<<CONSTRUCTURES DE PAZ
EN UNA SOCIEDAD TENSIONADA>>
1. La ola de asesinatos de ETA durante el verano ha desbordado los peores temores que se suscitaron con el anuncio del fin de la tregua. Desde enero son ya 15 las personas que han perdido la vida en atentados fatales a los que hay que añadir una serie de intentos que, gracias a Dios, no han logrado su objetivo. Es especialmente preocupante observar cómo ahora son los cargos y representantes del PP (Partido Popular) y del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) los que, por el mero hecho de su ideología o adscripción política se han convertido en obejtivos prioritarios, incluso fuera del territoria del País Vasco. Con ser el fenómeno más grave, los atentados directos contra la vida de las personas no son lo único reprobable desde el punto de vista ético y político. Un considerable sector de la población vasca está sufriendo una campaña organizada de agresiones que merma gravemente su libertad, convierte en precaria su vida privada y pública y, en general, tensiona las relaciones comunitarias.
2. Estas estrategias parecen perseguir, sobre todo, un objetivo: imponer mediante el terror una deteminada concepción de lo que este pueblo es o debe llegar a ser. Sobre tal premisa no es posible inciar el diálogo sereno del que estamos tan necesitados, un diálogo que no resulte en una "trágala" inaceptable para la mayoría de la sociedad vasca.
Paralelemante la evolución del liderazgo de EH (Euskal Herritarrok) ha decepcionado muchas espereanzas. Los que al comienzo de la tregua parecían definitivamente comprometidos con medios exclusivamente políticos y democráticos, en sintonía conlas demadas de muchos de sus miembros y simpatizantes, se han ido plegando de nuevo, cada vez con menos matices, al liderazgo simbólico y estratégico de ETA.
3. Las COMUNIDADES CRISTIANAS no pueden vivir de espaldas a esta situación. De nuevo la prioridad ética es la defensa de la vida. Nada va a poder lograrse si no es partiendo del respeto a la dignidad fundamental de la persona humana. De nuevo es necesario defender lo obvio: el derecho a pensar y a expresar con libertad cualquier idea política sin temor a ser asesinado o agredido. Sólo sobre esta base podremos asentar una fórmula estable de convivencia e nuestro pueblo. Esta prioridad ética debería traducirse en un principio práctico de acción para nuestras comunidades: hemos de buscar medios eficaces para que las personas que sienten amenazada su libertad de pensamiento, perciban nuestro apoyo, nuestra solidaridad y nos sientan a su lado en la defensa de sus derechos.
4. Pero la invitación de Cristo a ser constructores de la paz nos confronta hoy con un segundo reto: estamos llamados a trabajar por conseguir una sociedad mejor intergrada. Esta tarea se hace más urgente cuando, como ahora, se observan preocupantes síntomas de fractura social. Los distintos medios de comunicación, llevados por sus propias inclinaciones políticas, parecen coadyuvar a ese estado de cosas. No se trata de apaciguar los ánimos a toda costa o a cualquier precio. Tampoco se trata de limitar o reducir el prluralismo de opciones que existe en el seno de nuetras comunidades. Lejos de ser un problema, ese pluralismo constituye una riqueza que debemos seguir alimentando. Porque somos plurales tenemos la oportunidad de poner en marcha experiencias de diálogo donde la fe común en Cristo pueda demostrar su capacidad de unir en un intercambio sereno a los que piensan y van a seguir pensando de manera distinta. El problema no es el pluralismo sino el modo emocional e intolerante como muchos vivimos la discrepancia ideológica.
5 ¿De qué se trata entonces? Se trata de asumir con convicción un principio básico de convivencia social que, en la situación actual, corre el riesgo de ser olvidado: no podemos construir el futuro de esa sociedad enfrentando a una mitad de la población contra la otra. Y se trata de sacar las consecuencias prácticas de ese principio. Ni el empecinarse en el propio proyecto, ni el deseo de revancha, ni el afán de derrotar al enemigo ideológica han sido ni serán nunca buenos consejeros para la acción política. Estos sentimientos tienden a crear un espejismo peligroso. Tal vez proporcionen alguna satisfacción inmediata pero, a la larga, enconarán los problemas y complicarán las soluciones. Es verdad que la crispación que se advierte en el dabate político público no se da, al menos en la misma medida, en el seno de la sociedad ni tampoco, sobre todo, en nuestras comunidades cristianas, pero es un riesgo evidente ante el cual debemos estar atentos.
Desde la ética cristiana resulta necesario alertar sobre los peligros de intentar construir un futuro estable para este país sobre la base de exiguas mayorías, ya sean de un signo o de otro. Una integración mínimamente cohesionada sólo podrá reultar de un acuerdo básico en el que todas las sensibilidades políticas se encuentren suficientemente cómodas.
6. Hoy semejante acuerdo aparece como un objetivo inalcanzable, o en todo caso, lejano. El empecimiento de ETA en su estrategia inhumana tensa la esfera política, endurece las posiciones y dificulta enormememtne cualquier avance hacia ese acuerdo. No cabe hacerse falsas ilusiones pero tampoco podemos desesperar. Siempre hay un camino para dar pasos en la dirección adecuada; siempre hay algo que hoy podemos hacer para acercar ese objetivo irrenunciable. Las comunidades crisitianas deberíamos ser capaces de anticipar ese ideal y de concretarlo en experiencias humildes pero significativas aquí y ahora. Para conseguirlo, hemos de orar con convicción pidiendo al Señor que nos conceda el don de la PAZ, esa paz tan ansiada y tan esquiva entre nosotros; pidiéndole que nos ilumine para acertar a discernir compromisos y signos eficaces que nos permitan esta a la altura de la llamada de Cristo a ser "constructures de paz" en medio de esta situación tan delicada.
COMISIÓN DIOCESANA DE PAZ Y RECONCILIACIÓN
Octubre 2000, Bilbao.
"Texto que se propone para el comentario y diálogo en las reuniones de sacerdotes, consejos parroquiales y sectoriales, responsables de grupos y organizaciones eclesiales de nuestra Diócesis"