Tratamiento de la oclusión arterial aguda



Se pueden distinguir básicamente tres procedimientos: la trombectomía o embolectomía con el catéter de balón según Fogarty, las intervenciones con by-pass o puente y la tromboendarterectomía.

La utilización con éxito del catéter de Fogarty (fig. 1) requiere oclusiones por material no adherido a la pared arterial, de manera que la indicación clásica está en la embolia arterial aguda.

Fig. 1. Balón de Fogarty y material extraido tras la trombectomía de extremidad inferior por via arterial femoral.

El injerto (by-pass) salva un segmento arterial ocluido mediante una reconstrucción arterial (fig. 2). Desde el punto de vista de la morbilidad cabe distiñguir dos grandes tipos de situaciones: 1) cuando la obstrucción está situada proximalmente al ligamento inguinal se considera cirugía mayor; 2) la cirugía a nivel de extremidades sin una lesión importante proximal puede ser tan larga e incluso más meticulosa que la cirugía en cavidad abdominal, pero, sin embargo, su morbilidad es mucho menor. A este nivel se puede intervenir incluso a ancianos de más de 80 años, especialmente bajo anestesia regional, sin demasiados riesgos, algo que no ocurre cuando la lesión es aortoiliaca.

Fig. 2. Injerto de vena safena como resolución de un aneurisma popliteo.

Si la lesión asienta en aorta abdominal infrarrenal o en la arteria iliaca y es extensa, el procedimiento de elección es el injerto aortofemoral o aortoiliaco, y generalmente con un injerto de Dacron. En caso de que la lesión sea bilateral se aplica un injerto en Y, bifurcando ambas iliacas o femorales comunes. En las arterias de las extremidades se suele preferir el by-pass venoso, generalmente a expensas de la vena safena magna o, en su defecto, PTFE o cordón umbilical. Una variante de los by-pass lo constituyen los injertos extraanatómicos (fig. 3).

Fig. 3. Injerto axilobifemoral, detalle de las anastomosis proximal y distal. Via extraanatómica.  Fig. 3. Injerto axilobifemoral, detalle de las anastomosis proximal y distal. Via extraanatómica.

Consiste en la implantación de un injerto, ya sea axilofemoral, femoro—femoral o carotidosubclavio, a nivel subcutáneo, sin entrar en cavidad torácica ni abdominal. Consiguen una excelente revascularización a cambio de una morbilidad y mortalidad mínimas. Las indicaciones de los injertos extraanatómicas pueden ser médicas (cardiopatía o enfermedad pulmonar severa, o bien edad avanzada) o técnicas (infección del injerto aórtico, sepsis intraabdominal o colostomía, abdomen irradiado y otras).

La tromboendarterectomía (figs. 4 a y b) consiste en la eliminación del trombo después de la apertura de la arteriajunto con la íntima de la misma. En la forma abierta se elimina a la vista todo el cilindro de oclusión; en la forma medio abierta se utilizan además los aros de Vollmar. Las indicaciones de esta técnica radican en las oclusiones segmentarias, cortas, especialmente en territorio carotídeo y en cavidad abdominal.

Fig. 4a. Arteriotomía longitudinal en femoral hunteriana, visualizándose maniobra de tromboendarectomía con aro de Vollman en dirección proximal.  Fig. 4b. Aspecto macroscópico del material extraído en la tromboendarectomía, compuesto por el trombo luminal y la capa íntima arterial.

La mortalidad aproximada precozmente después de una reconstrucción de arterias aortoiliacas es del orden del 4,5 %de pacientes, mientras que en las intervenciones en la zona del muslo es aproximadamente del 1—2 % Las causas de muerte más frecuentes son las cardiovasculares, y es que no hay que olvidar que los pacientes con arteriosclerosis presentan a menudo también una cardiopatía isquémica asociada, ya sea sintomática o subclínica. Aparte del infarto de miocardio o arritmias graves, pueden presentarse también enfermedades cerebrovasculares, infartos mesentéricos, hemorragias gástricas por úlceras e infecciones.

En cuanto a complicaciones locales, las más frecuentes son la obstrucción del injerto (más frecuentes en las oclusiones distales), y la infección del injerto.


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