CAPÍTULO II

SOBRE LA FUNCIÓN ONÍRICA

      Página 0     

INTRODUCCIÓN

KLEITMAN BERGER ASERENSKY SUEÑO REM
DEMENT VOGEL FUNCION  PEARLMAN MITCHINSON
ROBERT McCARLEY JOUVET LAVIE FREUD
SILBERER JUNG STEKEL PIAGET FROMM
GARMA KLEIN SEGAL BION FOULKES
MELTZER MANCIA LACAN CONCLUSIONES  

Abordar la cuestión de cuál pueda ser la verdadera función onírica es, con toda seguri­dad, el problema más arduo y espinoso con el que se enfrentará todo aquel inves­ti­gador que pretenda esclarecer la complejidad del fenómeno oníri­co. Para qué sirven los sueños, qué oscura, fundamental e impenetrable función cumplen, en la constitución y el desarrollo de nuestras complicadas mentes constituye la pregunta clave de la onirología, y es desde luego mucho más difícil de responder, que descifrar el complejo genoma humano, resolver el misterio de la construcción de las pirámides, o dar cuenta de los agujeros negros del cosmos. En las páginas que siguen se intentará dar cuenta de todas aquellas teorías que en el último siglo han intentado dar respuesta a tal pregunta y de aquellas otras que sin intentarlo han aportado algunas nuevas ideas que pueden facilitarnos una mayor comprensión del fenómeno onírico. Comenzare­mos con aquellas que provienen del aséptico, que no estéril, campo de las neuro­cien­cias y de su correlato necesario, la psicología onírica expe­ri­men­tal, para seguidamente adentrarnos por los vericuetos y recovecos del por siempre incierto y controver­tido territorio del psicoaná­lisis y de otras veleidosas psicologías más elementales.

Pero antes de entrar en materia es urgente y necesario hacer una precisión, estableciendo una distinción imprescindible. Hay que distinguir claramente entre el "uso" que de los sueños pueda hacerse con los más variados fines, de aquello que sería "estrictu sensu" la función onírica. Es decir, el hecho de que los antiguos utilizaran los sueños para predecir el futuro o para diagnosticar la presencia de enfermeda­des, hasta el momento silentes, o el hecho de que hoy en día los psicoanalistas los utilicemos para acceder a un mayor conocimien­to del incons­ciente, de los conflictos o la personali­dad de nuestros pacientes, puede ser un ejercicio útil y provechoso, legítimo y acertado o no, pero en ningún caso esto autoriza a nadie a conside­rar que los sueños existan precisamen­te para ello. Ni siquiera estamos autorizados a confundir estos dos aspectos de la cuestión, pues nuestro deber es más bien dilucidar­los que confundirlos, hacemos esta precisión porque es sorpren­den­te comprobar como preclaras y sesudas mentes comprometidas con el saber científico en cualquiera de sus ámbitos, no establecen tal dife­rencia y, bien porque eluden la cuestión o bien porque directamen­te la confun­den, atribuyen a los sueños funciones que no les corres­ponden, pues en realidad son "usos" que de ellos se hacen.

Dijimos al final del anterior capítulo que a mediados del siglo XX se produjo el descubri­miento más importante de la historia, en cuanto a la investigación sobre los sueños se refiere: el sueño rem y el ciclo del sueño . Como todo descubrimiento éste también tuvo sus anteceden­tes que pasamos a relatar brevemente. A principios de siglo las teorías acerca de la génesis del proceso del dormir se decanta­ban a favor de la hipótesis hipnotóxica, propugnada entre otros por Henry Pieron quien defendía que el fenómeno del dormir acontecía como conse­cuencia de la progresiva acumulación en el organismo de unas su­puestas sustancias denominadas hipnoto­xinas, que se producirían a lo largo del día hasta alcanzar un determinado grado de concentración en sangre que provocaría inevitablemente el adormecimiento, sus trabajos experimentales con perros así parecían demostrarlo.

En los alocados años 20, Nathaniel Kleitman , un joven y brillan­te investigador de origen ruso, pero emigrado a los EE.UU., ins­taló en Chicago lo que por mucho tiempo sería el primer y único labora­to­rio de investigación del sueño en el mundo. Entre los muchos e intere­santes trabajos experimentales que llevó adelante, uno en concreto, relativo a las consecuencias que la privación total de sueño tuviera en el ser humano, cambiaría el curso de la historia. Kleitman descubrió algo que por otra parte cualquiera puede com­pro­bar, cuando a un sujeto se le impide dormir, conforme avanza la noche tendrá más y más ganas de hacerlo, pero si resiste y continúa despierto, conforme se adentra en el día siguiente su somnolencia disminuirá progresiva­mente y probablemente hacia el mediodía pueda estar tan fresco como una lechuga y tan despierto como si hubiera dormido toda la noche.

Esta aparentemente banal constatación de los hechos, no hubiera tenido mayor importancia, sino fuera porque contradecía radical­mente la teoría hipnotóxica, según la cual debería ocurrir exactamente lo contrario, puesto que a mayor número de horas des­pierto debería corresponder una mayor acumulación de hipnoto­xinas y por lo tanto mayor grado de somnolencia. Por lo tanto esta teo­ría sobre el supuesto mecanismo del sueño hubo de ser desechada y los trabajos de Kleitman obligaron a orientar las investigaciones sobre la génesis del sueño en otra dirección. Con el tiempo se acabaría por localizar en el tallo cerebral determinados grupos de neuronas responsables, con su activación e inhibición, del ciclo sueño/vigilia, los llamados centros del sueño.

Por otra parte en los años 30 el psiquiatra alemán Hans Berger inventó el elec­troencefalógrafo (EEG), aparato capaz de detectar la actividad eléctrica espontánea producida por la actividad de las neuronas de la corteza cerebral y transformar­la en un trazado gráfico. El EEG, todo hay que decirlo, es un medio bastante inespecífico para dar cuenta de la actividad cerebral, pues por una parte el cerebro no es, como el corazón, un órgano en el que todas sus células se activen al unísono, conforme son recorridas por la excitación, sino que por el contrario, es un órgano en el que cada neurona o grupo de neuronas se activa de una manera absolutamente difusa, y aparente­mente anárquica para el observador externo, sin que la excita­ción de un grupo de ellas impli­que necesariamente la activación de las que lo circundan, en absoluto. Por otra parte tampoco recoge la informa­ción de "todas" las neuronas activadas en un determinado momento sino simplemente la de las neuronas de las capas más superficia­les de la corteza cerebral, quedando la información procedente de las capas más profundas de la corteza, así como la de las que conforman los surcos y fisuras cerebrales oculta, EEG hablando. Así pues es como escuchar a través de los muros de una fábrica los ruidos que producen las maquinas que trabajan en su interior, es imposible saber cuáles son y qué están haciendo. A pesar de todo, el EEG supuso un excepcional avance para el posible estudio del funciona­miento cerebral pues permitió identificar di­ferentes tipos de trazado y relacionarlos con diferentes estados patológi­cos, fundamental­mente los orgánicos, y se convirtió en un medio de diagnóstico e investigación imprescindi­ble. También permitió, aplicándolo a sujetos sanos mientras dormían, descubrir el llamado ciclo del sueño.

Con estos antecedentes, las condiciones para que se produje­ra tal descubrimiento estaban todas dadas, sin embargo ha­bría que esperar más de 20 años para que esto sucediera. El descubri­miento que revolucionó realmente la investigación del sueño, el sueño rem, lo realizó en 1953 un joven estudiante de doctorado, colaborador del equipo de Kleitman , llamado Eugene Aserensky , y como tantos otros descubrimientos científicos ocurrió casi por casualidad. La razón por la cual tardó tanto tiempo en producirse resulta bastante peregrina. Hasta ese momento el método de inves­tiga­ción utilizado consistía en lo siguiente: el sujeto sometido a investigación se preparaba a dormir conectado mediante unos electrodos a un EEG, pero el investigador sólo ponía en funciona­miento el aparato durante cortos intervalos de tiempo en momentos puntuales de la noche, de esa manera conse­guían economizar en gran medida el gasto de papel de registro, cuando por fin se decidieron a efectuar trazados continuos a lo largo de toda la noche apareció, ante los atónitos ojos de Aserensky , el trazado normal correspondiente al ciclo del sueño.

El trazado normal de un sujeto despierto consiste básicamen­te en la presencia constante de unas ondas de baja intensidad y elevada frecuencia (>15 ciclos/seg.) denominadas ondas Beta. En líneas generales conforme el sujeto se va adentrando en el sueño el trazado va cambiando paulatinamente en el sentido de ir aumen­tan­do la intensidad de las ondas y disminuyen­do su frecuen­cia.

Cuando el sujeto se dispone a dormir, cierra los ojos y se relaja, desapare­cen las ondas Beta y son sustituidas paulatina­mente por otras de mayor intensi­dad y menor frecuencia (8-10 c/seg.) denominadas ondas Alfa. Si en este momento se abren los ojos desaparece esta configuración y reaparece la anterior, la banda Beta, pero si se continúa en ese estado de reposo con la intención de dormir, la banda Alfa va siendo sustituida por ondas de menor frecuencia (4-7 c/seg.) y de mayor intensidad denomina­das ondas Theta. Este cambió du­ra varios minutos y por un tiempo ambos tipos de registros luchan por dominar el trazado. A esta fase del sueño se la denomina estadío 1 o fase de adormecimiento, y es el momento en que producen las llamadas alucinaciones hipnagógicas, debido a que los conceptos se trans­forman en imágenes.

Incluso la actividad Theta continua no garantiza que el sujeto esté totalmente dormido, hace falta que aparezcan unos signos EEG precisos para determinarlo con seguridad, estos signos apare­cen a continuación y se denominan “complejos k” y "husos" o "picos" del sueño. El primero consiste en una única onda de intensidad cuatro veces mayor que la actividad de fondo Theta y el segundo consiste en una actividad de alta frecuencia (12-14 c/seg.) e intensidad parecida a la banda Theta. A diferencia de la actividad Alfa o Theta que duran varios minutos, estos signos EEG son episódicos y duran de medio a un segundo, la aparición de los mismos certifi­ca que el sujeto se halla completamente dormido. También comienzan a aparecer unas ondas de mayor intensidad y menor frecuencia que las anteriores denominadas ondas Delta, mientras la suma total de ondas delta no supera el 20% del conjunto del trazado nos hallamos en el estadío 2 del sueño. Este estadío, como el anterior, corresponde todavía a lo que se denomina sueño superficial.

Progresivamente las ondas Delta se van haciendo cada vez más numerosas y van ocupando paulatinamente porciones cada vez mayores del traza­do mientras todavía alternan con la actividad Theta, cuando en conjunto la suma de las ondas Delta supera el 20% del mismo y no alcanza el 50%, nos encontra­mos en el estadío 3 del sueño.

Posteriormente las ondas Delta se adueñan lentamente de todo el trazado y desaparece por completo la actividad Theta, nos encontramos en el estadío 4 del sueño, ambos estadíos el 3 y el 4 corresponden a lo que se denomina sueño profundo.

A continuación, transcurridos unos 90 minutos desde que el sujeto se dispuso a dormir, el trazado EEG experimenta un cambio radical. Bruscamente se produce una aceleración de la frecuencia y una disminución de la intensidad de las ondas, desaparecen por completo las ondas Delta y el trazado presenta una configuración muy similar a la descrita en el estadío 1, ondas Theta (esta vez sin complejos k ni picos del sueño, que como se ha dicho corres­ponden al estadío 2) y cortas explosiones de actividad Alfa. A esta fase se la denomina estadío 5 del sueño, sueño rem o sueño paradójico, ocupa un 20-25% del tiempo total que dedicamos a dormir y es el momento en el que se producen los sueños.

Una vez recorridos estos cinco estadíos el proceso vuelve a comenzar y se repite, paso a paso, cuatro o cinco veces a lo largo de la noche. El conjunto de los estadíos 2, 3 y 4 se denomi­na, por contraposición, sueño no-rem (nrem) o sueño lento. Los diferentes ciclos no tienen exactamente la misma duración, así el primero dura aproximadamente 90' mientras que el segundo se alarga hasta los 110', el tercero hasta los 120' y el cuarto y quinto vuelven a los 90'. Tampoco las diferentes fases tienen la misma duración dentro de cada ciclo, de forma que el período rem se va prolon­gan­do a lo largo de la noche, de ciclo en ciclo, siendo el primero el más corto de 5-10 min., el segundo de 10-15 min., el tercero es mas largo y dura de 20-25 min., mientras que el cuarto y el quinto, si lo hay, mantienen esta duración.

Simultáneamente a estos cambios que se registran en el EEG se producen otros dos acontecimientos relacionados y singularmen­te importantes. Por una parte el tono muscular, tensión fisioló­gica que poseen todos los músculos del organismo y que es impres­cindible para su buen funcionamiento, disminuye progresiva­men­te conforme el sujeto se sumerge en el sueño. Existe un aparato denominado electromiógrafo (EMG) capaz de detectarlo y convertir­lo en un trazado gráfico. Así pues el tono muscular va disminu­yendo a lo largo del período NREM, pero cuando comienza el sueño REM el tono muscular desaparece por completo, se produce una auténtica atonía muscular y el sujeto dormido se halla literal­mente parali­zado, es decir, paralítico.

Por otra parte los movimientos de los ojos, que durante el período de adormecimiento pueden producirse de forma aislada y lenta y que se registran por medio del electrooculógrafo (EOG), también disminuyen paulatinamente hasta desaparecer completamente durante el período nrem, pero durante el sueño rem reaparecen en forma de movi­mientos rápidos y sincronizados similares a los que se produci­rían en la vigilia si el sujeto intentara perseguir con la vista un objeto que se desplazara rápidamente ante sus ojos con un movimiento de dirección cambiante.

Al aparato compuesto por el conjunto de un EEG, EMG y EOG se le denomina polígrafo, pues bien, cuando en el polígrafo se identifi­can los trazados correspondien­tes a la atonía muscular, las ondas theta y los movimientos oculares rápidos estamos en presencia del sueño rem. De las siglas inglesas que denotan tales movimientos oculares deriva su nombre y como decíamos antes, es el momento en el que se producen los sueños.

Correlativamente a estos cambios, el proceso fisiológico del ciclo sueño/vigilia se relaciona a su vez con varios cambios en el funciona­miento del organismo a nivel neurovegetativo y a nivel hormonal, así como también con el ciclo de la temperatura corpo­ral. Los cambios experimentados a nivel neurovegetativo son a grosso modo los siguien­tes, durante el sueño nrem existe un predominio del llamado siste­ma nervioso autónomo parasimpático, de tal forma que el conjunto de las funciones fisiológicas se ralentizan, así por ejemplo tanto la frecuencia cardíaca, como la respiratoria dismi­nuyen, como también lo hace en cierto modo la tensión arterial. Sin embargo estos cambios se invierten durante la fase rem del sueño, de forma que en esta fase existe un predominio del sistema simpático, aumentando las constantes antes aludidas, a la vez que se produce una erección peneana y una tumescencia clitoridiana. Respecto a la temperatura corporal se produce un cambio significativo, mientras que en la fase nrem el organismo reacciona tal como le corresponde por su condición de ser vivo homeotermo, es decir, que mantiene una temperatura corporal cons­tante, responsable de los temblores o sudoraciones que pueden aparecer como respuesta a los cambios de temperatura ambientales, en la fase rem del sueño el organismo reacciona como si fuera un ser vivo poiquilotermo, es decir, como lo son los peces o los anfibios, que adecuan su temperatura corpo­ral a la del medio, apareciendo así en esta fase rem una especie de labilidad termorreguladora.

Respecto a los cambios que se producen en la dinámica de la secreción hormonal hay que significar que la llamada hormona del crecimiento (STH) experimenta su pico de concentración máxima en sangre justo al poco tiempo de comenzar el período de sueño, como demostró en 1968 Takahasi , y posteriormente va paulatinamen­te descendiendo en el transcurso del mismo. Por el contrario el cortisol comienza a segregarse de una forma pulsátil al principio del período de sueño y aumenta progresivamente durante la noche por lo que su concentración es máxima al desper­tar. También todas las hormonas secretadas por la hipófisis y relacio­nadas con los órganos sexua­les, las llamadas hormonas gonadotróficas, como la prolacti­na (PLH), la hormona folículo estimulante (FSH) y la hormona luteo­tro­fa (LH) alcanzan normalmente valores máximos durante la noche. También otra hormona, secretada esta vez por la glándula pineal, llamada melanotonina (MSH) está directamente relacionada con el ciclo del sueño/vigilia, dicha hormona fue aislada por primera vez en 1956 por un dermatólogo de Yale llamado Aaron Lerner , pues está también directamente relacionada con la melanina que pigmenta nuestra piel, y es secretada únicamente durante la noche cesando su producción durante el día. Hoy se sabe que esta hormona posee una función muy particular, cuando nos exponemos a la luz del día, la glándula pineal suprime la producción de la misma siempre y cuando la intensidad de la luz sea de un mínimo de 2.500 lux., se ha demostrado que la exposición a grandes intensidades luminosas al anochecer retarda la aparición del punto más bajo de la curva de la temperatura corporal, que habitualmente se produce sobre las cuatro o cinco de la mañana, y también retarda el período del dormir, así pues parece ser que existe algún tipo de relación, aún por determinar, entre la secreción de la melanotonina y la producción del ciclo sueño/vigilia. Este ciclo no se corresponde exactamente con un ciclo de 24 horas pues cuando se somete a un sujeto a condiciones experimentales de aislamiento absoluto, es decir, independientes del ritmo horario habitual, fuera del tiempo reglamentado por los relojes y privado del contacto con el ciclo natural del día y la noche, se observa en todos los casos que el ciclo sueño/vigilia se mantiene pero siempre se amplia una o dos horas, así pues parece ser que el ciclo sueño/vigilia "autentico" es mas bien próximo a las 25 horas que el ciclo natural en el que vivimos habitualmente, de ahí que reciba el nombre de ciclo circadiano, pues "circa" significa "cerca", así pues nuestro ciclo sueño/vi­gilia es circadiano porque es aproximadamente de 24 horas. De esto se desprende que los sujetos tengamos que ajustar diaria­mente nuestro ciclo "natural" y endógeno al del medio ambiente que es algo más corto, es probable que en tal ajuste participe de alguna manera la melatonina.

Aunque el mérito del gran descubrimiento que supuso el ciclo del sueño y el sueño rem corresponde sin duda a Aserensky y a Kleitman , y así se reconoce universalmente, sin embargo el inves­tigador que más se ha distinguido en el estudio del sueño y de los sueños es otro colaborador del equipo llamado William Dement . Al propio De­men t le resulta difícil determinar con exactitud de quién fue la brillante idea de relacionar el sueño REM con el fenómeno onírico, sea como fuere, fue él el primero en compro­barlo pues su primera tarea en el laboratorio de Kleitman consis­tió precisamente en despertar a los sujetos sometidos a experi­menta­ción. Los resultados fueron espectaculares y conclu­yentes, la mayoría de los sujetos desperta­dos durante el período rem relata­ban estar soñando, a diferencia de lo que ocu­rría cuando el despertar se producía en la fase nrem. En 1957 Kleitman y Dement publicaron un artículo que atrajo la atención de todos los investigadores interesados y disparó la posterior investiga­ción sobre los sueños, pues fue el primero en que se describía la conexión entre la fase rem y los sueños.

El interés y la importancia que tiene para nosotros la existencia del sueño rem radica en el hecho de que supone la evidencia, científicamente demostrada ahora, de que los sueños constitu­yen una actividad constante de la mente humana. Los hom­bres soñamos y soñamos mucho, todos los hombres y todos los días, y por un período de tiempo nada despreciable, más de hora y media, aproximada­mente unos cien minutos cada noche. Así pues resulta difícil concebir que los sueños sean banales y carezcan de importancia, así como que el soñar no cumpla una función preci­sa en la complejidad del funcionamiento mental. No se equivo­caba pues el venerable Sigmund cuando decidió dedicar su atención a los sueños para desentrañar el misterioso mundo de la psicolo­gía y psicopa­tología humana, como no se equivo­caron tantos otros que a lo largo de la historia intuyeron que los sueños ence­rraban algún tipo de verdad.

"Soñar es una actividad humana penetrante y por lo tanto el estudio de los sueños no es el estudio de un fenómeno marginal. En términos cuantitativos debería encontrarse en los primeros lugares de una lista de fenómenos que deben explicarse en cualquier informe general sobre la experiencia humana" [Foulkes ]

Pertrechados con estos nuevos conocimientos los científicos desplegaron una impresionan­te labor de investigación que en las décadas siguientes culminó en resultados dispares según nos aten­gamos al estudio del sueño o al de los sueños. En el primer caso el ingente cúmulo de nuevos conocimien­tos adquiridos terminó por conformar, en los países más desarrollados, una nueva especia­lidad médica, la denomina­da Medicina del Sueño. Un libro titulado "Principles & Practice of Sleep Medicine" en él colaboran no menos de cien especialis­tas en la materia, todos ellos ilustres catedráticos de presti­giosas universi­dades americanas y extranje­ras, y en el que se reúnen todos los conocimien­tos actuales sobre tan apasionante materia, es una buena prueba de lo que queremos de decir, con más de mil páginas, distribuidas en 95 capítulos, dedica no más de cinco de ellos al estudio de los sueños, como puede verse la desproporción es considerable. Poco dicen y en realidad poco más pueden decir, pues resulta evidente que una cosa es el cerebro y otra muy distinta la mente, una cosa es el sueño rem y otra los sueños, la neurofisiología encuentra aquí inevitable­mente su techo episte­mo­lógico y no podría ser de otra manera, pues hasta el momento el único aparato capaz de detectar el incons­ciente de un sujeto es, desde luego, otro sujeto.

Todo ello no resta un ápice al valor intrínseco que poseen los resultados que estas amplias investigaciones han producido, confirmando algunos de los aspectos ya conocidos, contradiciendo otros, deshaciendo algunos entuertos y aportando nuevas informa­ciones desconocidas hasta ese momento. Todo ello ha contribuido enormemente al desarrollo de la psicología onírica experimental sacándola del estado rudimentario en que se encontraba.

Tras algunos años de investigación lo primero que fue puesto en duda fue el hecho mismo de que los sueños se produjeran exclu­sivamente durante los períodos de sueño rem. El relato de un sueño obtenido al despertar al sujeto, podía estar condicionado por la propia pregunta del investigador: ¿soñaba usted?, así como por el concepto que del termino soñar tuviera el sujeto. Por ello Foulkes planteó entonces con otras palabras la misma pregunta: ¿Le pasaba alguna cosa por la mente antes de desper­tar?. Los resultados que así obtuvo fueron concluyentes, la mayoría de los sujetos que eran despertados en la fase nrem del sueño informaban de imágenes aisladas o fragmen­tos de pensamientos o de ideas. Lo cual lleva a la conclusión inevitable de que el cerebro produce actividad cognitiva en todos los estadíos del sueño. Sin embargo las diferencias cualitativas entre la actividad rem y nrem persisten y son notables. El siguiente ejemplo proviene de un artículo de Allan Rechtschaffen de 1967, en el se muestran claramente el tipo de diferencias existentes entre los contenidos del relato de un sueño obtenido en la fase nrem del sueño y los que se obtienen si se deja dormir un poco más al sujeto y se le despierta más tarde cuando concluye una de sus fases rem. El relato del sueño nrem dice así:

"Soné que estaba a punto de presentarme a un examen. Fue un sueño muy corto. Era todo lo que contenía. No creo que me inquietara por él"

Posteriormente el sujeto siguió durmiendo y fue despertado al finalizar una de las fases rem de esa misma noche, entonces el relato obtenido fue el siguiente:

"Soñaba con exámenes. Al principio del sueño acababa precisamente de presentarme a uno y la mañana estaba soleada. Me paseaba con un camarada que asiste a algunos de los mismos cursos que yo. Hubo una especie de... de ruptura, alguien mencionó un diploma obtenido en un examen de sociología y yo le pregunté si las calificaciones de sociología ya se conocían. Respondió que sí. No había conocido las mías porque había estado ausente todo el día"

Resulta evidente que pese a la continuidad temática, el segundo relato contiene en mayor grado y de modo más evidente la fuerza y la organización perceptual que se asocian habitualmente con los sueños. Comparadas con los recuerdos de los períodos de sueño rem, las acciones mentales del sueño nrem son generalmen­te más pobres en recuerdos, más próximas a pensamientos que a lo normalmente entendemos por sueños, menos vividas, menos visuales, más conceptuales, están sometidas a un mayor control de la voluntad y más ligadas con la vida cotidiana. Así pues el autor concluye opinando acerca de estas diferencias que:

"La actividad mental correspondiente al período nrem del sueño es generalmente más pobre en recuerdos, más próxima a pensamien­tos que a sueños, menos vivida y menos visual, más conceptual y más ligada a la vida cotidiana" [Rechtschaffen ]

Así pues parece que los sueños alcanzan su desarrollo y su estructura final en la fase de sueño rem. De este modo se puede concebir que el sueño nrem se presta al esbozo de una elabora­ción onírica que se iniciaría en este estadío, en forma de reflexiones y pensamientos, sin utilizar todas las inter­vencio­nes sensoriales y motrices. Sería en la fase de sueño REM cuando el soñar, en su textura final, expresaría toda la riqueza senso­rial, emocio­nal y motriz con la que se le conoce. [Jouvet ]

Además existen diferencias entre los informes de los sueños corres­pondientes a las primeras fases rem de la noche y los de fases rem posteriores. Los resultados obtenidos apuntan en la dirección de que existe un desarrollo en las características de los sueños que se van complejizando a lo largo de la noche, de un período rem al siguiente. El informe del primer período es breve, trata preferentemente del presente y en la mayoría de los casos carece de argumento y de personajes. Los informes ganan en detalle y argumento cuando el despertar del sueño rem tiene lugar más avanzada la noche. Los informes de sueños realizados en las primeras horas de la madrugada son los más ricos en deta­lles, personajes, sentimientos, recuerdos y argumento. Estos sueños de últimas horas de la madrugada, anteriores al despertar, son los que se recuerdan de manera espontánea. [Lavie ]

Aparte de esta complejización en los aspectos formales de los sueños correspondientes a las distintas fases rem de una misma noche se plantea la cuestión de si todos ellos están inter­co­nectdos entre sí o por el contrario constituyen entidades independientes. Freud ya decía que todos los sueños pertenecien­tes a la misma noche formaban una totalidad y en la actualidad algunos autores secundan esta idea. Una brillante investigadora americana, Rosalind Cartwright , sostiene que efectivamente ocurre así y plantea que los sueños de una misma noche configuran una especie de drama en cinco actos. Durante la primera fase rem se fijaría el tema de la noche relacionado con algún aconteci­miento del día anterior, en la segunda y tercera se retrocedería más y más en el pasado, en el cuarto se proyectaría hacia el futuro y en el quinto y último se resumiría lo anterior en una especie extrava­gan­cia fantástica. Desgraciadamente la investiga­ción en este campo no ha resultado satisfactoria y hasta el momento esta sugerente hipótesis no ha sido confirmada. [Zimmer ]

También se consideró la posibilidad de que las propias carac­terísti­cas del ambiente del laboratorio interfirieran en las de los sueños allí obtenidos y que por tanto éstos difirieran un tanto de aquellos que son espontáneamente recordados en circuns­tancias normales. Las diferencias existen, al menos en aparien­cia, puesto que los relatos de sueños obtenidos en el laboratorio son mucho más insulsos y anodinos que los de los sueños que se recuerdan espontáneamente, que suelen ser mucho más vistosos y floridos. Sin embargo tales diferencias no son más que un artefac­to producto del propio método de investigación y se explican por el hecho mismo de que en el laboratorio se obtienen relatos de sueños correspon­dientes a cualquier fase rem y ello incluye necesariamente todos aquellos sueños que en condiciones normales nunca hubieran sido recordados, ya que espontáneamente tendemos a recordar mejor los sueños correspondientes a la última fase rem o aquellos ricos en conteni­do, insólitos, extraños y que despier­tan nuestro interés y nuestras emociones.

Respecto al insistente olvido de nuestros sueños, los resul­ta­dos obtenidos por la investigación han demostrado de manera fehaciente que el factor más determinante para poder recor­dar­los es el momento en que el despertar se produce. De tal forma que si despertamos a un sujeto inmediatamente después de concluir una fase rem, el sujeto recordará con toda probabilidad lo que estaba soñando, pero si por el contrario dejamos transcu­rrir unos pocos minutos es muy posible que el sujeto ya no recuer­de nada en absoluto. Ello parece contradecir abiertamente las tesis freudia­nas, relativas al papel jugado por la censura endopsíquica en el olvido de nuestros sueños, más bien parece que los sueños son depositados en una memoria a muy corto plazo y que por ello se olvidan de manera natural. Con todo existen otros fac­tores que influyen en nuestra capacidad de recuerdo de los sueños, como son la profundidad del sueño, nuestro deseo y disposi­ción a recordar y por último del contenido mismo del sueño.

Respecto la relación existente entre la vigilia y los sueños los estudios realizados vienen a confirmar que los sueños conti­núan en alguna forma el pensamiento de la vida despierta:

"Nuestros hallazgos en el estudio del contenido de los sueños demuestran que son un reflejo exacto de nuestra vida cuando estamos despiertos" [Fred Snyder ]

Hasta aquí las principales aportaciones que este tipo de investigación ha producido en relación a la psicología onírica. Como puede verse no son muchas ni muy importantes pero al menos han contribuido a mantener vivo el interés del mundo científico por los sueños y al desarrollo de la experimentación onírica. En realidad no cabe esperar grandes avances en este campo pues todo este tipo de investigación adolece de una incapacidad estructural inherente a los propios planteamientos en los que se funda. Algu­nos autores son conscientes de esta situación:

"A pesar del genuino avance que representan algunos de los datos obtenidos por la investigación psicofisiológica actual lo cierto es que no han conducido a ningún descubrimiento fundamen­tal de la psicolo­gía de los sue­ños. ¿Qué es lo que falta en los datos actual­mente disponibles?. La respuesta, creo, es que los investigadores que actualmente estudian el proceso onírico no utilizan ni recogen asociaciones libres. Las asocia­ciones libres proveen la manera más racional de recrear la matriz de idea y motivación de la que surge el sueño" [Foulkes ]

Hace más de 25 años que Gerald Vogel ilustró magníficamente la diferencia entre hacer o no uso del método freudiano del análi­sis de los sueños. Un sujeto sueña: "estoy montando en bicicle­ta". ¿qué conclusiones puede extraer de un sueño como éste un investi­gador que no recoja asociaciones libres?, que aparece un objeto común, que el sujeto realiza una actividad, que no se relaciona con el sexo o la agresión, o que no se acompaña de ningún afecto. Si por el contrario se toma la molestia de preguntar al soñador qué asocia con la bicicleta entonces es posible que obtenga una mayor información al respecto, en este caso obtiene dos respuestas, por un lado la bicicle­ta resulta ser la afición principal de su hijo, que además casualmente está próximo a abandonar el hogar paterno para ir a estudiar a una lejana ciudad, por otro lado el padre del soñador, enfermo del corazón, poseía una bicicleta estática para realizar ejercicio, desgracia­damente falleció el año pasado.

Resulta evidente que a través de las asociaciones accedemos a otra dimensión en el análisis del contenido de cualquier sueño, en el caso relatado, por ejemplo, a las preocupaciones inherentes a la separación y pérdida de los seres queridos, tal separación y pérdida desde nuestra perspectiva psicoanalítica evidentemente remite a la castración, concepto con el que hemos de empezar a familiarizarnos pues es fundamental a lo largo de todo este texto, lamenta­blemente la mayoría de los investiga­dores conside­ran anti­cientí­fico el método freudiano pues consideran que las informa­ciones obtenidas a partir de las asociaciones no tienen por qué formar parte de la matriz a partir de la cual surge el sueño, y es posible que en cierto sentido tengan razón pero resulta evidente que:

"Un sueño es una experiencia que no puede ser observa­da por un tercero de modo que todo discurso acerca del sueño implica tanto procesos de inferencia como de observación. La situación parece volverse mucho más crítica cuando intentamos describir no sólo lo que se ha soñado sino también caracterizar la matriz formativa de la que ha emergido la experiencia onírica, la cual según nuestros conocimientos no ha podido ser observada por nadie. ¿Cómo podemos saber que nuestra reconstrucción describe en qué forma el sueño fue "realmente" soñado?. La respuesta obvia, por supuesto, es que no tenemos manera de saberlo" [Foulkes ]

Por nuestra parte no podemos sino estar completamente de acuerdo con los dos autores previamente citados e insistir en que es absolutamente imprescindible incluir el contenido manifiesto del sueño en el contexto de la intrincada trama que propor­cionan el conjunto de informaciones obtenidas a partir de las asociacio­nes realizadas por el soñador sobre su propio sueño para poder entender algo de su sentido. Por nuestra parte calificaremos como sincrónico a este tipo de contexto provisto por las asociaciones, con el objeto de diferenciarlo de lo que calificaremos como contexto diacrónico, que definiremos en próximos capítulos, y que vendrá dado por la serie a la que pertenezca un sueño determinado.

Es imprescindible pero no suficiente, pues hay que estar en condiciones de dar un paso más, paso que desde los tiempos de Artemidoro y Sinesio es bien conocido y que Freud sentenció de manera formidable. No tiene ningún sentido, o al menos muy poco, solici­tar asociaciones al soñador si al mismo tiempo no se puede inscribir la información así obtenida en el contexto general de la personalidad global de sujeto. Es inevitable conocer la vida y milagros del personaje en cuestión para poder enterarse de algo en relación al sentido de sus sueños. Lamentablemente toda la investigación anterior deja de lado esta cuestión elemental, cuando no cree haberla incluido por el hecho de haber forzado previamente al sujeto a poner unas cuantas cruces sobre el papel que sustenta unos presuntos tests de personalidad, confeccionados y evaluados con vaya usted a saber que criterios y desde que supuestos teóricos.

Y es que además de la información que las asociaciones y el conocimiento preciso de la vida y personalidad del sujeto facili­tan, hace falta un tercer factor no menos fundamen­tal: que toda esta información pueda ser procesada adecuadamente y para ello es imprescindible que el investiga­dor posea un esquema concep­tual que pueda resultar operativo para ello. Lamentablemen­te la mayoría de los investiga­dores que han llevado a cabo ese tipo de investigación, tanto los que provienen del campo de la medicina como los que lo hacen del campo de la psicología carecen de él. Es por lo tanto imperativo que se levante la barrera infranquea­ble que hoy en día separa la psicología onírica experimental del psicoanálisis para que pueda producirse una fecunda fertilización cruzada entre ambas discipli­nas que permita seguir profundizando en un mayor conoci­miento de la materia que nos ocupa.

En relación al tema que da título a este capítulo hay que decir que se pensó con cierta lógica que de las consecuencias observables consecutivas a la supresión del sueño rem podrían deducirse la función o funciones oníricas, así pues los trabajos de investigación de privación selectiva de sueño rem han consti­tuido una gran parte de las investigaciones. Con los adelantos técnicos adquiridos resultaba muy fácil conseguirlo, el sujeto sometido a investigación se retira a dormir en el laboratorio conectado a un polígrafo y el investigador no tiene mas que esperar a que aparezca el trazado correspondiente al sueño rem para entonces despertar al sujeto, posteriormente éste vuelve a dormirse, repite el ciclo del sueño paso a paso hasta la nueva aparición del sueño rem en la que es nuevamente despertado, así se consigue con facilidad que el sujeto duerma pero no sueñe.

Los primeros experimentos de deprivación de sueño rem fueron realizados por Dement y desencadenaron un cierto revuelo entre la comunidad científica cuando fueron publicados, pues parecían corroborar en cierta forma las tesis freudianas, en el sentido de considerar los sueños como una especie de válvula psíquica que controla las tensiones psíquicas, preferentemente las sexuales, y que así colaboran a mantener el equilibrio mental. El hecho observado por Dement fue que algunos de los sujetos sometidos a investiga­ción manifesta­ron posteriormen­te a la deprivación de sueño rem una conducta abiertamente hipersexual que no se correspondía con su conducta habitual. Sin embargo todos los estudios realizados posteriormen­te, mejor eva­luados y controlados, no pudieron confir­mar en absolu­to los prime­ros hallazgos de Dement que por lo tanto pasaron a ser conside­rados como casos marginales y poco represen­tativos.

Por otra parte los datos obtenidos a partir de la experimentación con animales parece apuntar en la primera dirección. Así Dement y sus colaboradores privaron de sueño rem a gatos y observaron que pasados unos días su comportamiento sexual se hacía exagerado y empezaban a comer de manera incontrolable. Dement concluyó que la privación de sueño rem en los gatos aumentaba la excitación de los sistemas instintivos nutricional y sexual. Por otro lado los trabajos de Rechtschaffen y otros, sobre privación de sueño rem en ratones aportan el dato de que tal privación conduce a un aumento de la excitación cerebral, hecho se comprueba por la disminución del "umbral de convulsión" que experimenta el animal. También parecen apuntar en esta dirección los resultados obtenidos por Vogel tras la aplicación, durante dos o tres días, de la privación de sueño rem a pacientes depresivos, en líneas generales encontró que incrementaban su actividad y mejoraba su estado de ánimo, la explicación de este efecto terapéutico puede encontrarse en la circunstancia de que los depresivos padecen una disminución de la excitación cerebral y una acusada reducción de sus impulsos, así pues, si la prevención de sueño rem provoca un aumento del nivel de excitación de los sistemas instintivos es lógico que estos pacientes experimenten una notable mejoría.

Otros trabajos recogen la aparición de alteraciones psíquicas más generales que se intensifican cuanto más se prolonga la deprivación, tales alteraciones se resumen en la presencia de angustia, irritabilidad, confusión, percepción distorsionada, incapacidad de concentración, trastornos del pensamiento o del lenguaje y en algunos casos alucinaciones o ideas delirantes de componente persecutorio. Es lógico que todas estas alteraciones se presenten también en el caso de que el sujeto permanezca sin dormir en absoluto por espacio de 3-4 días, es decir, privado tanto del sueño rem como del sueño nrem. Existe descrita en la literatura científica una denominada "psicosis por privación de sueño", ahora bien, aparece en sólo unos pocos casos y desaparece en cuanto el sujeto recupera el sueño. Así pues las alteraciones psíquicas, derivadas de la privación de sueño rem, no son constan­tes ni se presentan en todos los casos, de hecho la opinión más generalizada es que la privación de sueño rem durante varias noches no produce cambios especta­culares en el comporta­miento ni en la condición física.

"Los efectos de la deprivación experimentalmente inducida del estadio rem no han logrado demostrar fehacientemente las consecuencias psicológicas perniciosas de esta deprivación" [Foulkes ]

Sin embargo hay que decir que es muy difícil realizar un experi­mento de privación de sueño rem en seres humanos durante mas de tres o cuatro noches consecutivas, esto es debido a lo siguiente. Todos los estudios de privación de sueño rem han producido dos resultados importantes. Por un lado el numero de despertares necesarios para evitar el sueño rem aumenta paulati­namente de noche en noche a medida que se prolonga la duración de la privación, así la primera noche se necesitaran de diez a veinte despertares, la segunda de treinta a cuarenta, mientras que la tercera serán necesa­rios hasta ¡sesenta!, así pues llegado un momento los sujetos entran en sueño rem en cuanto se duermen y por ello los experimentos sobre la privación de sueño en los seres humanos suelen durar dos, tres días, cuatro todo lo más. El segundo resultado importante es que existe un denominado "fenómeno de rebote rem", es decir, cuando se permite dormir a los sujetos después de un período de privación de sueño rem, éstos compensarán la perdida de sueño rem del que fueron privados y gozaran entonces de 150 minutos, en vez de los 100 minutos habituales. Esta necesidad fisiológica de sueño rem es claramente puesta de manifiesto en los trabajos de experimen­tación a­nimal, así Rechtsch­affe n descubrió que la prevención selectiva de sueño REM en las ratas causaba su muerte a los 40-60 días. Así pues:

"Los estudios sobre deprivación son extremadamente difíciles de realizar a un nivel humano sin producir un sin fin de variables que llevan a la confusión. La investigación sobre deprivación rem por lo tanto no es conceptual ni metodológicamen­te una estrategia adecua­da para determinar la función del sueño" [Foulkes ]

Así pues debido a las dificultades que suponen este tipo de investigaciones y a lo insatisfactorio de los resultados obteni­dos, los científicos se han visto obligados a conformarse con la experimentación animal y a elaborar teorías a partir de ella de difícil extrapolación al ser humano.

De entre todas ellas las más interesantes son aquellas que relacionan la actividad onírica con la memoria. Varios estudios han indicado la posibilidad de que la consolida­ción de las trazas de memoria, al menos para algunos tipos de aprendizaje, tenga lugar durante al sueño rem, unos estudios demuestran que la prevención selectiva de sueño rem daña la consolidación de la memoria y otros demuestran que el sueño paradójico aumenta durante los períodos de aprendizaje.

Chester Pearlman y Ramón Greenberg (1974) observaron que si privaban de sueño rem a ratones que habían sido sometidos a tareas de aprendizaje, éste resultaba defectuoso si la depriva­ción era inmediata a tales tareas, sin embargo este fenómeno no se presentaba si la deprivación tenía lugar dos horas mas tarde, es decir, si se les dejaba dormir en esas dos horas, por consiguiente llegaron a la conclusión de que el sueño rem que tiene lugar inmediatamente después del aprendizaje es esencial para la consolidación de las trazas de memoria en el cerebro.

Elisabeth Hannevin, Vicente Bloch y Pierre Leconte (1977-79) demostra­ron que el sueño paradójico aumentaba en ratones después de varios procesos de aprendizaje, sin embargo cuando el sueño se demoraba por mas de tres horas después de la sesión de aprendiza­je entonces la adquisición del aprendizaje quedaba alterada y no se producía ningún aumento en la duración del sueño rem. Bloch , Hannevin y Leconte resumieron así sus estudios:

"Parece que uno de los elementos esenciales para la fijación en la memoria es la presencia de sueño paradójico en cantidad suficiente y que tenga lugar inmediatamente después del aprendizaje"

Sin embargo en posteriores estudios se encontró que la relación entre el sueño rem y la consolidación de las trazas de memoria es mucho más compleja. El aprendizaje de determinadas tareas fue afectado por la prevención de sueño rem mientras que no ocurrió lo mismo con el aprendizaje de otras. Lamentablemente los experimentos realizados en seres humanos dieron por lo general resultados negativos.

A pesar de ello es posible que el sueño rem sea particular­mente importante para tipos de aprendizaje procesal en los que los humanos adquirimos habilidades motrices y perceptuales. En apoyo a esta hipótesis encontramos el dato indiscutible de que la cantidad de sueño rem, que varia en diferentes períodos del desarrollo, es máxima en el nacimiento, cuando supone aproxima­damente el 50% del tiempo total de sueño, para luego ir disminu­yendo progresivamente hasta la pubertad momento en que ya se consolida en el habitual 20-25% que es característico el resto de la vida en el sujeto adulto. Puesto que durante los primeros meses de vida los niños están tan atareados adquiriendo nuevas habilida­des motrices y perceptuales, estos hallazgos pueden explicar así mismo la abundancia de sueño rem en este período particular de la vida. El hecho de que la cantidad de sueño rem sea muy grande durante los primeros meses de vida e incluso en la vida intraute­rina inclinó a algunos autores como Roffwarg a postular que la función del sueño rem sería la de provocar la madura­ción del sistema nervioso.

En 1983 el matemático Graeme Mitchison en colaboración con Francis Crick , laureado con el premio Nobel por su participación en el descubrimiento del ADN, formularon una teoría en la que afirmaban que el papel del sueño rem sería organizar las memorias del cerebro. Durante el sueño rem se reorganizarían las redes de informa­ción y los items de información no vital, que de manera involuntaria se habrían ido recopilando durante el día, se "borra­rían" de la red. Así pues los sueños estarían compuestos por aquellos items destinados a ser eliminados de los bancos de memoria. Así se expresa el propio Crick :

"La eficacia de una supercomputadora como el cerebro debería necesitar la irrupción de señales estocásticas periódicas con el fin de borrar de las memorias los signos desprovistos de signifi­cación para evitar su saturación. Soñar sirve pues para borrar los recuerdos sin importancia"

Según esta teoría la supresión del sueño rem debería producir inevitablemente graves alteraciones psicológicas, por la supuesta saturación que la información inservible y no elimina­da produci­ría en el cerebro, fenómeno que como hemos visto anterior­mente no parece ocurrir, sin embargo estos autores afirman de manera categórica que los experimentos de prevención de sueño rem en seres humanos no son lo suficiente­mente prolonga­dos como para haber causado cambios reales en los procesos cogni­tivos y en la memoria de los sujetos implicados, cosa que por otra parte no deja de ser cierta.

Es interesante constatar, como muy bien apunta Jouvet , que esta teoría no es sino una versión modernizada en clave informá­tica de la ya postulada hace más de cien años por el alemán Robert y que Freud recoge en su Traumdeutung, de hecho la teoría de Robert es incluso más completa, pues no sólo dota a los sueños de una capacidad para eliminar el material inservible sino que también los faculta para realizar la actividad contraria, esto es, completar las impresiones o pensamientos inacabados de la vigilia para así poder incorporarlos a la memoria:

"Las causas que originan nuestros sueños son precisa­mente aquellas impresiones sensoriales diurnas de las que el sujeto no ha llegado a adquirir un suficiente conoci­miento. Los sueños son segregacio­nes de pensa­mientos ahogados en germen. Aquellas cosas que hemos pensado con detenimiento hasta asimilar­las, no se con­vierten jamás en estímulos oníricos, tan sólo aquellas otras que permanecen inacabadas en nuestro pensamiento o sólo lo han rozado fugitíva­mente. Un hombre al que se despojase de la facultad de soñar contraería en poco tiempo una perturba­ción mental pues en su cerebro se acumularía una masa de pensamientos inacabados, no terminados de pensar y de impresiones insignificantes bajo cuyo peso quedaría ahogado aquello que a título de todo acabado hubiera de ser incorporado en la memoria. A­quello que de la materia de pensamiento se resiste a la segrega­ción es reunido por cadenas de pensamientos tomados de la fantasía hasta formar una totalidad e incorporarlo así a la memo­ria como una inocua fantasía" [Robert , 1886]

No faltan entre los científicos aquellos que sostienen posiciones absolutamente contrarias a las anteriores, es decir, que el soñar carece de función y que por lo tanto los sueños carecen de todo posible sentido. Hay que decir que de la misma forma que en su momento fueron identificados los grupos de neuronas responsables con su activación/inhibición del ciclo sueño/vigi­lia, los llamados centros del sueño, con el tiempo también se llego a localizar las estructuras responsables de la generación del sueño rem. El generador endógeno de la actividad rem se halla localizado en la formación reticular en la parte dorsolateral del puente cerebral (núcleos parabrachia­lis lateralis y dorsolateralis tegmenti) y su estimulación provoca por vía ascendente la excitación de los núcleos oculomo­tores y de la corteza cerebral occipital, donde se generan las imágenes visuales, así como también son los responsables de la parálisis muscular a través de la activación del núcleo cerúleo alfa. La actividad generada por este sistema es denominada actividad PGO (póntico-genículo-occipital) y es la responsable de la aparición del sueño rem.

A la luz de estos hechos Robert McCarley y Allan Hobson propusie­ron en 1977 su teoría de la "activación síntesis" que basada en una concepción isomórfica de la mente/cerebro sostiene que el origen del fenómeno onírico es absolutamente fisiológico y que los sueños no son más que: "una concomitancia obligatoria y relativa­mente no distorsionada de ese estado cerebral denomina­do sueño rem" lo cual les llevaba a afirmar que: "el sueño rem no es otra cosa que una manifestación de la actividad cerebral similar a la de los pacientes con demencia". Es decir que la actividad PGO excitaría la corteza cere­bral de una manera totalmente arbitraria lo cual produciría la aparición de las imágenes oníricas que a su vez carecerían de cualquier otro sentido. Esta teoría ha sido muy bien criticada (véase Mancia 1987) y por nuestra parte nos limitaremos a comentar que además de no aportar nada al esclarecimiento de la complejidad del fenómeno onírico no hace sino retroceder a los planteamientos decimonónicos que como muy bien apuntaba Freud despojan a los sueños de toda dignidad como productos psicológi­cos.

El propio Kleitman parece sostener una parecida posición pues afirmaba que: "los sueños no son sino un subproducto del elevado nivel de excitación de la corteza cerebral que acontece durante el sueño rem, del mismo modo que el habla es un subpro­duc­to de los movimientos de aire que agitan las cuerdas vocales cuando respiramos. Por lo tanto no puede decirse que el sueño rem se creara con el fin de permitir que la gente soñara". Desde luego que las afirmaciones de Kleitman son incontrovertibles pero la cuestión es muy otra, de lo que se trata es de saber si al igual que el habla, los sueños constituyen una característica insustituible y determinante de la experiencia humana.

Por otra parte en un primer momento Jouvet emitió la hipóte­sis de que una de las funciones que cumple el sueño paradó­jico consiste en entrenar las redes neurales que están relaciona­das con el comportamiento instintivo a fin de mantener­las en plena capacidad funcional, estas redes se comprobarían cada noche. Más adelante su posición se ha ido deslizando hasta identificar el fenómeno onírico con un proceso genéticamente predeterminado cuya finalidad consistiría en reforzar la herencia psicológica y contribuir a mantener la individuación. Sus hipótesis arrancan de los datos obtenidos en diferentes trabajos de investigación que parecen demostrar que el mensaje entregado por el generador de los sueños está sometido a un determinismo genético. Así en la experimentación animal se demues­tra que cada cepa de ratones presenta patrones característicos de movi­mientos oculares rápidos, como también los trabajos de Bouchard , y de él mismo, con gemelos humanos indican que existe una similitud de la organi­za­ción de los movimien­tos oculares de los gemelos homocigó­ti­cos, en tanto que no existe ninguna similitud entre los de los gemelos heterocigóti­cos. Así pues la actividad onírica periódica representaría la programación iterativa de las reacciones incons­cientes que son responsables de la personalidad y de las diferen­cias interindivi­duales. Así se expresa Jouvet :

"¿Por qué no concebir que ciertos programas genéticos puedan ser reforzados periódicamente con el fin de establecer y mantener funcionales los circuitos sináp­ticos responsables de la herencia psicológica?. Mi hipótesis es pues que esta reprogramación genéti­ca interviene durante la fase de sueño paradójico, es el soñar lo que nos hace diferentes a cada uno de noso­tros puesto que en ese momento una programación itera­tiva llega a borrar las huellas de tal o cual aprendizaje o por el contrario a reforzarlo si está de acuerdo con la programación genética de los sueños y esto con el fin de restaurar la indivi­duali­zación, porque es extremadamente importante que exista la diversidad. Esta hipótesis de una programación itera­tiva de la individualización en el curso del soñar no es muy apreciada por la comunidad científica actual"

Por nuestra parte aunque no comulgamos con el valor que concede el autor a las tesis genetistas si queremos rescatar el papel que adjudica a los sueños en cuanto a la individuación psicológica y que como veremos más adelante evoca alguna de las tesis mantenidas por Jung en relación a la participación de los sueños en el proceso de individuación.

Por su parte Lavie mantiene una posición ecléctica, sin necesidad de abjurar de su concepción puramente neurofisiológica admite sin embargo una amplia gama de funciones que podrían cumplir los sueños:

"En mi opinión el sueño rem no fue creado desde el principio para satisfacer una necesidad concreta. Creo que hizo su aparición en la escena evolutiva como una solución al problema de unir los numerosos y breves períodos de sueño, llamado sueño polifásico, que caracteriza a la mayoría de los animales y al niño humano durante los primeros meses de vida, en un único período continuo de sueño, llamado sueño monofásico. So­lo mas tarde se añadieron otras varias funciones que explotaban las capacidades latentes. Aunque el sueño rem no estaba destinado a desempeñar ningún papel en el control y la regulación de los instintos, la conso­lidación de las trazas de memoria, la regulación de la excitación cerebral o la creación de sueños, sus características particulares, en tanto que puerta a la vigilia mientras se duerme, cumple muchos y variados papeles"

Hasta aquí las principales teorías que desde la neurofisio­logía se han propuesto en los últimos años respecto a la función que cumplen nuestros sueños, como puede verse la cuestión permane­ce indeterminada, irresuelta y por lo tanto abierta. No podemos sino estar en perfecto acuerdo con Dement cuando manifies­ta:

"Si de hecho es cierto que el sueño rem no desempeña ningún papel adaptativo vital entonces llegamos a la conclusión de que el sueño rem es uno de los errores más grandiosos de la evolución"

Ante este estado de cosas algunos autores se encuentran satisfechos y esperanzados:

"Si miramos hacia atrás los investigadores del sueño podemos permitirnos sentirnos verdaderamente satisfe­chos. Existen pocos campos de la investigación en los que se haya efectuado tanto progreso en un espacio de tiempo tan reducido. Aunque todavía carecemos de res­puestas concluyentes a la pregunta de porqué dormimos y soñamos, los fragmentos de información que hemos ido espigando a lo largo de miles de noches pasadas en los laborato­rios del sueño han empezado a cristalizar" [P. Lavie ]

Otros por el contrario se muestran más desazonados a la vez que un tanto perplejos:

¿Por qué la evolución nos ha dotado de un cerebro que periódica­mente en el curso del sueño está sometido a una maquinaria que libera imágenes fantásticas, parali­za nuestro tono muscular, suprime la mayor parte de las regulaciones homeostáticas y desencadena una erec­ción?. Conocemos mucho del cómo sin que esto nos autorice a conocer el porqué. ¿Hemos encontrado cual es la función de la actividad onírica o del sueño paradójico?. La respuesta es negativa" [Jouvet ]

Por fin algunos otros muestran claramente su insatisfacción y desesperanza y reflejan la cruda realidad:

"Actualmente no se puede esperar que la psicofisiología haga ninguna contribución sustancial a la explicación o a la interpre­tación de los sueños. En este sen­tido la situación actual de la psicología de los sueños no es muy diferente de cuando Freud escribió su Interpretación de los sueños" [Foulkes ]

Fin de la Página 0