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Piaget Fromm Garma Klein Segal

Abandonemos momentáneamente los planteamientos de los primeros psicoanalistas y detengámonos a conside­rar los desarro­llos de la psicología evolutiva tal como los presenta su máximo exponen­te. Piaget no adscribe ninguna función específica a los sueños, ni se detiene a analizar el por qué de sus causas, los considera como un "juego de la mente", pero les dedica sin embargo su atención incluyéndolos con naturalidad en el proceso evolutivo del desarrollo intelec­tual. Según éste todo comienza con la adquisi­ción de unos esquemas sensoriomotores primarios que se irían compleji­zando sucesivamen­te mediante dos mecanismos bási­cos, la asimila­ción de las nuevas experiencias a dichos esquemas y la acomoda­ción de éstos a aquellas, hasta alcanzar su pleno desarro­llo con la constitu­ción de los sistemas operati­vos propios del pensamien­to racional. El puente entre la inteligencia sensoriomotora primaria y las formas operatorias del pensamiento racional lo constituiría el pensamiento intuitivo o representa­tivo que emana de aquella y se prolonga en éstas y que conserva su propia entidad, indepen­diente de las formas operatorias del pensamiento, en algunas situaciones particulares como serían el juego, la imitación y el pensamiento simbólico una de cuyas modalidades, el simbolismo inconsciente, hallaría su expresión en los sueños.

La representación derivaría por una parte de la imitación de la que recibiría sus "significan­tes" imaginados y por otra del juego que desde el punto de vista de las "significacio­nes" se consi­de­ra como la vía que conduce a la representa­ción desde la acción, en la medida que evoluciona de sus formas iniciales senso­riomotoras a su forma secundaria de juego simbólico o de represen­tación. Por lo tanto, desde el terreno del juego y la imitación, se puede seguir de una manera continua el pasaje de las asimila­ciones y acomodaciones sensoriomotoras a las corres­pon­dientes que caracterizan los comienzos de la repre­sentación. Los primeros significantes diferenciados los aporta la imitación y su derivado la imagen mental, en cuanto a las significaciones, las aporta la asimilación que prima en el juego, esta conjunción entre la imitación de un modelo ausente y las significaciones aportadas por las diversas formas de asimilación permite la constitución de la función simbólica, es entonces cuando la adquisición del lenguaje se hace posible y gracias a éste, que aporta los signos colectivos, y a los símbolos individuales, los esquemas sensorio­mo­tores llegan a transformarse en concep­tos. El símbolo pues está preparado por los esquemas prerrepresentati­vos, hay representa­ción cuando se imita un modelo ausente y ello sucede tanto en el juego simbólico como en la imaginación y en los sueños. El equili­brio progresivo entre la asimilación de las cosas a la actividad propia y la acomodación de ésta, a aquellas da por resultado la reversibilidad que caracteriza a las operacio­nes de la razón, mientras que la primacía de la acomoda­ción distingue a la imitación y a la imagen, la primacía de la asimilación explica el juego y el símbolo inconsciente propio de los sueños.

Así pues para Piaget los sueños constituyen una manifesta­ción más del pensamiento simbólico en el niño en el que distin­gue tres modalidades, el simbolis­mo primario o consciente cuya manifes­ta­ción más importante la constituiría el juego infantil, el simbolismo secundario, a medias consciente e incons­ciente, a guisa de transición entre el anterior y el simbolismo puramente inconsciente, tal como se manifiesta en los sueños:

"El sueño infantil prolonga en un sentido el juego sim­bólico bajo sus formas tanto primarias como secun­darias. Se puede uno preguntar si el simbolismo del sueño se complica con el desarrollo, como el juego, o si no hay relación entre las dos manifestaciones del pensa­mien­to simbólico. Nos parece difícil no reconocer una analo­gía entre los sueños y los juegos de los mismos suje­tos. Está claro que existen sueños que reali­zan deseos y esto por la simple evocación del resulta­do deseado sin aparien­cia de simbolismo secun­dario. En segundo lugar se encuentran sueños que, exactamente igual que en el simbolismo primario del juego, repre­sentan ciertos objetos por otros. En tercer lugar hay sueños que describen un acontecimien­to penoso pero dándole una conclu­sión favorable, en cuarto lugar cómo inter­pretar las verdaderas pesadi­llas. Una quinta catego­ría presenta cierto interés, son los sueños de autocastigo, y por fin se puede dis­tinguir una sexta categoría, los sueños que consti­tuyen la simple traducción simbó­lica de un estímulo orgánico actual. Se comprueba que de la primera a esta sexta especie de sueños el simbolismo antes primario se complica después con resonancias secundarias mas o menos profundas. En una palabra tanto en su estructura simbólica como en su contenido el sueño infantil apare­ce como un vecino cercano del juego de ficción. Lo esencial es que entre el simbolismo primario y los símbolos cada vez mas secun­darios o inconscientes interviene toda una gama de interme­diarios. Por lo tanto el simbo­lismo incons­ciente, es decir, aquél cuya significación no es inmediatamente conocida por el sujeto mismo, no es sino un caso particular del simbolismo en general­"

La cuestión radica entonces en delimitar cual es el mecanismo especifico que lleva a la producción de este caso particular del simbolismo como es el simbolismo inconsciente. Para Piaget la razón es evidente:

"El pensamiento simbólico incons­ciente obedece a las leyes del pensamiento todo, del cual constituye una simple forma extrema en el sentido de una asimila­ción pura. En la exacta medida en que la asimilación supera la acomodación, o se disocia de ella, el sujeto no tiene a su disposición sino un modo de pensamiento calcado de la asimilación como tal, es el pensamiento simbólico­. En el niño se produce constantemente este primado de la asimila­ción. En el adulto existe una situación en que tal primado subsiste, es precisamente el caso del sueño"

Las consecuencias que acarrea esta predominancia de la asimilación sin ninguna acomodación a la realidad conlleva un estado de egocentrismo radical que da cuenta de la formación del símbolo inconsciente:

"Las razones de la incomprensión que testimonia el sujeto en cuanto a su propio simbolismo se refiere no es sino la expresión de una asimilación de lo real al yo, el egocentrismo es suficien­te para dar cuenta de la inconsciencia del símbolo, porque un estado radi­calmente egocén­trico es un estado de indiferencia­ción completa entre el yo y el mundo exterior y por lo tanto un estado de no conciencia del yo, o lo que es lo mismo, de proyección de las impre­siones internas en las formas que procura el mundo exterior. Supresión de la conciencia del yo por absorción imaginaria total del mundo exterior, es decir, por confusión con él, tal es el principio del símbolo inconsciente, lo cual constituye un caso límite de ésta asimilación de lo real al yo"

El estado de semiconscien­cia que caracteriza al dur­miente es en efecto comparable al estado de egocen­trismo radical que carac­te­riza la conciencia del bebe, es decir que hay a la vez indife­ren­ciación completa entre el yo y el mundo externo y asimilación de las cosas a la actividad propia, en la medida en que el yo se anexiona la realidad externa está inconsciente de si mismo. En estas condiciones ocurre que:

"Una de las tareas esenciales de la asimila­ción elemen­tal consiste en coordinar entre sí los universos heterogé­neos, de los cuales uno es el visual, otro el táctil, ce­nestési­co, etc. El durmiente se encuentra en la situación del bebe, es decir, que le será necesario también traducir sus impresiones corporales en imáge­nes visuales, y estará expuesto a los mismos errores. Así las cosas, en primer lugar, toda impresión interna o relativa al cuerpo es sentida en sí misma, pero no enlazada al propio cuerpo a falta de conciencia de yo y se traduce pues en imágenes exteriores, la impresión sentida se pone, por así decirlo, a perseguir una traducción visual y como no puede ver nada y no sabe cual es la causa, pero dispone de la capacidad de construir imágenes, acude a cualquier cuadro exterior con tal de que haya un parecido cualquiera"

Según Piaget este tratamiento que recibe toda impresión interna o relativa al cuerpo por parte del mecanismo asimilador es igualmente válida para los deseos, sean éstos permitidos o reprimidos:

"Nada será más sencillo que explicar ahora cualquier símbolo dado, ya que no hay represión visible en ac­ción. En la medida que las deseos impli­can una cone­xión estrecha con el yo, son proyecta­dos en imáge­nes exteriores. Sin duda es este factor de la subjeti­vi­dad de los deseos el que explica esos sueños de los niños que Freud llama no simbólicos, porque traducen la rea­liza­ción de los deseos en imágenes directas. En el caso de los sueños de los adultos, la subjetividad mas delicada del deseo explica que, a falta de una con­ciencia suficiente del yo, el sueño proyecte la reali­zación de éste en imágenes exterio­res"

Para Piaget los efectos de la represión misma es posible integrar­los en este contexto general pero a título de caso particular y ya no de factor general, de hecho para este autor la repre­sión no es más que un mecanismo automático de regulación del funcionamien­to de los esquemas sensoriomotores o intelectua­les y afectivos, es decir, que los esquemas tie­nden a asimi­larse recí­procamente y en caso de imposibilidad tienden a excluirse, así pues la represión de un esquema por otro es pues la condi­ción misma de la organiza­ción de conjunto de los esquemas. Dado que una tendencia reprimida es una tendencia que el sujeto no quiere aceptar y a la que rehúsa, pues, toda acomoda­ción a lo real, el hecho de que una tendencia reprimida se satisfaga simbólicamente se explica de la misma manera que el hecho de la traducción simbó­lica de un deseo cualquie­ra no repri­mido o aún de una impre­sión corporal, cuando no está enlazado a la conciencia del yo:

"Una tendencia repri­mida carece de acomodación a lo real y por consiguien­te está disociada del yo cons­ciente, sin embargo si busca alimento no puede pues sino ser una asimilación pura, a la vez egocéntrica e inconscien­te, es decir, que su alimento será necesa­riamente un sustituto simbóli­co. Es falsifi­car las cosas hablar aún en este caso de disfraz. Hay sustitu­to simbólico en la medida en que no puede haber reali­za­ción directa de deseo y ésta asimilación simbólica es inconscien­te simplemente porque es asimiladora, es decir, falta de acomodación a lo real. Estos símbolos son incomprendi­dos por el sujeto porque la represión es en sí misma una regula­ción espontánea o automática que resulta de la inte­racción de esquemas afectivos cuyas raíces escapan a la toma de conciencia"

Así pues para Piaget en los sueños dado las peculiares características del estado en que se producen, con descone­xión del mundo exterior y por lo tanto con falta total de posible acomoda­ción a la realidad, la mente dominada por una tendencia inevita­ble a la asimilación extrema se dedica a traducir toda impresión interna, sea ésta corporal o psíquica, en imágenes visuales. Según sus propias palabras:

"El símbolo inconsciente es una imagen cuyo contenido es asimilado a los deseos o a las impresio­nes del sujeto y cuya significación sigue siendo incomprendida por él. La imagen se explica por las acomodaciones anteriores del sujeto, la asimila­ción de lo real al yo es común a los simbolismos del juego y del sueño y el carácter inconsciente del símbolo proviene enteramente de esa primacía de la asimilación que, yendo hasta descartar toda acomoda­ción actual, excluye por eso mismo la conciencia de yo y la toma de conciencia de los mecanismos asimilado­res"

Faltaría ahora por situar el pensamiento simbólico incons­ciente en el conjunto del equilibrio mental. Puesto que no es un disfraz su papel positivo queda por determinar, parece que para Piaget tal papel se halla íntimamente relacionado con la asimila­ción de los esquemas afectivos:

"Durante el sueño la vida afectiva subsiste pero sin acomodo posible a la realidad, es por ello que el sueño aporta indicacio­nes interesantes sobre las asimilaciones inconscientes y sobre la organización de los esquemas afectivos del sujeto"

Esto es debido a que la vida afecti­va supone igualmente una asimila­ción continua de las situaciones presentes a las situacio­nes anteriores, asimilación que engendra esquemas afectivos y una acomodación continua de estos esquemas al presente. En la medida que éste equili­brio, entre asimilación y acomodación es alcanza­do, la regulación consciente de los sentimientos es posible, pero en la medida que el equilibrio permanece inacce­si­ble, como ocurre en el sueño, la asimilación del pasado al presente queda como necesidad. Esta asimilación que prima sobre la acomodación es lo que expresa el simbolismo incons­ciente de los sueños:

"La función del simbolismo inconsciente está pues estrechamente ligada a los esquemas afectivos, sucede también que los esquemas intelectuales interfieren con los esquemas afectivos en el sueño mismo, pero los esquemas afectivos conservan una preponderancia esencial. El pensamiento simbólico es pues la única toma de conciencia posible de la asimilación, propia de los esquemas afectivos, es una toma de conciencia incom­pleta y por lo tanto deformante, pero es exclusi­vamen­te una toma de conciencia y no un disfraz. Se ha subrayado demasiado poco hasta que punto el pensamiento simbólico contiene a pesar de toda su aparien­cia incoherente un esbozo de lógica, una prelógica. En resumen, forma prelógica y no antilógica de pensa­miento, el pensamiento simbólico constituye una expresión elemental de las asimilacio­nes propias de los esquemas afectivos, porque el egocentrismo radical vuelve imposible la conciencia del yo en tal forma que la única forma en que las asimilaciones afectivas pueden todavía cobrar una débil concien­cia con­siste en incorpo­rarse a soportes visuales"

Hasta aquí las consideraciones más importantes que la psico­lo­gía evolutiva aporta a la psicología de los sueños, aunque no proporcionan ninguna idea innovadora sobre las razones por las cuales soñamos o sobre la finalidad del fenómeno onírico sin embargo es de destacar el hecho de que integre el simbolismo onírico inconsciente en el contexto general del pensamiento como un todo y éste a su vez en el desarrollo general del psiquismo. Por otra parte hay que significar su concepción del simbolismo onírico como un proceso independiente de la represión y sobre todo la íntima relación que establece entre el mismo y la afectividad así como su consideración acerca de la "toma de conciencia" que parece suponer este proceso.

Después de este pequeño rodeo por la psicología evolutiva retornemos al por siempre resbaladizo territorio del psicoanáli­sis, aunque desde una posición un tanto periférica como es la que sustenta Erich Fromm. Para Fromm los sueños se expresan, como no, en un lenguaje simbólico que es por cierto un lenguaje por derecho propio, más aún, es el único lenguaje universal que ha producido la humani­dad, igual para todas las culturas y para toda la historia y por lo tanto de lo que se trata es más de compren­derlo que de interpre­tarlo, esa comprensión es importante para todo aquel que quiera conocerse mejor, pues nuestros sueños nos ponen en contacto con las capas mas profundas de nuestra persona­lidad, esto le lleva a proponer que la comprensión del lenguaje simbólico debería ser enseñada en las universidades e institutos de enseñanza superior de igual manera que los otros idiomas extranjeros.

"El lenguaje simbólico es un lenguaje con el que expresamos experiencias internas, sensaciones, senti­mientos o pensamientos, como si fueran experiencias sensoriales, es decir, acontecimien­tos del mundo exterior, como si fuera algo que hacemos o que nos hacen en el mundo de los objetos. El lenguaje simbóli­co es un lenguaje en el que el mundo exterior consti­tuye un símbolo de nuestro mundo interior"

Para Fromm la vida despierta y la dormida constituyen los dos polos que configuran dos formas de existencia, en cada una de ellas el pensamiento reviste las características propias de la actividad a la que nos hallamos entregados, en el primer caso a la adaptación al mundo externo a través de la acción y en el segundo a nosotros mismos, a nuestra interioridad:

"Psicológicamente el sueño suspende la principal fun­ción que caracteriza la vida despierta: la reacción del hombre al mundo externo mediante la percepción y la acción. Existe una interde­pendencia entre la clase de actividad a la que estamos entregados y el mecanis­mo del pensamiento. La tarea del hombre despierto es la de asegurarse la supervivencia, en ese estado está sujeto a las leyes que gobiernan la realidad. La acti­vidad mental durante el sueño tiene una lógica dife­rente de la que corresponde a la vida despierta, pero no carece de lógica sino que esta sujeta a reglas distintas. La vida dormida y despierta constituyen dos polos de la existencia humana, la vida despierta está enlazada con la función de la actividad y la dormida con la autoactividad. Parece que cuando soñamos abrimos un amplio depósito de experien­cias y recuer­dos, cuya existencia ignoramos cuando estamos despier­tos. Cuando dormimos no nos preocupamos de poner el mundo exterior al servicio de nuestros propósitos, estamos indefensos pero también estamos más libres. No tenemos que mirar al mundo exterior, miramos a nuestro mundo interior, nos ocupamos exclusivamente de noso­tros mismos"

Este autor incurre también en el "error" de considerar los sueños como mensajes, ya criticamos anteriormente tal concepción pero redundaremos en ello insistiendo en que es posible que tal mensaje exista, pero no parece probable que seamos nosotros, entendiendo por nosotros nuestro yo consciente, ni los autores ni los destinatarios sino que en todo caso nos parecería más razonable pensar que es la máquina, esto es, el aparato psíquico, quien se lo enviaría a si mismo, sin ninguna intencionalidad o interés especial en que nosotros lo recibamos:

"Los sueños son, verdaderamente, importantes mensajes que nos enviamos a nosotros mismos. Si no entendemos el lenguaje en el que están escritos, dejamos de enterarnos de muchas cosas que sabemos y nos decimos en esas horas en que no nos estamos ocupando del mundo exterior"

Desde esta perspectiva la cuestión estriba en dilucidar si tal mensaje, dado que en principio el lenguaje simbólico en que se expresa, es incomprensible para el que lo recibe, proviene de nuestra parte más racional o por el contrario de la irracional, y éste es el primer y principal objetivo del arte de interpretar los sueños:

"No sólo somos menos razonables y menos decentes en nuestros sueños sino que también somos más inteligen­tes, más sabios y más justos cuando estamos dormidos que cuando estamos despiertos. Ésta es pues la conclu­sión a que llegamos: el estado de sueño tiene una fun­ción ambigua, la falta de contacto con la cultura provoca la comparecencia de lo peor y también de lo mejor que tenemos. Solo podemos saber si un sueño es la expre­sión de pasiones irraciona­les o de la razón, analizando la personalidad del soñante, su estado de animo y todos los detalles sobre los aspectos reales de la situación con la que ha soñado. En nuestros sueños no sólo se producen perspicaces aprecia­ciones internas de nuestras relaciones con los demás, o de los demás con nosotros, estimacio­nes de valores o predicciones, sino también operaciones intelec­tuales superiores a las que realizamos cuando estamos des­piertos. Mi hipótesis es que los sueños pueden ser la expresión de las funciones mentales más bajas e irra­cionales y también de las más elevadas y valiosas. Los sueños participan de nuestras dos carac­terísticas la irracional y la racional y el arte de la interpre­tación tiene por objeto comprender cuando se hace oír en el sueño la mejor parte de nuestro ser y cuando nuestra naturaleza animal"

De acuerdo con esta concepción la definición que propone para los sueños es lo suficientemente amplia como para que pierdan toda su especificidad y podría ser aplicada tanto a la actividad mental que se desarrolla en el período rem, como en el período nrem del sueño:

"Frente al hecho de que no hay expresión de la activi­dad mental que no aparezca en los sueños, creo que la única descrip­ción de la naturaleza de los sueños, que no tergiversa ni disminuye el fenómeno, es la más amplia de que los sueños son expresiones llenas de sentido y significado de todas las clases de actividad psíquica que se produce mientras dormimos"

Poco o nada hay que decir acerca de las aportaciones que Fromm nos proporciona pues poco o nada aporta verdaderamente, sin embargo significaremos su concepción dualista de lo que en sueños se expresa, pues aunque es tan antigua como los propios sueños y deriva en realidad de las concepciones místicas junguianas y de las tendencias anagógicas a las que alude Stekel , es intere­sante que alguien las explicite de esta sencilla manera.

Demos ahora un gran salto y crucemos el gran charco para acudir al encuentro de un insigne personaje que como tantos otros no pudo ser profeta en su tierra y hubo de emigrar a la lejana, pero siempre próxima en nuestro corazón, tierra Argentina, y que es hasta el momento presente el único psicoana­lista español que ha alcanzado cierto renombre interna­cional. Ángel Garma comenzó siendo un freudiano bastante ortodoxo pero con el tiempo fue absorbiendo las nuevas corrientes psicoanalíti­cas y los nuevos descubrimien­tos que la neurofisiolo­gía aportaba a la psicología onírica. Partiendo de la observa­ción de la escasa frecuencia y pequeña intensidad que la expresión de la satisfac­ción del deseo encuentra en los sueños y de la atrac­ción que, por el contrario, parecen éstos padecer hacia lo penoso y desagrada­ble, Garma empezó por modificar la teoría freudiana de la génesis de los sueños en el sentido de pasar a considerar como causa de los mismos las situaciones traumáticas para acabar por considerar al conflicto psíquico inconsciente como responsa­ble de los mismos:

"Hay un fenómeno extraño en relación a la teoría de los sueños: es la frecuencia con que la satisfacción instintiva es poco inten­sa, el sueño suele ser cobarde en la realización de la satisfac­ción de deseos. ¿Por qué no se atreve el sueño a presentar una plena satis­fac­ción de deseos?. Pienso que esto es debido a que la satisfacción mas o menos intensa de deseos que ocurre en los sueños encubre situaciones desagradables a las que el sujeto se halla sometido y que forman la verda­dera base del sueño. En el origen de todos los sueños suele hallarse una situación desagra­dable para el suje­to, que el sueño intenta corregir. Me parece que el termino mas adecuado para referirnos a ella es el de situación traumática, esto es, aquella situación que ocasiona en poco tiempo una intensidad tan grande de excita­ciones psíquicas que el sujeto no puede liberar­se de ellas o elaborar­las adecuadamente. Son estas las característi­cas de la situación desagradable que cons­tituye el origen de los sueños. La situación traumáti­ca que forma la base del contenido latente es trans­forma­da en el contenido manifiesto en una situa­ción agradable o al menos en una situación menos desagrada­ble o indiferente. El deseo que se satisface no es sino simple­mente un intento de disminución del desa­grado psíquico origina­do por la fijación a la situa­ción traumática"

"Como cualquier otro síntoma neurótico el sueño es consecuencia de conflictos psíquicos más que simple­mente de deseos que buscan su satisfacción. El origen de los sueños esta constituido por los conflictos in­conscientes entre contenidos del ello, del superyo y el mundo externo, que el yo no pude solucionar conve­niéntemen­te por lo que configuran para él situaciones traumá­ticas. Es característico del sueño que el yo sea inca­paz de resolverlos, esto le lleva a recurrir a solu­ciones ficticias. Puede decirse que todo sueño tiene dos componentes distintos el primero es la situación conflictiva ineludible y por lo tanto traumá­tica y el segundo es la solución ficticia que solo en apariencia alivia las tensiones psíquicas, estos dos componen­tes se pueden entremezclar y alguno de ellos puede no estar re­presenta­do en el contenido mani­fiesto del sueño. Pode­mos afirmar que el sueño es una dramatización enmasca­rado­ra de conflictos inconscien­tes traumáticos y de sus soluciones ficticias. Sola­mente las conflic­tos importantes de los cuales el individuo no puede escapar y a los que tampoco logra encon­trar­les una solución son capaces de originar sueños. La situación conflictiva inconsciente genera­dora del sueño suele ser desenca­denada por un conflic­to actual. El conflic­to actual adquiere su importancia por ser el exponente de otros conflictos más antiguos, aquellos conflictos inconscientes crearon el conflicto actual que a su vez reactivó aquellos. Esta yuxtaposi­ción de los conflic­tos actuales y pasados condensa­dos se dramatiza en el sueño a través de los detalles de los restos diurnos"

A pesar de estos planteamientos, Garma no concede a los sueños ninguna capacidad para resolver los conflictos que los provocan y aduce como prueba de esta poca capacidad del sueño para resolver conflictos la experiencia, confirmada por los largos tratamien­tos psicoanalíticos, de que durante toda la vida los sueños de un psicoanali­zado giran alrededor de los mismos conflic­tos latentes y pone como ejemplo el famoso caso del hombre de los lobos. Si bien es cierto que los sueños por sí solos poco o nada pueden hacer para resolver los conflictos de un sujeto, lo que convendría cuestionarse más bien es si tales tratamientos fueron efectuados de la manera más idónea o por el contrario fueron lamentablemente conducidos.

Por otra parte Garma discrepa abiertamente de los plantea­mientos freudianos en lo que respecta a la incapacidad de la que según Freud adolecen los sueños en cuanto al desarrollo de actividad intelec­tual y sostiene que los sueños son una forma de pensar arcaica pero amplia:

"Freud afirma con frecuencia que el sueño no realiza actividad intelectual alguna, en contraposición a esta opinión, mi finalidad es demostrar cómo en el trans­curso del soñar el durmiente realiza operacio­nes inte­lectuales amplias y valiosas análogas al pensar des­pier­to, lo cual no significa que resuelva sus conflic­tos. Hay que deducir que el pensar de los sueños reali­za una gran amplitud de funciones, el sueño es un pensar sobre un conflicto, una duda, un propósito, es un pensar similar al pensar despierto aunque siempre de contenidos traumáticos, es decir, de contenidos que el soñante no puede elaborar adecuada­mente. Psicoanalíticamente habría que definir al sueño como un pensar arcaico provocado por la regresión que provocan a la vez el dormir y la atracción de los conte­nidos repri­midos, que al actuar traumáticamente provocan viven­cias aluci­natorias en el durmiente"

Aunque el pensamiento de Garma no aporta nada verdaderamente esencial sí queremos destacar su visión del sueño como expresión del conflicto y su apreciación de la satisfacción del deseo como solución imaginaria del mismo, así como subrayaremos la potencia­lidad que confiere a los sueños en tanto agentes de pensamiento.

Retrocedamos ahora un poco en el tiempo y atendamos al desarrollo del movimiento psicoanalítico a través de su historia, tras los primeros años de soledad, desamparo y falta de acogida el psicoanálisis, en las décadas siguientes, se difundió por Europa y se introdujo en América ampliando su círculo de adeptos, a pesar de unas cuantas clamoro­sas deserciones y de la sangría lenta pero continua de otros psicoanalistas menores, así como de la animadversión y rechazo de tantos detractores, acabó por consolidarse como una discipli­na científica más, en constante desarrollo. Con la desgraciada evolución de los acontecimientos políticos de los años treinta se produjo una a desbandada general de los psicoana­listas centroeuropeos que culminó con el exilio y posterior fallecimien­to de su creador en Londres.

Para entonces una figura femenina había cobrado una relevancia considerable en el panorama psicoanalítico internacio­nal: Melanie Klein . Las innovadoras ideas que Klein proponía, aún si­guiendo la estela marcada por el fundador, no dejaban de ser revo­luciona­rias para la ortodoxia freudiana del momento y durante unos años se produjo un enconado debate entre los partidarios de esta nueva corriente y los que se consideraban legítimos herederos y auténticos defen­sores de la causa freudiana, representados por Anna Freud , que concluyó con la victoria de aquellos sobre éstos y tuvo como consecuencia el que la corriente kleiniana dominara por muchos años el panorama psicoanalítico internacional. Es debido a ello que la mayoría de las contribu­ciones a la psicolo­gía de los sueños provengan de dicha escuela.

Melanie Klein  centró sus investigaciones en las etapas iniciales de la vida infantil y desarrolló una técnica interpre­tativa, a partir del juego, para poder aplicar el psicoaná­lisis al trabajo con niños, así fue como descubrió que desde el primer momento el bebé sufre angustias confusionales, persecutorias o depresivas y que utiliza frente a ellas mecanis­mos básicos de defensa como son la identificación proyectiva e introyectiva, la negación omnipoten­te, la escisión o la idealiza­ción. Así pues la angustia de castración y la represión del complejo de Edipo freu­diano, encuentran su precedente en el Edipo temprano de Klein .

Desde esta perspectiva el desarrollo de la mente comienza con las primeras relaciones de objeto, esto es con la madre y su represen­tante elemental, el pecho. Hay pues que basarse en la primera infancia para conocer los fundamentos de la organiza­ción de la mente. En el Edipo temprano, teorizado por Klein (1928) como etapa fundamental del desarrollo, la mente infantil aparece dominada por el sadismo como representante mental de la pulsión de muerte. El Edipo comienza en el primer año de vida y esta determinado por las primeras relaciones de objeto, esto es, con el pecho, Klein no acepta el concepto de narcisismo primario de Freud y sostiene que las relaciones de objeto operan desde el comienzo de la vida postnatal dominadas por el sadismo primario, y la envidia se constituye así en la represen­tación mental de la pulsión de muerte.

El bebé identifica proyectivamente su instinto de muerte sobre el objeto primordial, el pecho, provocando su escisión en objetos parciales, el pecho malo y persecutorio y el pecho bueno e idealizado, de su interacción y del papel jugado por la madre, entendida ahora como el modulador del dolor mental del bebé, dependerá que éste pueda posterior­mente superar sus angustias, integrar los objetos parciales e introyec­tarlos adecuada­mente en forma de objetos internos que conformaran la realidad psíquica. Klein concibe pues la mente como un mundo interno poblado por objetos que no son sino los precipitados objetales de las relaciones primordiales depositados en el inconsciente. Tales objetos mantienen entre sí y con el yo, en el curso de la vida, una relación dinámica marcada por las características de la primera relación del niño con sus padres y participan en la formación de la personalidad, para Klein por lo tanto no hay proceso mental que no implique objetos internos y las relaciones de objeto constituyen el centro de la vida emocional. Klein describe así una mente que se ocupa del significado, pues es en este mundo interno donde las relacio­nes entre los diferentes objetos internos generan el significado que posterior­mente se extenderá a las relaciones del mundo externo.

Por otra parte esta nueva forma de concebir la mente como un mundo interno confirió una nueva significación al concepto de fantasía inconsciente pues a diferencia de Freud , para quien la fantasía inconsciente consistía en un deseo inconsciente afectado por la capacidad del pensamiento lógico, de modo tal que daba origen a una expresión disfrazada y a una realización imaginaria del deseo pulsional manteniéndose por lo tanto subordinada al principio del placer pero conformada por el proceso secunda­rio, para Klein es una autentica represen­ta­ció­n de las realidades psíquicas concretas que suponen las relaciones de estos objetos internos entre sí y con el yo, que ocurren real y continua­mente en el mundo interno, tanto durante el estado de vigilia como mientras dormimos, y que constituyen una actividad primaria central de la actividad psíquica, constituyendo una expresión original tanto de las pulsiones como de las defensas y que interac­túan permanen­te­mente con la percepción. De ahí que para Klein las fantasías incons­cientes sean subyacen­tes a los sueños, la percepción, el pensamiento, la creatividad y en la practica clínica a la transferencia, concebida ahora como la externaliza­ción en la situación analítica del presente inmediato del mundo interno, por lo tanto los sueños no son sino una expresión del fantasma inconsciente. Por supuesto esto proporcionó un nuevo significado a los sueños. Los sueños tenían que concebirse como imágenes de la vida psíquica que transcurre sin cesar, son sueños cuando se producen mientras dormimos y fantasías inconscientes cuando se producen durante la vigilia.

El concepto de objetos internos provocó una crisis en el modelo freudiano de represión y con él, del deseo como único responsable de la producción de sueños. A Klein corresponde el mérito de haber despertado de nuevo el interés por las funciones de los sueños identificadas ahora con una representación de las distintas fases por las que pasa el desarrollo de la mente tal y como pueden ser vistas en la transferencia. Los objetos internos se convierten entonces en los protagonistas de este teatro interior que son los sueños, centrado en el mundo interno y en las representaciones de las figuras parentales en él deposi­tadas. Aplican­do el modelo kleiniano a las funciones del sueño es posible utilizar el trabajo sobre el sueño para adquirir conocimientos sobre los propios objetos internos, sobre sus relaciones con partes del yo y sobre las acciones dirigidas al mundo externo y guiadas por estos objetos. Las ideas de Melanie Klein sobre las fantasías inconscientes y los sueños, considera­dos éstos como su prolonga­ción mientras se duerme, supusieron un cambio muy importante en la concepción de éstos, mientras Freud sitúa el deseo reprimido infantil como resorte del sueño, para Klein los sueños expresan la necesidad de la mente de represen­tar el mundo interno y por lo tanto las relaciones que mantienen los objetos internos entre si y con el yo.

Será con Klein con quien el modelo interpretativo del sueño sufra un profundo cambio, ya no será solo lo reprimido el resorte del sueño sino una dinámica entre objetos internos, estos objetos mantienen en el curso de la vida una relación dinámica marcada por los afectos fundamentales que han caracteri­zado las primeras relaciones del niño con sus padres y participan en la forma­ción de la personalidad y el carácter. El poder reconocer en el sueño las mismas modalidades defensivas, en particular la esci­sión, la negación, la idealización y la identifi­cación proyecti­va, y los mismos problemas que caracterizan el desarrollo de la mente, dio a Klein la clave para interpretar los aspectos centrales de la transfe­rencia, tal como se desprende del método interpretativo que se deduce de la lectura de "Envidia y Gratitud". La interpre­tación no se limita ya a lo reprimido y a la traduc­ción de lo manifiesto a lo latente sino que se amplia a la dinámi­ca entre las figuras parentales introyectadas y la relación que éstas tienen con el yo. A través de la transfe­rencia, tal como se manifiesta en los sueños, se puede recono­cer la calidad de las representaciones y la intensidad de los afectos con los que el niño invistió sus objetos prima­rios.

Así pues gracias al desarrollo de estas nuevas concepciones teóricas Klein pudo, a través del análisis de los sueños, detec­tar las angustias fundamentales y los mecanismos de defensa pre­dominantes que condicionan la vida del sujeto, así como también calibrar el estado de la transferencia en el proceso analítico. Sin duda todo esto contribuyó considerablemente a entender de una manera muy distinta la manera de utilizar el trabajo con los sueños en el proceso terapéutico, pero no aclara lo más mínimo el problema fundamental de la función onírica, pues si bien puede ser perfectamente cierto que los sueños sean una expresión del fantas­ma inconsciente, idea que desde luego podemos compartir, no nos explica en absoluto porqué tiene la mente esta necesidad de hacerlo o con qué finalidad lo hace.

Por otra parte hay que recordar que la estrecha intercone­xión entre los sueños y la transferencia es un fenómeno suficien­temen­te contrastado por Stekel aunque ciertamente sin ningún tipo de fundamento teórico, igualmente el método interpretativo que se desprende de esta nueva concepción de los sueños como expresio­nes del mundo interno, aunque desde posiciones teóricas muy diferen­tes, posee un gran parentesco con el método de inter­preta­ción en el "plano subjetivo" establecido por Jung y que se basa en la suposición de que los elementos o personajes que aparecen en el contenido manifiesto de los sueños no son sino proyecciones de diversos aspectos de la personalidad del soñante.

Klein creó escuela y durante mucho tiempo sus seguidores poblaron el universo psicoanalítico, ninguno de ellos introdujo concepciones nuevas e interesantes sobre los sueños y por lo tanto nos limitaremos a una breve reseña de dos de ellos sin más comentario.

"El sueño es como un corto cinematográfico en el que cada personaje representa un aspecto del mismo soñante que es a la vez escenógrafo y actor que representa simultáneamente múltiples papeles" [Fairbain]

"El sueño es una representación en la que todos los actores forman parte del mundo del soñante, el cual, ante la multiplicidad de sus papeles, se convierte a la vez en escenario y público, es una repre­sen­tación ante sí mismo, los personajes llevan la más­cara de los otros pero de hecho representan diver­sas partes del mundo del soñante por un mecanismo de identifica­ción proyectiva en el interior del sueño, el deseo, el sistema de valores y las modalidades de vida del soñante invisten ideológi­camente los objetos oníri­cos" [Resnick]

Dentro de esta corriente de pensamiento la única autora que ha aportado ideas significativas relativas a la psicología de los procesos oníricos ha sido Hannah Segal, quien después de efectuar una crítica en extenso acerca del restringido concepto del simbo­lismo presente en la obra de Jones y sobre todo en la de Freud , así como la falta de formulación de una teoría del fantasma por su parte y la incapaci­dad elaborativa con la que dota precisamen­te a la elaboración onírica, esto es, al trabajo del sueño, Segal da un paso más allá a los dados por Klein al considerar que los sueños no sólo son una manifestación o expre­sión del fantasma incons­ciente sino que también son un intento de elaboración de los conflictos incons­cientes precisa­mente gracias al proceso de simbolización que en ellos se produce:

"Freud desarrolló el concepto de elaboración pero no lo aplicó al trabajo del sueño como una de las maneras de penetrar en un conflicto. Habla del sueño como de una alucinación inofensi­va, de una psicosis ino­fensi­va del sueño (Freud 1933). En cierto modo esto me parece cuestionable dado que el tipo de trabajo psíqui­co que elabora un conflicto es afín, creo, al que tiene lugar en el sueño y que es precisamente lo que falta en la psico­sis. Uno siempre se siente sor­prendi­do al ver cuan formida­ble es la tarea del yo en la creación de un sueño, tiene que llevar acabo la represión pero no de manera excesiva y tiene que ser capaz de realizar el trabajo psíquico implícito en el trabajo del sueño y yo sugiero que esto incluye la formación de símbolos. Un sueño es una manera de expresar y elaborar un fantasma inconsciente. Un sueño cumple muchas funciones brinda una expresión fantasmatizada a un conflicto inconsciente y procura una solución fantasmatizada: la realización de deseos. El trabajo onírico es parte de la elaboración de un conflicto inconsciente"

Lamentablemente Segal detiene aquí el curso de sus pensa­mientos o al menos es incapaz de sacar las conclusiones pertinentes que de ellos se derivan necesariamente en lo que respecta a la posibilidad de la existencia de una continuidad y progresión en la vida onírica que es, aunque hasta el momento no lo haya parecido, porque queremos ser discretos y no perturbar en exceso los decires ajenos, el tema central de nuestro discurso. Habrá que esperar hasta la aparición de otra figura deslumbrante en el panorama psicoanalítico británico para escuchar nuevas concepciones sobre los sueños.

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