" Hoyo de Pan y Aceite "
Eran,
aproximadamente, las seis de la tarde cuando, sentado en
cualquier escalón de la calle San Nicolás, lanzabas el hueso,
deseando que te saliera la "panza" o la
"reina" y temiendo con tu toda tu alma que te saliera
el "lapo"; veías a uno de tus amigos de
"juguesca" salir de
su casa con un pedazo de pan que olía a gloria, y se
incorporaba, con él entre sus manos, al grupo de juego. Al poco
rato, otro de ellos, iba a su casa y volvía rápidamente,
también con otro pedazo de pan en las manos. Así hasta que, por
mucho que tú te resistieses, aunque no quisieras perderte ni un
solo minuto de juego del lapo, o no abandonar ni por un instante
esa posición de control que te daba estar en
"pimpirinetes" de algún amigo, o no bajarte del
carrillo de níquel, notabas cómo en la boca aparecía la
humedad del placer por "engullir" uno de esos picos de
pan, con el "miajón" quitado y en su lugar, aceite de
oliva añadido junto con azúcar. Después, bastaba con colocar
de nuevo la masa de "miajón" antes separada para que
se "empaparruchara" de aceite y azúcar. Comer aquello
era todo un placer. Eso sí, lo suyo era empezar por la tapadera,
y terminar por el pico (siendo sincero, lo normal es que el pico,
la mayor parte de las veces, fuese a la boca de un perro que por
allí deambulase, o a cualquier jardin de los que están a los
pies de la iglesia).