ALBA, UNA AMIGA LEJANA

Alba cerró su libro y se metió en la cama. Había sido un día agotador y sólo tenía ganas de dormirse y no despertarse hasta el día siguiente.

Alba era una muchacha de unos quince años, alta y morena; ojos vivaces, dulce sonrisa y buena estudiante.

Su padre daba clases en la Facultad de Ciencias y su madre trabajaba en el Ayuntamiento.

Tenía todo lo que una joven de su edad pudiera desear: libros, buena ropa, un potente ordenador, etc. Pero, no sabía por qué, sentía que no era feliz.

Y aquella noche, tumbada en la cama, Alba pensaba en esas cosas. “¿Qué me impedirá a mí ser feliz?” Oigo constantemente a mis compañeras de clase quejarse porque sus padres no le dejan hacer esto, no les compran aquello o quieren tener lo otro. Pero yo tengo todo lo que quiero y mis padres nunca me han puesto pegas cuando he querido hacer algo. “¿Por qué, entonces, no soy feliz?”

Unos días más tarde, dio con la respuesta a su pregunta. Fue, precisamente, en clase cuando oyó que Alicia, una de sus compañeras, celebraría una fiesta y que había invitado a un grupo de amigos. ¡Qué no daría ella por estar en ese grupo y asistir a aquella celebración! No era por la fiesta, sino por el hecho de estar con sus compañeros. Tras pensarlo mucho, cayó en la cuenta de que la respuesta a la cuestión que se planteaba era muy clara: necesitaba un grupo de amigos con quienes compartir todas sus cosas y, sobre todo, sus pensamientos, sentimientos y emociones.

Como dentro de una semana sería su cumpleaños, decidió que invitar a un grupo de sus compañeros y compañeras de clase a una espléndida fiesta sería una buena oportunidad para acercarse a ellos, cosa que hasta ahora no había conseguido. Pero los resultados no fueron buenos: todos y cada uno de sus compañeros le dieron toda clase de excusas para no asistir y Alba comprendió que el único problema que había era que no querían ir a su cumpleaños y quedó desazonada y triste.

Pero el verdadero problema Alba lo ignoraba. Algunos de sus compañeros la envidiaban porque tenía todo cuánto quería y ellos intentaron, con éxito, dominar a toda la clase.

La vida de Alba en el colegio comenzó a ser un tormento, pues nadie tenía nunca un gesto de amistad con ella.

(cinco años después).

Yo soy Alicia, antigua compañera de clase de Alba. He pasado una tarde espléndida en su casa. Hemos merendado, hemos charlado y hemos reído. Realmente, lo hemos pasado muy bien. Pero lo que más me ha impresionado es lo que hoy me ha contado sobre su adolescencia. Yo era una de las que más influía en la clase y ahora Alba es una de mis mejores amigas. ¡Si ustedes supieran cuanto me habría gustado descubrir esta amiga cuando ella lo necesitaba!

Por eso he decidido escribir su historia y conservarla el tiempo suficiente como para que mis descendientes puedan leerla y contribuyan con los demás para crear una sociedad en la que no importe las cosas que posean las personas, sino sus sentimientos, que es lo más maravilloso que tienen todos los seres humanos. Yo les enseñaré que el amor es aquello tan grande y potente capaz de regir a todo un mundo si sus habitantes saben descubrirlo y hacer que tome el valor que se merece. En lugar de tantas leyes y penas de muerte, habrá una única ley que será suficiente para que la convivencia entre todos sea buena y bella:

Todas las personas deben quererse y respetarse sin distinción de raza, sexo, su posición social o valor económico.

RELATO DE SARA MARTÍN PÉREZ - 14/07/2001