PARTE III
CONCLUSIONES
PRÁCTICAS
ANEXOS
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Escribir un libro sobre los sueños al ritmo de viejos y sempiternos blues, no constituye desde luego una práctica nada habitual, y sin embargo resulta una conjunción intelectual y sensitiva de lo más aconsejable, pues conforme transcurren los días, las semanas y los meses y se van acumulando sobre nuestro escritorio decenas y centenas de folios dispuestos en abigarrados y desordenados montones, y mientras a través de nuestro discurso se van desgranando cadenciosamente los decires ajenos, de aquellos autores que han conformado a lo largo del tiempo la historia de la onirología, entonces poco a poco estos decires se van acompasando progresivamente con las notas y los acordes que se desprenden insinuantes desde las guitarras y los pianos de los mejores bluesmen de la época, mientras nos acompañan, inundando la estancia en la que nos hallamos recluidos, hasta llegar un momento en que ambas cadenas, la escrita y la sonora acaban por conformar una polifonía en fuga que embarga y cautiva nuestro espíritu de escritor solitario, de científico loco y de psicoanalista exótico.
Escribir un libro sobre los sueños cuando nos encontramos al borde del tercer milenio y la ciencia se apresta a descifrar el misterioso código que el genoma humano encierra en el seno de las espirales desoxirribonucleicas, no es tarea fácil, pues a todas luces parece una empresa fuera de contexto, ajena al interés científico y al interés general, fuera del tiempo. Sin embargo y tal vez precisamente por eso, porque no hay nada más ajeno al tiempo que el mundo de los sueños, pues ellos son atemporales, es por lo que al mismo tiempo, son eternos, existieron antes, existen ahora y continuaran existiendo después, son anteriores a todos nosotros, tanto filogenética como ontogénicamente, y sin duda alguna, anteceden también al desarrollo de la cultura humana que nos vio nacer.
Así pues cuando nos disponemos a emprender esta tarea, una desconcertante y ambigua sensación nos reccorre, nos envuelve y nos embriaga pues no sabemos muy bien si lo que vamos a desarrollar es sólo pura historia, prehistoria y paleontología mental o, muy al contrario, auténtica ciencia-ficción y destino del porvenir científico, pues en última instancia los sueños, como la poesía, no son sino un arma cargada de futuro. Aunque ciertamente todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y culturas, han soñado irremisiblemente todos y cada uno de los días de su vida, y continúan haciéndolo aún cuando mayoritariamente lo desconozcan, es apabullante el desinterés que sus propios sueños les suscitan, hasta el punto de que la idea de escribir un libro sobre los sueños resulta como mínimo arriesgada, cuando no directamente estrambótica, pues sin duda contamos con la a priori falta de atracción necesaria para cautivar la atención de los lectores potenciales, que sin embargo somos todos, pues como acabamos de decir todos estamos involucrados en ellos, habitados por ellos, todos somos soñados por Ello.
A pesar de estas dificultades estamos dispuestos a arriesgarnos pues somos de los que pensamos que será mucho más fácil desentrañar los misterios que el genoma humano contiene, que resolver los enigmas que los sueños evocan pues, aún cuando existan muchos que crean que de los sueños todo se sabe y muchos otros que piensen que de los sueños nada interesante hay que saber, lo verdaderamente cierto es que sobre ellos poco sabemos y a pesar de los adelantos que en el terreno de la onirología se han producido en los últimos cien años, los sueños conservan la textura enigmática del misterio que los constituye, se hallan envueltos por los invisibles velos del desconocimiento y sepultados por toneladas de ignorancia.
A contribuir a poner en evidencia alguno de estos velos, y si es posible descorrerlos, a desentrañar hasta un cierto y mínimo punto alguno de sus misterios y a disolver en lo posible, tanta ignorancia, aspira humilde y pretenciosamente este texto. Sabemos de la imposibilidad de nuestro objetivo, de la incomprensión de la que gozaremos y de las ineludibles dificultades con las que inevitablemente tropezaremos en nuestro camino, pero aunque perezcamos en el intento y consecuentemente no lo logremos, no desistiremos, pues como decía el venerable maestro, del que nos consideramos biznietos bastardos, tan legítimos como cualquier otro:
"No fracasaremos: es posible que en vez del estrecho que buscamos hallemos océanos cuya exploración completa deberá ser emprendida por quienes nos sucedan, pero si los vientos no nos hacen naufragar prematuramente, llegaremos..." [S. Freud]
Efectivamente no hay estrecho que valga sino todo lo contrario, lo que se extiende ante nuestros pasmados ojos es un amplio y vasto océano onírico que es majestuosamente inmenso y soberanamente profundo, inmenso como la finitud/infinitud del cosmos en que habitamos, profundo como las profundidades abisales en cuyas simas habita toda clase de fauna y flora aún por descubrir, taxonomizar y conocer, dimensiones que por cierto corren parejas con las de la complejidad y profundidad de nuestras propias mentes y que están aún por determinar. Así pues en nuestro vano intento sólo pretenderemos explorar ciertas regiones oscuras que, aún hoy en día, permanecen prácticamente intransitadas, inalteradas, impolutas, casi vírgenes, al tiempo que también intentaremos rellenar alguna evidente laguna, claramente perceptible, pero incomprensiblemente seca.
Por eso este libro persigue dos intenciones genéricas, a cuál más imposible, por una parte hacer un poco de historia, componer una sucinta antología, elaborar un breve resumen que recoja los conocimientos básicos e imprescindibles de la onirología, desde sus propios orígenes hasta el día de hoy. Por otra parte, exponer nuestras propias propuestas, producto de nuestra experiencia y escaso conocimiento, algunas habituales pero dotadas de nuestro particular criterio, otras innovadoras, aún cuando no desconocidas y por último alguna original, según creemos. De ahí que este libro esté confeccionado como una interlocución permanente entre los decires ajenos, enunciados por los autores que más se han distinguido a través de la Historia de la onirología y el decir propio de nuestro discurso, tan balbuceante en unas ocasiones como rotundo y contundente en otras, a veces repetitivo y asertivo con los decires ajenos y otras por el contrario abiertamente discrepante.
Por ello, aunque pueda parecer en cierta medida objetable la utilización abusiva de citas de renombrados autores del pasado, y de algunos otros a los que todavía cabe aplicarles el calificativo de actuales, nos ha parecido no sólo necesario hacerlo, sino también imprescindible, pues de hecho es difícil encontrar un texto que intente reunir de una manera tan abarcativa como la que nosotros pretendemos, los diferentes discursos de tantos autores que desde los tiempos más remotos han dedicado su atención a ese aspecto tan singular de la vida de los hombres como es el constituido por la vida onírica. Por otra parte es también difícil, encontrar un texto que intente reunir los diferentes saberes procedentes de disciplinas tan dispares como la neurofisiología, la neuropsicología o el psicoanálisis, incluso del psicoanálisis y de otras psicologías, como la evolutiva, la analítica o la cognitiva, por no decir simplemente lo verdaderamente raro que resulta encontrar un texto que aborde simultáneamente los aparentemente divergentes discursos de las diferentes corrientes psicoanalíticas, empezando por las concepciones freudianas siguiendo por las kleinianas y bionianas y terminando en las lacanianas. Y no nos parece suficiente aludir a ellas o indicarlas sumariamente, por ello hemos decidido incorporar los decires de los diferentes autores en su virginal pureza, intentando eso sí, plasmar lo más sucintamente posible aquellas ideas más pertinentes con relación al tema que nos ocupa.
La otra intención que preside esta obra radica en nuestro particular interés de proponer algunas concepciones propias acerca del papel que los sueños desempeñan en nuestra vida mental. En realidad toda nuestra teorización se resume aproximadamente en lo que sigue: Los sueños constituyen procesos psíquicos fundamentales para el correcto desarrollo y funcionamiento de nuestro aparato psíquico, desarrollan su función a muy diferentes niveles que se relacionan con muy distintos ámbitos de nuestra experiencia, no solo mental sino también fisiológica, de entre todas las funciones que cumplen en nuestra vida psíquica sin duda la más sofisticada y selecta, la más “humana” de entre todas ellas y la única que a nosotros nos interesa como investigadores de lo psíquico, es la que llevan a cabo mediante el proceso de simbolización, simbolización de nuestra experiencia. Dado que los sueños se suceden en una regularidad y constancia inalterable, inmersa dentro de la evidente discontinuidad que supone la existencia de los días y de las noches en nuestras vidas y por lo tanto de su correlato necesario en la vida mental: el estar despierto y el estar dormido, es posible suponer la existencia de una continuidad en la vida onírica, mayoritariamente desconocida, no sólo por “la gente” en general, sino por una abrumadora mayoría de los profesionales que nos dedicamos al ámbito de la salud mental y a la investigación del funcionamiento de la mente en particular. Existen poderosas razones que hacen imposible a simple vista constatar dicha continuidad, empezando por el sistemático olvido al que nuestros sueños están sometidos, siguiendo por la dificultad que todos los hombres encontrarían si intentaran poner en relación sus sueños unos con otros, y terminando porque los profesionales en la materia son habitualmente ciegos para poder observar dicha continuidad pues carecen del equipamiento conceptual y teórico pertinente para ello. Pero si fuéramos capaces de superar todas estas dificultades, naturales e inherentes a la propia esencia del fenómeno onírico y de su observación, sería imposible no “ver” tal continuidad, no apercibirse de ella, no constatarla en todos y cada uno de los casos, es decir, en todos y cada uno de los sujetos soñantes o lo que es lo mismo, en todos nosotros. Pero si fuéramos capaces de observar la continuidad de la vida onírica, más allá de todos los velos que la velan a nuestros cegatos ojos, no sólo constataríamos dicha continuidad, sino que aparecería ante nuestros ojos otro fenómeno mucho más impresionante e interesante, el fenómeno que hemos convenido en denominar como: la progresión onírica. Para poder acceder a él es preciso, primero, ser capaz de leer a través del abigarrado, oscuro y confuso mundo de nuestros sueños, sus claves primordiales, claves que a su vez están en directa relación con los elementos estructurales que componen nuestras mentes, por ello, para poder acceder a la contemplación del fenómeno de la progresión onírica primero es necesario disponer de un corpus teórico que nos permita construir un acierto de "brújula psíquica" que nos permita orientarnos en el espacio mental del sujeto cuyos sueños vayamos a estudiar, es decir, primero habrá que definir un tipo de análisis estructural de los sueños que será el instrumento que nos permitirá vislumbrar con toda nitidez la progresión onírica. Dicha progresión es inevitable bajo determinadas condiciones especiales, tales como son el que el sujeto soñante se halle inmerso en algún tipo de proceso de crecimiento y desarrollo de la personalidad, algo que debería ocurrir en un proceso terapéutico y que ocurre sin lugar a dudas en el proceso analítico.
Todo lo dicho hasta el momento constituirá la primera y la segunda parte de este libro, la llamada parte teórica, dividida pues en dos: Los “Fundamentos” teóricos de todos aquellos que nos han precedido en el estudio de la vida onírica y nuestros propios “Desarrollos” teóricos que sin duda alguna se basamentan en aquellos. A su vez toda esta sección teórica se cumplimentará con una tercera parte, llamada “Conclusiones” prácticas, en la procederemos a una extensa y pormenorizada aplicación del análisis estructural de los sueños a un largo periodo de la vida onírica de un sujeto en particular, Ángel Diablo, con la intención de ilustrar acerca de la utilización de dicho método de análisis y poner en evidencia tanto la continuidad de la vida onírica como la posible progresión de la misma.
Esperamos que sea de su agrado
Alicante, a 14 de Abril de 2000
Dr. Ignacio Ruiz Lafita
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