Alfonso XIII



              (1886-1941)
 

                 Rey de España (1886-1931). Hijo póstumo de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo-Lorena, reinó bajo la regencia de su madre hasta 1902, y de manera efectiva a partir de este momento (contaba 16 años). Se le educó para rey-soldado, en una rígida disciplina católica y una conciencia liberal. El contacto con la realidad política del país le hizo ver el alejamiento entre la España oficial y la España real, de ahí su empeño en conectar directamente con esta última en medio de las ficciones del sistema canovista (ideado por Antonio Cánovas del Castillo), dominado por el caciquismo.
                    Perteneció por edad y talante a la generación posterior al desastre de 1898, que deseaba regenerar a España (de ahí regeneracionismo), para lo cual sometió a un crítico examen de conciencia todos los aspectos de la vida nacional. Hubo de afrontar problemas derivados de la etapa anterior, pero también otros que surgirán con el nuevo siglo: problema social, radicalismo de las organizaciones obreras, guerras de Marruecos, la quiebra del turnismo político, el surgimiento de los nacionalismos catalán y vasco, y otros. Demostró siempre una tendencia a intervenir personalmente en la política, lo cual le era permitido por la propia Constitución de 1876.

                    Inicios de su reinado

                    El comienzo del reinado coincidió con un cambio generacional decisivo en la situación de los partidos dinásticos (el Conservador y el Liberal). Desaparecidos Cánovas y Práxedes Mateo Sagasta -los principales dirigentes de ambos partidos-, varios políticos se disputaron el liderazgo dentro de cada formación política. La renovación de comportamientos políticos que el país demandaba tuvo principalmente dos valedores: Antonio Maura dentro los conservadores y José Canalejas por los liberales.

                    La crisis de 1917 y sus consecuencias

                    La neutralidad de España en la I Guerra Mundial (1914-1918) abrió mercados y favoreció el crecimiento económico, pero también la agitación social. El Estado no se benefició de esta abundancia. La crisis de 1917, en que se unieron el sindicalismo militar (Juntas Militares), las huelgas revolucionarias y el nacionalismo catalán, aumentó la descomposición del régimen político. Un gobierno nacional formado por miembros de los dos principales partidos (1918) fracasó también. El reajuste económico posterior a la Guerra Mundial aumentó las dificultades internas. Convulsiones sociales y problemas regionales, unidos a los fracasos militares en Marruecos (culminados en el llamado desastre de Annual de 1921), acrecentaron la debilidad de los gobiernos, incapaces de hacer frente a estas situaciones.

                    La dictadura de Primo de Rivera y la proclamación de la II República

                    El golpe militar de Miguel Primo de Rivera (1923) fue la solución de fuerza adoptada ante la crisis. El rey aceptó el hecho. La dictadura fue bien acogida por muchos sectores sociales en los primeros años: terminó con la guerra de Marruecos (desembarco de Alhucemas en 1925) y desarrolló una labor de orden social y de incremento de las obras públicas. Tras el definitivo fracaso de Primo de Rivera en 1930, Alfonso XIII intentó restaurar el orden constitucional, pero los partidos tradicionales estaban resentidos, y republicanos, socialistas y regionalistas de izquierda (como demostró el Pacto de San Sebastián de 1930) luchaban unidos contra la monarquía. Las elecciones municipales del 13 de abril de 1931 dieron el triunfo en la mayoría de las ciudades a socialistas y republicanos. El rey, para evitar una lucha civil abandonó el país, pronunciando sus palabras más célebres: "espero que no habré de volver, pues ello sólo significaría que el pueblo español no es próspero ni feliz". El 14 de abril de 1931 se proclamaba la II República.
                    Alfonso XIII vivió en el exilio aún diez años. De su matrimonio con Victoria Eugenia de Battenberg, con quien se había casado en 1906, tuvo seis hijos. Alfonso, muerto en 1938; Jaime, sordomudo que renunció a la sucesión; Beatriz; Cristina; Juan, al que nombró sucesor de los derechos dinásticos, y Gonzalo, muerto en 1934.
                    Durante la Guerra Civil (1936-1939) se inclinó por el bando sublevado. Sus últimos años los pasó en Roma, donde murió y fue enterrado en 1941. Sus restos fueron trasladados en 1980 al   Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial (Madrid).
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© Ximo Berną i Torres. Actualizado en 1/5/2001


Parte de la Información extraída de: Buscabiografías.com
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