Plato compuesto de bacalao, gambas, almejas, un sofrito de tomate, pimentón, cebolla y tiras de masa de harina cortada a pedazos con la mano y añadidas a la olla, dejándolo todo rehogar junto a hierbabuena y laurel. Esto hay que saber hacerlo. Sí,... Todo hay que saber hacerlo. Pero ésto más todavía. No es una comida que me vuelva loco. Creo que ha sido a partir de conocerlos, preparados por mi suegra, cuando he empezado a apreciar lo que este plato supone para el paladar. Difícilmente ella los hace a propuesta mía (sobre todo porque no suelo proponerlo), aunque cuando los pone encima de la mesa del comedor, y los pruebas, realmente están para hacerles palmas. No obstante,también disfruto cuando prepara otras suculencias como el estofado de coliflor con tocino, o ese pisto que hasta te chupas los "deos" de los pies, la ensaladilla rusa (solo lo escribo y la boca se me hace agua); o por qué no, el pollo en salsa o la ternera con tomate, o las habas refritillas como ella las hace, o las alcachofas, o las migas, o las gachas, o muchísimos platos más que, cada vez que voy de vacaciones, me obligan a ir, sin descargar tan siquiera las maletas, al frigorífico para probar cualquiera de esas cosillas que a buen seguro tiene siempre preparadas para mí.

Regresar a ¡A la mesa!
Ir a Página Principal