Se encuentra justamente en el corazón de la ciudad, a caballo entre los cascos nuevo e histórico. Aunque éste es su nombre oficial, todos la conocemos con la Plaza Vieja. Son característicos sus "portalillos", bajo los cuales aún quedan dos muestras de lo que en mi infancia era lugar de reunión de toda la niñez de Úbeda: los carrillos. Éstos no eran sino unos puestos de chucherías, ataviados con ruedas, y que permitían a sus dueños trasladarlos todos los días desde su casa hasta los portalillos, para allí disponerse a vender a todos los niños que allí íbamos, y que hoy en día siguen yendo, cualquier cosilla que nos apeteciese. Íbamos todos los fines de semana, preferiblemente el domingo, pero también, cómo no, en Semana Santa, y en Navidad, después de haber recibido el "aguilando" correspondiente. Nos gastábamos el dinero en breas negras y coloradas, cañamones, arrezú, pipas, maíz, y decenas de otras galguerías. Y de allí, y con los bolsillos llenos, íbamos "enflechaos" los chiquillos a jugar al Paseo Mercao, o a la Plaza de Santa María, o a la Cava a sentarnos debajo de un "bardal" de cualquier casa para compartir lo que habíamos comprado. Famoso era el carrillo de Paco, que actualmente tiene su heredero, aunque transformado en tienda, justo frente al lugar en que su padre se situaba.

 

En esta plaza está la Torre del Reloj, parte de la antigua muralla árabe de la ciudad.

 

 

 

 

 

También se encuentra en esta plaza la Iglesia de laTrinidad.

La Iglesia de la Trinidad constituye uno de los escasos ejemplos de arquitectura barroca existentes en la ciudad. Esto suponía una gran novedad debido a que la fuerte influencia de la escuela renacentista de Andrés de Vandelvira pervivió hasta casi el siglo XVIII. Fue iniciada a fines del siglo XVII, para ser rematada a principios del siguiente siglo.