

Es la más importante de las
fiestas de Úbeda. En ella se dan cita tronos e
imágenes
religiosas de inmenso valor
artístico, esculpidas por la mano de prestigiosos maestros. Esta
riqueza se completa además con el colorido, la luminosidad y el
sonido de las múltiples bandas de música que acompañan a los
distintos pasos de la Semana Santa. Junto a ellas, los guiones
que los "escoltan" a lo largo de la ciudad y la
participación de toda la población ubetense a lo largo del
mismo.

Aunque a mí siempre me ha
resultado atractiva la procesión de la Expiración, hay momentos
que tienen gr
an tradición entre los
ubetenses. Cabe así destacar la salida de Nuestro padre Jesús
Nazareno, así como la salida de Nuestra Señora de la Soledad en
la madrugada y tarde del Viernes Santo, respectivamente. Y por
supuesto, como principal exponente, la noche del Viernes Santo,
momento en que todos los pasos, acompañados de sus respectivos
guiones de penitentes y sus bandas tambores y trompetas,
representan el devenir de toda esta Semana, desde la entrada de
Jesús en Jerusalén hasta su Entierro y Sepulcro, constituyendo
la llamada Procesión General.


No obstante, por aquello del amor filial (y porque, de verdad, poco a poco durante los últimos años ha ido superándose, y actualmente es un auténtico placer contemplarla) tengo que hablar de la procesión en la que salen mis hijos:
