de los gustos del mercado. El párrafo final, en el que se pone de manifiesto que la venta de libros va acompañada del regalo de bombones, convierte al propio autor en lector, en consumidor, y se verá beneficiado del regalo si él mismo compra un libro de otro autor. Parece no quedarle más remedio que adaptarse a las necesidades del mercado y cuando le toca representar el papel del consumidor aceptarlo como lo haría, no ya un escritor, sino un simple lector medio, incapaz de oponer resistencia ante los embates de la publicidad.

Mientras existan esas similitudes entre libros y objetos cualesquiera como materiales que hay que vender necesariamente sin importar tanto el contenido como el precio o la obtención de beneficios el nivel cultural del país permanecerá estancando o en retroceso. La profesionalidad de los vendedores, si son necesarios, la publicidad institucional, la prensa o los programas de la televisión pública deberían mostrar que no es lo mismo consumir que instruirse y que la venta de libros apenas tiene nada que ver con la de cosméticos o ropa deportiva.



 
 

Texto B. Comentario de las ideas

Los escritores suelen detestar el capitalismo (no sólo los de izquierda, también los derechistas, como Yeats, Elliot y Pound) por el trauma que experimentan al pasar de la escuela a una vida social regulada por el mercado. En la escuela, la vocación y el talento intelectuales son reconocidos y premiados como los distintivos más altos de un alumno. Las mejores notas, los premios, el aprecio de los maestros, distinguen a aquellos estudiantes que destacan en el quehacer intelectual. Y, de este modo, inculcan en ellos la idea de que un éxito y un reconocimiento parecido les espera más tarde, al actuar en el escenario social.

El choque es terrible cuando descubren que, en la sociedad de mercado, los grandes premios, el éxito, nunca coronan a "los verbalmente brillantes". El sistema capitalista no funciona según aquel principio, que sí rige en las escuelas, según el cual el mérito intelectual confiere prestigio y poder. Prestigio y poder premian, en una sociedad de mercado, a quienes satisfacen más y mejor las mayores demandas de los consumidores que ese mercado hace evidentes, y, entre aquellas, nunca, o muy rara vez, figuran las de índole filosófica o literaria. En las democracias, la vanidad del intelectual, precozmente halagada en las aulas escolares, experimenta una desilusión brutal: el mercado, poniendo la descubierto las verdaderas prioridades del conjunto de la sociedad, le revela que en la jerarquía social está ciertamente muy por debajo de los empresarios, de las estrellas de cine y televisión, de los profesionales destacados, de los futbolistas, y a veces -¡qué horrenda humillación!- incluso de los seudo-intelectuales manufacturadores de best-sellers. ¿Cómo podrían sentirse los escritores identificados con un sistema que los relega a la triste condición de seres del montón, iguales, o poco menos, a un contador o un cerrajero? Si eso es democracia, ¡muera la democracia!

En los estados totalitarios no ocurre así. A condición de portarse bien y asumir con docilidad su función de cortesano, de bufón de lujo, el escritor es ascendido rápidamente al vértice de la consideración pública, y es alimentado, bien vestido, bien publicado y bien estrenado por el poder. Tiene unos ingresos muy superiores a los del promedio de los ciudadanos y privilegios inconcebibles fuera del círculo de la nomenclatura, de la que llega a formar parte, como los sirvientes y validos de las grandes familias feudales: colonias de vacaciones, viajes y permisos para salir al extranjero, y en las grandes ocasiones, incluso, decorar con su persona la tribuna oficial. Y como si esto fuera poco, se le autoriza a impregnarse de buena conciencia y convencerse de que los delicados trinos que salen de su boca y las historias que fantasea mejoran el destino de la humanidad.

Estoy convencido de que la democracia política y el capitalismo son inseparables la una del otro y, ambos, los pilares de una sociedad verdaderamente libre.

                                                                                                        (Texto adaptado)

Estructura

El texto sigue el esquema sintetizante; a partir de la contraposición de hechos o ideas que sirven de contraste (la consideración del escritor en dos sistemas distintos) se llega a formular una tesis final que sirve de conclusión.

a) El escritor en el mundo capitalista.

a.1) El escritor detesta el sistema porque supone un trauma pasar de la escuela al mercado.

a.2) Se tiene la creencia de que el talento que en la escuela acarrea distinción y reconocimiento va a ser lo mismo en la vida social.

a.3) La sociedad de mercado no prima el talento sino la satisfacción de demandas de consumo.

a.4) El prestigio intelectual se halla por debajo de la popularidad sin méritos.

a.5) El intelectual rechaza la democracia porque lo equipara a seres del montón.


b) Los escritores en los países totalitarios.

b.1) Al asumir la función de cortesano ascienden rápidamente.

b.2) Su prestigio social y económico es superior a la media.

b.3) Falsa creencia de que están prestando un servicio a la humanidad.


c) Conclusión.

La sociedad libre está basada en la democracia y en el sistema capitalista.

Resumen.

Si bien es cierto que el escritor en el sistema capitalista ve frustradas sus pretensiones de destacar socialmente porque la brillantez intelectual no tiene apenas que ver con los hábitos de la sociedad de consumo también lo es que en los sistemas totalitarios el prestigio de los escritores se basa en el sometimiento a la ideología imperante o en la falsa creencia de servir a la humanidad. De ahí que la libertad, a pesar de todo, esté asociada a las democracias capitalistas.

Tema.

A pesar de sus insuficiencias el capitalismo ofrece al intelectual mayores ventajas que los sistemas totalitarios
 

Comentario crítico.

El sistema capitalista está basado en la competencia libre y ya desde la escuela existe, aunque esté disfrazada a veces de compañerismo o solidaridad. Las calificaciones que obtienen los alumnos -quizá los más destacados serán los futuros científicos, o en su caso los escritores- son el primer indicio de lo que será su futuro y por ello parece ser cierto que sus expectativas posteriores inician ya en la escuela su propia autoestima y también les ayudan a situarse en el panorama social escolar, a través del prestigio que adquieren entre sus compañeros o simplemente haciéndose su composición acerca del valor que tiene uno mismo comparándose con los demás.

También puede comprobarse que los maestros o profesores tienden a alentar a aquellos alumnos que destacan augurándoles un buen porvenir, pero eso es consecuencia del alto valor que los educadores dan a los estudios y a la valía intelectual de las personas. Si se mira desde esa perspectiva, el alumno brillante intelectualmente está llamado a desempeñar un papel social importante frente a los que pasan por las aulas sin pena ni gloria. La falta de experiencia de unos y otros ( los profesores de los niveles inferiores no conocen del todo los entramados internos de la vida social y del mercado y los alumnos viven una realidad monolítica que no va más allá del mundo escolar) levanta falsas ilusiones sobre lo que espera en la vida laboral y aquí es muy certera la apreciación del escritor sobre el trauma que supone que el reconocimiento social no sea ni mucho menos el que se esperade la valía intelectual y esté determinado a veces por leyes ciegas o azarosas que apenas tienen que ver con con la preparación científica o humanística del estudiante o graduado.

Una de las imperfecciones que cabe achacar al mundo capitalista es el prestigio que adquieren persona de escaso relieve intelectual o cultural y junto al prestigio la situación económica de que disfrutan. Es comprensible que el escritor se sienta injustamente desplazado por presentadores de TV, por participantes en programas (hombres y mujeres famosos de las revistas rosa pueden cobrar varios millones por aparecer unos minutos en un programa) o por deportistas que ganan cantidades astronómicas y además son reconocidos y aclamados por un público que no sabe quiénes son científicos, escritores, directores de cine o artistas en general.

Si la cultura es uno de los valores básicos del ser humano, no es de extrañar que el escritor, sabedor de su valía, se sienta superior a la mayoría de los mortales con los que sólo tiene en común el hecho de ser persona, pero ya casi nada más. Una consideración puramente intelectual de la democracia llevaría efectivamente a rechazarla porque el individuo valioso se diluye entre una multitud gris y amorfa. A la hora de contribuir al desarrollo de un país al escritor, como a otros intelectuales, únicamente le asiste el derecho de votar, lo que lo asemeja a otros ciudadanos que incluso pueden ser analfabetos y, en suma, a la mayoría de individuos con un bagaje cultural muy limitado. A lo largo de la historia ha habido intelectuales, que aceptando la democracia como un sistema válido, no han visto con buenos ojos la igualdad completa entre un ciudadano que podría ser un dirigente y otros que han integrado lo que se ha llamado masa (téngase en cuenta la teoría orteguiana de las elites o antes el Despotismo Ilustrado o incluso el mismo Platón en su República). En la actualidad el descontento del intelectual de la sociedad capitalista con los sistemas de gobierno se reduce a la firma de manifiestos o a la expresión de su opinión en la prensa, pero con eso no consigue sus propósitos ni siquiera el aumento de su prestigio o consideración social.

Están más alejados de nosotros los regímenes de las sociedades totalitarias, las del modelo comunista, a las que el autor parece referirse en el segundo párrafo. En ellas no se tolera al escritor disidente y se le expulsa porque no cumple con el deber propagandístico que el estado le encomienda (casos como el de Cabrera Infante en Cuba o Solchenitsin en la Rusia de hace unos años son representativos). No parece que a juicio del escritor cuenten entre los adictos a los sistemas totalitarios los méritos intelectuales ni la valía como profesional de las letras sino solamente el deseo de fidelidad a la ideología imperante. Ya quedan pocos casos para mostrarlo, pues la disolución de la URSS y su absorción por el mundo occidental ha ido acabando con el modelo de escritor señalado en el fragmento. En la historia más reciente sí ha habido hechos que pueden dar cobertura a la opinión del autor (Eisenstein en el cine, Maiakowski y Brecht en teatro, Alejo Carpentier , o en menor grado García Márquez en la novela) aunque es difícil deslindar en ellos el enorme valor de su obra y la ideología que transmite.

No siempre los escritores se alinean completamente con una de las dos posiciones. Pienso que a veces es un ser dúctil que se aclimata al contexto en el que ha de escribir. En la España de posguerra, país con sistema capitalista y políticamente totalitario, ha habido escritores que han pasado de la defensa del regimen en los primeros tiempos a una posición más crítica posterior (Dionisio Ridruejo, Luis Rosales Gironella.. ), otros que si no lo han defendido tampoco se han opuesto enérgicamente a sus tropelías (quizá sea Cela el ejemplo más notable) y otros muchos que han asumido riesgos y han pagado por ello (Goytisolo, Buero Vallejo). En los ejemplos citados debería considerarse cuál es el modo de vida que elige el propio escritor. Si acepta los presupuestos del sistema capitalista en el que escribe sí habrá de sentirse defraudado por el escaso papel que se le asigna (posiblemente sea la posición de los escritores citados al principio Yeats, Elliot, Pound.. ) , pero si sus supuestos ideológicos son otros puede importarle algo menos la consideración de políticos, editores o empresarios que tienen como única finalidad servirse de la literatura o el arte como objetos de consumo o propaganda porque no es de ellos de quienes va a llegar el reconocimiento por algo que les es ajeno. La propia conciencia del escritor puede darle la sastisfacción que un sistema social, en el que no cree del todo, le niega.

La conclusión a la que se llega en el texto no es producto de las premisas sino una valoración a priori del propio autor, es decir, el punto de partida sobre el que se ha elaborado el texto. Es el producto de un individuo que sitiéndose partícipe de las bondades de la sociedad capitalista juzga desde esa perspectiva su propio sistema y el opuesto. Y eso le priva de la imparcialidad necesaria para dilucidar objetivamente cuál de las opciones es la mejor.


Texto D. Tema,resumen,comentario, caracterización
¿ Y qué hay de la droga como factor criminógeno? Aquí está el meollo del problema en cuanto cuestión política, y lo primero que parece pertinente es preguntarse por qué la droga induce al delito. ¿Por la alteración de la personalidad que causa? No parece probable. La droga más agresiva y que provoca mayor número de accidentes (laborales, de circulación, etc. ) es el alcohol, y sin embargo, no se la considera tan nociva como para prohibirla (¡espero que jamás perdamos esta indudable superioridad sobre los países islámicos!). Por lo demás, nunca el alcohol fue causa de tantos y tan graves delitos como cuando se le prohibió en Estados Unidos allá por la era Capone. La mayoría de las drogas llamadas duras inhiben los deseos criminales en lugar de estimularlos; en todo caso, representan una amenaza para sus usuarios, pero no para el prójimo. Comparadas con las alteraciones de ánimo producidas por la avaricia o el amor, las perturbaciones a que induce la droga son parvulariamente inocuas... Pero entonces, ¿quiénes son los drogadictos lanzados desesperadamente al delito? No quienes han tomado droga, sino quienes no han podido tomarla. Y no han podido tomarla porque es muy cara y su comercio está controlado por bandoleros que ganan fortunas fabulosas con su tráfico y adulteración. Lo que en la droga se convierte en fuente de delitos no son sus efectos, sino su precio; no es un problema clínico ni una perversión moral, sino otro caso más de explotación económica. La verdadera y más grave, incurable, diría yo, adicción a la droga es la de los desaprensivos beneficiarios del negocio que representan. Cuando la cocaína o la heroína se vendían libremente en las farmacias no eran causa de atracos ni asaltos; el ácido lisérgico, cuya intrínseca baratura ha impedido siempre que se convirtiera en auténtico negocio, nunca lo ha sido. Y ningún corruptor sin entrañas reparte ginebra o vodka a las puertas de las escuelas para hacer caer en el vicio a las criaturitas, ya que esas drogas se venden legalmente y a precio razonable en los establecimientos del ramo.
El peligro público que determinadas drogas representan como factores de impulso a la delincuencia no se debe a los productos tóxicos en sí mismos, sino a la prohibición que pesa sobre ellos y a la innoble mafia que se beneficia de tal situación. La fascinación que ciertas drogas duras (¡ya el mismo calificativo es tentador!) ejercen sobre los jóvenes se debe en buena medida al aura aventurera y románticamente desesperada que rodea su obtención y consumo, la cual proviene también de la prohibición citada. Las campañas de prensa que en nombre de la seguridad ciudadana rodean de detalles novelescos a ciertos productos prohibidos colaboran a reforzar su prestigio: estamos leyendo tanto últimamente sobre los lúgubres orgasmos de la heroína que van a terminar chutándose hasta las señoras del ropero de San Vicente de Paúl. Si las drogas se vendieran libremente en las droguerías, que es lo suyo, sólo recurrirían a ellas quienes no se atrevieran a perturbar su alma y sus sentidos con los venenos realmente potentes, como el pensamiento o la soledad.


Tema.

La legalización es el único remedio contra los efectos criminógenos de la droga.

Estructura .

Es de tipo sintetizante. Premisas y argumentos están en el inicio y desarrollo y en la parte final se adelanta una tesis a modo de problema, que se refuerza casi seguidamente con la conclusión.

a) Supuesto inicial. Consideración o no de la droga como factor criminógeno.

b) Cuerpo argumentativo. Se aportan argumentos diversos.

b.1) Argumento de ejemplos . Hay elementos más peligrosos que la droga.
-Está prohibido el consumo cuando el alcohol, más nocivo, no lo está
-Se ha demostrado que el amor o la avaricia sí atentan contra el prójimo.
b.2) Argumentos de hechos.
-La droga no es peligrosa en sí misma.
-El peligro de la droga viene dado por los beneficios que genera en la mafia el negocio clandestino.


c) Formulación de la tesis. El peligro de la droga viene de las mafias que nacen merced a la prohibición.

d) Nuevos argumentos lógicos.

-El romanticismo que supone para los jóvenes la dificultad de conseguirla.
-La propaganda de orgasmos intensos.
 
  e) Conclusión a modo de solución. Si se vendiera legalmente sólo sería un sucedáneo de otras emociones más fuertes como el pensamiento o la soledad.
Resumen.

Los efectos del consumo de drogas afectan más negativamente a la propia integridad que a la de otros pues es mucho más perjudicial para el prójimo la ingestión de alcohol o incluso las pasiones que desatan el amor o la avaricia. Es el voluminoso negocio clandestino que mueve la droga o el pretendido paraíso al que conduce lo que la hace peligrosa, por lo que, de autorizarse su venta, perdería ese halo misterioso del que hoy goza y solamente sería consumida por quienes no sintieran las emociones que proporcionan el pensamiento o la soledad.
 

Comentario crítico de las ideas.

Si la pregunta formulada al principio se toma al pie de la letra, habrá que convenir que es cierto que la droga induce al delito, o al menos parece derivarse de nuestra experiencia común que hay personas que por consumir droga son capaces de robar o agredir a otras si ello ayuda a la obtención del material. Ateniéndonos a los efectos que el consumo produce no disentiremos del autor cuando sostiene que el efecto nocivo del alcohol puede ser tan perjudicial o más que el de las drogas y sin embargo hoy puede consumirse libremente sin que sus secuelas criminógenas sean tan devastadoras como las de los drogadictos.

También se ha probado que el consumo afecta mucho más a la propia personalidad del usuario que no a quienes conviven con él, al menos en lo que toca al factor criminógeno ; es más fácil que un consumidor acabe con su propia vida, debilitándola poco a poco o de golpe ( los casos de sida son en su mayor parte una consecuencia del consumo habitual de heroína) que con la integridad de aquellos con quienes convive. Apenas existen casos en los que fuera de los móviles económicos se haya observado que el drogadicto atenta contra personas por el mero hecho de que el consumo genere agresividad incontrolada. Es cierto que la vida ajena peligra mucho más por motivos dinerarios ( son muy frecuentes las muertes o heridas ocasionadas por robo ) o sentimentales ( hoy están de moda los crímenes pasionales, especialmente los que comenten los hombres contra las mujeres que los han rechazado, sean o hayan sido novias o esposas ).

Para apuntalar la idea de que las drogas generan impulsos criminales tanto por su prohibición como por el excesivo precio que por ellas piden las mafias y bandoleros que regentan los negocios, el autor aduce que la prohibición del alcohol en EE. UU. a través de la ley seca ocasionó efectos negativos en la población y determinó la aparición de mafias que hicieron sus fortunas vendiendo güisqui clandestinamente y trayendo en jaque a la policía federal durante años como todos sabemos por las repercusiones históricas y cinematográficas que ha tenido el caso Capone o las mafias "italianas" que operaban en Chicago en los años treinta. Al quedar sin efecto la prohibición las aguas volvieron a su cauce y hoy el consumo y los efectos del alcohol están parcialmente controlados, si bien en tiempos recientes morían anualmente en Estados Unidos alrededor de 100.000 personas y muchos más a causa del tabaco.

Es probable que en la conciencia del ser humano, sobre todo en los jóvenes, exista un deseo de conocer lo nuevo, de experimentar aquello que nos han dicho que puede producir placer sin que haya que pagar por ello un precio humano excesivo, es decir, sin que uno haya de esforzarse intelectual o emotivamente para conseguir ese placer. No sé si el deseo de llegar a esos paraísos orgásmicos se hará extensivo a las señoras del coro de San Vicente de Paúl, pero cualquier persona está ávida de experimentar con lo nuevo y más si ello ha sido fuente de placer para otros próximos a nosotros. Eso conduce a la droga, quizá no tanto por ese romanticismo de explorar lo nuevo y difícil como por la necesidad de esas sensaciones no vividas hasta entonces y que se presumen como excitantes. En ese campo han destacado numerosos intelectuales como los de la Generación Beat que confiesan sin tapujos que han probado todo tipo de estimulantes, desde anfetaminas hasta opio o heroína; tanto Ginsberg como Burroughs o Warhol confiesan haber sentido la inclinación hacia las drogas como deseo de nuevas sensaciones y acicate para escribir.

Sería altamente interesante que las mafias que distribuyen las drogas y burlan la acción de la justicia desaparecieran o mejor no fueran necesarias porque pudiera llegarse a la legalización. Creo que, efectivamente su misión consiste únicamente en ganar dinero y a ello encaminan todos sus esfuerzos, desde el reparto gratuito a veces a las puertas de los colegios hasta la distribución de persona a persona en discotecas o pubs con la consiguiente propaganda de sus múltiples bondades. Un ejemplo del lucro de unos y otros lo tenemos en los hábitos de los jóvenes que viven intensamente el fin de semana. Consumen éxtasis, droga sintética elaborada con productos químicos fáciles de conseguir cuyo precio de coste es de 20 pesetas por pastilla y la venta se hace por no menos de 700; así se mueve una gran cantidad de dinero que se embolsan los propietarios de los laboratorios clandestinos, los distribuidores mayoritarios (que no parecen muy preocupados por pasar tres años de cárcel si son descubiertos por la policía), e incluso a quienes venden pequeñas dosis para ganarse unas pesetas.

La venta en establecimientos autorizados y la reducción de los precios podría llevar a muchas personas al consumo habitual y quizá limitado (ya se experimentó en la década de los sesenta en EE. UU., pero sin el asesoramiento debido, lo que obligó más tarde a la ilegalización y provocó la aparición de los cuantiosos negocios sucios que se han extendido en la actualidad a los países suramericanos y europeos), aunque eso no parece razón suficiente como para que los efectos que producen en el ser humano fueran distintos. No es garantía de que determinados individuos que consumen por simple placer o por evadirse de una realidad demasiado dura (casos patentes en diversas sociedades que nos han mostrado las novelas de Easton Ellis o J. A. Mañas y la película Trainspotting) dejaran de hacerlo al bajar los precios o venderse los productos en establecimientos autorizados. Sí en cambio parece razonable que las recomendaciones y el asesoramiento en los medios de comunicación pudieran tener efectos más beneficiosos en los consumidores y evitar así los males mayores.

Posiblemente una parte de la población que acepta los valores culturales del sistema y está en buena situación económica se sentiría incluida entre los individuos a los que alude el autor en las últimas líneas, aunque no creo que esas personas sean las que hoy corren detrás de los camellos, ni las que se han creado una adicción irrefrenable, ni las que tienden con su compartamiento a extender la idea del impulso criminógeno. Por desgracia, hay otros muchos que no sienten tan profundamente los males del pensamiento o la soledad y a esos las sensaciones placenteras fáciles y baratas de la droga les seguirían proporcionando el mismo "bienestar" del que gozan en estos momentos.
 

Caracterización del texto atendiendo a sus rasgos más relevantes .

Ya se ha adelantado que el texto es expositivo-argumentativo; el autor reflexiona sobre el consumo de droga como factor delictivo y se sirve de una estructura inductiva o sintetizante, es decir, parte de hechos concretos, particulares, situados en el primer párrafo y llega más tarde a la tesis, que ocupa el inicio del último .

En el primer párrafo el autor se formula una pregunta de carácter general "¿Por qué la droga induce al delito?" A partir de ahí el texto se halla subdividido en dos apartados de contenido cuya estructura es similar. En cada uno de ellos se parte de una pregunta; en primer lugar "¿Por la alteración.....?" , a la que responde con una oración negativa " No parece probable " . Ya que la respuesta ha sido negativa vuelve a preguntarse más adelante: "¿ quiénes son los drogadictos...? para responder : "No quienes han tomado la droga, sino quienes no han podido tomarla". En ambos apartados se recurre a la ejemplificación para dar mayor validez a sus argumentos ( referencia a la prohibición del alcohol en EE. UU. y a la venta libre de droga en las farmacias respectivamente ).

En el inicio del segundo párrafo establece la tesis esencial " El peligro público ... no se debe a los productos tóxicos en sí mismos sino a la prohibición que pesa sobre ellos y a la innoble mafia que se beneficia de la situación " a la que se ha llegado como conclusión de lo que ha expuesto anteriormente. El fragmento concluye resaltando las ventajas que llevaría consigo el levantamiento de la prohibición.

El texto parece un artículo periodístico, ya que en él se enjuicia un tema de actualidad : la droga como factor criminogeno. A los datos se suman las opiniones y se fundamentan para persuadir al lector. Si el texto persigue provocar el asentimiento del lector, lógicamente la estructura habrá de ser argumentativa, como ya se ha visto antes.

La emotividad del autor ha impregnado en varias ocasiones el contenido del texto. Por ello junto a la función referencial, necesaria en cualquier texto argumentativo, puesto que ha de recoger las aportaciones de la realidad objetiva ("La droga más agresiva y que provoca mayor número de accidentes...es el alcohol"; "Cuando la cocaína y la heroína se vendían libremente en las farmacias no eran causa de atracos ni asaltos" ) tiene abundante presencia la función expresiva que deja clara la posición del autor sobre algunos contenidos parciales del artículo ("¡ espero que jamás perdamos...!" ; "¡ya el mismo calificativo es tentador!"). Obsérvense las características propias de los mensajes de esta índole en los ejemplos citados ; en los de la función referencial la tercera persona, el verbo en indicativo y la modalidad enunciativa y en lo que atañe a la expresiva el empleo de la modalidad exclamativa, el uso de la primera persona y la utilización del adjetivo valorativo tentador.

Pero además el deseo de llegar hasta el lector ha propiciado la aparición de la función conativa a través de unas preguntas que el escritor se autodirige, pero que igualmente parecen tener como destinatarios a todos los lectores que sentirán con él ( ¿ Y qué hay de la droga....? ¿ Por la alteración de la personalidad....? ¿ quienés son los drogadictos....?) Si el predominio corresponde a la referencial, no es menos cierto que las otras funciones consiguen dotar al texto de un sentimiento humano del que los tratados puramente científicos están desprovistos.

En el artículo periodístico el uso de la lengua debe guardar el equilibrio entre lo culto y lo popular, ya que a la necesidad de ser entendido por un público numeroso se añade la obligación del escritor de mostrar un lenguaje cuidado. El registro culto, lo habitual en el conjunto del texto, se caracteriza entre otros aspectos por la extensión y complejidad de la sintaxis. Repárese en la oración que comienza por "Las campañas de prensa.... Vicente de Paúl" cuya longitud es inhabitual en otros registros o en la densidad de la sintaxis en las oraciones "El peligro público....de tal situación...." (con dos proposiciones en coordinación adversativa y en ambas existe a la vez la subordinación de relativo) o también en "Si las drogas..... pensamiento o la soledad" ( cuya apódosis está constituida por una relativa sustantivada y en la prótasis está presente un que a mitad de camino entre el relativo y la causa). La continuada presencia de las adversativas, que marcan el contraste entre las diferentes opiniones (P. E." Lo que en la droga se convierte en una fuente de delitos no son sus efectos, sino su precio" ; "no es un problema clínico... sino otro caso más de explotación económica") es otro rasgo que denota , a través de la sintaxis, la profundidad de pensamiento del autor.

Otras características propias del registro culto, combinado ahora con los de los textos expositivo-argumentativos, son la abundancia de formas verbales; algunas expresan valores permanentes y durativos, en presente, ( está, parece, induce, causa, es, considera,) otras a través del pretérito indefinido hacen referencia a hechos anteriores ( "nunca el alcohol fue... como cuando se le prohibió...."), siempre distintos al tiempo que corresponde al momento de la escritura. Se percibe así mismo el uso de tiempos del condicional o subjuntivo cuando la realidad no es patente sino que se formulan hipótesis o se enjuician hechos posibles (vendieran.....recurrirían,, atrevieran...).

Junto a ellos el sustantivo, tanto concreto cuando el tema lo requiere (drogas, usuarios, cocaína , heroína, ) como sobre todo los abstractos, más adecuados cuando se trata de exponer opiniones ( personalidad, amenaza, avaricia, perturbaciones, adulteración, perversión, explotación....) y el adjetivo en su mayor parte especificativo que delimita con precisión al sustantivo ( factor criminógeno, accidentes laborales, países islámicos, drogas duras, ácido lisérgico, ) o el sintagma preposicional complemento que ejerce de modificador restrictivo ( accidentes de circulación, alteración de la personalidad, beneficiarios del negocio, puertas de las escuelas...) soportan en su conjunto el contenido informativo del texto a la vez que los adyacentes evitan la polisemia característica de los textos no científicos..

Tampoco debe olvidarse que el autor ha de conocer bien la realidad sobre la que opina y eso tiene su manifestación más genuina en el empleo de cultismos (criminógeno, pertinente, nociva, perturbaciones, inocuas perversión) o tecnicismos (adicción, cocaína, heroína, tóxicos.... ), pero también en la riqueza y abundancia de conjunciones o locuciones conjuntivas ( sin embargo, pero,entonces, por lo demás, , en todo caso, ....) o de adverbios en mente ( parvulariamente, desesperadamente, románticamente...)..Otras veces se advierte el uso de términos coloquiales que lo acercan a nosotros ( Y qué hay de.... Aquí está el meollo....sin entrañas.... caer en el vicio... criaturitas...) e incluso se permite emplear términos jergales propios del mundo de la droga ( mafia...drogas duras... chutándose ).También en contadas ocasiones hace acto de presencia el humor ( van a terminar chutándose hasta las señoras del ropero de san Vicente de Paúl). Gracias a todo ello el texto aligera la densidad de su contenido y facilita la tarea del lector.


Texto E. El comentario sintáctico 

"Era tan firmemente underground que aquellos subterráqueos de apariencia emergente no le parecían de fiar".

La oración está formada por dos proposiciones, la principal y una subordinada adverbial impropia consecutiva intensiva; en la primera de ellas es notoria la presencia del atributo, cuyo núcleo (underground) está complementado por firmemente y también por tan, que a su vez ejerce de nexo discontinuo relacionado con el introductor de la consecutiva que; en esta última proposición lo más relevante es el constituyente de fiar en función de atributo y por ello equivalente a un adjetivo fiable y conmutable por el pronombre lo ( no se lo parecían). Algunos estudiosos optan por otro modelo de análisis consistente en asignar a la consecutiva intensiva el papel de modificador del intensificador tan, con lo que entonces pasaría a formar parte del constituyente atributo de la oración (era tan ...underground... que ) y el esquema principal/ subordinada dejaría paso al de una oración compuesta únicamente por el predicado nominal en cuyo interior se desarrolarían el resto de las funciones.
 
 

"Tras aquella victoria Iván se sintió satisfecho; pensaba que la revolución iba a triunfar".

La oración está compuesta por dos proposiciones, la principal, que es la inicial y otra yuxtapuesta, aunque subordinada semánticamente a la primera como adverbial impropia causal. Hay que recordar que la yuxtaposición no es una relación sintáctica, sino únicamente formal y por tanto debe establecerse la relación sintáctica entre las proposiciones. Es el sentido, es decir, la semántica lo que aporta la idea de causalidad. Destaca en en la primera la doble predicación de satisfecho, respecto al sujeto, a través de la concordancia, y al núcleo del predicado, el pronominal sentirse por lo que se le ha asignado la función de complemento predicativo. En la causal, el verbo va seguido de una sustantiva de complemento directo en estilo indirecto, introducida por el transpositor habitual que y en esta proposición aparece la perífrasis aspectual de carácter incoativo iba a triunfar. Algunos gramáticos consideran el fenómeno de la causalidad común a la oración simple y a la compuesta por lo que también puede optarse al analizarla por rotular la proposición como sustantiva y asignarle la función de complemento circunstancial de causa, subordinada al verbo sentirse; en ese caso el predicado de la oración sería un extenso sintagma que abarcaría todo a excepción del sujeto (Iván).
 
 

"Hay dos corrientes que se enfrentan: los liberales de Boyer, una beautiful people que se extiende por las grandes corporaciones financieras, y los descamisados de Alfonso Guerra".

Estamos ante una oración compuesta organizada en torno a la forma verbal impersonal hay seguida de un extenso sintagma nominal en función de complemento directo ( dos... Guerra ). El núcleo del sintagma, corrientes, está doblemente modificado por una proposición relativa y por dos sintagmas nominales en aposición que a su vez están coordinados entre sí.

Mención especial merece en la relativa el predicado, formado por los términos se enfrentan; no hay duda de que existe reciprocidad semántica entre las partes enfrentadas, es decir, compiten la una con la otra, pero desde el punto de vista sintáctico la forma se no desempeña la función propìa del pronombre recíproco ( C. D. o C. I. ) ya que en ningún caso la estructura lógica de la proposición podría ser similar a las verdaderas recíprocas ( los dos jóvenes, Juan y María, se aman , donde Juan ama a María, la ama ). Parece más oportuno considerar que la forma se ha llegado a integrarse en el verbo que ya no es transitivo, en el sentido de afrontar, sino pronominal, enfrentarse, porque la estructura lógica de la proposición responde al enunciado Una corriente se enfrentó a la otra corriente y no Una corriente enfrentó a la otra . Al no poder conmutarse por la o le la partícula se y exigir su presencia en cualquier tipo de estructura lógica hay que convenir que estamos ante un verbo pronominal que podría llevar y de hecho la lleva tácitamente la compañía del suplemento ( La corriente de Boyer se enfrento a la de Guerra ). La reciprocidad está pues integrada en el conjunto de la forma verbal y no solamente en el valor de se.

El extranjerismo (barbarismo) beautiful people debe ser considerado como una únidad unica y formar por tanto el núcleo del sintagma, que actúa como aposición de liberales, y a su vez va modificado por otra relativa cuyo núcleo verbal es el verbo con valor pronominal extenderse.
 
 

"El área económica se le veda al vicepresidente y el área política, al superministro".

Se trata de una oración compuesta por coordinación, en la que las proposiciones son coordinadas copulativas unidas por la conjunción y. En la primera se advierte la presencia de la pasiva refleja ya que la forma verbal se veda tiene como sujeto El área económica y podría conmutarse por la pasiva habitual con lo que bien aceptaría complemento agente ( la economia le fue vedada por el presidente ) . Al estar el verbo formado por el morfema verbal se y el presente de indicativo del verbo vedar se ha intercalado entre ambos el refuerzo pronominal le, expresión catafórica que anticipa al complemento indirecto ( al vicepresidente ) por lo que el pronombre desempeña también esa función. La segunda de las proposiciones ha elidido el verbo y con él el refuerzo pronominal por lo que el predicado está únicamente formado por el complemento indirecto ( al superministro).
 
 

"No era objeto de las normas constitucionales ocuparse de estos temas, salvo en lo que pudieran incidir en los Derechos Fundamentales que el constitucionalismo alumbró"

La oración compuesta está integrada por dos proposiciones coordinadas cuyo nexo de unión es la conjunción restrictica salvo, por lo que el tipo de coordinación está próxima a la adversativa. La primera de las proposiciones tiene como sujeto una sustantiva introducida por el infinitivo ocuparse y su predicado es nominal. La segunda ofrece mayores dificultades puesto que el verbo en perífrasis modal pudieran incidir ( en el sentido de causar efecto en algo ), que tiene como sujeto omitido estos temas lleva dos complementos encabezados por la preposición en : en lo que -relativa sustantivada con lo con valor general de aspectos o asuntos- y en los Derechos... y ambos parecen de presencia obligada en la oración . Los temas pudieran incidir en algún aspecto y Los temas pudieran incidir en los Derechos... , es decir, los temas pudieran incidir en algún aspecto en los Derechos .No cabe duda de que uno de ellos es el suplemento ( necesario para la completez de la oración ). Parece más adecuado situar dicha función en el sintagma los Derechos ya que éste se hace necesario siempre, mientras que el otro precisa del concurso de los Derechos para formar una oración correcta. En ese caso debe asignársele la función de complemento circunstancial puesto que está situado más cerca de un adverbio o locución ( parcialmente, en parte ). Desde el punto de vista semántico puede interpretarse la frase como en algún aspecto en (de) los Derechos, y entonces habría un único sintagma con función de suplemento en cuyo interior el otro actuaría como modificador del núcleo.