Miguel Primo de Rivera y Orbaneja
(1870-1930)
Primo de Rivera y Orbaneja, Miguel (1870-1930), militar y político
español, jefe del gobierno y presidente del Directorio (dictador,
1923-1930). Nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz), de familia de
tradición militar. Casado con Casilda Saénz de Heredia, tuvo
seis hijos, entre los cuales el mayor era José Antonio, fundador
de Falange Española.
Carrera militar
Muy joven ingresó en la Academia Militar. Su primer destino fue Melilla,
donde consiguió rápidos ascensos e incluso la medalla Laureada de
San Fernando. De Marruecos se trasladó a Cuba
como ayudante del capitán general Arsenio Martínez Campos. A Filipinas
se fue en compañía de su tío Fernando Primo de Rivera, al
ser nombrado éste capitán general de aquellas islas. Participó
por tanto en las últimas guerras coloniales: en la guerra
de Cuba, en la que supuso la independencia de Filipinas y en la guerra de
Marruecos. En el momento de regresar a España había alcanzado ya
el grado de teniente coronel. De nuevo volvió a Marruecos y participó
en la guerra de Melilla (1909). El generalato lo alcanzó dos años
más tarde, en tierras marroquíes. Regresó a España
y se le encargó el gobierno militar de Cádiz.
Durante la I Guerra Mundial participó como observador
en algunas campañas aliadas. En 1919 fue ascendido a teniente general y
nombrado capitán general de Valencia. Muy pronto lo fue de Madrid.
Pero fue relevado de este cargo por haberse declarado abandonista (partidario
de la retirada de los objetivos en el norte de África) en Marruecos, frente
a la política del gobierno y de amplios sectores militares, una actitud
que, ya como dictador, reconsiderará en sentido intervencionista. Heredó
de su tío Fernando Primo de Rivera el título de marqués de
Estella tras su fallecimiento en el desastre de Annual (1921).
En 1922 se le encargó la difícil capitanía militar de Barcelona,
donde se encontró con un clima social y político muy enrarecido,
proveniente de la hostilidad del catalanismo más radicalizado, del gran
descontento social y del deterioro del orden público con pistolerismo incluido.
Su política de firmeza le valió el apoyo del catalanismo conservador
de la Lliga Regionalista.
El expediente Picasso, abierto para depurar responsabilidades por el desastre
de Annual, así como el pendiente rescate de los prisioneros en manos de
Abd-el-Krim creó un clima de gran malestar dentro del Ejército.
En otro plano, una serie de actos terroristas sonados, como los asesinatos del
presidente del gobierno Eduardo Dato (1921), o del cardenal de Zaragoza, Soldevilla
(1923), acentuaron el deterioro social en medio de una situación económica
cambiante (fin de la I Guerra Mundial).
Mientras, el gobierno de Manuel García Prieto, por su parte, no
conseguía controlar la situación.
La dictadura
El periodo en que Primo de Rivera ejerció el poder en España
ha quedado dividido por la historiografía en dos etapas muy bien
definidas.
El Directorio Militar
El 13 de septiembre de 1923 Primo de Rivera, tras la consulta al resto de los
capitanes generales y con el visto bueno del propio rey Alfonso
XIII, proclamó la dictadura, un régimen que partía de
una gran improvisación doctrinal, como se trasluce del simplista y negativo
manifiesto justificador.
Nombrado jefe de gobierno, formó un Directorio Militar con personas
de escaso relieve. En aras del control social sacrificó el sistema
democrático mediante el uso de la censura de prensa, la persecución
política o el cierre del Parlamento. Otro acto destacado de estos
años (1923-1925) fue el desembarco de Alhucemas (1925).
El Directorio Civil
Tras los éxitos militares en Marruecos, Primo de Rivera, en lugar
de retirarse, se perpetuó a través de un Directorio Civil
instituido el 3 de diciembre de 1925, de entre cuyos miembros destacaban
Martínez Anido (Gobernación), José Calvo Sotelo (Hacienda),
Eduardo Aunós (Trabajo) y el conde de Guadalhorce (Fomento).
Apoyado por parte del Ejército y por elementos de extrema derecha, Primo
de Rivera intentó construir un régimen que sustituyera al caduco
parlamentarismo que había tenido lugar durante la Restauración.
Una Asamblea, constituida orgánicamente, debería ser la encargada
de redactar una nueva constitución así como de aprobar otra serie
de leyes fundamentales: Estatuto Municipal, Provincial, etc. Pero dicha Asamblea
fracasó estrepitosamente.
Para dar cobertura al régimen, se creó desde arriba un partido,
la Unión Patriótica Española (UPE). La idea de Primo
era que la UPE funcionara como partido conservador; mientras los socialistas,
reconvertidos en laboristas, servirían de alternancia. Fórmula
que no llegó sin embargo a aplicarse.
En el campo hacendístico y de obras públicas es dónde
el régimen consiguió sus mejores bazas. Calvo Sotelo logró
aliviar la deuda pública y monopolizó algún sector
clave: petróleo (Campsa). En obras públicas, al calor de
la bonanza económica, se ampliaron y mejoraron carreteras, puertos
y regadíos. Estas reformas fueron, sin embargo, truncadas en sus
expectativas con el estallido del crash bursátil de Wall Street
en 1929.
La oposición a la dictadura provenía de diferentes frentes: intelectuales
(Miguel de Unamuno, Valle-Inclán, etc.), estudiantes, políticos,
sindicalistas y militares, especialmente artilleros.
Ante la creciente oposición y la falta de apoyo de sus propios compañeros
armas, Primo de Rivera presentó al rey Alfonso
XIII su renuncia el 28 de enero de 1930, dejando tras de sí todo
un cúmulo de problemas: nacionalismo, obrerismo, crisis económica
e incluso la misma viabilidad del sistema monárquico. Murió el
17 de marzo de 1930 en París.
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© Ximo Berną i Torres. Actualizado en
1/5/2001
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