Arteriosclerosis (Cuidados de enfermeria)



VALORACIÓN:

La valoración del aterosclerótico se inicia con una completa historia clínica. La asociación de enfermedades, como la diabetes mellitus, la cardiopatía isquémica, la hipertensión, los accidentes cerebrovasculares y la insuficiencia renal con aterosclerosis en otras localizaciones, obligan a obtener una historia personal y familiar de todas estas alteraciones. El interrogatorio comienza reuniendo información sobre las molestias más importantes del paciente, los síntomas comunicados y la forma en que estos síntomas alteran el funcionamiento diario. Al hablar sobre un dolor como la claudicación, el personal de enfermería registrará sus tres principales criterios. Además, preguntará al paciénte sobre el efecto que tiene el problema sobre el nivel de actividad deseado. Por ejemplo, para una persona de 80 años jubilada, puede no resultar esencial caminar tres manzanas rápidamente, pero sí puede serlo para un sujeto de 50 años que trabaja como supervisor en una cadena de ensamblaje. Hay que comprobar si el paciente fuma, cuánto tiempo lleva haciéndolo y el número de cigarrillos que consume. Se registrarán los hábitos de comida y de consumo de alcohol, así como la profesión del paciente. También es importante consignar las relaciones familiares y el sistema de apoyo del paciente para poder incorporarlos a las actuaciones.

Las preguntas específicas relacionadas con la enfermedad arterial son esenciales. En los pacientes varones, es importante anotar la función sexual, punto que no siempre resulta cómodo para el paciente o para el personal de enfermería. En ocasiones, la frase "el endurecimiento de las arterias afecta a la irrigación del pene necesaria para el funcionamiento sexual" es una forma cómoda de iniciar el interrogatorio en este sentido. El paciente puede no ser consciente de que la misma enfermedad que le crea dificultades para caminar una determinada distancia también afecta a su actividad sexual.


DIAGNÓSTICO DE ENFERMERÍA:

Los diagnósticos de enfermería del paciente aterosclerótico son:
  - Alteración de la perfusión tisular relacionada con la disminución de la irrigación arterial.
  - Posibilidad de alteración de la integridad de la piel relacionada con un descenso de la perfusión tisular.
  - Dolor agudo y crónico relacionado con la disminución de la perfusión tisular.
  - Mantenimiento de la salud alterado en relación con el tratamiento de los factores de riesgo.
  - Empeoramiento general del estado físico debido a la incapacidad para realizar ejercicio de forma adecuada.
  - Alteración de la forma de vida y de la función sexual.


PLANIFICACIÓN/RESULTADOS ESPERADOS:

El tratamiento de enfermería del paciente se planifica con el fin de conseguir los siguientes resultados:
  - El paciente adoptará medidas de protección frente a las lesiones del tejido afectado.
  - Completará las actividades deseadas sin sufrir dolor.
  - Adoptará conductas que incrementen la circulación colateral.
  - Verbalizará la relación que existe entre aterosclerosis y factores de riesgo.
  - Iniciar un programa de acondicionamiento físico gradual.
  - Expondrá la relación que existe entre aterosclerosis y disminución de la función sexual.


EJECUCIÓN:

Las actuaciones de enfermería en los pacientes con aterosclerosis van dirigidas fundamentalmente a la prevención secundaria y terciaria. Si es posible, el personal de enfermería debe iniciar la intervención primaria a través de programas educativos comunitarios y escolares para niños y adolescentes, de manera que no sea necesaria una intervención posterior. Además, el personal de enfermería debe servir de ejemplo en la modificación de los factores de riesgo y de la conducta. El mejor método para poner en práctica esta prevención es la educación. Sin embargo, el paciente puede conocer la necesidad de adoptar cambios y optar por no hacerlo. La modificación de la conducta no es tarea fácil. La principal intervención terapéutica es el tratamiento de los factores de riesgo. Es necesario determinar el grado de conocimiento del paciente acerca de la enfermedad y sobre los efectos de ésta sobre la gente y sobre él mismo.

Intentar cambiar varias conductas al mismo tiempo puede llegar a ser impracticable para el paciente y provocarle una sensación de fracaso. Un plan para eliminar un factor tras otro puede ser más satisfactorio. Es esencial que el paciente participe en la planificación de la reducción de los factores de riesgo, ya que esta implicación y la estratificación de los factores por parte del paciente pueden mejorar su cooperación. Esta cooperación también puede mejorar con la identificación de los cambios necesarios a medida que se ajustan al modelo explicativo que el paciente tiene de la enfermedad. Además, para garantizar la prolongación del plan en el tiempo, también hay que incluir en él a la familia y a los sistemas de apoyo.

El paciente debe conocer que no es sencillo modificar los hábitos vitales, aunque se comprometa a ello. Dejar de fumar es uno de los cambios más difíciles. El paciente debe saber que fumar o consumir cualquier producto derivado del tabaco es peligroso y que la modificación de la dieta es esencial para los enfermos con hiperlipidemia. A intervalos regulares, se revisa con el paciente la información y los materiales escritos proporcionados por los grupos de apoyo comunitarios. En la entrevista inicial, se tratan brevemente aspectos como la modificación de los factores de riesgo y la instrucción sobre el alta. Estos puntos son revisados por todo el personal de enfermería que asiste al enfermo en el hospital, en su domicilio o en las consultas ambulatorias.


EVALUACIÓN:

El plan de tratamiento y su ejecución incluye un método de evaluación. El paciente debe estar al tanto de esta herramienta de evaluación. Cabe esperar desaliento por las dificultades del tratamiento, pero es esencial mantener una retroalimentación positiva. El énfasis sobre los pequeños triunfos y la mejora del estado sanitario y la disminución del dolor ayudarán a que el paciente note que está avanzando hacia el objetivo establecido a largo plazo. El enfermo también debe tener objetivos y metas a corto plazo que sean fáciles de alcanzar y que le puedan ayudar a lograr los establecidos a un plazo más largo.



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