Manuel Benítez Pérez "El Cordobés" |
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Un "suceso" singular
El que vamos a presentar seguidamente al lector amigo, es, de verdad, un suceso singular en tauromaquia. Se trata de un torero ignorado; de los muchos que desfilan por los ruedos, que hace el paseo en la plaza de Córdoba un 15 de Mayo de 1960 y se las entiende con un par de novillos "en puntas", sin picadores por su valor estoico, por su serenidad, por su arrojo. El chaval viene a ser torero. Quiere ser torero. Y el bagaje que trae es el que queda dicho: valor, arrojo, decisión y personalidad. Eso. Eso tan difícil de poseer en el toreo. La gente sale emocionada de la plaza. Sale hablando de lo que hizo un muchacho que dicen que es de Palma del Río y que le llaman "El Renco". Pero esta tarde se ha anunciado así: Manuel Benítez "El Cordobés". Bonito apodo para una figura del toreo. Manuel sueña con serlo. Sueños de gloria, de triunfo. Casi los "toca" con las manos ilusionadas -como niño con juguete- cuando lo sacan a hombros de la plaza; y en toda la ciudad el tema de las conversaciones no es más que éste: el joven torero que se ha presentado en Córdoba en la tarde mayera y ha hecho ponerse serios -muy serios- a los que se disponían a reírse ante un "nuevo fenómeno" más, de los que cada día prueban suerte, por si "suena la flauta". Esta vez sonó, pero no por casualidad, sino porque el que la tenía entre sus manos temblorosas de la propia emoción del trance, supo tañerla con acierto. En Manuel "El Cordobés" había, pues, un torero en gestación, un "diamante en bruto", que necesitaba cuidado, pulimento... Esta fue, en fin la iniciación de una carrera taurina sin precedentes, porque nadie, en el toreo, se ha visto más pronto alzado sobre la admiración de la masa, ni nadie ha alcanzado con más breve espacio de tiempo, popularidad y fortuna. Seis meses escasos han bastado -de mayo a octubre-para que Manuel "El Cordobés" sea idolatrado en Córdoba y fuera de ella y su fama haya desbordado nuestras fronteras provinciales, para hacerse nacional y aún internacional, puesto que del mismo Méjico llegan ya a nosotros periódicos que reflejan este inaudito estado de cosas, que ha hecho que, por lo menos en nuestra capital y provincia, la afición taurina haya resurgido, cual Ave Fénix; y lo que antes estaba sumido en un letargo lamentable, se haya convertido en entusiasmo y fervor, que, en definitiva, redunda en beneficio del espectáculo taurino. He aquí lo que Córdoba y la propia fiesta de los toros tiene que agradecer a Manuel "El Cordobés". Ese muchacho todo franqueza, simpatía, sencillez bondad, buen corazón, que nació en cuna humilde y que por su deseo vehemente de ser, de destacarse, de triunfar; por su tensión admirable y -¿por qué no decirlo?- por su buen estilo de torero, puede algún día escalar la gloria que solo a los elegidos les está reservada.
Cómo nació el torero Ya lo acabamos de decir; nació en una cuna humilde, humildísima, en una modesta vivienda de la calle Ancha, sin número, del pueblo cordobés de Palma del Río, situado a cincuenta y cinco kilómetros de la capital y cuya fundación antiquísima se atribuye a Aulo Cornelio Palma, en el año 105 de la era cristiana. Aulo, atraído por lo encantador del paraje y del clima, levantó allí un suntuoso palacio y dio su nombre al pueblo. Pero esta pincelada histórica poco tiene que ver con el objeto de nuestro relato. Lo cierto es que Palma es un pueblo encantador, próspero y rico, fertilísimo, ganadero... y torero. Por algo está entre Córdoba y Sevilla y en sus habitantes alienta la afición racial a los toros y a los caballos. Pues aquí nació Manuel Benítez Pérez en una madrugada del mes de Diciembre de 1938. Sus padres fueron José Benítez Méndez y Angeles Pérez Regal, que tuvieron dos hijos más, varón y hembra, mayores que Manuel. El jefe de la casa, que ejercía la profesión de camarero, murió a poco de nacer el chaval. Su madre, apenas tendría Manolo un par de años. La hermana Angeles, fue, en realidad la que hizo de madre, la que realizó toda clase de sacrificios por sacar adelante a sus hermanos. Pero todo ello dentro del marco de una humildad excesiva, cerrada a su buena voluntad toda clase de posibilidades... Trabajaba Angeles en las faenas más rudas. Pero no era suficiente aquel denodado y admirable esfuerzo para conseguir el bienestar ansiado. A todo esto, el chaval crecía y se veía rodeado de la miseria, de la que era preciso salir. Comprendía los esfuerzos de su hermana, el trabajo constante, las vejaciones a que se sometía, por sacar adelante a los suyos. Hasta que un día... un día Manuel Benítez Pérez decidió ser torero.
Dos amigos del alma Hay que decir, antes de seguir adelante en el relato, que Manolo había hecho amistad con un chaval casi de sus mismos años. Era oriundo de Jerez de la Frontera, nada menos que de la familia del célebre cantaor de flamenco don Antonio Chacón, Juan María Horrillo Chacón, un chaval que habitaba con sus padres en la calle Belén, numero 22, de Palma del Río. Paseaban juntos, jugaban al toro alguna vez, cambiaban impresiones constantemente acerca de su "porvenir" en la vida, se lamentaba Manuel, a veces, con su compañero, sobre la situación de su hogar, del constante sacrificio de su pobre hermana... Y un día "El Renco", que así le llamaban en el barrio, expuso resuelto a su amigo del alma: Mira, Hornillo, yo tengo decidido ser torero... Hornillo miró extrañado a su amigo. Jamás habían hablado de semejante cosa. Habían pasado sí, en algunas cerrerías infantiles., junto a las cercas de las ganaderías que pastaban en el termino del pueblo. Pero nada más. Horrillo se encogió de hombros. El, en realidad, no tenia ni mucha ni poca afición a los toros. No hacia visto nunca una corrida. Pero lo decía su compañero y era tal el afecto íntimo que se profesaban, tal la identificación que existía entre ambos, que llevaba razón Manuel Benítez. Y Horrillo asintió para su capote: ¡Hay que ser torero!
El penoso caminar Pero el sendero para llegar a tal aspiración, no está, precisamente, sembrado de rosas, sino de espinosos abrojos. La decisión no basta. Hacen falta otras circunstancias para poder alcanzar esta meta ambiciosa:¡Ser torero!¡Cuantos soñaron con serlo y se quedaron en la estacada!¡Cuántos vieron sus sueños truncados e incluso sus carnes desgarradas! Era todo decisión, ambición... su compañero, sin embargo, abrigaba sus reservas... Y comenzó el calvario... Ya se sabe cual es el calvario de los muchachos que quieren ser toreros y no tienen ni posibles, ni padrinos, ni dinero... El bagaje de Benítez y Horrillo estaba compuesto únicamente de ambiciones. Y siguieron el camino adelante...De los topes de los trenes pasaron a las largas caminatas por polvorientos caminos. Durmieron, por techo el cielo, muchas noches. Las estrellas fueron también, otras veces testigos de faenas "memorables" en los cerrados del campo andaluz. Nada atajaba al chaval en sus ansias de llegar a ser torero. Nos lo dice Horrillo cuando le preguntamos por aquellos días tan cercanos y que ahora parece que quedaron tan lejos... Vera usted, yo no era valiente. pero Manolo se daba gran maña para "cortar" el ganado. Luego toreaba a gusto, ante mi gran emoción. Yo, la verdad, no he nacido para torero. He nacido, eso sí, para estar siempre al lado de mi amigo, para acompañarlo, antes en la miseria, ahora en el triunfo... Y siguió, entonces, el penoso caminar...
Por vez primera en un ruedo Trazaron sus planes. Aquello no podía quedar encerrado en el marco de las ganaderías. Ya estaba bien de torear furtivamente y de "requisar" lo indispensable para el sustento. Ya estaba bien de palizas y persecuciones. Era preciso salir a un ruedo de "verdad". Así lo convinieron. y los dos soñadores de gloria vinieron a Córdoba, desde el pueblo natal, carretera adelante. Era feria. Había toros. La gran ilusión de los muchachos. Sobre todo, la gran ilusión, la pasión máxima de uno de ellos. A los toros fueron. como entraron a la plaza queda para el curioso lector... Acaso en un descuido de cualquier celoso cancerbero. Lo cierto es que Benítez y Horrillo estaban allí, en un tendido de sol, impacientes, temblorosos, emocionados... Salió un toro, y otro... Se lucieron los toreros "de verdad". Pero al tercero, los nervios de Manolo no pudieron contenerse. Saltó ágilmente a la arena. Horrillo le arrojó una muletilla ensangrentada. El chaval fue hasta la fiera y con serenidad pasmosa, le administró cuatro muletazos escalofriantes, que hicieron que el público, asombrado, reaccionara, con su aplauso, en su favor. A la cárcel fue a pasar, naturalmente, mientras a su amigo Horrillo, esperaba, hospedado en su "hotel", a que cumpliese la condena. El "hotel" nos dice ahora Horrillo era un vagón de la Estación donde se refugiaba al oscurecer para pasar la noche lo mejor posible. Hasta que Manuel Benítez fue "lisenciado". Y entonces, al abrazarse con su amigo del alma, le dijo estas palabras, entre sollozos: Horrillo,¡qué desgraciados somos! No tengo quien me ayude. Todos están en contra nuestra. Pero hay que tener tesón y fe en el triunfo y en el porvenir...
En ruta hacia Madrid Y con la fe y con tensión admirables, Benítez y su "escudero" emprendieron la ruta hacia Madrid. Iban en coche-cama, ni mucho menos iban en la "perrera" del tren expreso. Pero no completaron el viaje, porque al tener noticias de que en Aranjuez, había anunciada una novillada, al llegar a dicha Estación abandonaron el tren y se adentraron en la ciudad. Iban descalzos y mal vestidos. No tenían un mendrugo de pan que llevarse a la boca. Entonces decidieron trabajar en las labores de unas huertas. Ello les permitió, en unos días, comprarse unas alpargatas, comer algo y adquirir las entradas de sol para la novillada anunciada. Y esta fue la segunda ocasión en que Manuel "El Renco" se arrojó al ruedo, Horrillo nos lo cuenta de esta manera: Verá usted. Manolo dio dos muletazos importantes. Pero dos nada más, porque al iniciar el tercero fue enganchado por el novillo, que le dio una paliza de las que usted no vea... más se levantó y siguió toreando, a pesar de que los peones trataban de impedirlo. Entonces, uno de ellos, le arrojó el capote a los pies y consiguió llevárselo hasta barrera. Casi deshecha la poca ropa que Manolo llevaba, lo entregaron a los guardias. Y otra vez a la cárcel... Y de nuevo Horrillo, sin compañero, sin recursos, pasó penalidades sin cuento, mendigando incluso para llevar a su amigo algo que comer a la prisión. Y hasta tal punto se hizo simpático el muchacho, que se captó la confianza de los carceleros, que le permitían dormir, por las noches, junto a su camarada, adquiriendo la categoría de "preso honorario". De nuevo en ruta hacia Madrid. Pero he aquí que antes de partir les salió un "negocio". No todo iban a ser adversidades. Unos gitanos, tratantes de ganado, les ofrecieron veinte duros diarios, hasta descargar en un cortijo tres carros de paja. Pero luego vino el "Tío Paco con la rebaja", ya que en lugar de los veinte "machacantes" solo les pagaron a razón de diez. Lamentable engaño, pero, no obstante, aquel inesperado ingreso les vino, pero que de perilla para adquirir provisiones. Pero no les alcanzó para los billetes del tren de Aranjuez a Madrid. Entonces decidieron hacer el viaje en el socorrido "coche de San Fernando". Y unos ratos a pie y otros andando, carretera adelante, allá se fueron alejando los dos chavales soñadores de gloria.
Un alto en el camino Más aún no se cumplió completamente la etapa. O sea, que decidieron volver sobre sus pasos para acercarse a la provincia de Toledo y concretamente llegar a Borox. Y más concretamente aún, a la finca del ex-diestro y ganadero don Domingo Ortega, donde a plena noche alumbrados por la luna, torearon varias reses. Horrillo nos habla ahora de aquella noche toledana: Manolo se hartó de torear ¡y de qué forma! Pero tan entusiasmado estaba que no se dio cuenta de que en cada pase perdía algo de la ropa que llevaba puesta. Y cuando llegó la hora de irnos pues tenía el traje que más se parecía a los flecos de un mantón de manila... Pero así tuvimos que seguir el camino hasta llegar a la capital de España. ¿Se solucionó algo a vuestra llegada? ¡No me hable usted de aquello, hombre! Visto el estado lamentable en que nos presentamos, nos tomaron por vagos y maleantes y nos detuvo en seguida la policía. Menos mal que las cosas se aclararon, que se comprobó que éramos una pareja de torerillos que no hacíamos daño a nadie, excepto a algún ave de corral que se pusiera a tiro y nos pusieron en libertad. Pero Madrid no se mostró propicio a los héroes de nuestra historia. Lucharon con dificultades sin cuento, pasaron penalidades, hambres, privaciones. Todas sus ilusiones se derrumbaron a plomo ante la poco esperanzadora realidad. Y decidieron volver a sus hogares. Más seguían careciendo de recursos para el viaje. Y de nuevo usaron los medios a su alcance, que no eran otros que los topes o los techos de los trenes o la carretera, interminable, penosa. Por cierto, nos dice ahora Horrillo que al llegar a Valdepeñas tuvimos que apearnos del tren en marcha, al ser perseguidos por la fuerza, que, al fin, nos capturó, propinándonos una soberana paliza. Pero hubo compensación a la paliza, porque poco después nos encontramos al pobre "Chicuelo II", que nos dio comida y algún dinero para poder seguir el viaje.
Recuerdos poco gratos De estos "recuerdos" tiene muchos Manuel Benítez y Juan María Horrillo. Muchos. Porque a lo largo de nuestra charla, charla amena, porque Horrillo es un muchacho simpático, locuaz, espontáneo. Por ejemplo: en aquel mismo viaje, en Alcázar de San Juan, fueron también "obsequiados" los chavales con una sarta de improperios, que hasta ahí.... Aunque aquello no pasó del insulto personal. Y en Peñaflor, después del regreso a sus lares, en una fiesta taurina celebrada en dicho pueblo, Manolo se lanzó a torear y uno de los organizadores, indignado, cogió un bastón y le apaleó brutalmente. También en Lora del Río ocurrió un caso semejante y en aquella ocasión Manuel Benítez resultó lesionado de consideración. La mala fortuna le perseguía por doquier. Pero no por ello el muchacho perdía sus ánimos. Y poniendo la mano derecha sobre el hombro de su amigo Horrillo, le decía muchas veces: La desgracia nos persigue, amigo. Pero algún día se hartará y entonces la fortuna será nuestra. No hay que desanimarse. La vida de estos torerillos es pintoresca. Tiene sinsabores, más al propio tiempo está suturada de buen humor o de poesía. Como prueba de ello vamos a relatar un episodio acaecido a nuestros héroes en una de las ganaderías existentes entre Palma del Río y Lora. (Bueno, hay que observar que tanto uno como otro, al hablar de sus correrías eluden el nombre de las vacadas en que actuaron, por temor a posibles "represalias"). Pues bien. Era una noche espléndida, de luna clara del mes Abril. Se prestaba la noche a la organización de una fiesta de gala. Y la organizaron nuestros torerillos. Apartaron unas vacas y las torearon a gusto. Horrillo alentaba y oleaba en voz baja a Manolo Benítez. Los demás compañeros, porque iban otros más, en la "cuadrilla" presenciaban absortos la faena. Como seria aquella, que cuando "El Renco" mató a su enemigo de certera estocada, le cortaron a la res las dos orejas y el rabo y se llevaron a hombros al "ídolo", a campo traviesa. Aquel hecho dio motivo a un revuelo imponente. La prensa toda publicó la pintoresca noticia. Y cual no seria la magnitud de la cosa que los chavales, temerosos, hubieron de ausentarse una larga temporada de Palma del Río. Y hacia Sevilla encaminaron sus pasos. Otra nueva odisea.
Albañiles y toreros Siempre igual. Siempre errantes por las carreteras de España. Hacia Sevilla fueron. Mendigaban de día. De noche dormían en las grúas del muelle o en los bancos de los jardines. Donde podía ser. Cierto día se acercaron a una aldea, cerca de Utrera, donde trabajaban unos albañiles de Palma del Río. Allí les ofrecieron trabajo y hospitalidad, sobre todo uno de los albañiles, muy aficionado a los toros, que se apodaba "Chirlonga". Las labores del día se simultaneaban con las de la noche. Y éstas eran recorrer los cercados, las dehesas, en "Gómez Cardeña", la finca de Juan Belmonte, aquel otro torero de leyenda, actuaron varias veces, hasta que los vaqueros, percatados de ello, montaron una guardia y les descubrieron. Nueva huida. Ahora hacía Minas, donde pastan los toros de los señores Tulio e Isaías Vázquez. Pero nueva sorpresa. La fuerza publica descubre a la pareja y les pide la documentación. No la tienen. ¿Qué venís a hacer, entonces, por aquí? les preguntan. Y Manolo responde con firmeza: Torear donde se puede. Queremos ser toreros. Y entonces descargó sobre el rostro del chaval una soberbia bofetada.
Pero la ilusión seguía inextinguible... A punto estuvieron los dos torerillos, de ser conducidos, entonces, a la cárcel de Carmona. En camino de ella se pusieron, custodiados por la Guardia Civil. Pero la "pinta" de infelices que ambos tenia, sin duda alguna influyó para que los beneméritos Instituto decidieran ponerlos en libertad antes de llegar a dicho pueblo. Ya estáis camino de vuestras casas, les dijeron, si no queréis buscaros mayores complicaciones... Pero los dos chavales, animosos, pusieron rumbo a Minas, con la intención, muy sana, de "actuar" en la vacada de los señores Vázquez. En efecto; llegaron casi de noche y hubieron de pernoctar en una cuadra, entre varias caballerías. Y gracias a que el mulero encargado de la pesebrera, les dio "cuartel" porque ellos le contaron sus andanzas, su penosa odisea y el hombre se apiadó de los chavales. Manolo decía a cada instante: ¡Qué desdichados somos, Horrillo! Por todas partes va la desgracia con nosotros. No recogemos más que palos... Y Horrillo respondía, como seguro de un cierto porvenir: Algún día recogeremos ovaciones y dinero. Pasaron aquella noche en el "Hotel Cuadra", como decía, con singular gracejo, alguno de los torerillos. Y de madrugada, al canto de los gallos -de esos gallos que eran la obsesión de los chavales- ya estaba de pie, con el propósito de poder "actuar" en la dehesa. Así fue, en efecto, Manolo "corto" varias reses y las toreó a placer, ante el entusiasmo de su fiel "escudero". Horrillo, entusiasmado, decía a su amigo: ¡Ahora es cuando debería verte alguna persona importante, que tuviera influencia para hacerte torero! ¡Mejor no se puede torear! Pero de nuevo fueron "descubiertos" por los vaqueros y se impuso otra vez la huida a campo traviesa. Después... dos días de caminar, sin rumbo fijo. Y dos días de caminar, sin rumbo fijo. Y dos días y dos noches sin probar bocado, la cosa estaba llegando ya al borde de lo imposible. Pero la ilusión por ser torero seguía en Manolo "El Renco" alentando, inextinguible...
Retorno a Palma del Río Tras las relatadas odiseas retornaron ambos "diestros" a su pueblo natal, Palma del Río. Pero aún es digno de contarse otro episodio ocurrido en una de aquellas ganaderías, "de cuyo nombre no quieren acordase..." Allí, Manolo se hartó de torear una vaca. Y en uno de los remates consiguió cortarle la cola al animal. Esta cola sirvió luego para separar varias reses y poderlas torear, en pleno campo. Fue ésta una faena "memorable" de las que uno y otro muchachos guardan un recuerdo gratísimo. Uno de sus mayores triunfos. Pero de lo que no guardan tan grato recuerdo es de la "faena" de un vaquero, apellidado Vega, que les sorprendió cierto día toreando y desde el caballo intentó picar a Manolo. Pero bien que se vengó el chaval de aquel maltrato. Cogió una piedra y la descargó fulminantemente contra las espaldas del vaquero que saltó despedido del caballo, cual si hubiese sido lanzado por una catapulta. Corrieron los dos chavales a socorrer al vaquero; le recogieron del suelo, el hombre se vino a buenas y los torerillos después de todo, nobles de corazón, hasta se hicieron amigos. A todo esto, en el pueblo reinaba un ambiente hostil, contra la pareja de aspirantes a emular las glorias de "Pepe-Hillo". Las autoridades, los ganaderos, les perseguían, tratando de despojarles de los capotes, de las muletas, para evitar que todas las reses de aquellos contornos fueran toreadas. Más ellos, sabedores de tal persecución, escandían los trebejos toreros en el campo. No pocas palizas les costó aquel "secreto". Pero ellos se habían jurado mutuamente no descubrir los escondrijos y ya podían lloverles los palos, las bofetadas, que nadie conseguían hacerles decir esta boca es mía... Solo Manolo hablaba para volver a lamentarse ante su amigo: Todos nos miran como a verdaderos granujas. Todos nos desprecian. ¡Mala suerte! Entonces, Horrillo, le contestaba: ¿Y qué importa, Manolo? En queriéndonos a ti tu hermana Angelita y a mi madre, todos nos sobran. Nueva conquista de Madrid La vida en el pueblo natal se les hacía imposible. Todo eran persecuciones, palizas, sobresaltos... Incluso una vez, como ejemplo,"le pasearon esposados por el hecho de robar unas patatas que aquel día hacían falta para comer... Estaban, pues los chavales, al margen de la sociedad. Aquello no podía seguir así. Entonces se reunieron los dos amigos y decidieron de nuevo, intentar la "conquista de Madrid". El viaje fue parecido al anterior. Puede asegurarse que en tren no invirtieron ni cinco céntimos, porque no llevaban dinero alguno en el bolsillo. Tampoco se sabe -ni ellos mismos lo recuerden- como se encontraron una tarde de corrida de toros en la plaza Monumental. Lo cierto es que Manolo Benítez cayó del tendido al ruedo y se enfrentó con un morlaco con kilos y pitones. Unos pases que levantaron el aplauso de la masa. Y una soberana paliza, porque el toro lo cogió y se lo pasó de un pitón a otro, trágicamente. No ocurrió nada por fortuna. Lo que si ocurrió es lo de siempre: otra vez la cárcel. las cosas no acababan de salir a pedir de boca.
Contratado... de peón de albañil En medio de tanta tribulación, un día vieron los chavales un rayo de luz en el horizonte. Trabaron amistad con un contratista de obras, gran aficionado a la fiesta de los toros. El hombre se ofreció a apoderar a Manolo y hasta le habló de ciertos contratos en perspectiva. A fin iba a llegar el momento en que se liberaran de tanta penalidad. Su alegría era grande, de verdad. Y exclamaba, dirigiéndose a Horrillo: Gracias a dios que ya tengo quien me ayude. Ahora sí que va a sonreírnos la vida, amigo... Pero. si, si... Todas aquellas promesas de contratos resultaron fallidas. No se veía la forma de torear. El "apoderado", en lugar de corridas, le propuso que el torero se colocara en una obra en construcción, como peón de albañil. Así lo hizo. ¿Qué remedio le quedaba? Pero el sueldo era tan mezquino que no le alcanzaba para poder pasar la noche bajo un techo. Dormían, pues, en las mismas obras, en los bancos de los paseos, en las gradillas de los portales... La liberación no había llegado. Demasiado se hacía esperar la señalada gloria y la fortuna...
Tres actuaciones... y dos percances El 16 de Agosto de 1959, viste por vez primera el traje de luces en Talavera de la Reina alternando con Carlos Barroso, en la lidia de novillos de Mariano García. Aquella tarde estuvo valiente, pero discreto, nada más. Volvió a torear el 13 de Septiembre, en Loeches. Corrida trágica. Se lidiaron dos toros de seis a siete años. El novillero Manolo Gómez fue cogido de mucha gravedad. El mismo toro hirió a Manolo Benítez. Ninguno de los dos tenía derecho a acogerse a los beneficios de la Asociación Benéfica de Toreros. Y fueron trasladados al hospital Provincial de Madrid, donde aquella misma noche, en la cama contigua a la que ocupaba el chaval de Palma del Río, moría su compañero Manolo Gómez. Cuando "El Cordobés" recuerda este amargo trance, suele exclamar: Aquello me impresionó en principio. Pero luego seguí pensando en ser torero. Son "gajes" del oficio. Aquel pobre muchacho "tropezó" aquel día.¿Quién sabe cuando le puede tocar a cada cual? Aquello me animó más a querer ser torero. Y aún tuvo otra actuación próxima, tras permanecer un mes en el Hospital. Fue en Torre de la Alameda.
Dos almas buenas A todo esto y dentro de que la suerte no acababa de ponerse de cara a Manolo Benítez, éste tuvo en Madrid dos felices encuentros. Uno de ellos, Celes, buen aficionado; otro, un oficial de albañil, con dilatada prole. Ambos le ayudan, le protegen, le toman cariño. Y a tales gestos corresponde el muchacho, con gran nobleza de corazón por fin había encontrado alguien que le prestase calor, que le tratase con bondad y le brindase su protección. Pero realmente, Manolo Benítez lo que quería a toda costa era ser torero. No se conformaba con la vida cómoda, ni aún con tener seguro el pan de cada día...
La "pesca de la gallina"
Estamos ya en los primeros meses del año de 1960. Desde Madrid, los dos aspirantes a toreros hacen varias correrías por los pueblos. Pasan por Maqueda, Torrijos, Escalona, Puebla de Montalbán... como tantas otras veces pasaron por otros pueblos andaluces, de Sevilla y de Cádiz. ¿Iban a torear? Pues iban a torear... y a comer, porque muchas veces estuvieron a punto de perecer de inanición. Entonces inventaron la "pesca de la gallina". ¿Quieres explicarnos en qué consistía? Muy sencillo. Prendíamos una guita en un extremo del palillo de la muleta; al final de dicha guita iba un anzuelo, con el cebo que podíamos encontrar a mano. En cualquier cortijo, burlando la vigilancia de los guardianes, lanzábamos la "Caña". Y el ave de corral que picaba el anzuelo, ya era nuestra. Aquel día había banquete. gracias a eso no nos moríamos de hambre. Ya se sabe que el hambre aguza el ingenio. El de esta pareja de torerillos estaba bien aguzada.
Hay que marchar a Francia
Volvamos a situarnos en Madrid. Allí están Manolo y Juan María, desesperados, sin saber que hacer, porque están convencidos de que es nulo obstinarse contra el imperativo del Destino. El suyo es, desde luego, rodar por los caminos, bajo las noches claras, heladas, los soles quemantes de Andalucía, de Extremadura... Ellos no pudrían alcanzar jamás la ansiosa gloria, sino calamidades, desprecio, y palizas que recogen por su peregrinar por las rutas de España. Cosa es, pues, de pensar, de meditar, en su situación. De rectificar lo andado; de emprender nuevos derroteros en sus vidas. Y dándole vueltas a todo esto, deciden poner punto final a sus aficiones taurinas... y marchar de España. Si. Irán a Francia, a trabajar en unas explotaciones agrícolas la noche antes de la partida, duermen - como siempre por techo el amplio cielo y acurrucados uno con otro, para quitarse el frío con la unión de ambos cuerpos. Y sueñan... Sueñan con la película de su vida errante, siempre huyendo de quienes les persiguen, como alimañas. Pero sueñan con algo más. Sueñan con que para ellos llegó el ansiado momento de la liberación, del triunfo, de la gloria, del dinero... Pocos días después, aquel sueño de la noche de crudo invierno, comenzó a adquirir visos de realidad feliz, esperanzadora...
La idea salvadora Cuesta trabajo a los dos muchachos abandonar la patria, comenzar a vivir una nueva vida, lejos de los suyos y, sobre todo, lejos de sus aficiones, tan arraigadas. Titubean antes de decidirse a marchar a tierras francesas. Todo esto lo piensa Manolo Benítez. Hasta que le asalta una idea "salvadora":"ofrecer sus servicios a un apoderado de toreros. A lo mejor, recibía una buena acogida. Y si no, ¿qué más podía perder? Tiempo habría de adoptar "in-extremis" la solución de abandonar toda idea de triunfo en el toreo, para reemprender la nueva ruta de su vida. Y decidió ir en busca de un apoderado. De visita y de oídas, conocía a Don Rafael Sánchez Ortiz, más conocido por "Pipo" en los medios de la fiesta. Hombre simpático, de carácter abierto, decidido en todas las empresas de la vida... Cordobés, paisano de "Manolete", al que le unió una buena, entrañable amistad y al que siguió por todas las rutas toreras de España. Apoderado de diestros famosos, ganó dinero junto a Casacales, Capetillo, Tirado... Hombre espléndido, amigo de los amigos, el señor Sánchez Ortiz goza de la simpatía de cuantos relacionados están con el "mundillo del toro". Pues hasta él, hasta el domicilio de "Pipo", en Madrid, llegó resueltamente Manuel Benítez. Le recibió el hombre del amplio sombrero y grande corazón: Vamos a ver, muchacho... ¿Qué deseas de mí? Pues, verá, don Rafael, yo quiero ser torero y no tengo quien me ayude, ¿Podría usted hacerlo? ¿A qué te dedicas, chaval? Soy peón de albañil; pero estoy parado hace bastante tiempo. Yo no puedo ocuparme de tus asuntos. Aquella respuesta decepcionó al muchacho. Verdaderamente, son tantos los chavales que se presentan a los apoderados de toreros, pidiéndoles protección, que , en principio, el señor Sánchez Ortiz creyó que se trataba de uno más... Inició el muchacho la despedida: Bueno, usted dispense... Dispense la molestia... Pero el apoderado "vio" algo extraño en el semblante del torerillo. No; aquel no parecía ser "uno más". Algo especial inexplicable le distinguía de los demás. Espera, muchacho. ¿Has comido? No, señor, ni ayer... Pues ahora vas a comer algo. Y todos los días lo harás por mi cuenta. Una alegría indescriptible iluminó el rostro del muchacho. La idea de "buscar apoderado" había sido verdaderamente "genial, salvadora. ¿Habrían terminado, de una vez y para siempre, las penalidades? Dios y el Destino, sobre todo.
Se entrena en Salamanca Fue Don Rafael Sánchez Ortiz tomándole cariño al chaval. Este era, desde luego, digno de ello: noble, simpático, cordial... Y agradecido. Agradecido a quien, sin saber a ciencia cierta lo que podía ser en el toreo, le brindó tan abierta protección. Manuel Benítez "comió caliente" aquellos días, en que se reunía con su nuevo mentor y le relataba su odisea de años atrás. Y llegó el momento de la prueba. El señor Sánchez Ortiz llevó al chaval a Salamanca. Se celebraba una faena campera en la finca de Don Antonio Pérez Tabernero. Allí estaban "Pedres", "Chamaco", Curro Romero. Todos amigos del popular "Pipo", celebraron su presencia y le acogieron cariñosamente. Traigo un torero -les dijo que- que puede ser cosa grande... Rieron todos, porque en realidad ni el mismo sabía si el joven en cuestión iba a ser cosa grande o cosa chica. No lo había visto nunca. ¿Acertó ciertamente? Más he aquí que aquella tarde, los matadores de toros dejaron torear a Manolo Benítez. Y la impresión de todos fue que, sin duda alguna, no se trataba de uno de tantos, de los que van a las tientas porque sí... Había valor y empaque y un no se qué en lo que el joven palmeño realizó ante las becerras. Satisfecho de esta primera prueba tornó el apoderado a Madrid. Ahora había que decidirse a hacer la prueba definitiva en una plaza de verdad. Y a Córdoba se encaminaron sus pasos torerillo y apoderado . No sabemos, en aquel tiempo, cual de los dos demostró tener más valor...
La tila por las nubes La primera entrevista, no más llegar a Córdoba, fue con el empresario de la plaza, don José Escriche. Pipo le expuso sus planes. Traigo un torero colosal. Ya empiezas como siempre, exagerando. Ese será uno más de los muchos que trajiste a Córdoba. ¡Que no, hombre! Que éste te va a llenar la plaza muchas veces. Total, que quedó concertada la novillada. Torearían Edmundo Juárez "El Argentino" y Ramón Montero, venezolano, con reses de don Francisco Amián, de Córdoba. Fecha: 15 de Mayo de 1960. Ahí queda para la historia. Y entonces fue cuando se publicó la primera crónica que de este torero se hiciera. La escribió el prestigioso crítico "José Luis de Córdoba", en las páginas del diario "Córdoba" apareció el martes 17, bajo este expresivo titulo: "La tila por las nubes". Y para que su texto quede también para la historia para la historia de "El Cordobés", que aquella tarde estrenó apodo he aquí su texto. La tila... y los toreros, estuvieron por las nubes, el domingo en Córdoba, ante el asombro y nutrido público que ocupaba los graderíos. A decir verdad, este del domingo, sobre el papel, no ofrecía aliciente alguno para el aficionado. Tres nombres totalmente "nuevos en la plaza" y, sin embargo, excelente entrada. Ahora ya es otra cosa. Si se repite el cartel el interés subirá de punto. Sobre todo, lo que hizo un chaval de Palma de Río, llamado Manuel Benítez y de apodo "El Cordobés", son cosas como para que el ambiente sea favorable a volver a verlo. ¿Qué hizo "El Cordobés"? Pues, sencillamente, jugársela ante dos novillos con kilos y trapío, importándole ni pizca así ni Sevilla, ni el Guadalquivir. ¿Chalado? ¿Ignorante? Pues... Vamos por partes. Este chaval demostró poseer la "materia prima" necesaria básica para ser torero. El valor consciente, la sangre fría, el intentarlo todo, aunque no todo le saliera a derechas... Eso. Para nosotros ya es un tanto importante a su favor. Le cogieron muchas veces. Le hicieron unos zorros el traje de luces. Pues cuantas veces lo zarandearon los novillo se levantó impávido, con serenidad pasmosa y prosiguió su labor con entera tranquilidad, mientras el público botaba -esta es la frase- en los tendidos... ¿Sabe torear? ¿Sabe banderillear? ¿Sabe matar? Pues, no, señor, no sabe hacer ninguna de estas cosas con arreglo a la técnica del toreo, codillea con capote y muleta. Tiene una remota idea de la suerte de banderillear. No "hace" perfectamente la suerte de matar... Entra a matar o a morir. Y, sin embargo.. Toreó, banderillero y mató a dos novillos y le cortó una oreja a cada uno de ellos. El público, nervioso -tila, tila- se miraba asombrado. ¿Se trata de un chalado o de un inconsciente? Nosotros, simplemente decimos: se trata de un chaval que quiere ser torero. Si Dios le ayuda -y esta tarde Dios veló constantemente por él- lo será, porque a torear se aprende, a matar, también. Lo que no se aprende es a tener un corazón "así de grande" Que es, precisamente, lo que tiene de sobra Manuel Benítez Pérez.... Los novillos de don Francisco Amián... "no aptos para sin picadores". Es decir, con peso y con trapío suficiente para darle más de un picotacito. Pero bravos, en general. El único "garbanzo negro" fue el segundo, que manseó. El resto de ellos, tuvo genio, casta, pero no peligro. Si llegan a tener peligro no hubiese quedado la cosa en el deterioro de los vestidos de torear. Se llevaron a hombros a "El Cordobés" ese nuevo torero que le ha nacido a Palma del Río. En los tendidos tableteaban los aplausos, mientras el muchacho, con la segunda oreja de la tarde aprisionada sobre el corazón, sonreía, sonreía... Y soñaba. Soñaba con que ya era torero "de verdad" y puede serlo. Porque de ahí, de esa misma madera, nacieron muchos que ahora son millonarios. Que Dios proteja, muchacho tus sueños de gloria. Pesos de los novillos. Los novillos pesaron, por orden de salida y a la canal 177,5, 198, 154,5, 178, 191 y 215 kilos, respectivamente.
Estela de popularidad Y de aquella tarde del 15 de Mayo nació la popularidad desbordante de Manuel "El Cordobés". No se hablaba de otra cosa en las tertulias de la ciudad y en su pueblo natal, Palma del Río, donde continuaban y continúan aún llamándole por su primitivo apodo de "El Renco". Tres tardes seguidas toreó -21, 22, y 26 de Mayo- en su tierra natal, en plaza portátil, con otros tantos éxitos artístico y económicos. Este fue el primer dinero que llegó a sus manos, puesto que en su presentación en Córdoba solo cobró los gastos. Aquel mismo mes fue a Priego y a Lora del Río y otra vez -el 4 de Junio- fue anunciado en Córdoba, en corrida nocturna. La plaza se llenó a rebosar, pese a la noche desapacible. Y entonces cobró el muchacho 20.000 pesetas. Ya podía abrir la ansiada cuenta corriente. Actuó en Lucena y en Andújar y el 18 de Julio, en Ecija, donde un novillo de doña Dolores Martín Carmona, le cogió al banderillear. Sufrió una cornada en el triangulo scarpa, de pronostico reservado. En Córdoba, en el Sanatorio Municipal, fue hospitalizado. Y allí fue donde ocurrió la anécdota que vamos a relatar: Todos los días era visitado "El Cordobés" por un "aspirante a fenómeno".El muchacho, recordando sus tiempos adversos, lo acogía con cordialidad e incluso le daba parte de su comida. Pues aquel muchacho, en lugar de agradecer tales atenciones, aprovechó un descuido del torero y salió huyendo, llevándose consigo un transistor, que precisamente le había prestado, para que distrajera sus tatos de Sanatorio, el hermano de su apoderado, don José Sánchez Ortiz. Pero esta anécdota ha tenido un epilogo. Al terminar su temporada, "El Cordobés", se presentó cierto día en el domicilio del dueño del aparto y le entregó otro, magnifico, con estas palabras: Pepe; usted no tuvo la culpa de que me quitaran el transistor. Entonces yo no tenía dineros para poder comprarle otro. Ahora que los tengo, acépteme usted éste... Formalidad a carta cabal.
Racha de triunfos Repuesto de aquel percance, siguió "El Cordobés" su racha de triunfos. En Córdoba se le anuncia de nuevo el 31 de Julio y termina el papel y cobra 50.000 pesetas. Vuelve el 7 de Agosto y "solo ante el peligro" lidia cuatro novillos y otra vez coloca el cartel de "No hay billetes". Entonces cobra 100.000 pesetas. No había ocurrido cosa igual. Jamás diestro alguno llenó la plaza de Córdoba con esta fuerza. Jamás novillero sin picadores cobró cifras semejantes. Los días 24, 25 y 26, torea sin caballos, ésta última fecha, como único espada. Porque al siguiente día, 27, se presenta con picadores lidiando, como único espada, tres novillos. En la estadística que insertamos en otro lugar de ésta edición, encontraras el lector los datos complementarios. Aquí solo hay que agregar que Manolo "El Cordobés" consiguió revolucionar a la afición cordobesa, hacer que no se hablara de otra cosa que del tema taurino en la capital y provincia. Y que tal popularidad se extendiera a otros puntos de España, de los que, insistentemente, se preguntaba por "El Cordobés". ¿Quien es "El Cordobés"? ¿Que clase de torero es "El Cordobés" ¿Que es lo que hace "El Cordobés"? Lo cierto es que toreó Dieciséis novilladas sin caballos, que ganó dinero con una rapidez, asombrosa y que ya paseaba conduciendo un flamante automóvil "4 - 4", recién adquirido. Cosa igual no se había visto.
En pos del "ídolo" En el mismo son que toreó las dieciséis novilladas sin picadores, inició su campaña de novilladas picadas. Gentes que no habían ido nunca a los toros, se mostraron interesadas por "El Cordobés". En pueblos donde no había plaza fijas se dieron espectáculos taurinos, se montaron plazas portátiles. Y en pos del ídolo fueron hombres, mujeres y niños, haciéndose rebosar los cosos taurinos Posadas, Bélmes, Cardeña, Priego, Pozablanco, Fuente Obejuna, Montoro, Peñarroya... en Cardeña llegó a cobrar "El Cordobés" nada menos que veintisiete mil duros por una actuación en plaza portátil. Y en Pozoblanco se registró el llenó más rebosante conocido en plaza alguna. Desde el callejón presenciaron la novillada mujeres y niños. "El Cordobés" ha revolucionado, en fin, el cotarro taurino en la provincia de Córdoba. Y brillante colofón a todo ello es que al final de la temporada ha tomado parte en una novillada -187,000 pesetas a la cuenta corriente y dos festivales benéficos- uno de ellos bajo la lluvia torrencial- a lleno rebosante cada tarde. E incluso, en la novillada de feria de Jaén- ya fuera del ámbito de sus triunfos- consiguió llenar el coso y causar una impresión admirable a critica y empresas. "El Cordobés" toreó en total catorce corridas con picadores. Y a la estadística nos remitimos en cuanto a los apéndices cortados. Un autentico acaparador de trofeos.
¿Quien es "El Cordobés" Pues "El Cordobés" es un torero de masas. Con decir esto nos basta aquí. Pero "El Cordobés" es algo más. Lo dicen doctas plumas en la selección de prensa que aparte publicamos. Pero el público dice que "es el torero que más le gusta". Y el público siempre tiene razón ... Pero es más, Mr. Kennerth Vanderford es un ilustre escritor e investigador norteamericano, gran aficionado a nuestras corridas de toros. Este año ha recorrido España entera, en pos de su espectáculo favorito. Baste decir que presenció nada menos que 112 corridas en la temporada. De ahí su valiosa opinión sobre la fiesta y sobre los toreros. Pues bien; a ser preguntado sobre que torero nuevo ha visto que más le haya interesado, respondió lacónica, pero expresivamente: Manuel "El Cordobés". Puede ser gente en el toreo. Y conste que Vanderford solo vio "El Cordobés" una vez, en la novillada de feria de Jaén. Opinión más desapasionada, no cabe.
El reverso de la medalla Lo cierto y verdad es que la Diosa Fortuna, que tan esquiva le fue siempre a Manuel Benítez Pérez, se le ha puesto de cara en pocos meses -de Mayo a Octubre- y que ahora está el chaval gozando del reverso de la medalla. Ya no se le desprecia -en su pueblo y fuera de él- sino que se le halaga, se le mima, se busca su amistad, su compañía; se le solicitan autógrafos, que torpemente traza, mientras exclama, con sorna: Como sigan haciéndome firmar muchos "bichos" de éstos, aprendo yo a escribir... Los "bichos", para "El Cordobés", son las fotografías, los abanicos, las fotografías... Ya es, en fin, un héroe popular, popularismo. Su presencia es solicitada en el cine, ante los micrófonos de las radios, en los estudios de la televisión, en las redacciones de los periódicos... Y no digamos nada de las empresas. Pero él no parece darle mucha importancia a todo esto. Ese es su gran mérito. Continua siendo el muchacho sencillo, moderno, cordial de cuando no tenia donde caerse muerto. Y otra cosa muy importante: tampoco ha olvidado a los suyos, a sus familiares, a sus amigos de entonces... Cuando ya tenía algún dinero su primera obsesión fue comprase el automóvil 4x4 que posee y que el mismo conduce. Después, cuando ganó más llegó un buen día a su pueblo, adquirió una casa en el barrio de San Fernando y le dijo a su hermana: ¿Recuerdas cierto día lo que te prometí? "O te visto de luto o te compro una casa". Pues ahí tienes la casa, hermana mía. Buen corazón el de "El Cordobés". Porque tampoco olvida a los pobres de su tierra. Ni a los de cualquier parte. No puede haber penas a su lado. Para remediarlas, los primeros veinte duros o las primeras mil pesetas salen de su bolsillo. No hace mucho le tocaron dos mil pesetas a la Lotería. Fue a su pueblo. Cuando regresó a Córdoba, no traía ni un céntimo. Le pidió dinero a su apoderado. ¿Pero y las dos mil pesetas Manolo? ¡Qué quiere usted, don Rafael! ¡Fueron tantos pobres a pedir... Ahora ya no mendiga. Ahora da a manos llenas. No ha olvidado a los de antes. Ni a Celes, ni al maestro de obras que en Madrid le diera cobijo. Y no digamos nada de Horrillo. Este es ahora algo así como su "secretario particular". Y, desee luego, sigue siendo -como lo fue siempre- su defensor más decidido y acérrimo; su amigo del alma. Así es "El Cordobés". Y así debe seguir siendo, que la fama no debe estar reñida con la bondad, con la nobleza de corazón; y los hombres que destaquen en cualquier actividad humana -y mucho más si se deben al pueblo- han de ser modestos, sencillos y amables, con lo cual resaltaran aún más sus propios méritos profesionales.
Pasodobles y "peñas" Naturalmente, que al calor de esa fama, de esa popularidad que aureolan a "El Cordobés" surgen siempre dos cosas inevitables: los pasodobles toreros y las "peñas" taurinas. Es natural. Es el desbordamiento del sentir colectivo hacia el "ídolo" Manuel "El Cordobés", cuando triunfó en los ruedos, no solo tuvo un pasodoble: tuvo tres. El primero fue compuesto en Fuente Obejuna, con letra de don Modesto García Contreras y música del maestro don Juan Tena Vielsa. La letra dice así: "Córdoba tiene un filón de toreros de tronío, y hoy se vuelca la afición por el de Palma del Río. Desde que hace la salida hacía la arena la res, el que se juega la vida es Manuel "El Cordobés". Con la capa el toro frena, le quiebra con las banderillas y muletea una faena que remata sin puntilla. Desde Córdoba a Galicia arma la revolución: este es el nuevo Califa que despierta la emoción. ¡Olé!
Ramón Medina Ortega y don Ramón Medina Hidalgo, su hijo, compusieron otro inspirado pasodobles en honor del novel espada, cuya letra es como sigue:
A Manuel "El Cordobés" le aplaude la plaza entera, porque su toreo es arte de una nueva escala. Que lleva este gran torero de la cabeza a los pies, un mago banderillero, un lidiador de cartel y un matador muy certero, porque es artista, porque es torero y es cordobés.
El tercer pasodoble dedicado a "El Cordobés" ha sido compuesto en Priego de Córdoba por el maestro Director de aquella Banda Municipal, don Luis Prados Chacón, con letra del poeta don José Roachel Muñoz. Y en cuanto a "peñas"... Bueno este torero ha hecho renacer en Córdoba el entusiasmo taurino. No es extraño, pues, que surjan por doquier reuniones de amigos de admiradores, que quieren estar entorno a la figura. En cada barrio de Córdoba, en cada taberna, se discute u se defiende a Manolo "El Cordobés". Más de una manera oficial constituida con la autorización de la autoridad gubernativa se han fundado dos de ellas: la Peña de "El Cordobés", en el Bar California, en la carretera de Sevilla y la otra "Los amigos de Manuel "El Cordobés" en el Bar San Miguel, sito en la carretera del Brillante. Ambas "peñas", están integradas por senos grupos de buenos aficionados a la fiesta de los toros, mejores cordobeses, y desde luego, admiradores fervientes de este torero que surgió en Córdoba de la nada, en una tarde de Mayo de 1960... Asimismo, en Jaén se ha inaugurado recientemente una peña dedicada a "El Cordobés". Este ha sido nombrado Hermano de Honor de la Cofradía de la Santísima Virgen de la Capilla, cuya Medalla de Oro le ha sido impuesta. Pero es que también en los pueblos de nuestra provincia tiene "El Cordobés" constituidas peñas. O Belmez. O otros lugares cualquiera, en los que no llegó aún a torear. Es éste un caso curioso. Sabemos que en la provincia de Granada o en la de Sevilla existen peñas taurinas con el nombre de "El Cordobés". En lugares donde todavía no hizo el paseíllo. Cuando esto es ahora, ¿qué no será el día en que Manolo "alcance el vuelo" hacia otras latitudes toreras?
Datos para la historia Estamos escribiendo sin saber porque adivinos no somos si Manuel "El Cordobés" va a ser o no figura grande del toreo. Lo que si sabemos a ciencia cierta es que no hubo torero que en menos tiempo adquiera más alto grado de popularidad, ni que ganase más dinero. Bien. Más por si acaso las cosas van a más y sigue el muchacho por la senda del triunfo, hasta consagrase definitivamente como "grande de la fiesta", bueno será traer a ésta su "pequeña historia" algunos datos de interés para el aficionado. Por ejemplo: el juego de estoques que usa "El Cordobés" es el mismo que llevó Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", en su primera excursión a Méjico. Expliquemos la cosa. Este juego de esto es propiedad del que fue novillero cordobés Manuel Zurita "Platerito", quien la presto entonces a "Manolete", porque decía el gran torero, que se sabían el camino del hoyo de las agujas. Devueltos los estoques a "Platerito" ahora están cedidos por éste en manos de "El Cordobés". Que sepa dirigirlos con buen tino. Otro dato. No ha tenido Manuel "El Cordobés" la temporada de 1960 -primera suya- cuadrilla fija. Pero "para la historia", podemos decir que la "gente" que le acompañó la tarde de su primera novillada con picadores, el 27 de Agosto, en Palma de Río, en que lidió él solo tres novillos, fue éste: De a caballo, José Samper y Manuel Casimiro (hijo) y de a pie, Manuel de la Haba Vargas, Antonio Rubio, "Nini", integraron los picadores Antonio Muñiz y Manuel Casimiro (hijo) y los rehileteros Francisco Sánchez Fuentes, "Niño del Brillante" y manolo de la Haba Vargas. Como mozo de estoques actuó toda la temporada a sus órdenes el popular Pepe Acuña. Y otro dato final. Desde sus comienzos vistió trajes alquilados. El primero nuevo fue la tarde del 12 de Octubre, fiesta de Nuestra Sra. del Pilar, en la plaza de Ecija. Aquella tarde estrenó un vestido blanco y oro, un capote de paseo, bordado en sedas de colores y la montera, medias etc. Elocuentes prueba de todo esto son las frases del brindis que en la plaza de Córdoba dedicó a su intimo amigo de antes y de ahora Juan María Horrillo. Por los gallos que hemos robao juntos y por las noches que hemos dormido en los pajares. ¡Este viene con la escoba! "El Cordobés" ha hecho "salirse de sus casillas" a muchos aficionados de categoría y con solera; a los que no frecuentaban los cosos taurinos por nostalgia de lo pasado y disconformidad con los presentes... ha "creado" aficionados nuevos y ha hecho que hasta las mujeres y los niños hablen de él y sean los primeros en sacar las entradas para admirarle, para aclamarle... Ha hecho que en Córdoba, en esta ciudad cuna del toreo, de nuevo renazca la afición y los chavales jueguen al toro por las plazoletas o se olviden un poco del deporte exótico del balón esférico. Todo esto ha hecho "El Cordobés" y hay, por tal labor, que agradecerle profundamente su advenimiento al escalafón novilleril. No hace muchos días hablamos del tema con un veterano aficionado cordobés, don Juan Benítez que ha viajado -como don Baldomero Milla, otro aficionado antiguo, entusiasta de este torero moderno- en pos de Manuel "El Cordobés", le ha visto torear repetidas veces. Y al preguntarle nosotros su opinión sincera, nos ha contestado con éstas frases gráficas, expresivas, contundentes. Ya no se decirles a usted más que una cosa: que a este chaval se le discutirá mucho, se dirá de él que puede ser o no ser torero, que si le falta o si le sobra para ello... Yo únicamente digo esto: ¡Que viene con la escoba dispuesto barrer a todo el que venga por delante! No hizo gracia la frase de este sentencioso aficionado cordobés.. Pero, pensando en serio, y por lo que hemos visto por nuestros propios ojos, ¿ no es cosa de darle la razón?
Cara el año 1961 Cerramos nuestro relato, que es como la primera parte de la vida privada y torera de un aspirante a figura del torero, con muchas posibilidades de serlo. Nos encontramos en las postrimeras del año 1960, el de la aparición triunfal de Manuel "El Cordobés". En solo seis meses se presentó como novillero sin picadores, se incorporó al escalafón de los que torean novilladas picadas, ganó dinero en España y fuera de ella. Lo comentan los aficionados, los críticos... Quieren verlo los propios toreros, con más o menos malsana curiosidad. ¿Quien es este que ha llegado tan arrolladoramente, a la fiesta? Los empresarios se lo disputan. El propio Balañá, prestigioso entre ellos, ya le tiene contratado para que actúe en sus plazas en las primeras corridas del año 1961. Esta es la perspectiva de "El Cordobés" para un futuro tan próximo que ya estamos tocando con las manos... Con la elocuente sencillez de los hechos, Manuel "El Cordobés", va a demostrarlo a España, seguidamente. Estemos atentos al singular suceso. Y la historia sigue... |