Es éste un panecillo hecho con masa de harina, levadura y aceite, horneado tras ser untado con una mezcla de aceite de oliva, pimentón dulce y sal molida, que le da su aspecto rojizo. Este es uno de los platos que abanderan, sin lugar a dudas, la gastronomía ubetense. Desde antiguo la tradición "enseña" que, aunque se pueden comer solos, digamos como sustituto del pan, lo propia es abrirlos a lo largo y rellenarlos de una buena cantidad de morcilla en caldera, o bien, comerlos junto con un buen puñado de habas verdes. Y siguiendo lo que aconseja la tradición, en más de una ocasión íbamos mi amigo Cristóbal y yo, a la huerta de su primo, que también se llama Cristóbal (es ésta una familia donde los "cristóbales" abundan y es considerado este nombre como una auténtica institución digna de ser transmitida de abuelos a hijos, y de hijos a nietos, y asi, que yo recuerde hay aproximadamente siete u ocho varones que poseen este nombre).

Ir a la huerta de Cristóbal era toda una excursión, aunque no por la lejanía. Estaba cerca. Ir por el huerto del canónigo, la tienda de María "la dentona", las "escuelillas", la calle Valencia y continuar por el carril un poco más. No se hacía largo llegar. Lo peligroso era pasarse del sitio. Yo siempre me orientaba por que tomé como punto de referencia una caseta de hormigón que había justo en la huerta de más arriba de la de Cristóbal, y en la que a menudo encontrabas trabajando a su dueño, Pedro"el yegüero". Una vez en la huerta, sabiendo que era cuando las habas estaban a punto para ser cogidas, nos sentábamos en la tierra, en medio de las matas de habas, con una bolsa de ochios en la mano, y comenzábamos a coger vainas que pelábamos con soltura, sin prisa. Y así pasábamos las horas entre bocado de ochio, puñado de habas y trago de agua, degustando la comida, disfrutando del momento, contándonos cosas de chiquillos, como cuál iba a ser nuestra próxima excursión: la Casería de los Pinos, la "Alamea", ir a jugar a la "Vía", en las casetas abandonadas de la antigua estación del tren, o bien al pantano de la Cava, o tantas otras. Al día siguiente, sería la excursión, y a buen seguro que sería inolvidable, como todas las que hacíamos.

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