Real Cofradía del Stmo. Cristo de la Humildad y nuestra Señora de la Fé

(Esta paginilla la dedico a mis primos/ as y sobrinos/as,  y muy muy  especialmente a mi hijo Francisco y a mi hija Irene)

Son cosas de familia.

Yo, que nunca he sido "semanasantero", sin embargo, desde que los hijos (mejor dicho, las hijas) de los primos de mi mujer (mis primos) comenzaron a salir en esta procesión, primero mi hijo, y luego mi hija ahí empezaron "arre que arre" diciéndome que querían también salir en la procesión. Yo, dicho sea de paso, poca ilusión me hacía. No sé cómo, pero a día de hoy "toas" las Semanas Santas ahí estamos dispuestos a llevar a los nenes a recoger el velón, a colocarse en el guión, a seguirlo por "to" el recorrido del santo y a acompañarlos a dejar el velón. En fin, a echar la tarde "humildeándonos".  (Así, sin que nadie me oiga, he de decir que cada año me gusta más eso de echar un ratillo esa tarde con los primos (y con los amigos, porque dicho sea de paso, también esto se contagia, en el buen sentido de la palabra, y el hijo de unos amigos, "enviendo" que mis hijos salían en la Humildad, allá fueron que también "san apuntao". Así que echamos una tarde siempre simpática, "fotografiera", siguiendo al guión por el recorrido para mostrarle a tus hijos esa sonrisa que te sale del corazón cada vez que pasan por al lado tuyo (porque procuramos colocarnos en la acera por la que ellos van). 

Toda una típica tarde de Semana Santa ubetense..... 

¡Como tiene que ser! 

Y como esto se va rizando, pues desde hace unos añillos nuestro querido primo Antonio (alias "Neneeeeee", o "Quisieraaa que vieraaas", o "To mu limpio y mu aseao", o "El empresario" - jejejejeje - y muchas y muchas más, porque este personaje es todo un peazo de tipo con el que departir y pasarlo bien es sumamente fácil) se  le ocurrió salir de romano. Hay que decir que en esta procesión el Cristo va precedido por una banda especialmente particular y vistosa, compuesta por toda una "legión" de romanos totalmente pertrechados y que, dirigidos por un singular centurión, están dispuestos a mostrar lo mejor de ellos, de sus magníficos toques puramente inspirados en la época imperial y de su buenhacer. Resulta sintomático mirar las caras de los "forasteros" que, ante el paso de esta magnífica banda, no pueden evitar abrir la boca y los ojos como signo de la grata sorpresa que les produce.  

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