RADIO
cosas curiosas sobre la
radio
1. PRINCIPIOS DE LA LOCUCIÓN
Introducción
El gran poder de la radio está
precisamente en su carencia, en que no tiene imágenes. Nunca llegará
a determinar totalmente la naturaleza de las cosas, dejando que los referentes
visuales los ponga libremente la imaginación del oyente. En radio,
sin duda, la mujer más guapa del mundo con una seductora voz
será para todos la mujer más guapa del mundo. En televisión
la materialidad de la imagen que determina, concreta, hará que lo
sea para algunos, quizás para muchos, pero no para todos.
Para poder conseguir transmitir
a través de la voz ciertos aspectos que a menudo no tengan que ver
con ese físico tan inevitablemente ligado al que nos atenemos en
la televisión, se requiere de una gran profesionalidad que permita
a su vez el control de cuatro parámetros básicos: la pronunciación,
el ritmo, la entonación, la utilización de un vocabulario
más o menos rico que siempre nos revalorizará como conocedores
de nuestra lengua y algo que parece obvio, pero que a menudo suele ser
uno de las metas más difíciles de alcanzar, saber leer correctamente.
Saber leer
Vamos a empezar por esto último
pues, a fin de cuentas, aquí se encuentran los pilares básicos
para todo lo que vamos a explicar a continuación. Saber leer, lo
que podemos entender como leer para recoger y entender una información
codificada en nuestro idioma a través de un medio impreso como puede
ser un periódico, solemos saber todos. Pero en radio saber leer
significa mucho más porque en radio todo lo que se lee se oye y
hay que saber leer de tal manera que lo oído no sea ruido sino información
que pueda ser recogida de manera sencilla y sin esfuerzos por dicho oído.
Para empezar, nuestra lectura
tiene que ser relajada. Si hablamos muy rápido, especialmente en
el caso de las personas mayores, es posible que no nos sigan por lo que
el oyente tendrá que hacer un cierto esfuerzo y terminará
por abandonarnos. En segundo lugar no debemos dudar, hacer pausas indebidas
o, algo muy frecuente, trabucarnos en una palabra que no sabemos cómo
pronunciarla correctamente. De igual forma habremos conseguido desviar
la atención del oyente de la información que estamos transmitiendo.
Y para terminar hay que decorar la lectura con expresiones que ayuden a
que lo leído parezca ser en realidad dicho porque quien está
recibiendo la información no está utilizando los ojos, no
está leyendo como nosotros, sino que nos está escuchando.
Para leer correctamente y que estas cosas no nos ocurran, aunque muchas
veces se producen inevitablemente por nerviosismo y sólo la
reiteración y la costumbre pueden superarlos, es imprescindible
hacer una rápida o detenida lectura, ( según nuestra capacidad
y tiempo disponible) que nos ayude a tomar un primer contacto con el texto
y así tomar nota de las palabras con cierta complejidad de pronunciación.
Además, nos enteraremos un poco de cuál es su contenido y
eso nos ayudará más a transmitirlo con eficacia. Todos los
locutores leen cualquier texto informativo o de cualquier otra índole
antes de llevar a cabo esta misma lectura por antena y el no hacerlo es
un riesgo considerable que fácilmente puede acabar en los defectos
que anteriormente hemos señalado.
El ritmo
Sobre el significado que esas
palabras tienen, e independientemente de que nuestra forma de leer sea
correcta, hay una serie de elementos de comunicación no verbal a
través de la voz, cuyo buen control y hábil utilización
puede enriquecer nuestra lectura hasta tal punto que podemos adoptar una
imagen de cara al receptor muy diferente a la que proyectamos físicamente.
Y esto no quiere decir que la imagen de nuestro oyente sea falsa o ficticia,
sino que la voz tiene el poder de vislumbrar ciertas facetas de nuestra
personalidad que quedan siempre ocultas, solapadas frente a la concreción
y el determinismo de la imagen física de la televisión.
El primero de esos elementos
no verbales es el ritmo. Antes hemos señalado que hay que leer de
manera relajada. Pero a pesar de todo hay un rango y unos márgenes
de tal manera que, al igual que un ritmo excesivo puede hacer que no se
entienda nada, también un ritmo demasiado lento ( entendido como
número de palabras pronunciadas por segundo) puede dormir
al oyente. En general si lo que pretendemos es que el oyente se sumerja
en una historia marcada por elementos visuales imaginarios, es necesario
que cada palabra se pronuncie de forma clara y con un ritmo lento. También
para conferir intimismo y confidencialidad. Estos ritmos se utilizan mucho
, por ejemplo, en programas nocturnos. Sin embargo, para programas magazines,
informativos o cualquier otro de los que habitualmente escuchamos en la
programación matutina, el ritmo debe ser intermedio, que despierte
alegría o vitalidad, por ejemplo, si es un programa juvenil o musical.
La pronunciación
Como también hemos explicado,
muchas veces es frecuente el trabucarnos. Para ello, si estamos leyendo
algo de manera improvisada y encontramos palabras en las que prevemos no
saber atacarlas con eficacia, mejor no leerlas o sustituírlas por
otras de significado parecido, pero de fácil pronunciación.
Es por ello por lo que muchos locutores, fórmula muy empleada y
casi obligada en televisión cuando se hace autocúe, realizan
dos lecturas a la vez, la vocal, que es la que está saliendo por
antena; y otra mental con los ojos, que va dos o tres palabras más
adelante inspeccionando todo lo que puede resultar confuso o complicado.
Si tenemos más tiempo un truco interesante consiste en seccionar
la palabra con rayas verticales en sus diversas sílabas para que
cuando la abordemos sepamos que es como una curva de ciento ochenta grados
que debe ser tomada con moderación. Es decir, al llegar ahí
diminuiremos nuestro ritmo de lectura y pronunciaremos con nitidez abriendo
bien la boca para evitar que la lengua nos juegue una mala pasada.
Aunque nos pueda parecer ridículo
la práctica de abrir y cerrar la boca paulatinamente antes de colocarnos
ante el micrófono nos puede ayudar a una mayor abertura de la cavidad
bucal que nos amortigüe los posibles trabucamientos que se puedan
dar o la falta de vocalización, algo que igualmente añadirá
ruido a la información que transmitamos.
La entonación
La voz de los robots que vemos
en las películas no tienen entonación. Todas las palabras
suenan igual, en serie, planas. En informativos una entonación así
se suele usar pues eso es signo de objetividad, no añadiendo ninguna
connotación de más a la palabra pronunciada. Pero si queremos
enriquecer nuestra lectura la entonación introducirá inflexiones
que pueden ser traducidas por el oído como pausas que permitan la
variedad en la voz y que ayudarán a mantener constante la atención
de nuestro oyente. Entonar bien es como ponerle a cada palabra una imagen
que tenemos que proyectar al pronunciar dicha palabra al mismo tiempo que
puede inferir en el oyente algún estado nuestro de ánimo.
Los chasquidos
Habitualmente, sobre todo cuando
estamos nerviosos, se nos puede secar la boca, por lo que la saliva se
hace pegajosa y ésta puede ocasionar chasquidos que, si el micrófono
es lo suficientemente sensible, también puede reproducirlos perfectamente.
Para evitar esto se aconseja utilizar un simple vaso de agua y beber a
sorbos lentos cuando lo necesitemos; o si estamos ante una situación
difícil, pasarse la lengua por delante de los dientes. Esta operación
que parece estúpida, no lo es en absoluto ya que es una forma de
estimular las glándulas salivales, las cuales proporcionarán
la saliva suficiente como para reblandecer la boca y mantener más
controlada dicha sequedad.
Los chasquidos son especialmente
molestos en narraciones donde se necesita una voz limpia, propias de programas
en la noche intimistas y confidenciales porque el oyente no oye sólo,
escucha. La gran diferencia entre oír y escuchar es parecida a la
de ver y observar. Todos oímos puesto que disponemos de un sistema
de recepción, que es el oído y todos sus complejos órganos,
para descodificar las ondas sonoras como sonido. Pero el escuchar implica
que además el cerebro está procesando la información
que sale del locutor para ser entendida y analizada.
La radio de la mañana
es más de oír que de escuchar. El/la ama de casa está
haciendo sus labores y no tan pendiente de lo que dice la radio, hasta
que encuentra algo que dicen que le es de interés y entonces sube
el volumen y escucha.
La proyección de la voz
Hasta el más sensible
de los micrófonos pueden no captarnos nada si no proyectamos la
voz. Hay personas que, sin hacer ningún esfuerzo, hablan por el
teléfono, en una conversación que se supone privada, y se
está enterando todo el mundo; y hay personas que por más
que se esfuerzan no logran oírseles ni el cuello de su camisa. En
estos últimos casos hay que proyectar la voz, es decir, saber colocar
el diafragma y el aparato fonador de tal forma que, como decíamos
antes en el primer tipo de personas, proyectemos la voz siendo rotunda,
clara y sin hacernos daño en la garganta. Para ello existen ejercicios
y fórmulas y en ello consiste en parte el buen arte de la locución,
especialmente importante también para doblaje, cantos y no digamos
para representaciones escénicas en vivo.
La utilización de un lenguaje más o menos rico
Somos profesionales de la comunicación,
hemos estudiado una licenciatura que es una carrera de grado superior y
hemos atravesado una dura Selectividad, pues la nota que se exige no es
pequeña y va en ascenso, especialmente en Comunicación Audiovisual.
Esto quiere decir que, sin pasarnos evidentemente, debe notarse que somos
universitarios. Servirá de ejemplo para que no se empobrezca más
de los que pude estar nuestra lengua, ya que nos van oír muchas
personas. Esto es especialmente importante en la radio, ya que en la televisión
la búsqueda a menudo de las espectacularidad a través de
las imágenes, reduce bastante la autoridad de la palabra, trivializándola.
Leer como si no leyéramos
Si leemos un cuento, una historia,
algo que contamos, puede, y siempre dentro de ciertos límites, notarse
una cierta lectura. Pero en los programas, reportajes, entrevistas, magazines,
tertulias..., la lectura casi nunca constituirá la manera de hablar,
sólo un apoyo que no debemos olvidar. Cuando nos despegamos del
papel se multiplican los problemas porque tenemos que improvisar. La improvisación,
que no significa carecer de guión, exige mantener controlados igualmente
los parámetros anteriores pero sin estar escrita cada palabra y
entonces son muy frecuentes los titubeos o las palabras coletilla tipo
"bueno", "pues", "eeeehhhh", "mmmm", "efectivamente", que utilizamos frecuentemente
de almohadilla cada vez que pensamos qué palabra debemos unir a
la anterior.
Poco podemos decir a este
respecto. Las ansias de autoperfección, la costumbre y el esfuerzo
diario conseguirán que vayamos progresando en esta difícil
tarea. Cuando la conversación se produce entre dos personas, como
habitualmente se da en muchos programas donde suele haber dos presentadores
y diversos entendidos en determinadas secciones, la conversación
mutua puede ayudar a disimular esos problemas. Ahora bien, es muy importante
saber elegir bien a nuestro otro locutor, ya que una buena comunicación
con él como si fuéramos hermanos o una comunicación
vacía y artificial pueden ser la clave para el éxito o dar
al traste todo nuestro trabajo.
La improvisación es
difícil de conseguir, pero es tan importante como la buena lectura,
y combinados los dos en sus justas proporciones como si fueran los ingredientes
de una buena sopa, hacen mucho más fácil la captación
del oyente.
La música
Los periodistas, habituados
al lenguaje de la prensa, dan una gran importancia a la información
través de la palabra como portadora de mensajes sin darse cuenta
de que la radio es sonido y que, por tanto, en ese sonido se inscribe todo
lo que puede ser percibido por un oído. La música es a menudo
una manifestación del espíritu que puede ir mucho más
directamente al inconsciente que cualquier otra palabra porque nos hace
sentir sin intermediarios. Es una de las comunicaciones más puras
y, por tanto, su hábil uso por parte de una persona con una especial
sensibilidad, puede reforzar incluso más que la voz un determinado
mensaje radiofónico. Debería cuidarse mucho la música
empleada de fondo para las cabeceras de los programas, reportajes, así
como en la publicidad, cosa que observo que no se cuida demasiado desvirtuándose
el sentido primigenio de comunicación auditiva.
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