
Debido a lo complicado de la anatomía de la zona, los pacientes con síndrome del estrecho torácico tienen dificultad para comprender su problema, por lo que resulta esencial una explicación cuidadosa del mismo. El personal de enfermería debe valorar el conocimiento que tiene el enfermo sobre su proceso. Se explora al paciente en busca de signos de dificultad circulatoria. Se palpan los pulsos radial y cubital y se registra el edema del brazo. Se valoran la temperatura de la piel, su color y el tiempo de relleno capilar. Los síntomas neurológicos se despiertan mediante cambios de postura de los brazos y los hombros.
DIAGNÓSTICO DE ENFERMERÍA:
Teniendo en cuenta los datos de la valoración, entre los diagnósticos adecuados se pueden citar los siguientes:
-Déficit de conocimientos relacionados con la falta de información sobre la enfermedad y su tratamiento.
-Dolor o entumecimiento relacionado con los cambios de posición del brazo afectado.
-Alteración de la calidad del trabajo en relación con la necesidad de evitar posturas de los brazos que desencadenen los síntomas.
PLANIFICACIÓN/RESULTADOS ESPERADOS:
Los resultados del plan de asistencia deben incluir:
-Verbalización de los conocimientos sobre la enfermedad y su tratamiento.
-Reducción del dolor y el entumecimiento.
-Cambio de trabajo o exploración de nuevos métodos para desarrollar las actividades laborales.
EJECUCIÓN:
El personal de enfermería comienza enseñando a los pacientes en qué consiste el síndrome del estrecho torácico. A este respecto, los dibujos de la anatomía de la zona pueden ser útiles. Las causas de los síntomas pueden estar relacionadas con la anatomía. La cooperación con el tratamiento puede mejorar cuando se explican las razones del mismo. El personal de enfermería puede reforzar el programa de ejercicios y remitir al paciente a fisioterapia si aparecen dudas sobre su práctica. Los pacientes con sobrepeso pueden obtener beneficios de un plan de adelgazamiento. También pueden necesitar apoyo emocional y financiero si tienen que modificar su actividad laboral para reducir los síntomas.
ASISTENCIA POSTOPERATORIA:
Si se extirpa la primera costilla, el paciente puede tener una incisión transaxilar o supraclavicular, por lo que necesitará un apósito y es posible que se le deje un pequeño drenaje en la zona. La deambulación y la actividad son importantes. El paciente debe recibir medicación analgésica adecuada que le ayude a mantener las actividades que requieren movimiento. Si además de la extirpación de la costilla se hace una reconstrucción arterial, es importante valorar la posible formación de un hematoma. Durante las primeras 24 horas, se deben palpar y registrar los pulsos radial y cubital cada hora. En ocasiones, durante la intervención y debido a la estrecha proximidad del conducto torácico con la localización de la incisión, se produce una lesión de aquél, que puede dar lugar a tumefacción y a la salida de un líquido de drenaje linfático claro (o lechoso). Este fenómeno suele ser autolimitado, pero puede obligar a colocar un apósito compresivo o una ligadura.
ASISTENCIA CONTINUADA:
Los pacientes pueden ser dados de alta del segundo al cuarto día del postoperatorio. Se estimula la movilización. Los enfermos deben tomar medicación antiálgica y realizar movimientos haciendo ejercicios con un arco de movilidad completo. Sin embargo, no deben levantar objetos pesados ni desarrollar actividades agotadoras. Las visitas de seguimiento al médico se efectúan tras 2 o 3 semanas y en ellas se les dan nuevas instrucciones sobre la actividad que es posible desarrollar. La asistencia de personal de enfermería domiciliario puede ser necesaria si se produce un hematoma o un drenaje linfático.