
La Feria de San Miguel, la Romería de la Virgen de Guadalupe y la Semana Santa son las principales ocasiones festivas que los ubetenses ofrecemos a los visitantes que se acercan a la ciudad, compartiendo con ellos la alegría, la diversión, la devoción, el arte, ...
| La feria de San Miguel |
Aunque los ubetenses la consideramos iniciada ya desde un día antes, su apertura oficial se sitúa en el 29 de Septiembre, fecha que viene a conmemorar el día en que el rey Fernando III "el Santo" reconquistó la ciudad bajo bandera cristiana en 1234. Al ser una de las últimas ferias del año, es posible que nos veamos sorprendidos por algún "aguarrón" inoportuno que nos obligue a entrar en una de las casetas y quedarnos allí "repanchingaos", saboreando alguna cosilla típica de la época, en espera de que pase la lluvia. Generalmente, el frío suave del otoño aparece como su invitado habitual. Ello hace que sentarse a la mesa de una de las varias churrerías que hay en el recinto ferial y "acurrucarnos" unos cerca de otros, con las manos rodeando una cálida taza de chocolate, sea un placer casi obligado para todos los que hasta allí nos acercamos,
| La romería |
Es
en mayo cuando los ubetenses vamos hasta la ermita del
Gavellar, situada a
pocos kilómetros, para recoger la imagen de la virgen de
Guadalupe, patrona de Úbeda, y llevarla a la ciudad.
Aquí permanecerá hasta el mes de Septiembre, cuando de
nuevo será llevada a su ermita de origen. Durante la
romería íbamos los chiquillos en "patrullón"
con nuestros bolsas de comida (que más que bolsas
parecían "barjas"), dispuestos a jugar por los
olivares de los alrededores de la ermita, hacer
excurisones por la zona, sin pensar en posibles
"cepazos". Lo que más nos gustaba de todo era
quedarnos "trasconejaos" detrás de un
"padrón" o de una oliva, viendo como una
pareja de novios se arrullaban, y se besaban, pasando
así el tiempo de espera hasta que la virgen fuese sacada
de la ermita. Eso sí, había que tener mucho cuidado de
que no te vieran, porque si te descubrían tenías que
salir "pitando", dando "zancallás"
para evitar que el novio te echase el guante encima.
| La Semana Santa |
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